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Plática con María Julia Castillo, médica y diputada suplente del PCN

“Lo que no hacemos es meterle zancadilla al gobierno, porque creemos que es desleal”

Entró a la vida política casi por casualidad, cuando tuvo que atender como doctora a una hija del ex presidente Carlos Humberto Romero, el último militar que estuvo a la cabeza del gobierno salvadoreño. Desde entonces inició una creciente carrera política en el partido de “las manitas”, el PCN, un instituto político al que María Julia Castillo siente deberle mucho y que, según dice, ha sido castigado por los medios y la opinión pública. Ha sido viceministra de Salud, directora del Instituto Salvadoreño del Seguro Social, candidata a alcaldesa por la capital, presidenta de la Asamblea Legislativa y vicepresidenta de la Asamblea Constituyente que dio vida a la actual Carta Magna del país. Desde ese cargo, dice, conoció a un mayor Roberto D’Aubuisson muy distinto al que muchos creen que era.

Por Daniel Valencia, Edith Portillo y Juan José Sánchez
Fotos: Luis Tovar

[email protected]
Publicada el 15 de octubre de 2007 - El Faro

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Cuéntenos cómo es que usted se inicia en la política.

Mi profesión es médica, mi especialidad la neurocirugía. De hecho, la primera mujer que hizo neurocirugía en el país. Hacia 1976, tiene un accidente la hija de quien en ese momento era el ministro de la Defensa. Yo, entonces, trabajaba en el Hospital Militar. La joven tuvo un traumatismo de cráneo tremendo, y me toca  a mí atenderla. Le doy seguimiento por varios meses y se salva. De ahí se generó una amistad entre la familia del general Romero y su servidora.

¿Romero el ex presidente?

Él queda como presidente de la república y me llama a configurar el gabinete. Le argumenté que no podía porque estaba en lo mejor de mi carrera y mi especialidad era muy demandante. Él me dice: “no, llegue un ratito”.

Y llegó.

Yo siempre he asumido las cosas con responsabilidad y pasión. Y empecé a ver que desde la posición como viceministra podía favorecer a muchos más que como lo hacía hasta ese momento.

Y experiencia política no tenía ninguna.

Nada. Ni política universitaria ni nada. Ni para bien ni para mal.

Cuando estaba en la facultad a usted en lo que le gustaba participar era en las veladas de Mecina.

Ahhh, sí. Si no hubiera sido médico, hubiera sido artista. Pero los artistas por aquella época se morían de hambre, pero me gustaba cantar, bailar, recitar, me gusta mucho la cocina, la Literatura. A mí me gusta el arte en todas sus manifestaciones.

¿Actuó en las veladas?

Cantaba, declamaba, hacía cualquier cosa.

Era unas señoras fiestas…

Eran unos fiestones locos, de esos sí no participábamos nosotros. El ingreso de los universitarios lo hacían cortándole el pelo aun a las señoritas, yo no me lo dejé cortar. Pero a los varones sí, después conseguían por donativos de los profesores comprar barriles de cerveza, se  los llevaban al parque Cuscatlán y así se los terminaban en unos fiestones locos. La velada era sumamente simpática, esperada todos los años, era una juventud diferente.

Bueno, pero la cosa es que al final se va al viceministerio.

Cuando el Ministro me dice: tú te quedarás con los hospitales y las unidades de salud, yo, encantada de la vida. Así empiezo mi quehacer en el Estado y le pregunto al Presidente: ¿qué planes tienen ustedes para desarrollar en salud? Me los da, y le digo: mire, pero esto es algo que tiene un tinte partidario. Leo el ideario del PCN, me gusta, y entonces ingreso al partido, siendo ya viceministra. Y empieza a inquietarme esa otra faceta. Yo entro en el 77 y en octubre del 79 se da el golpe de estado, siendo viceministra y dirigente nacional del partido.

¿Cómo reaccionó?

No me fui a la casa, me fui al partido. Me dio coraje que un golpe de estado, que había sido urdido por el ex presidente Carter en aquel momento, incidiera de esa manera en la vida de El Salvador. Y junto con todos  los compañeros, entre ellos el licenciado Ciro Cruz Zepeda, Machuca y otros más, decidimos quedarnos a dar la pelea por el partido. Ahí nos quedamos.

