San Salvador, 25 de junio - 01 de julio de 2007
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Mariana Sánchez Aizcorbe, periodista de Al Jazeera:

“En la guerra hay que tomar partido por las víctimas”

Fue una de las periodistas estrella de CNN en Español. Para los televidentes latinoamericanos era común verla reporteando desde zonas de conflicto en lugares tan remotos como Kosovo, Chechenia o Afganistán. Ahora es en esos lugares donde la ven por televisión. Mariana Sánchez Aizcorbe cambió hace poco de trabajo y hoy es la corresponsal de Al Jazeera en inglés para América Latina, con sede en Caracas.  Tiene en su poder un Emmy que al parecer, igual que la fama, le importa un comino.

La periodista peruana vino unos días a El Salvador a terminar una serie de reportajes sobre las maras, y reservó parte de su agenda para conversar con El Faro. Llegó cansada y se negó a ser fotografiada. “Si quieren vengo otro día a que me hagan las fotos”, dijo.  Y así fue. No hubo manera de convencerla, así que Edu guardó la cámara y se sentó a conversar. Pero el cansancio cedió muy pronto a una conversación sincera y apasionante, en que la corresponsal contó, con apabullante franqueza, su paso por el infierno de la guerra. Soltera y sin hijos, rechaza que su vida en el periodismo haya significado sacrificios personales.  Simplemente, dice, se trata de una vida no convencional.  Después de haber trotado por el mundo entero, y de atestiguar conflictos en cuatro continentes, dice que la única guerra que de verdad ha cubierto es la de Kosovo, porque en Afganistán sólo estuvo cinco meses.

Carlos Dada, Rosarlin Hernández y Edu Ponces/  Foto: Edu Ponces
[email protected]
Publicada el 05 de marzo - El Faro

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Ya sé que te decían “Miss Bosnia”
Jajaja. Es una historia que me enorgullece. Nunca, no tuve nada que ver con Bosnia, pero… Yo trabajaba en ese tiempo en el canal 9. Y acababa de regresar hace un año más o menos de Estados Unidos. Allí me pasé digamos los primeros años de los 90 – 91 cuando empezó la guerra en Bosnia leyendo todos los días el New York Times, siguiendo la guerra porque me parecía increíble que hubiese esa guerra en Europa, leía los despachos diarios de esos reporteros increíbles, fabulosos…y entonces yo venía con eso de Nueva York a Perú a trabajar…me fui a trabajar de la televisión en Nueva York a una revista en Perú a un año.  De allí regresé a un canal de televisión, el canal 9.

Ahí me asignaron como presentadora de noticias, pero yo no quería ser solamente presentadora, quería hacer otras cosas. Entonces me asignaron la sección de noticias internacionales en el canal. Era el año 93 y todos los días salían despachos televisivos de la AP o de APTN. A mí me parecía que entre todo el abanico de oportunidades de noticias internacionales eso era lo más importante, una guerra, ni siquiera porque era en Europa, era una guerra y la gente estaba sufriendo y había que contarlo. Punto. Esa era la historia. Entonces yo escogía, eso es lo que hay que poner, esa es la noticia más importante, y así…al tercer día el director empezó a preguntar “¿Y bueno otra vez Bosnia?”. Y a la semana y media “¿Cómo?...otra vez Bosnia, pero ¿qué es eso?” entonces tuve que empezar a hacer maniobras estratégicas para poder poner las historias de Bosnia en el noticiario.

¿Qué maniobras?
Yo hablaba con el chico que se sentaba a recibir los satélites, entonces yo le decía:
“Mira yo voy a decir…pero tú anda y le dices al director o al productor que hay unas imágenes ¡increíbles! ¡espeluznantes!...de dónde: Bosnia. El director de noticias ya no podía conmigo porque yo por angas o por mangas terminaba poniendo las historias de Bosnia. Un reportero de espectáculos de entretenimiento me bautizó como Miss Bosnia.

¿Y nunca fuiste a Bosnia?
No pero sí fui a Kosovo. Después de la guerra en Bosnia que terminó en el 95, firman los acuerdos, me sentí muy mal como reportera porque no había hecho todo lo posible por ir a Bosnia. Había tratado, había hablado con el dueño del canal, con el director de noticias, le había propuesto que por qué no trabajábamos en tandem con UNIVISIÓN, porque él había sido camarógrafo de UNIVISIÓN, y que nos fuéramos los dos, el director y yo, y que lo hacíamos para los dos medios y que así les iba a salir más barato y el dueño del canal me dijo a mi “ Bueno, si te interesa morirte, muérete mas cerca y más barato”…así.

