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Plática con Aniceto Molina, el embajador de la cumbia

Se me desarrolló más la mente cuando vine a visitar El Salvador

César Castro Fagoaga y Alexis Henríquez / Fotos: Edu Ponces
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Publicada el 19 de febrero - El Faro

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¿Y nunca le han dicho algo por eso de “salvatrucha”, porque la mara se llama igual?
Pregúntele a él.
(Óscar, el representante de Aniceto, sigue la historia).

Estábamos en Ayutuxtepeque, el único lugar donde ha habido problemas. Eso fue el año pasado. Eran fiestas, cuando él empezó a tocar se me acercó un chamaco y me dijo: “Decile que no vaya a tocar ‘El Peluquero’ porque si no habrá desvergüe”. Eran de la 18. Yo le dije a él pero no me hizo caso. Je,je,je,je.

Aniceto sigue: Es que toqué la primera tanda y no la toqué, seguí en el segundo turno y la gente me la pedía. Yo lo voltee a ver a él e hizo así como “tú veras”. Yo le dije a la gente que tocaría un éxito que había hecho sin dedicárselo a nadie y que íbamos a complacer. Y arranco con “El Peluquero”. En mitad de la canción me tiraron un bote de cerveza, primera vez en mi vida. Fueron los de la mara 18 que estaban bailando.

¿Y paró la canción?
No, yo seguí tocando. La policía nos sacó de Mejicanos. Yo no vi, pero dicen que estaban subidos a la par de los parlantes y hacían la seña que nos iban a matar. Yo decía: “Aniceto va a terminar con el pescuezo mocho”, je,je,je.

Usted pensó: este término es para referirse a un salvadoreño.
Es que en ese momento (cuando escribió la canción) no era así. Para mi era un gentilicio.

O también lo que puede hacer, Aniceto, es decir: “un peluquero de la dieciocho…”
Je, je, je, je, je, y me matan más rápido. Si quiere me voy a retirar pero que no me maten rápido. Podría cambiar por “El peluquero salvadoreño”. Luego vino “El garrobero”. Porque luego de “El peluquero” me dijeron: “¿y ahora qué?”. Yo me dije a mi mismo: “si te metiste a soldado vas a tener que morir, ya te metiste a complacer al pueblo salvadoreño entonces adelante”. Después de “El Peluquero”pasaron como tres o cuatro años, y entonces que regreso y me pregunta que cuál es la que venía. Yo no quería aburrir a la gente.

Hay que tener reservas.
Hay que tener. Pasaron los tres años, con el compromiso a los salvadoreños, cuando comienzo a hacer “El garrobero”.

Esa no me la puedo.
Uno tiene que pensar las cosas hacia atrás, como comenzaron. El tema puede ser La barba de fulano. Y me pongo a pensar en un nombre, como Alexis. Ta' bien ese nombre, “La barba de Alexis”, tropical. Entonces comienzo a buscar a mis alrededores, para ver qué nombre le ponía a la nueva canción. Nos íbamos comer…  

¿Garrobo? (Todos estallan en risas)
Je, je, je, je… Pero yo nunca he comido garrobo. Entonces íbamos a un restaurante llamado La Aldea, donde venden caldos, sabrosísimo, de chuchos también, de gatos y gatas. Allá en Colombia, eso de garrobo no hay. Allá no tiene que ver con cuál es el macho, sino que es generalizada la iguana. Una iguana puede ser el más macho, pero es iguana. Entonces que me oigo: “Denme un guiso de garrobo”. Y yo: “¿Y qué es garrobo?” Y que me dicen que es el macho de la iguana, y eso está bien raro. Ta' bien para hacer una canción, que es “El garrobero”.

¿Y cómo va la canción?
Yo entonces me invento que “El garrobero”es un hijo que me lo quieren enganchar y que es mío, pero como yo lo estoy negando, le pongo que le voy a hacer la prueba del ADN. Todo eso lo fui familiarizando. Entonces dice: “Por hay anda un muchachito, según dice su mamá, que le puso Anicetico, dice que soy su papá… Quiero que toque acordeón, así como su papá… Quiero que sea mujeriego, así como su papá… Pero que no tome ron, así como su papá… Qué vaya a El Salvador a comer la mariscada, así como su papá… También el Pollo Campero, así como su papá… Y qué coma mucho garrobo pa' ponerle El garrobero…”  (entona Aniceto la canción, como si frente a él un auditorio escuchara su melodía).

Ja, ja, ja, ja, ja… ¿Pero no es una historia real?
No, señor… Ja, ja, ja, ja… Son cosas que me piden aquí. 

(Interviene Óscar en la conversación)
Los éxitos de Aniceto no han dejado de sonar. Desde que yo repartí “Fiesta Cumbiandera” hace seis años, no ha parado de sonar.

Como el año viejo. ¿Y ese de qué año es?
No es mío directamente. Es una grabación de Colombia, original, pero que yo la grabé en México y caminó aquí.

¿Y en Colombia no escuchan su música?
Muy poco. Es que yo no he estado allá, ni hay casas disqueras que estén distribuyendo. Pero yo voy a hacer mi retorno a Colombia en esta gira, primero Dios en diciembre, viniendo aquí de paso. Es un retorno que se llama “El retorno de Aniceto Molina a Colombia”.

¿Cómo cree que lo reciban?
Ah, muy bien. Nunca he actuado en Colombia desde el 73. Y era fuerte. Yo tenía ocho discos grabados cuando salí, y afuera he hecho 42 discos. Son 45 años de carrera.

