San Salvador, 15 - 21 de octubre de 2007
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Boris Pineda, ajedrecista nacional:

“La única disciplina donde se demuestra una diferencia genética entre el hombre y la mujer es el ajedrez”

Campeón nacional en repetidas ocasiones y nombrado como el “ajedrecista del siglo XX” por el Instituto Nacional de los Deportes (INDES), en 2000, Boris Pineda se ha mantenido vigente en el ajedrez nacional durante los últimos 35 años. En dos horas de plática, este ajedrecista, inquieto, no paró de hablar.

Pineda tiene una respuesta para cada pregunta y no se muerde incluso cuando el ajedrez salpica tópicos tan delicados como las diferencias genéticas entre hombre y mujeres. “Me han escapado a matar cuando digo eso”, reconoce. Además, en este encuentro en La Ventana, el ajedrecista nos cuenta el porqué de su retiro momentáneo y nos da una cátedra rápida sobre un tablero imaginario.

Por Rodrigo Baires Quezada y Daniel Valencia / Fotos: Edu Ponces
[email protected]
Publicada el 09 de octubre - El Faro

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¿Cómo te metiste a jugar ajedrez?
Es una historia bastante anecdótica. Yo estaba en séptimo grado, estudiaba en el colegio Don Bosco y la chumpa del colegio la compraba cualquiera, valía 30 colones. No se tenía que ser deportista. Pero ese año, los curas salesianos inventaron una chamarra manga corta preciosa que servía para distinguir a los deportistas de los meros compradores de chumpas. A mi me encantaba la natación, era bueno y podría haber estado en la selección, pero ese año había muy poquitos nadadores y decidieron que no iban a presentar natación porque el resto de colegios ganaban todas las medallas. ¿Qué otras opciones tenía? A nivel juvenil, con Norberto Huezo, Herberth Hernández o Antonio Orellana Rico no tenían ninguna posibilidad en fútbol. En baloncesto tampoco con Enrique Samur y otros… era imposible. Entonces dije: “Ni modo, no voy a tener la chamarra”. Pero vi un cartel que decía: “Campeonato de ajedrez, los ocho primeros son la selección del colegio”. Yo había leído un libro de ajedrez en la vacación pasada, me metí y… quedé en noveno.

Ja ja ja, entonces no tuviste la chumpa de deportista.
No, en natación porque no hubo selección. En fútbol y baloncesto, por enano. En ajedrez, por malo. Pero mi amor propio pudo mucho y al final del año le ganaba a la mitad de los seleccionados. Al año siguiente, en 1972, en octavo grado, ya jugaba a nivel nacional.

¿Y conseguiste la chamarra?
No, al año siguiente ya no hubo chamarras especiales…

…Y te quedaste jugando ajedrez.
Sí, pero también hubo otro factor. El Don Bosco mantuvo el doble turno de estudios, mientras el resto de colegios tenían sólo una jornada. Para entrenarse había que hacerlo por la tarde y salir desde la avenida Peralta a las 4:00 p.m. era llegar tarde a cualquier deporte, menos al ajedrez, que empezaba su jornada a las 6:30 p.m.

¿Ya estudiabas en serio el ajedrez?
Sí, yo fui autodidacta. Leía mucho. Había empezado jugando porque mi mamá me compró un tablero, un libro y aprendí a mover las piezas en segundo grado. Pero entonces jugaba esporádicamente, dos o tres veces al año. En séptimo grado ya empecé a estudiarlo en serio y un año después debuté en la Federación Salvadoreña de Ajedrez (FSA).

Mi mejor año fue en 1973, cuando subí desde la tercera categoría, el escalón más bajo, hasta la selección nacional mayor. Un año después, ya era el mejor juvenil nacional y la Federación me mandó a participar a un mundial sub 17 en Francia y a fin de año un Centroamericano y del Caribe, donde quedamos terceros después de Cuba y México.

¿Entonces se le dio forma a la generación de los “Libios”?
Sí, yo era el más joven. Pero el nombre viene de la “contra” Olimpiada en Libia, que se hizo hace 30 años exactos. Yo era el primer tablero, tenía 17 años. Luego estaban René Grimaldi, Manuel Velásquez y  Ricardo Camacho, que tendrían 19 ó 20 años; Salvador Infante, que tenía 23; y, el veterano, era René Grimaldi, que tendría en esa época 26 años. Era un anciano para nosotros.