Pero te fuiste a Kosovo
Me fui de ese canal a otro canal y en el año 98 cuando empezaron los conflictos en la zona de Kosovo y yo empecé a leer otra vez y me di cuenta que ahí iba a pasar algo y dije: “Yo no voy a quedarme con los brazos cruzados y esta vez voy a ir”…así que renuncié, era presentadora del noticiero más importante y agarré mis ahorros y me monté en un avión…

¿Sola?
Sí sola. Primero fui a París porque no tenía visa. En Francia estuve dos meses esperando que me dieran una visa hasta que finalmente me la dieron y me monté en un avión y me fui a Belgrado y de Belgrado me fui a una estación de bus, en la estación me monté en bus y me fui a Kosovo.

¿Y quisiste vender el material?
Al comienzo no, al comienzo no tenía, no podía vender la historia. Yo me fui en el 98, era octubre, noviembre del 98 y no hubo combates entonces pero sí escaramuzas entre el ejército y los guerrilleros. Y eso ya había terminado, no había un apetito de la prensa internacional por la historia, yo estaba allá y no tenía a quién venderle porque a nadie le interesaba. Yo decía: “Hay cosas que están pasando”. Mira, uno puede darse cuenta de que se están formando dos frentes, que hay movimiento…

¿Pero qué querías vender Mariana?, prensa escrita, radio…
¡¡¡Que iba a haber una guerra!!!... “!!!Aquí va haber una guerra…hay que hablar sobre este tema, aquí va haber una guerra!!!... ¿Por qué hay que esperar a que empiecen a pegarse tiros? Hay que hablar antes, y eso es lo que yo quería vender, o sea contar la historia de lo que ya estaba pasando, y lo que estaba pasando es que se estaban armando los frentes y se iban a liar a tiros en cualquier momento y eso era lo que había que contar. Dicho y hecho, cuando les empezó a interesar fue cuando hubo una masacre, la masacre de Raca, después de eso todo el mundo “Yo quiero que me manden, yo quiero que me manden” y bueno y ahí ya no tienes ni tiempo para dormir. Como free lance uno tiene que hacer las cosas que generalmente no hace el resto de la prensa, entonces yo pensaba que había que hacer esa historia justamente porque venía de ver desde lejos toda esa tragedia que fue la guerra de los Balcanes. Terrible. Ahí mismo enganché con CNN en español porque ellos también estaban interesados y como siempre existe la agencia de noticias de televisión yo podía hacer un texto, mandar un audio, hacer un stand up y lo podían editar con las imágenes…eh no tenía un camarógrafo para hacer eso.

Hay una conexión muy extraña entre El Salvador y Bosnia, te la voy a contar rápido Mariana, porque tengo un gran amigo de Bosnia y siempre hablábamos de esto.
¿Tienes un amigo en Bosnia?

Si, y a mí me pasó un poco lo que a ti. Yo acabé yendo a Bosnia sólo por quitarme la espinita ya muchos años después…
¡Porque cuando la guerra de El Salvador eras un nene!

¡Gracias! (risas)
Bueno sí. ¿no?

¿Qué estás tomando?
¡¡¡AGUA!!!! (risas). No sé si te pasa lo que a mí con la guerra…Espérate, solamente un paréntesis ya que estamos hablando. ¿No te sientes frustrado de no haber cubierto la guerra en El Salvador?

No, de esa no me siento frustrado
De haber cubierto la guerra…bueno porque a mí sí…Yo sí tengo adentro eso y es que bueno no puedes estar en todas partes pero como periodista sientes esa obligación ¿no?

No es algo que pude haber hecho. Pero bueno, con este amigo hablábamos mucho de esa conexión entre El Salvador y Bosnia… En El Salvador la guerra acaba en el 92 que es el mismo año en que empieza la de Bosnia. La de El Salvador es probablemente la última guerra de la guerra fría y la de Bosnia es la primera guerra del nuevo orden mundial.