Va casi un año por disco.   
Lo que pasa es que cuando uno tiene hambre de grabar, uno graba dos o tres discos. En un mes uno graba un disco. Luego pasan seis meses, y uno graba otro…

Si no es mucha indiscreción, ¿cuántos años tiene?
40 y… No, 60 y…

Ah, se está quitando años. Ja, ja, ja…
… ja, ja, ja… No, es que estaba pensando en los discos. Son 67 años.

Ahora a que se va a dedicar a tocar con su acordeón pero música cristiana, ¿hasta cuándo piensa hacerlo?
Una meta no me la he puesto y no me la voy a poner. Uno pone y Dios dispone. Uno no sabe y no lo permita Dios un accidente, o algo. Pero hasta el 2008 voy a estar en la música del mundo.

¿Y no va a extrañar esa música mundana?
La puedo extrañar, si uno no está bien concentrado en lo que quiere. Si ya estuve 45 años en esto mundano, por qué mejor no voy a estar en aquello que es el camino más sano, el camino de Dios. El camino sano, la vida sana, no es todo el mundo el que se va a dedicar a eso. Porque la diversión, la discoteca, el baile, y que la chamaca aquí, eso lo ve uno más sabroso que otra cosa.

Ja, ja, ja… ¿La tentación?
Sí, es la tentación. Pero si yo ya pasé por ahí, de todas maneras para qué. Ya uno viene bajando la lomita. Bueno, en ese caso, ese retorno que pienso hacer es allá en Colombia, en Sincelejo, en la costa norte. Va a ser en un baile en un estadio para 25 mil personas. Yo soy costeño, de Córdova; pero donde uno se ha familiarizado más es en Sincelejo. Es una ciudad grande. Pero yo soy de El Campano, un pueblito, un cantón, donde ahora ya conocen la luz. Pero cuando yo me levanté no había. Allá tengo hermanos, hijos, pero la mayoría vive en Estados Unidos.

¿Y cuántos hijos tiene?
13 hijos. Los 13 con la misma, pero no con la misma mujer (vuelve un estallido de risas por la jocosidad de Aniceto y su facilidad para elaborar oraciones en doble sentido).

¿Alguna vez se casó?
Me casé, sí, claro. Pero por las cuestiones que uno hace en la vida, comienza como loco la juventud. Siempre la juventud trae los malos entendidos, los malos pensamientos, los malos caminos. Y uno, siendo músico, pues con una novia aquí, y le volaba a que soltara. Tenía que soltarse o la dejaba quieta. Y entonces hay venía el hijo.

¿Y no tiene algún hijo en El Salvador? ¿Un garrobero?
No, ahí sí no. Ja, ja, ja… Si no lo hice en aquel tiempo, hoy no lo hago. Bueno, entonces la última hija que tengo es de 13 años, con mi esposa. A todos mis hijos los reconocí. Pero bueno…

Después de esa breve…
…ja, ja, ja. Yo voy a ir a caer a Sincelejo, en un baile donde se espera que estén los mejores grupos de Colombia. El propósito es el de recolectar fondos para una fundación que tengo en Colombia, y que es para organizar un hospital y una farmacia para todos aquellos que no tienen para comprar una medicina cuando caen enfermos. Todo eso va a ser el comienzo de esa fundación.

¿Y cuándo pensó crearla?
Hace dos años. Aunque yo, a pesar de eso, estoy en mi pueblo ayudando a la gente que necesita. En la finca mía hay 45 familias que siembran, sin pagarme nada. Siembran arroz, maíz, plátano. Cada uno hace media hectárea, y yo les doy dinero si no tienen para sembrar. A Colombia, aunque no he ido a tocar, voy a cada rato, y estoy en comunicación con todos los que manejan las cuestiones mías. Al retirarme, quiero sentarme en la finca allá. Cuando me retire me voy a ir a vivir allá. Ya trabajé como negro, ahora voy a vivir como blanco.

¿De pequeño trabajaba como negro en la finca?
La misma finca que yo tengo era la finca de mi padre. Todos comenzamos a crecer y cada quien va agarrando el camino. Un hermano mío, Anastasio Molina, también agarró la música. Mi papá comenzó a vender la finca, poco a poco, hasta que murió papá y mamá. Yo ahora es que he comenzado a recuperarla. Ahí nos criamos nosotros, hijos de Antonio Molina y Aurora Aguirre, hijos de la florida, nosotros nos criamos en el trabajo pesado. Nos parábamos a las 4:00 a.m. Mi papá tenía una molienda de sacar panela. Todo eso lo hacíamos nosotros. Nos acostábamos a las 10:00 p.m. Nos criamos en un ambiente sano, trabajador, que nos sirvió mucho.

¿Y cuándo es entonces que decidió hacerse músico?
Ni siquiera lo pensé. Eso provino que el hermano mío, que tiene cuatro años mas (Anastasio). Se le vino la idea de comprar un acordeón. Él me dijo que iba a hablar con papá para ver si le daba una cabuya de monte para hacer cultivo y tener el dinero. Le dijo que sí; se agarró la cosecha y cuando juntamos 120 pesos, que en ese tiempo podrían ser como 50 dólares, fue a comprar el acordeón a una finca que se llamaba El Bálsamo. Él salió a comprar el acordeón a las 8:00 a.m., en una yegua. Era todo el día para llegar donde iba a compra el acordeón. En la tarde, yo estaba como un toro bravo, esperándolo. En vista de que no llegaba me fui a esperarlo en el camino. Cuando lo vi, hay traía el acordeón y me lo prestó. Me pongo a jalar y le pregunto: “¿Y cómo es, pues?”; “Si yo tampoco sé (cómo se toca)”, me dice. Y así comenzamos a darle, a darle, y ahí salió la música.

       
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