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Pachita Tennant Mejía de Pike, primera reina de los Fiestas Agostinas

“Yo crecí como las plantitas en medio del cemento”

Hace 71 años, el alcalde de San Salvador, Carlos Dreyfus, le ofreció a Pachita ser la primera reina de las fiestas agostinas. Comienza esta plática contándonos esa historia y sigue con muchas otras que hacen ver su título agostino como una anécdota menor en su vida. Demostrando que la coquetería no se pierde con los años, hace un recorrido por sus viajes en Suramérica y Estados Unidos, donde encontró muchos pretendientes. Al regresar a El Salvador comenzó a escribir sus memorias inéditas, que continúa alimentando todos los días. Ahora cree que todavía no se ha muerto “porque el libro tiene que salir”.

Rosarlin Hernández, Rodrigo Baires y Alexis Henríquez / Fotos de: Léster Hernández
[email protected]
Publicada el 30 de julio - El Faro

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¿En qué año nació usted?
En el 18. 4 de octubre, día de San Francisco de Asís.

¿En el 18?
¡Sí, hombre! ¡Olvidate!

¿Su papá era diplomático?
Sí, el se llamaba Henry Tennant y vino aquí como secretario de la Legación Americana –porque entonces no había embajadas- y de cónsul de Estados Unidos. Él se gradúo de leyes en la universidad de Cornell, donde fue el primero de la clase y obtuvo el magna cum laude de su promoción. Inmediatamente entró al servicio diplomático, donde lo mandaron a Lisboa, Portugal; a Bélgica; a México, donde estuvo para la famosa “Semana trágica”. Los famosos 10 días cuando derrocaron a Madero. Parece ser que entonces el ministro de Estados Unidos, el embajador, se había ido y mi papá estaba al frente de la Legación.

¿En qué año?
Creo que ha de haber sido por 1915. Entonces sólo habían dos señoritas mecanógrafas y un muchacho para hacer los mandados. Todo el staff era de cinco personas. Don Arturo Aruajo, que fue presidente del país, era muy amigo de la familia Mejía Duke, que vivían frente a su casa. Y don Arturo terminó presentando a mi padre con mi madre, Paulita Mejía Duke. Al final no fue un portuguesa, una belga o una mexicana la que se quedó con él.

Al diplomático estadounidense lo atrapó una salvadoreña.
Sí. Mi abuelo había sido ministro de El Salvador en Washington durante siete años y mi mamá había hecho su debut social en la Casa Blanca, en el tiempo del presidente Theodore Roosevelt. Entonces, yo creo que a mi mamá –bueno, yo pienso porque no la conocí- le había picado la cosa de la diplomacia y conoció a mi papá, que era diplomatico… bueno, se ha de haber enamorado de él, claro.

Mi abuela me contaba que mi mamá era muy bonita y, sobre todo, muy simpática; que salía continuamente en los periódicos en Washington, donde senadores estaban enamorados de ella. Mis abuelos estaban afligidos porque algunos de estos señores estaban casados…

Ja ja ja ja
Bueno, cuentan que una vez fueron de veraneo a un lugar donde iban todos los diplomáticos –creo que era en Newport-, y entonces llegó una actriz famosa que se llamaba Lillian Russell. Ella era muy redondita como gustaban entonces y su enamorado o amante se llamaba Jim no sé cuanto. Él era un irlandés gordo, grande y lleno de anillos de diamantes y con prendedor de corbata con brillantes, al que llamaban “Diamond Jim” (Diamond Jim Brady, cuya relación amorosa fue llevada al cine en la película “Diamond Jim”, en 1935).

Según me contó mi abuelita, Diamond Jim se sentó por ahí y mientras a Lillian Russell estaba cantando y bailando, él le mandó flores a mi mamá porque le gustó. Al segundo día de estarle enviando flores y viendo que la actriz era de armas tomar, mi abuela de le dijo a mi abuelo que se fueran porque ya sentía que Lillian Russell iba a cogerla con mi mamá.

¿Su abuela era pariente de la familia Duke de Santa Tecla?
Sí, de los Duke de Santa Tecla. El padre de mi abuela era Mauricio Duke, que tenía su casa en Santa Tecla.

¿Y usted terminó naciendo en Buenos Aires, en Argentina?
Sí, nací con el nombre Ruth van Bolkernbergh, que es un nombre holandés, en honor a mi bisabuela, que fue pionera en abrir un high school en la parte norte del estado de Nueva York, que en aquel tiempo era un “college”. Parece que todas mis tías habían tenido sólo niñas y el único varón en la familia era mi padre, entonces era el preferido de la abuela.

Como a los dos años trasladaron a mi padre a la embajada de Estados Unidos en Buenos Aires, Argentina. Y nací ahí, pero tenía sólo algunos meses cuando nos fuimos a Nueva York. Mi madre tenía un poco de gripe cuando llegamos a Estados Unidos. Era enero y mi abuela le dijo que no saliera a la calle porque hacía un frío horroroso. Pero ella salió con mi padre a cenar con Benjamín Bloom, quien estuvo muy enamorado de mi madre pero será por la edad –le llevaba unos 21 ó 22 años- nunca le hizo caso. Habían ido a ver a Sara Bernhardt, que era una actriz famosa de aquel tiempo. Mi madre se enfermó, le dio una neumonía por la que todo el mundo murió como moscas, cuando yo tenía sólo 15 meses. Entonces no había ni penicilina.