También es un momento en que era muy difícil entender ya las guerras porque el modelo que todo mundo tenía que era el de la guerra fría ya no funcionaba para entenderlo…Estabas hablando de Kosovo que nadie quería información… ¿Y por qué nadie lo veía venir y tú sí?

¡No sé!... (risas). Allá había periodistas que eran como unos gitanos como yo que estaban allá por ese motivo, porque sabían que algo iba a pasar…mira contados con los dedos de una mano. Pero fíjate que un español muy querido (Miguel Gil) después murió. Otro americano, un free lance para New York Times, un free lance fotógrafo para el New York Times que empezó conmigo que se ha vuelto muy, muy famoso…tanto así que trabaja para el New York Times ahora, estábamos ahí y él y yo éramos nuevos, nunca habíamos estado en una guerra literalmente y habían europeos, algunos italianos, entraban equipos de la televisión francesa, la televisión italiana, suiza y así. De América Latina no había nadie, nadie, y no hubo prácticamente nadie durante todo el conflicto.

¿Qué te deja una guerra? Es decir, te deja más prestigio, te deja más valor en términos de mercado digamos, como periodista tu trabajo es más reconocido pero a cambio de qué?
Mira, continué siendo free lance después. O sea no es de que te vuelves una estrella y eso. Me parece que uno no puede usar un tema como la guerra para beneficio personal, no se debe, yo no lo hice y me siento orgullosa de no hacerlo porque estás hablando de gente que muere, que sufre, que vive los peores momentos que se pueden vivir en la vida de uno, tener que vivir en una zona de guerra. Eso te deja una experiencia personal que aquí en El Salvador se conoce pero lo conocen la mayoría de los salvadoreños, de la generación mayor, que es una diferencia muy intensa. Mientras más cerca estas de la muerte más valoras la vida.

¿Estuviste varias veces cerca de la muerte en Kosovo?
Algunas veces sí, por irresponsable, por falta de conocimiento, porque inevitablemente te topas con momentos donde tienes que arriesgar, no sé si tanto por la noticia si no porque tienes que continuar lo que estás haciendo. Por ejemplo, llegaba a un frente y había que cruzarlo y ahora qué haces, las casas se están quemando allá y no sabes qué está pasando allá y tienes que cruzar esa línea de frente y tienes que correr para cruzarla, entonces ¿qué haces? Te cruzas, evalúas, estaban los serbios con sus tanques, estaban los cascos allá y bueno había que correr y entonces te agachas con el chaleco antibalas que lo que haces es tirarte al suelo y corres y el corazón se te sale.

¿Había pocas mujeres?
Al comienzo cuando yo estaba eran nada más hombres pero sí (después) había unas mujeres increíbles, las agencias de televisión tienen unas mujeres bárbaras que son tremendas haciendo coberturas fuertes, las mujeres son muy fuertes…Ja ja ja

¿En esa guerra te dio tentación de tomar partido?
Yo creo que sí. Tomas partido por las victimas, primero fueron las víctimas kosovares, albanesas kosovares, y después fueron los serbios kosovares, tomas partido por las víctimas porque sientes que es la gente que necesita la voz que no tiene, la voz de ayuda y creo que es en ese sentido que el periodismo no puede ser objetivo.

¿No crees en un periodismo objetivo?
Creo que inevitablemente uno toma partido porque dices vamos a hablar de las víctimas, ellos están sufriendo, una cosa es decir esto es lo que piensan las víctimas y esto es lo que piensan los agresores. Y otra cosa es decir: ¿Van a hacer algo por estas victimas? ¡No sé! Los políticos, ¿van a hacer algo por ellos? Yo creo que es más valido, que la razón por la cual un periodista va a un lugar es porque se sepan las cosas que muchos no pueden ver o que esconden muchos. Yo he estado en varias zonas de guerra y nunca me ha nacido del corazón tomar partido por una parte beligerante porque yo no soy de naturaleza así…

Hablabas de que era tu primera guerra, de inexperiencia. Contanos de una de esas veces que hayas dicho “qué bruta, por qué hice esto, casi me cuesta la vida”
Una vez en Kosovo estuve así a un centímetro de mover una pita que estaba amarrada y era una mina. Yo estaba parada y la pita esa estaba al lado de mi pie y el tipo que estaba conmigo, un periodista italiano, me dijo “no te muevas” me agarró y me dijo ven, mira es una mina. Pero digamos que el momento más difícil para mí fue cuando empezaron los bombardeos de la OTAN en Belgrado, Pristina y Yugoslavia. Los serbios…siempre había grupos de serbios raros en los hoteles andando que lo que estaban haciendo era mirando, eran agentes de inteligencia. Yo no sabía, siempre veía ahí gente sentada fumando, tomando café y mirando a todo el mundo, y de hecho había algunos periodistas que nunca iban al centro de prensa del hotel. Ellos ya tenían experiencia de Bosnia, de Croacia y sabían que estos grupos eran de contrainteligencia.