¿Era el chaperón del grupo?
¡Nocturno!, ja ja ja. Pero abundaban chaperones, directivos, etcétera que nos transmitieron su experiencia en el tablero y en la vida… ja ja ja ja.

¿Cómo se formó el grupo de “los Libios”?
Les voy a contar un poquito de la contra Olimpiada de Libia. En 1974, en Munich, Alemania, fue el atentado contra los atletas israelitas. La olimpiada de ajedrez, diferente que los juegos Olímpicos, se hace cada dos años. En 1976, la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE) le dio sede de la olimpiada a Haifa, Israel. Eso fue una metida de pata política porque había mucha controversia en torno a los palestinos. Al darle la sede a Israel se polarizó el mundo del ajedrez. El bloque de Europa del Este dijo que iba a ir a Libia; y, el de occidente, a Israel. Nosotros, en El Salvador, no teníamos muchas opciones porque no teníamos presupuesto, que era como de 1 mil 500 colones anuales. Pero como los países árabes se unieron para financiar la contra olimpiada, Libia ofreció 14 boletos para cada país y boicoteó la edición de Israel. Así fuimos los seis seleccionados, el presidente de la federación, el Coronel Majano –más famoso por su participación en el golpe de estado de 1979 que por el ajedrez– y como capitán el periodista Enrique Castro, más conocido como Salvador Ventura.

¿Cómo tomó el gobierno salvadoreño que se fuera a Libia y no a Israel?
Digamos que a la administración Molina no le agradó mucho, aunque no se metió en el asunto. Donde hubo un impase fue con la embajada de Israel porque igualaron la oferta de los boletos a una semana del torneo; pero los directivos mantuvieron su palabra y terminamos yendo a Libia.

¿Y ganaron en Libia?
37 países llegaron a Libia y sólo 26 en Israel. Nosotros creíamos que técnicamente el torneo iba a ser mejor en Libia, pero no llegaron los países del bloque socialista europeo a ninguno de los torneos. A pesar de eso había equipos mucho más fuertes que nosotros… Pero fuimos líderes todo el torneo, la suerte nos acompañó en muchas partidas y ganamos. Perdimos con algunos países pero aplastamos a otros. Como se disputan cuatro puntos por enfrentamiento entre dos países, aprovechamos ganándole por amplio margen a los países que le pudimos ganar. Hubo resultados increíbles, como vencer 4-0 a Turquía o a Túnez, que es muy fuerte en el mundo árabe. Además estaba Italia, Francia o Uruguay, cuya diferencia con nuestro ajedrez es similar a la del fútbol.

¿Tuvieron suerte?, ¿existe la suerte en el ajedrez?
Tuvimos la suerte de ganar… no creo que haya mucha suerte en el ajedrez. Capablanca, campeón del mundo cubano, decía que los buenos siempre tenían suerte.

¡Pero era Capablanca!
Sí, hay otro dicho, en el ajedrez se le desea éxitos a los buenos porque la suerte es para los malos. Lo de suerte fue una manera de decirlo… tuvimos el éxito de ganar.

¿Esta victoria hizo algo por el ajedrez salvadoreño?
Aquí no hubo mayor bombo y platillo. De hecho, como que hubo resentimiento por la asignación de boletos y los medios de comunicación no mucho celebraron el asunto… bueno, dijeron que eran tan malos los otros 36 que nosotros terminamos ganando.

¿Cuántos jugadores tenia la federación en esa época?
¿Activos? No pasaban de 200. Era más una federación de San Salvador aunque había un club en Cojutepeque, algunos de Santa Ana y San Miguel. Pero era algo efímero, sólo duraban un par de años.

¿Cómo se mantenía activo el ajedrez salvadoreño?
Ahora, en tiempos de la internet…

No, ahora sólo hay que meterse a yahoo.com y tenés cuatro mil personas jugando en línea…
…hay un sitio que se llama The Week in Chess, de Inglaterra, que te publica unas dos o tres mil partidas jugadas en torneos oficiales del mundo y clasificadas por su apertura. Tú las puedes agregar a tu propia base de datos. Yo tengo una base de tres millones de partidas, aproximadamente. Así, si quiero ver todas las partidas de Bobby Fischer o de Capablanca puedo hacerlo. Y, después de la II Guerra Mundial, están todos los torneos. Ahora, desde que la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE) reglamenta todos los torneos internacionales, hay que mandar todas las partidas registradas y estarán en internet en menos de 15 días.