Como estaba tan pequeña, mi papá me llevó con unos parientes que tenían dos varones y ya no podían tener más hijos, en Connecticut. Dicen que yo le eché los brazos a una tía y ella dijo que me iba a adoptar. Claro, cuando le dijeron eso a mis abuelos maternos -Federico Mejía y Sara Duke de Mejía-  fue el acabose. ¿Cómo iban a perder a la nieta después de perder a la hija?

¿Y regresó a El Salvador a vivir con sus abuelos maternos?
Cumplí dos años cuando venía en el barco para El Salvador. Mis abuelos me criaron.  Una cosa que fue muy triste es que todo el mundo decía detrás de mí que era “pobrecita”, porque no tenía mamá. Yo estaba pequeña, como de tres o cuatro años, y me preguntaba qué era eso de no tener mamá. Eso lo tengo clavado aquí. Bueno, mi abuela me crió… y mi abuelo, pero él no tenía mucho que decir. Ja ja ja.

Ja ja ja ja ja, las mujeres mandaban en esa casa por lo visto.
… El doctor Joaquín Parada A., que era nuestro médico, le decía a mi abuela Benito Mussollini porque era la que ordenaba en la casa. Mi abuela tenía un porte que… ¡olvidate! Cuando vivió en Washington, un fotógrafo le pidió que se quitara una diadema porque se parecía demasiado a la reina María de Inglaterra, la madre de la actual reina. Y el peor insulto que le podían hacer era que le dijeran que era inglesa porque ella decía que era salvadoreña de puro corazón… Era blanca, blanca y de ojos azules, pero salvadoreña de puro corazón.

¿Parecía una señora inglesa?
Si, una señora inglesa de un porte distinguido. Parecía tan inglesa que sus hijos no la abrazaban o besaban. Yo tampoco. Sólo le besaba la mano a las 4:00 p.m. para pedirle permiso para ir al parque Dueñas a jugar con los amiguitos y las niñeras. Nada de abrazarla… hasta que ya fui mayor pude hacerlo.

Yo crecí en la casa como las plantitas que van creciendo en medio del cemento. Una vez Benjamín Bloom me llamó a mi casa para que llegara inmediatamente a la suya y me dijo que fuera a ver en un patiecito todo de cemento que había crecido una plantita. Entonces, cuando me tío Federico dijo que “yo crecí en la casa” era como esa plantita. Crecí en esa casa pero con nadie que me abrazara y que me besara, sino que crecí rodeada de muchos sirvientes, que me querían todos, pero no era igual. Creo que mi afán de que me quiera toda la gente en todas partes del mundo adonde voy es por eso, es para llenar ese vacío.

¿Por qué?
Porque el talante de mi abuela era así… Era distante, muy austera y seria… muy inglesa. Mucha gente la veía así, pero era buena gente. Incluso, era madrina de cuatro escuelas. Antes se nombraba una madrina para cada escuela para negociar o conseguir lo que le hacía falta a la escuela: útiles escolares, pelotas o reparaciones de goteras, cosas así. Eran las madrinas las que se encargaban de hablar con el ministerio de Educación o con quien fuera necesario. Ella se tomaba a pecho esa responsabilidad.

En 1923 se fundó la Fuerza Aérea Militar Salvadoreña. Fue el primer país en América Latina que tuvo fuerza aérea, claro que eran solo cuatro pilotos… pero de todas maneras era nuestra fuerza aérea. Estos pilotos nombraron a mi abuela como madrina. Dos años después, ella fue a Europa durante 11 meses y lo primero que hizo fue ir a Loreto, a ver a la Virgen –que es la patrona de la aviación- y mandó a hacer una virgen de tamaño natural en Barcelona, España, para traerla.

¿Por ser la madrina mandó a hacer una virgen tamaño natural?
Sí, pagada íntegramente por ella. Ella pasó 11 meses en Europa pero cuando vino la virgen no apareció por ningún lado. Ella decía que sobó pilares por todo el Palacio Nacional, donde estaba la Asamblea y todos los ministerios. No apareció y se ponía como agua pa’ chocolate cuando las visitas que llegaban a la casa le preguntaban por la Virgen de Loreto.

¿Y nunca apareció?
Bueno, cuando hicieron el aeropuerto de Ilopango dejaron un nicho grande para colocar la Virgen. En lugar de ella estaba un cuadrito con la imagen de ella. Muchos años después llegué a la iglesia de La Merced, que quedaba en nuestro barrio, y buscando al padre entré a la sacristía. Y de repente veo una virgen enorme sin brazos. Le pregunté al sacristán que de dónde habían sacado esa virgen y él me dijo que no sabía. “Esta es la virgen de Loreto, es la de mi abuela”, le dije. Habían pasado 17 años.

En esa época no pasaban camionetas por esos lados, pero Dios mandó a Orlando Sagrera, que tenía en el portal la ferretería Sagrera, con su camioneta Ford. ¿Qué andaba haciendo él por ahí?, a saber, pero él me dijo que pensó que la iglesia estaba en llamas porque yo salía de ahí corriendo. Él paró y le dije que nos íbamos a llevar la virgen. Él creyó que me la estaba robando hasta que le expliqué… Para no cansarlos, con unos cipotes, un viejito y Orlando logramos meter la virgen en la camioneta y nos fuimos a Ilopango por Aguas Calientes a dejarla. Llegamos al aeropuerto, donde estaba el general López y creo que Bondanza, donde la pusieron en su lugar.

Mi abuela se dio cuenta hasta el 10 de diciembre, el día de la Virgen de Loreto, cuando fuimos a los actos. Cuando se dio cuenta quedó toda impresionada. Yo creí que le iba a dar un infarto.
       
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