Sabían perfectamente quién era yo y que trabajaba de free lance para CNN en español. La noche que empezaron los bombardeos estábamos ya en el hotel, yo había estado viviendo en un cuchitril, un poco en las afueras del centro y vivía en la casa de una chica kosovar muy pobre y bueno yo no podía pagar el hotel tampoco, iba yo con los recursos que yo tenía.

Cuando ya la cosa se puso súper mal yo dije “Bueno, como sea yo me muevo al hotel”. Me mudé al hotel y empezaron los bombardeos. Esa noche el hotel se llenó de esta gente de la policía especial, de inteligencia, me parece que también estaban los famosos tigres de Arkan. Yo estaba dando vueltas por el hotel, había estado al teléfono tres horas contando todo lo que yo veía, veía los misiles caer, estallar por todas partes y yo estaba en una ventana mirando todo eso.

Con el traductor del New York Times fuimos tipo once a buscar a alguien y cuando llegamos, veo a una chica, una francesa que me hace unas señas con las manos y en ese momento no sé, entré al pasillo, de repente me agarraron unos tipos y me tiraron contra la pared y cuando me di cuenta me golpearon y tenía a dos tipos enmascarados, una ametralladora acá en un ojo, la otra ametralladora en otro ojo y ellos hablándome a punto de… bueno, “me van a matar”. En esos momentos me vi muerta y se acercó el jefe de ellos y me empezó a interrogar en inglés.  No sé cuánto rato fue… Pero todos los periodistas que habían estado por ahí desaparecieron y éramos el tipo este y yo y el interrogatorio “¡¿donde están los de CNN?!.. ¿En qué piso están? ¿Cuál es su cuarto?” y yo pensando dentro de mí “Si hablo me matan y luego los van a matar a ellos…si no hablo me matan”. Era cada segundo rogándole a ese capitán o que sé yo que era “¡no, no me mate!, ¡no, no me mate! ¡no sé dónde están!, no sé donde están!!” Se me ocurrió decirle “La oficina de CNN está en el piso siete pero no sé dónde están ellos porque cada uno tiene una habitación y que sé yo!!!”

Después de ese rato de interrogatorio bajaron todos y conmigo se quedó un tipo, uno de ellos que estaba vestido de civil y me preguntó si era italiana, entonces le dije “no, soy peruana… ¿y tú como te llamas?” entonces me dice “Yugo”, Yugo es el diminutivo de Yugoslavia, pero yo tampoco sabía.  Me bajaron al piso siete, ya había un grupo que había entrado a la oficina de CNN, había empezado a romper cosas, al corresponsal lo encontraron en su habitación, estaba en la cama, le tenían el fusil en la cabeza y el camarógrafo y el productor sacando cosas de la oficina, abriendo todas las cajas y ellos rompiendo cosas, había un grupo de reporteros en ese piso que tenía como una mezanine, era como un pasillo arriba y yo con la cola del ojo veía a algunos periodistas así medio en cuclillas. Sentí que afuera algo iba a pasar y de pronto aparece en esa mezanine un camarógrafo creo que europeo, no se de dónde era y como estaba todo más o menos oscuro se veía el botón rojo, la luz roja de la cámara que estaba filmando y uno de los oficiales estos pegó un tiro al aire, estábamos todos, nos tenían como en el centro. Había una periodista, no sé si era griega o de dónde que hablaba serbo-croata y empezó entre llantos a hablarle fuerte a estos tipos, a gritarles pero entre llantos porque todos estábamos muy nerviosos y realmente con miedo de que nos iban a ejecutar.

       
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Mariana Sánchez Aizcorbe, periodista de Al Jazeera

 
 
 
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