Pero en los 80 no era así.
No, y menos en 1970. Entonces dependíamos de revistas, sobre todo. Aquí venía la revista Jaque, de España, que traía las principales partidas internacionales… más calidad que cantidad. El atraso era de un mes y medio a dos meses.

¿Y la guerra los afectó?
La guerra nos golpeó duro. Antes los torneos empezaban a las 6:30 p.m. entre semana y salías a las 10:30 p.m. Entonces todavía había servicio de buses a las 11:00 p.m. Pero, después, en tiempo de guerra, se tuvo que jugar los torneos sábado y domingo en el Palacio de los Deportes. Eso hizo que fueran larguísimos, un torneo de 10 rondas podían durar cinco o seis semanas. Era algo de locos y se jugaba muy poco, mientras antes se jugaba dos o tres veces por semana.

¿Los miraban mal de algún bando de la guerra?
Nunca tuvimos ningún tipo de observaciones o comentarios. Por ejemplo, Ernesto Guevara de la Serna andaba llevando en su mochila un juego de ajedrez. El ajedrez era un deporte que los más grandes eran de la Unión Soviética, Hungría, Yugoslavia o Checoslovaquia, los digo por sus nombres antiguos. De modo que no se veía mal en el bloque del Este, al contrario, eran potencias. Y, en El Salvador, nunca escuché ninguna manifestación del lado del FMLN. Y por el lado de la derecha había clase de ajedrez en la misma Escuela Militar.

¿Por estrategia militar?
Sí, por estrategia táctica. Nunca tuvimos problemas con ellos.

¿Y a nivel social? ¿No eran vistos como una élite?
Antes era visto como un entretenimiento o deporte de élite. Hablo de uno o dos siglos atrás. Pero aquí, desde que se introdujo, se practicó por gente de todos los estratos sociales.

¿Ya eran considerados deportistas o sólo como miembros de un club social?
Como deporte siempre seguimos siendo mal vistos. Hay gente que cree que el ajedrez no es un deporte porque no se ve un desgaste físico. ¿El ajedrez es una ciencia, un deporte, un juego o un arte? No sé.

¿Cómo lo consideras tú?
Tiene algo de ciencia porque hay una sistematización de conocimientos, hay una gran cantidad de teoría –como los finales de partida, el analizar una posición determinada a medio juego o la conservación de la ventaja–. En el ajedrez antiguo, que era romántico, era ir por la cabellera del rey desde el primer momento, incluso sacrificando la dama para hacer un jaque elegante; ahora, en el moderno, el rey es el último objetivo, se lucha por el dominio de las casillas centrales o de una columna, debilitar la cadena de peones o conseguir una ventaja ligera de tipo posicional. El juego cambió completamente.

¿Y nunca te ha tocado sacrificar una dama?
Sí… ja ja ja ja, ya sé por donde van. Genial pregunta. Lo normal es que a las damas no les convenga el ajedrez porque al jugador pasa mucho tiempo practicando o con los amigotes ajedrecistas, con quiénes, por general, uno va a cenar para comentar las partidas después de cada torneo.

Cenar entre comillas.
Ja ja ja ja, sí, entre comillas. Aunque, desde hace varios años ya, desde los Juegos Centroamericanos de San Pedro Sula 1997, los ajedrecistas salvadoreños son gente muy disciplinada. Ya no se tiene el esteriotipo tipo bohemio que iba a ganar de goma. Hoy, después de ganar las medallas, hasta el día de la clausura se vale ir a “cenar”.

