San Salvador, 15 - 21 de octubre de 2007
NOTICIAS
INTERNACIONALES
OPINIÓN
ENCUENTROS
EL ÁGORA
PLÁTICAS
CARTAS
ESPECIALES
EDICIÓN ANTERIOR
ARCHIVO
SUSCRIBIRSE
RSS EL FARO


Tecnología
Libros
Revistas
Computadoras
Salud
 

Plática con Wilfredo Iraheta Sanabria, ex futbolista y diputado

“La diferencia entre los grandes jugadores y nosotros son las metas que se ponen”

Vistió la camiseta azul de la última selección que logró unir a todo un país por un sueño que no se cumplió: la clasificación al mundial de Francia 98. Ahora, siete años después de su retiro, cambió los tacos por los trajes y la pelota por un curul en la Asamblea Legislativa como diputado del partido ARENA.

Combinó los estudios de medicina con el deporte, fue compañero de equipo del ex diputado Roberto Silva, acusado –y desaparecido de la justicia desde el jueves 25 - por los delitos de robo y cohecho; y compañero de comisión de otro diputado, encarcelado en Estados Unidos por narcotráfico.

Si pudiera pedirle un deseo a un genio, dice, le pediría tener de nuevo 15 años y jugar de nuevo fútbol, con los sueños que se plantean los grandes. Hoy por hoy, sin embargo, le toca seguir, como lo hizo cuando era jugador, las líneas de un técnico que en su caso se llama el partido político. “En el fútbol improvisas un poquito más”, comenta.

Daniel Valencia y Rodrigo Baires. Fotos Edu Ponces
[email protected]
Publicada el 29 de enero - El Faro

Enviar Imprimir

De futbolista a médico –trabajaste con el ministerio de salud en Soyapango- y luego diputado. ¿Cómo así?
Soy originario de Sensuntepeque, en Cabañas. En 1981 cuando empezó el mayor Roberto D´Abuisson a recorrer el país yo era su admirador. Veía a mi papá, cuidaba urnas para la UNO. Yo tenía menos de 12 años y escuchaba los comentarios que sucedían con los llenados de urnas de parte de la gente del poder en esa época.

¿Qué recordas de D´Abuisson?
Cuando empezaba a salir en las conferencias de prensa como FAN (Frente Amplio Nacionalista). Pero, como cualquier niño, primero era jugar fútbol y estudiar, porque me gustaba estudiar. No era un estudiante brillante, pero me gustaba. El fútbol lo jugaba como cualquier niño: con porterías de piedra, sin camisa y con zapatos viejos.
Soy miembro de una familia bastante grande y rara. En casa vivíamos mis dos hermanos y yo. Y tenía un montón de hermanos afuera del hogar. Típico de un padre machista y con un montón de mujeres.

¿Cuántos hermanos?
Desconozco. No puedo darte un dato exacto.

¿Pero llegaste a conocer algunos?
Cerca de unos 13, 14 aparte de mis dos hermanos. Algunos de mi edad; y a algunos los conocí el día de la vela de mi padre en el año 94. Lo asesinaron ese año. A uno lo conocí en brazos de la mamá, de meses.

¿Cuándo diste el salto al fútbol profesional?
Me gradué de bachiller en el instituto de Sensuntepeque y por cuestiones de la guerra me vine a estudiar a San Salvador. Me metí a la universidad y quería ser médico porque en los pueblos, en esa época…

El médico y el cura…
…y el militar son los que mandan y son lo máximo en los pueblos. Como no pude ser militar…

¿Por qué?
Mi papá se opuso por la guerra. Era el año 84.

Y entonces, medicina.
En ningún momento se me pasó por la cabeza ser cura, eso si no jajaja.

¿Y el fútbol?
Empecé a jugarlo a los 15 años, en la liga de ascenso, en el Sensuntepeque. Cuando la liga de ascenso era una liga bastante fuerte. Ganaba 20 colones por partido… pero sí nos los pagaban. Se hacía honor a ese compromiso.

