San Salvador, 24 - 30 septiembre de 2007
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Plática con Óscar Ortiz

“La izquierda no está para caprichos, la izquierda está para llegar al gobierno”


En 1977 cuando se integró a la guerrilla, no tenía claro qué tipo de fotografía iba a salir. Óscar Ortiz, actual alcalde de Santa Tecla, se define como un soñador por excelencia. De la guerra recuerda el entorno solidario de los campamentos guerrilleros y su disposición como jefe ha tomarse los mismos riesgos de la tropa.  El alcalde se identifica con Lula Da Silva por su capacidad para hacer alianzas. Y considera que el reto de la izquierda salvadoreña es alcanzar a la manada de elefantes que ya iniciaron su corrida en el cono sur.  Esta entrevista se realizó la semana previa a la conmemoración de los Acuerdos de Paz, cuando aún no se conocían las reuniones que Ortiz ha sostenido con alcaldes de otros partidos de cara al 2009.

Por: Sergio Araúz/ Rosarlin Hernández / Fotos: Silvia Gutiérrez
[email protected]
Publicada el 22 de enero - El Faro

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¿Cuánto tiempo lleva en el FMLN?
Soy fundador del FMLN en 1980 y además antes de incorporarme al FMLN me incorporé en 1977 a las Fuerzas Populares de Liberación (FPL). A estas alturas tengo 29 años de estar militando en el FMLN.

¿Y cómo se incorporó?
Por mi hermano mayor, yo formo parte de una familia de 10 hermanos, una familia tradicional y yo soy el cuarto. Mis dos hermanos mayores murieron en el conflicto. El hermano mayor, Santos, es el que nos incorporó a nosotros porque él era Scout y yo era Lobato, él era muy católico, al igual que mi familia nos empezó llevando a la iglesia y en las pastorales juveniles allí empezamos a desarrollar toda una sensibilidad en el tema social. Estando en secundaria, mi hermano ya era activista obrero, integró a mi hermano Fidel y a mí que era el menor de todos al movimiento estudiantil revolucionario, nosotros fuimos del grupo fundador de este movimiento en la región occidental.

¿Dónde estaba?
En Sonsonate, yo estaba en secundaria, tenía 15 años.

¿Cómo recuerda su primer día dentro del movimiento estudiantil?
En realidad la forma de organización en aquel momento era un método muy especial porque era de reclutamiento selectivo. Mi hermano Santos era organizador de la zona occidental y a los primeros que empezó a reclutar fue a su familia. Organizamos una especie de excursión estudiantil en una finca de Sonsonate y allí nos juntamos un total de 13 estudiantes, por cierto entre esos estaba Julio Leiva, que ahora está en Estados Unidos y es de los pocos que sobrevivió del grupo fundador que estuvimos en la zona occidental.

Creo que los únicos que estamos vivos de este grupo es Julio, yo, era el tiempo del movimiento popular, del fortalecimiento del Bloque Popular Revolucionario.

Eran los años 70…
Sí. El segundo bloque de la década de los años 70 donde ya el movimiento popular había alcanzado un desarrollo importantísimo, el movimiento campesino, revolucionario estaba desarrollándose, prácticamente nosotros pasamos a ser parte de ese esfuerzo estudiantil que no desenlazó en las montañas sino hasta principios de 1981 y especialmente después de la muerte de Monseñor Romero. En aquel momento había una visión insurreccional, se pensaba que ir a la montaña podía crear una situación que hiciera colapsar al régimen de ese momento, que ya había sufrido una crisis con el golpe de Estado y la Junta Revolucionaria, era una situación muy especial. Nosotros nos desarrollamos del 77 hasta el 80 en la actividad política. En ese tiempo mueren mis dos hermanos, el primero fue capturado en 1979 y fue desaparecido por la Guardia Nacional. Él atendía el trabajo obrero, el trabajo sindical de los puertos y un año después en el 80 mi segundo hermano muere en una emboscada cuando se empezaban a formar los frentes de guerra.

Ya en ese periodo, yo seguía estudiando y trabajando en la actividad política estudiantil  sin irme de la casa de mis padres. Cuando mis dos hermanos murieron, pasó lo de Monseñor Romero, mis dos hermanos menores también se habían incorporado y la familia estaba bastante coloreada, mi padre empezó a preocuparse y mi madre sufrió una pérdida tremenda porque es una familia bien unida. Entonces mi padre movió a la familia de Sonsonate y tenía temor de perder otros hijos. Así decide venirse a San Salvador.