¿Cuántas mujeres había en el partido?

Como dirigente, solo yo. Había otras mujeres en otros lugares; estaba por ejemplo Vicky de Amaya, diputada suplente por Sonsonate y había otras más. Yo había alcanzado en ese momento credibilidad dentro del partido, pero en ese momento el partido estaba en la calle. Estaba siendo juzgado, analizado. Estaban midiéndole las costillas a lo que había sido el quehacer en los aspectos económicos, para buscar las sanciones que mereciera el que lo mereciera. Y yo era parte de eso. Y, sin embargo, aquí me quedé. La política quedó prohibida por decreto de la Junta de Gobierno; sin embargo, nosotros comenzamos a caminar por todo el país, buscando nuestras bases y pidiéndoles que nos quedáramos cohesionados. Hasta que finalmente autorizan la actividad política y ya nosotros teníamos organizado el país. Y entonces se dijo: vamos a la constituyente.

Antes de continuar, ¿cómo llegó usted a Hospital Militar?

Por mi actividad. Neurocirujanos había muy pocos. En aquel momento, solo había dos hombres y su servidora. Y ahorita, no hay neurocirujanos mujeres.

¿El Hospital Militar era el mejor hospital?

Es que, por necesidad, tenían que distribuir al neurocirujano en todos los hospitales. Tenías que prestar el servicio. En el Hospital Militar estaba ad honorem y tenía mi plaza en el Rosales.

Nos presentamos a elecciones. Eran 60 diputaciones en juego. Obtuvimos 14. Una por cada departamento. Eso nos dio por primera vez el fiel de la balanza. Y la Constituyente se hizo bajo esos términos. Llegué  a la Asamblea como vicepresidenta, entré por la junta directiva. Cuando se termina la constitución, entre entendimientos y arreglos, las fracciones mayoritarias eran el PDC y ARENA, que en aquel momento tenía 15 diputados. Cuando las votaciones terminaron, los medios dijeron: ganó la derecha. Y esto porque los partidos de derecha eran ARENA que por primera vez iba a una elección, el PCN que también venía en su nueva etapa, y el Partido Popular Salvadoreño que sacó un diputado.

¿Ahí empezó el romance entre ARENA y el PCN?

Así es. Ja,ja,ja. No, la verdad es que en el campo político uno siempre tiene adversarios. Somos adversarios, buscamos los votos de la gente. La situación de nosotros no es fácil. Ser el fiel de la balanza obedece a que nosotros tuvimos a la Democracia Cristiana como adversarios. Y no fueron bondadosos con el quehacer gubernamental. Nosotros creemos que  las marchas de las naciones no se pueden detener porque uno es de un partido o de otro.  Por ejemplo, si nosotros en este momento no concurriéramos con nuestros votos después de discusiones con el presupuesto, la nación se para. Porque la mayor inyección económica que tiene el país es el presupuesto de la nación. Y si usted paraliza el Estado, paraliza todo el quehacer económico.

Cuéntenos de la Constituyente.

Roberto D’Abuisson quedó como presidente de la Asamblea y había una Junta de gobierno revolucionaria que presidía el ingeniero Napoleón Duarte. Y lo correcto era que cuando había Constituyente, se habla de poder completo. Cuando hay poder constituyente ese podía hacer lo que quisiera. Entonces, se decide que el país debía tener un presidente provisional mientras se llegaba a elecciones presidenciales. Eso fue motivo de complicación y por eso se eligió a don Álvaro Magaña.

¿Quiénes eran los aspirantes al cargo?

Raúl Molina, Roberto y muchos otros más. Pero para mantener el equilibrio y moderar pasiones, Roberto se apartó.

¿Quién tuvo la última palabra en esa decisión?

En realidad, tuvimos que aceptar todos. Poner un político de pinta… Como decía el doctor Álvaro Magaña: “el color de mi partido es el verde olivo de los uniformes”. Quisimos despolitizar y por eso fue él el presidente provisional. Eso hace que el ingeniero Duarte busque la elección, la cual ganó en medio de algunas cosas que también dan anécdotas que contar

A ver.