Y a los 18 ya estabas acá y en la universidad.
Pero seguí jugando con el equipo. No entré a la Universidad Nacional porque, si recuerdan, iniciaba su fase de reapertura en ese año (1984). No quise arriesgarme, porque pensé que podía retrasarme, porque incluso había facultades que funcionaban  afuera de la universidad. Quedé en la Nacional, pero me fui a estudiar a la USAM (Universidad Alberto Masferrer). Mis objetivos se iban cumpliendo.

¿Y tus hermanos?
De los 14 conocidos y mis dos hermanos en casa, sólo yo jugaba fútbol y estudiaba. Los demás eran haraganes.

¿Cuándo entraste a primera?
En el 88, en el Chalatenango.

Edu es fan del Chalate, hasta tiene camiseta.
Jaja. No llegué muy convencido de jugar en primera porque quería terminar la carrera. Ya estaba en cuarto año y hacía prácticas en el hospital.

Eras, como dicen, “estorbo”.
No, no, externo.

Algo más parecido al régimen militar que la medicina no puede haber.
Claro, hay un régimen que cumplir. Hacíamos las prácticas en el hospital de Zacatecoluca, muy bonito, en el de Sonsonate, San Bartolo y San Rafael (Santa Tecla).

¿Con quiénes jugaste en Chalate?
Estaba Cienfuegos, que en esa época era de los líderes -aún con mi misma edad-, pero ya era un líder. Había jugadores viejos también. Estaba Carlos Rivera…

¿La Carlanga?
Sí. Estaba Mario Marín Paredes, Marlon Menjívar, “el trucutu” Martínez –un argentino muy bueno-, Martín Velasco, “la ardilla” Arévalo… Nombres que quizá no les suenan mucho, pero eran jugadores de buen nivel en ese momento.

¿Te era difícil?
Por el tiempo. Ya se entrenaba más serio ahí.

¿Quién era el técnico?
Raúl Magaña. En esa época convocaban a entrenamientos a las seis de la mañana y a las siete ya estabas afuera; y te volvían a convocar después de las cuatro de la tarde. Le permitían a la gente que trabajaba que fuera a trabajar; y a los que estudiábamos, también. A veces me tocaba irme a las prácticas sin bañarme desde la mañana; y si no tenía turno, almorzaba, y me iba a las clases teóricas en la tarde, sin bañarme desde la mañana. Era incómodo. Luego, a entreno, y a veces regresaba a clases…

¿En la noche?
¡Sin bañarme de nuevo! Cuando tenía que entrenar y no podía ir a clases mandaba la grabadora, así como ustedes. Claro, no eran así de modernas, y a oír la clase en la casetera de mi carrito.

Estaba difícil intentar superar a tu papá con esa “aleta”.
¡Sí! Era bien difícil. Imagínate adentro de la universidad. Pero fijate que no pensaba mucho en chicas. Andaba más empilado en la universidad y en el fútbol.

¿Cuánto tiempo jugaste en el Chalate?
Las temporadas eran largas. Jugué 88-89 y 89-90 (cuando el equipo descendió por falta de apoyo). En el 90 entré al internado y ya…

Era “el Doc”.
Ya era doctor.

¿Ya tenía sellito?
Con número de interno, ya recibíamos bonificación por parte del Ministerio de Salud; y ya había compromisos serios con los pacientes. Descansé del fut como un año porque a veces hacía turnos de tres días, la carga académica continuaba… En el 91 me fui al Atlético Marte a seguir jugando.

¿Cómo se vivía el fútbol en los años finales de la guerra?
Los estadios se llenaban, se llenaban. Había bastante interés, competitividad. Había jugadores con bastante nivel en los equipos. En el caso de Alianza, tenía a Rubén Alonso, Juan Carlos Reyes, Kin Canales, Palacios Lozano, Carlos Santillana…

Ahí le tocaste el corazón a Daniel.
¿Alianza? Bueno. En Águila todavía jugaba Zapata, Salvador Coreas, Hugo Coria … En Marte, había un joven De Mello, Alberto Castillo –gran jugador-, Raúl Chamagua, Santana Cartagena…

¿Del Marte al Águila?
Sí. En Marte jugué cuatro años. Aprovechando eso, hice mi año social, cumplí con mi tesis y me interese por el fútbol. Luego de graduarme me fui a San Miguel.