Pero yo en ese momento, me propusieron que tomara la responsabilidad del trabajo sindical que hacía mi hermano en los puertos. A finales de 1980 me moví a San Salvador y tomé responsabilidades a tiempo completo. Me mandaron a la dirección del trabajo obrero en oriente, en los puertos de La Unión, puerto del IRA, allí conocí la pesquera, atarraya, mariscos, la zona de la aceitera que era el trabajo que mi hermano atendía. Era chistoso porque nadie creía que yo era responsable porque me veía tan cipote y sólo moviéndome con sindicalistas y obreros. Y cuando fui hacer el contacto me preguntaban ¿Bueno niño y quién va atendernos? Y yo les respondía que era yo quien los iba atender. Hasta 1981 que se viene la primera ofensiva me tocó asumirla en San Miguel.

Entiendo que es conocido como combatiente de primera fila. Quisiera que me contara el primer día que portó un arma y dónde estaba.
La primera vez que me tocó hacer una actividad con un arma fue precisamente en 1979. Ya cuando nos estaban preparando a nivel urbano como se llamaba pequeños comandos, las primeras pruebas eran recuperar armas. Éramos tres y nuestra misión era ir a recuperar una escopeta y una pistola de unos vigilantes que cuidaban una concretera.

¿Robar?
La palabra no era robar, era recuperar sin que hubiera ningún tipo de daño. Yo era el responsable y nos inventamos hacerlo a las 11:30 de la noche y nos agarró la tarde un poquito, uno se iba a quedar al cruzar la calle y los otros dos íbamos a llegar, y gritar a los vigilantes no se muevan, no les va a pasar nada, entreguen las armas, somos la guerrilla urbana. Fue cómico porque de las dos solo recuperamos una, solo la escopeta y la pistola no la pudimos recuperar porque se nos ocurrió ponernos unos gorros rojos y les pegamos el grito a los vigilantes, ellos se asustaron. Creo que ni nos oyeron que éramos guerrilla urbana, los dos salieron corriendo y el que tenía la escopeta la soltó. Una cosa era la zona urbana y otra era el frente.

¿Durante la ofensiva del 81 qué hizo?
El frente político para tratar de hacerle soporte y de apoyar la fuerza militar que iba a entrar en ese tiempo, fuerza militar que no estaban desarrolladas lógicamente. Toda la concepción era insurreccional, los ataques militares que se estaban planteando eran concentrados para motivar a la población a que se levantara. Y precisamente dentro de mis tareas era estimular a la gente para que se levantara. En esa zona hubo una falla porque a pesar de que hubo un ataque no era como se preveía, la situación política cambió, estuvimos a punto de perder la vida y en el segundo semestre de 1981 me dan la misión de entrar al frente de guerra que era en Jucuarán y entré por el río Grande de San Miguel.

¿Quiénes eran sus superiores?
Me mandaron por la experiencia política y la experiencia urbana por el trabajo organizativo, las FPL estaban abriendo un frente, la zona era del ERP, pero para nosotros era una zona logística. La misión nuestra era consolidar una zona política militar que permitiera a una de las organizaciones del frente, yo era el segundo jefe de la zona, el primer jefe era Hugo Cruz. Allí fueron mis primeras actividades políticas y militares como parte del mando del frente sur de la zona de Usulután. Allí desarrollamos varias emboscadas.

¿Cuál fue la misión más peligrosa que cumplió en la guerra?
Es muy difícil en realidad la característica que tuve además de ser del movimiento estudiantil, de pasar por la experiencia obrera y por el trabajo político es que también tuve cierta formación militar urbana. Y cuando me voy para el frente de una vez asumo la responsabilidad en el mando de esa zona. Meses después paso a ser jefe de zona y de tropa. A mi me encantaba combatir. Había dos tipos de jefatura, hay jefes que solo estaban dirigiendo y otros que queríamos participar, creo que tenía que ver con la edad, yo tenía 20 años.

¿Usted se metía a la primera línea de fuego?
Claro. Llegué como jefe pero yo también quería ser capaz de arriesgarlo todo. Yo viví los distintos escenarios, desde que fui jefe de zona nunca dejé de tener responsabilidades importantes y hasta que en 1983 yo estaba al frente de unidades especiales, de vanguardia. Todas las organizaciones formamos unas unidades elites, así como las formaba el ejército como el Atlacatl.