¿Entonces tiene la disciplina de un deporte con sus horas de práctica y todo eso?
Sí, en eso estábamos. ¿Ciencia, arte, juego o deporte? Bueno, dicen por ahí que el ajedrez tiene demasiado de deporte para ser una ciencia y demasiada de ciencia para ser un mero deporte. Y tienen razón, hay una sistematización de conocimientos que le permiten ser clasificado como ciencia, pero tiene demasiado juego para ser visto como tal. En lo físico, una partida de ajedrez es como un examen de matemáticas de tres horas y en un torneo tenés una o dos partidas diarias durante seis días seguidos… si no estás en condición física adecuada no das el ancho. Tú sales de un examen de ajedrez muerto… imagínate si tuvieras otro en la tarde y al día siguiente dos más… te revienta el cuerpo. A parte, todo eso de los músculos del cuello, etcétera.
                                        
¿Quedamos en que no es un arte?
Cada vez que me siento a jugar quiero crear la partida perfecta. Da cólera estar haciendo una partida muy bueno y equivocarse… te da rabia. Es lindo ganar una partida de principio a fin. En conclusión, tiene un poco de arte sin ser arte, un poco de ciencia sin ser ciencia, un poco de deporte sin ser deporte y un poco de juego.

¿Y cómo juegas tú?
Universal, depende del otro. A mi gusta más amargarle la vida a un adversario, así como se la amarga a uno un gran maestro.

¿Es como en la guerra?
No, la estrategia de guerra en el ajedrez la veo de otra manera. Objetivo primero: dominar el centro porque así dominamos todo el tablero. Segundo, desarrollar toda la infantería, los peones, que son los más insignificantes pero son el alma del ajedrez porque debilita paso a paso. La estrategia te lo dice la posición: Sí el rey de él está en situación de riesgo, no hay más estrategia que matarlo; si los reyes están enrocados en flancos diferentes, el que llega primero gana. Pero a veces las posiciones son cerradas, hay que dar seis o siete saltos para poner a un caballo en la posición adecuada o te toca llevar al rey a una posición segura antes de poder romper el cerco del adversario.

¿Eso suena muy largo y aburrido?
¡No, al contrario!, es más apasionante porque deduces cuál es el plan estratégico del adversario. No creo que sea aburrido descifrar el juego del otro. Eso sí, yo nunca he podido ver una partida entera. He estado en bastantes olimpiadas, en las que ya he terminado de jugar y tengo a Kasparov, campeón mundial ruso, contra alguien de Estados Unidos pero sólo me estoy cinco minutos… ahí sí me aburro. Tengo más paciencia viendo la olimpiada femenina…

… Ja ja ja ja, o sea que viste a la Kustianov, que es jugadora rusa y modelo…
No, a ella ya no alcancé a verla. Es guapa, pero a la croata Alisa Maric y a Maya Chiburdanidze, ex campeona mundial de Georgia, sí las vi en persona… mi hija se llama Alisa Maya.

¿Hubo movimientos de piezas por ahí?
No… realmente me costó violar la ley del nombre para que le pusieran dos nombres extranjeros a mi hija en el registro familiar. Si no se hubiera podido iba a llegar a hablar con Héctor Silva, alcalde de San Salvador en ese momento.

¿De dónde viene el ajedrez?
Está la versión china, que tenía en medio un río y es porque significa vida para ellos. Había una versión india, el shaturanga, que tenía elefantes en lugar de torres. Está  la anécdota del famoso rey que estaba aburrido y que prometió lo que quisiera aquella persona que inventara una nueva distracción. Entonces, un matemático inventó el ajedrez y de premio pidió un granito de trigo por la primera casilla, dos por la segunda, cuatro por la tercera… una progresión. Y el rey llamó a sus sacerdotes que tenía ahí que calcularan cuanto era el premio y le dijeron que se tenía que sembrar cinco veces los continentes para reunir la cantidad de granitos de trigo que tenía que darle…  Yo creo más en la teoría de las tribus nómadas del desierto, los berberíes, creo que es un invento árabe.

¿Entonces, si provienen de una cultura tan machista porqué la reina es la más poderosa?, ¿Ya tenían enfoque de género en el ajedrez?
La reina siempre fue la reina, todas las tribus tenían su reina.

¿O sea que el ajedrez acepta aquello que “atrás de cada hombre hay una mujer”?
Creería que la reina manda y siempre ha mandado. Pero me odian algunas amigas feministas cuando les digo que la única disciplina del quehacer donde se demuestra una diferencia genética entre el hombre y la mujer es el ajedrez. Me ponen una cara de asesinas y les digo que es cierto porque la mejor jugadora de ajedrez en la historia, Judy Polgar, nunca llegó a los 10 primeros puestos del mundo.