¿Qué te hizo interesarte por el fútbol?
Me empilé. Ya había cumplido mi máxima aspiración de ser médico, graduarme y todo –aunque no terminaba ahí-, me empilé.

Al Águila llegaste en el 94, el año en que murió tu padre. 
La primera semana de agosto mataron a  mi papá, aquí por Opico. Era el momento de la transición de los cuerpos represivos (Guardia Nacional, PN, PH) a la PNC. En ese momento había un vacío de autoridad pública increíble. Cantidad de asesinatos, cantidad de gente que falleció… ahí murió mi papá.

¿Cómo?
Fue un asalto. Fue muy duro, pero quizá el hecho de que había cambiado de aire me sirvió para que no impactara en mí la pérdida de un ser tan cercano. Iniciábamos temporada el primero de julio, había mucho entusiasmo. Hubo cambio de junta directiva –el señor Muyshondt se fue-, llegaron los García Prieto; coincidí con la Chochera Castillo -que se fue al Águila-; y había toda una cantidad de jugadores de primer nivel que querían un espacio en el equipo. Me dolió, pues, todavía lo siento, pero lo logré superar.

En el Águila, aparte de grandes jugadores, conociste a grandes personajes.
Jajaja Sí, al Pelé Zapata. Tenía 41 años en esa época, pero era un jugador increíble, de lo mejor que ha tenido este país. Salvador Coreas, Hugo Coria, gente fundamentada.

¿Coria era igual de enojado?
Igual. Jamás se me olvidará que una vez, recién llegado al Águila, en un entreno perdí la pelota, y escuché que dijo: “no, se va uno, y mandan uno peor”. Así me recibió jajaja. Después nos hicimos amigos dentro del equipo.

Y ahí tenías a…
Ahí conocí, también, a otro tipo de personajes.

Eras defensa y tenías a un volante de contención juvenil…
Coincidí con Roberto Carlos (Silva), era el año 94 y el técnico era el profesor Óscar Benítez. Él se caracteriza porque es busca talentos. Va a los municipios y tiene buen ojo, fijate.

¿Roberto Carlos Silva era un talento?
Él lo llevo. Venía del Topitlzin de Jiquilisco. En esa época era obligación que un juvenil jugara, un tiempo, en los partidos oficiales. Roberto Carlos nos acompañaba a nosotros. Muy buen jugador. Tenía 18 años, medía 1.87, por ahí, delgado -típico de pueblo-, fuerte, con mucha valentía, mucho coraje –típico de oriente-, ahí lo conocí.

¿Eran amigos?
Teníamos alguna especie de empatía. Con otro jugador, Cáliz, decidimos no quedarnos en la casa club del equipo y alquilamos una casa en San Miguel. Y Roberto, como era un niño un poco inquieto en esa época, nos pedía quedarse con nosotros. Pasaba mucho tiempo descansando ahí.

“Descansando”
¡Sí! “Descansando”. Los domingos, después de los partidos, yo me venía para San Salvador y lo pasaba dejando a Jiquilisco. Un cipote de casa humilde, conocí a sus padres, al hermano, que es colega tuyo, fotógrafo. El Pato Pastoriza incluso lo convocó mucho antes de que me convocara a mí. Tuvo su suerte. Estaba Kilmar Jiménez, Waldir Guerra, Raúl Garía y Roberto Silva, que eran los cuatro jugadores de Águila en la selección. Después llegué yo.

¿No se esperaba el cambio?
Me estuve una temporada más con Águila y él se fue antes. No sé qué problemas tuvo con Milován y se fue a Firpo en la temporada 1996-1997; y creo, sin temor a equivocarme, que fue la última temporada que el jugó en primera.