¿Y esas eran las tropas más temidas de la guerrilla?
Eran las tropas elites,  tropas de combate más preparadas, más formadas. Allí incorporábamos solo aquella gente que era capaz de dejar su localidad, de no atarse a un lugar, que aunque quisiera a su familia pudiera dejarla. En la guerra había localismo, había gente buena para combatir en su lugar. Pero las unidades de vanguardia eran tropas móviles, que estaban donde se requería. Ser jefe de estas unidades era estar al frente de una tropa bien armada, que permanentemente se estaba preparando, que estaba la gente más aventada, más aguerrida y le tocaban las misiones más duras.

Cuente una
Cuando me hirieron.

¿Dónde lo hirieron?
En el panteón de Santa Clara por el puente de Oro. Fue la batalla contra el Atonal. Había una gran ofensiva y recibimos la orden de la Comandancia General que había que regresar a ese punto que era la zona de San Agustín Tres Calles. Esas grandes ofensivas te cercaban para ahogarte, sacarte los apoyos políticos, evitar que recibieras abastecimiento y el Atonal era una tropa especial. Yo andaba entre 300 y 400 hombres, era un batallón y no se podían comparar con el ejército porque eran tropas guerrilleras, de asalto. Caminamos toda la noche, entramos sin hacer bulla a la zona de San Agustín y nuestra misión era golpear fuertemente a esa tropa que estaba ahogando a las unidades guerrilleras que estaban allí. Da la casualidad que el mando militar no se dio cuenta que entramos y ellos mandaban permanentemente a no permitir que se acercaran unidades guerrilleras.

Ese día mandaron a una sección entera de exploradores y era una gente que había recibido preparación especial, eran 60 hombres, todos iban con granadas, con lanzagranadas, era una tropa súper armada. Nos dimos cuenta porque interceptamos la comunicación y tomé la decisión de que era el momento de cercarlos. El lugar donde se dio la batalla fue en el cementerio de Santa Clara. El jefe del batallón dijo no se aflijan, no creo que estos terengos aguanten más de media hora. La batalla empezó a la 1:30 de la tarde y terminó a la 5:30 sin detenerse un segundo. En esa batalla como jefe militar tuve más heridos, yo fui el último herido. Había 6 muertos y 8 heridos. Pero la mayor cantidad de heridos eran jefes de escuadras y jefes de pelotón. Mandaron aviones, helicópteros, pero como estábamos tan cerca no podían hacer mucho. Les dije a los radistas, se quedan aquí solo me acompaña uno, agarré a los cinco mejores hombres, la intención era definir la situación en 20 minutos. Nuestra intención siempre era hacer prisioneros para luego canjear. El que iba a mi lado le decíamos “peligro” porque era tan bueno para combatir que representaba un peligro hasta para nosotros mismos, hay gente que le encanta combatir. Y cuando entramos y yo les dije recojan todo, nada más fusiles, radios, ametralladoras, lo demás déjenlo. Y de repente me dijeron Guillermo aquí están unos, les dije que no dispararan. “Soldado rendite le dije”. Sacó el fusil, medio corrió un metro y se quedó escondido. Le volví a decir “rendite no tenés ninguna posibilidad, tenés 10 segundos, si no te vas a morir”.

Volvió a correr, escuché un disparo y el sonido como si se había quebrado un palo y yo grité. Sentí que di vuelta y solo dijo la radista y la sanitaria: ¡¡¡Hirieron a Memo!!! Cuando me vi un pie lo tenía totalmente al revés, me había pegado un centímetro arriba de la rodilla y me salió tres centímetros arriba del otro lado de la pierna. Me llevó tres centímetros de fémur. El pie me quedó totalmente al revés, me empezó a dar el temor que me iban a volar el pie, yo andaba una pistola 9 milímetros. Cuando me levantaron fue una cosa terrible porque el hueso estaba totalmente cortado, no había medicinas y a los heridos nos llevaron a la par de un río.

En esa unidad andaba un equipo de tres médicos, uno de ellos es Coto el que fue alcalde de Chalatenango, excelente médico. Yo tenía cuatro años de no ver a mi familia y empecé a acordarme porque caí herido sobre una cruz del cementerio. Cuando los aviones llegaron a disparar, les pedí que me dejaran, pero yo había asumido que iba a perder el pie, ya no tenía sentido seguir, agarré la pistola y cuando la tenía cerca, Maritza la sanitaria me dijo algo que no olvido: “No jefe usted se va a salvar y ese pie le va a quedar bueno, se lo digo yo”.

       
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