Hablas de diferencias genéticas…
…Sí, el hombre arriesga y la mujer tiende a ser más conservadora. Esa es la diferencia en el ajedrez, muchas veces la mujer se conforma con el empate y el hombre es más loco y se tira al frente.

Te van a matar los grupos de feministas…
…Me han escapado a matar cuando digo que sí se demuestra una diferencia genética en el ajedrez.

¿Pero en el tablero la dama manda?
La reina tiene geométricamente más movilidad, combinando los movimientos de la torre y del alfil. Por eso es la pieza más importante en función de su movilidad. Pero el valor es relativo porque una torre o una reina no se pueden mover si no se han movido los peones.

¿Un jugador de ajedrez tiene que ser “coco” por ley?
No creo que sea la mejor forma de definirlo. Los ajedrecistas nos favorecemos de la impresión generalizada que correlaciona la habilidad para jugarlo y obtener buenos resultados con la inteligencia. Creo que la inteligencia es como un dado que tiene seis caras: la parte física, como la de un gimnasta que tiene coordinado a perfección su cerebro con cada músculo; la musical, quién va a negar que hay músicos que son grandes genios; la lógica, donde entra el ajedrez; la espacial, que es la que tienen los grandes arquitectos; la lingüística, entre más lees, entre más conoces y facilidad de expresión tienes, se desarrolla una parte de la inteligencia; y, la última, la terrible que es la inteligencia emocional, algo que no todo el mundo puede desarrollar como el famoso Bobby Fischer o Diego Armando Maradona, que han sido controversiales o no tan normales, por decirlo de alguna manera, en su vida personal. Por eso no creo que en el ajedrez se necesite inteligencia… se necesita disciplina, esfuerzo y sacrificio como en todo el quehacer humano; y algunas aptitudes como la memoria, la capacidad de concentración y la habilidad de atención simultanea.

¿Se puede decir que los ajedrecistas tienen una personalidad determinada?
No, no creo, no creo… igual que no hay un tipo de gente… no creo que las personas se pueden esteriotipar así… yo creo que en que cada cabeza es un mundo. Conozco jugadores de muy diferentes personalidades. Hay algunos rasgos comunes, por ejemplo, muchos son arrogantes y quieren opinar de todo… o queremos…

¿Obsesivos?
Sí, cuando me ganan una partida que yo creía que estaba ganando no me duermo hasta que sé lo qué pasó.

¿Nunca te dijeron “raro” por pasar tu tiempo libre jugando ajedrez?
Sí, sí, sí… es muy frecuente que a uno lo vean como una persona muy peculiar, muy extravagante por el ajedrez.

¿Llevás contadas cuantas partidas has jugado?
La primera hasta que me vuelvo un jugador internacional FIDE. Habrá unas 200 ó 300 de Boris Pineda. Pero está la etapa prehistórica, donde no había más registros, serán los primeros 13 años que las tengo escritas pero no, no, no, no las he contado… quizás serán unas tres mil partidas.

¿Y cuántas has ganado?
A nivel nacional ando arriba del 70 por ciento. A nivel internacional, a veces te toca bailar con la más fea de la fiesta.

¿La más fea?
Sí, porque si eres el campeón de El Salvador te toca jugar contra el campeón del país que enfrentás, ya sea esta República Checa o cualquier otro país. O hay torneos internacionales en donde hay 16 competidores y tú estas preclasificado el 15 ó el 16, el candidato a ser el último porque te toca jugar en llave contra el número uno. Hay muchos torneos donde el salvadoreño es el punto obligado a ganar, la ronda de descanso o la partida fácil. A mi ya me ha tocado eso, una vez, saliendo de un torneo Iberoamericano en Chapultepec, México, con los jugadores cubanos veníamos en el metro y uno de ellos dijo: “Coño, que torneo más malo”. Él acababa de perder contra un mexicano y se venía quejando: “Perder con pan con grano y con…”, y se quedó pensando porque el otro juego lo había perdido conmigo. “Y con usted maestro”, me dijo, pero realmente a saber que iba a decir…

…Ja ja ja ja…
…El tipo venía diciendo que era el peor torneo de su vida porque había perdido contra el mexicano y contra el cubano. En otro momento, un buen amigo mío, que ya me había ganando, me dijo en confianza: “Qué lástima que ya no me toca jugar contigo para ganar más puntos”. Así pues, en los torneos internacionales fuertes somos el punto seguro, pero siempre sale más de algún respondón.