El día de las elecciones, a las seis de la tarde, estábamos recibiendo información de que D’Abuisson iba ganando. Y se fue la luz. Se quedó sin energía San Salvador y quedaba por revisar San Salvador. Yo no puedo asumir que lo que pasó fue truco, artimaña. Lo cierto es que al día siguiente las cuentas quedaron a favor del ingeniero Duarte. Y él fue Presidente de la república, y en mayo regresa a terminar su gestión como diputado.

Y usted ya era presidenta.

Cuando Roberto se va a las elecciones, hay un acercamiento de la democracia cristiana y el PCN. Y la democracia cristiana ofrece la presidencia para mi persona. Por primera vez se dan unos entendimientos parlamentarios y me convierto en la primera mujer en ocupar la presidencia de la Asamblea.

¿Fue fácil eso?

No. El entendimiento consistía en que nosotros íbamos a compartir la mesa directa, pero que las decisiones políticas no estaban ligadas en manera alguna, sino que las decisiones políticas iban a  depender de los temas. Y así se hizo.

¿Era cercana a D´Abuisson?

No muy amiga, pero él era un hombre cariñoso, entrañable. Era increíblemente flexible en las negociaciones. Tan flexible que le teníamos miedo. Entregaba muy fácilmente cualquier tema. Tenía algunas características sociales que algunos desconocen. Nos sentábamos a la par y yo nunca he fumado. Pero Roberto fumaba de a maquinita. En cada chupada del cigarro dejaba grandes pocos de ceniza. ¡Pero si Roberto estaba a mi izquierda, a mi derecha tenía a don Hugo Barrera que en esa época fumaba unos puros enormes!  

¿Cuál fue la decisión más trascendental de la Constituyente?

La Constitución es la primera. El cómo se iba a hacer. Hay artículos en que nos pasamos tres, cuatro días empantanados. Porque los primeros artículos son los que marcan el contenido de la Constitución. Por ejemplo, cuando se entra a la discusión de que el Estado debe estar al servicio del ser humano, tenemos la posición de la Democracia Cristiana que no, que era al revés. Lo cual era un viraje a la izquierda. Nosotros nos opusimos. No, el Estado está al servicio del ser humano y ahí nos mantuvimos. Y así otros artículos. Fuimos muy flexibles, y la Constitución se ha mantenido en el tiempo por una razón en principio. Primero, porque no dejamos una constitución cerrada. Establecimos que la Constitución podía modificarse de acuerdo al devenir de los tiempos. Eso ha permitido que se hagan algunas modificaciones, que no son extraordinarias, pero que le han permitido a otra generación de políticos, introducir algunos acuerdos.

¿Qué más?

Hemos quitado una expresión en la Constitución que decía: se prohíben las expresiones anárquicas y contrarias a la democracia. Léase comunismo. Eso decía la Constitución anterior y lo cambiamos.

¿Quién propuso ese cambio?

Es que había que cambiarlo. Estábamos conscientes de que había una gran cantidad de salvadoreños, fuera de la sociedad, con las armas en la mano, y había que abrirles un espacio. De otra manera, era legítimo que el ejército los persiguiera, y los perseguía de acuerdo a la Constitución porque se prohibían las asociaciones anárquicas.

Me imagino que ARENA se habrá opuesto a que se derogara…

No, fíjese que no. No es tan cierto lo que se dice. Yo ese tema lo platiqué personalmente con el mayor D’Aubuisson y no quiero negarle a él el mérito de que también pensaba y me dijo “Doctora, tenemos que abrirle espacio a esta gente”.

¿De verdad? Eso sí me cuesta creerle.

Se lo juro. Podría adjudicármelo solo a mí misma, pero no.

¿Y usted qué piensa entonces cuando se habla del mayor D’Aubuisson como la cabeza de los escuadrones de la muerte?

Es algo sobre lo cual yo prefiero no opinar, porque yo, en primer lugar, tendría que haber estado allí, pero el D’Aubuisson que yo conocí no era una persona que me pareciera que fuera así. Los temas que yo tuve que platicar con él eran distintos.

Me sigue costando creer que el Mayor dijera algo como eso, cuando, por ejemplo, el himno habla de “El Salvador será la tumba donde los rojos terminarán”.