¿Ya no lo vio?
Me lo vine a encontrar hasta hoy en política. Sí había escuchado que se había ido a Estados Unidos, que regresó, puso un negocio de granos básicos…

Se compró un Jaguar…
Eso fue después.

Tú tuviste a Milovan Djoric, el general,  en la selección y en el Águila.
Él es una persona de régimen.

Era soldado.
Sí. Él es un técnico que se mete en todo, hasta en la forma en cómo te sentás, cómo comés, cómo hablás, cómo vestís. Te va a revisar si estás descansando. Él hacía eso. Muy metódico, todo bien planificado. El mejor momento de mi vida deportiva profesional fue en Águila y en la selección nacional con él. Le debo mucho.

¿Milovan era enojado?
Era bravo y no se escondía nada. Te decía las cosas a la cara. A él, cuando vino allá por el 95, parece que le habían hablado maravillas mías. Le habían dado paja…

Jajaja
… la primera vez que entrenamos –el entrena de una manera muy personalizada-, me puso de volante de contención y me dio la pelota. Vaya chico, me dijo, a ver qué haces con la pelota. A mi lo que se me ocurrió fue dar la pelota por el lateral y quedarme parado. Y me dijo: no chico, me han dicho cosas buenas tuyas, pero veo que es mentira. Tú no sabes nada, déjalo. No fue la primera y única vez e incluso, a muchos jugadores, hasta el mismo Roberto Silva, los pellizcaba. Era su forma de ser.

Hablar de Milovan es hablar de la selección que casi clasificó a Francia 98. A vos se te culpa por no haber clasificado.
Sí, me echan la culpa a mí. Fue de las últimas jugadas y ahí se cumple aquello que la gente, lo último que ve, ahí se queda de por vida.

Minuto 78, De Mello había metido el primer gol.
No recuerdo. Seguro vos has sido de los que han escrito algo criticándome, ya me di cuenta.

No, lo que pasa es que ayer me dijeron: pregúntale por Stewart.
No recuerdo ni a qué minuto fue ni el apellido. Pero fijate que nosotros pudimos haber asegurado la clasificación en el primer juego que tuvimos contra Jamaica. Era una eliminatoria corta y teníamos que asegurar puntos en casa (ganarlos todos) y empatar fuera. Esa era la consigna. Nosotros veníamos de empatar con Canadá. Ellos jugaron con 10 jugadores, desde el minuto 20 –luego de que Pesquisolido me pegó con la bandera en la cara-. Jugamos con 11 y ese partido tuvimos que haberlo ganado.


Jugamos aquí contra Costa Rica, que era el rival con el que íbamos a disputar en teoría la tercera plaza, y le ganamos 2-1. ¿El primer centro de gol, que lo anotó Díaz Arce, quién lo puso? Lo puse yo.

       
Enviar Imprimir  
 
 
Consulte el buscador de Google y encuentre las notas publicadas en
El Faro
Google
Web www.elfaro.net
 
 
  + NOTICIAS
César Castro Fagoaga
Lea también:
  Jueces del caso Silva: “Fuimos ingenuos
 

Ex diputado prófugo asegura que está en el país

Alexis Henríquez y Sergio Arauz
Lea también:
 

Entrevista con Rodolfo Parker, secretario general del PDC
“Nos preparamos para participar solos en las próximas elecciones”

Edith Portillo
César Castro Fagoaga
Alexis Henríquez
Carlos Dada
 

Plática con Wilfredo Iraheta Sanabria, ex futbolista y diputado

 
 
 
Escribir carta
Leer cartas enviadas
 

 

                                                     Consulte el buscador de Google y encuentre las notas publicadas en El Faro
 

EL FARO.NET (Apartado Postal 884 , San Salvador, El Salvador)
Dirección: Bulevar del Hipódromo, Edificio 237, Cuarta Planta,
Zona Rosa, Colonia San Benito, San Salvador, El Salvador.C.A.
Teléfono:(503) 22 45 64 69, Teléfono-Fax:(503) 22 98 04 80
Todos los Derechos Reservados. - Copyright©1998 - 2006
Fundado el 25 de Abril de 1998