Es que ARENA maneja un mercadeo de la política que no se manejó antes. Esta música de ARENA… aquí vino una compañía… Titanes en el Ring, que tenía una música parecida, “Llegó Martín Karadagián, etc., etc.”, donde hablaba de los titanes en el ring, que eran luchadores. Esa música es muy parecida, si es que no es la misma. Pero es obsoleto que sigan teniendo ese himno. Les voy a contar: el himno que nosotros tenemos, que dice que con nosotros habrá paz, amor, etc. eso fue hecho después del golpe de Estado, y con todo y el coraje que teníamos nosotros nos sentamos a escribir un himno de amor, de paz y de conciliación.

Por lo que dice, para el PCN, que les hayan quitado ese poder, fue trascendental…

Por supuesto. Es que ahí termina una época, la de los gobiernos militares, cuando eso era lo que prevalecía. En toda América Latina y en los Estados Unidos, puede irse en esa época por todo Sudamérica y todos eran militares. Esa era la tendencia.

¿Pero fue lo mejor que se haya dado el golpe?

No creo que haya sido lo mejor, porque se ha perdido mucho. Se ha retrocedido mucho, en lo económico, en lo social, se ha retrocedido en algunas materias.

Pero también se ha ganado.

Pero no se ha ganado por el golpe. Se ha ganado porque nos ha costado a todos, a los ciudadanos y a los políticos, porque la Constitución no la escribieron en esa oportunidad extranjeros que mandaron un papel. Si antes las Constituciones las mandaban y nomás las aprobaban. Pero esta Constitución, la del 83, esa la hicimos los diputados que estuvimos adentro, y tuvimos muertos. Hubo siete diputados asesinados por el conflicto, y, a pesar de eso, escribimos ese pequeño cambio que significó un gran cambio para que la guerrilla entrara y se convirtiera en partido político. Entonces, yo creo que esos cambios no se los pueden adjudicar a un golpe de Estado, se los adjudica a todo el pueblo salvadoreño que ha concurrido, con las decepciones que a veces provocamos los políticos. Y creo que nosotros, como partido, hemos dado bastante, con sacrificios de nuestra parte a veces porque se nos considera satélites, taxis, etc. etc. Por ejemplo, ahorita, en el caso Silva, a cada rato dicen “el ex diputado pecenista”. Roberto Silva entró al partido de Conciliación allá en el departamento de La Unión, en 2006. Y este hombre hizo su mayor enriquecimiento de 2004 a 2006. Nosotros no sabíamos quién era Silva. Se coló, como hay colados muchos en cualquier organización o instituto político.

Ja, ja, ja, a ver.

Ja, ja, ja. El señor Fiscal podrá establecerlo. No, miren, no hay que irnos muy lejos. A Silva lo relacionan con 22 alcaldías, que establezcan las responsabilidades de cada alcaldía. Solo puedo decirle, por ejemplo, que según nosotros hemos sabido, Silva ya hacía negocios con la alcaldía de Santa Ana y con otros partidos, con todos los partidos. Realmente, el hombre tenía capacidad de seducir a los que involucraba en esto, y a eso agréguele la codicia. Y no solo hizo travesuras él. Hay corruptos de corruptos, y yo al último que puedo defender es a un sujeto como Carlos Roberto Silva, al cual nunca, nunca conocí.

Su planteamiento es muy diferente al que tuvo su compañero de Partido, Elizardo González Lovo.

Es que yo no conocía al diputado Silva. Nunca he sido amiga de él. Pero no descarto que a cualquiera, por vivo que sea, se le cuele alguien. Alguien que llega “que te voy a apoyar en el Partido”… si en el PCN se trabaja con grandes esfuerzos económicos. Ayer me preguntaban que si el dinero de Silva había servido para la campaña anterior del PCN. ¡Por el amor de Dios! Si lo que se ve no se juzga. ¿Cuándo estamos nosotros en los medios con spots? Que sería la mayor evidencia, nosotros no tenemos presencia en los medios porque no tenemos el dinero necesario. No es porque los despreciemos. Nosotros nos vamos al campo, por eso a nosotros no nos va bien en San Salvador, porque San Salvador es mediático, el ciudadano capitalino está pendiente de lo que le sirven los medios. A nosotros aquí nunca nos han visto, allá de vez en cuando nada más salimos con un spot.

Me imagino que eso ya lo tenía claro cuando se lanzó para la Alcaldía.

Por supuesto.

       
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