¿El Salvador puede hacer un campeón mundial de ajedrez?
Creo que el salvadoreño está acostumbrado a sobrevivir en la adversidad, a luchar contra el montón de dificultades, a resolver problemas antes de empezar a trabajar. Siempre nos ha tocado así. Sí nosotros pensamos que somos una raza capaz de vencer los problemas, jugamos sin complejos. Cuando a mi me toca jugar contra un ruso, un estonio o un ucraniano y me digo que tengo oportunidades de ganarle. Igual cuando me toca contra un cubano –y no porque tenga algo contra de Cuba–, porque es de los que nos ganan, tienen una paternidad sobre el resto de la zona centroamericana y del Caribe y es chivo ganarle. Muchas veces me han ofrecido el empate y he dicho que no; y si insisten les digo: “Maestro, déme la oportunidad de aprender de usted. Enséñeme porque no tengo la oportunidad de jugar tan buenos como usted”. Pero, en el fondo lo que le quiero decir es: “quiero ganarte y cuando quiera las tablas yo las voy a pedir”.

Es decir, cuando me siento a jugar con el azul y blanco no tengo complejos. Si fuera en baloncesto y nos tocara jugar contra la NBA, estamos fregados... pero en el ajedrez no. Creo en el indio guanaco, estoy muy orgulloso de ello y siempre me he sentado a jugar sin complejos. Por otro lado, El Salvador ha invertido relativamente bastante en mí y sería el colmo que fuera a los torneos a ganar experiencia.

¿Cómo mantenerse tantos años activos en el ajedrez? ¿A costa de qué?
Bueno, digamos que son 35 años… ¿A costa de qué?... bueno, ya empezamos con las preguntas personales. Bueno, los primeros años, en el colegio, había tiempo porque la carga académica no era tanta. ¿Y a costo de qué fue?, bueno, de no ir a fiesta y otras cosas de ese tipo. Los cinco años de universidad no jugué torneos por diferencias, pleitos con la Federación de esa época. Cuando terminé la carrera regresé a jugar, ya eran los años 80 y estaba la guerra, así que fue a costa de sacrificios y riesgos pero no tenía hijos así que podía. Igual fue en los 90, donde ya tenía un hijo, que ahora tiene 17 años, pero con el que nunca viví… siempre ha sido igual, de sustraer tiempo de tu trabajo, de tu familia, de tus amigos. De hecho, de 2000 para acá juego menos y desde hace dos años y medio no lo estoy haciendo.

¿Por qué?
Mi última participación fue en 2004, cuando quedé campeón nacional invicto a una ronda de terminar el torneo. Y no estoy jugando porque no estoy de acuerdo como se maneja el ajedrez en este momento. Quiero decir algo, soy muy amigo de los actuales federativos y les dedican mucho tiempo y recursos a este deporte, pero creo que desaprovechan muchas oportunidades, como ese divorcio con la prensa deportiva, que es la llave para abrir espacios con la empresa privada y tener mejore torneos con buenas bolsas económicas. Se podría ocupar más a la prensa escrita, donde me consta que hay espacios abiertos, o a la televisión.

¿Cómo narrar una partida de ajedrez?
Bueno, Sergio Gallardo se preguntaba lo mismo y decía, en broma, algo así como “la torre corre por la banda derecha”. Pero creo que la televisión podría pasar partidos de ajedrez rápido, a 25 minutos por jugador, y con 10 minutos de comerciales. Y por otro lado, un comentarista que te esté explicando las posiciones. Creo que eso sería comercializable y llevaría el ajedrez salvadoreño más lejos.

Pero en los últimos años ha salido una nueva camada de jugadores…
Te voy a hablar de la camada. El fundamental vivero es el Externado San José. Lo voy a decir, con aquello que el entrenador es primo del árbitro eso ayudó mucho. El Externado es la cantera, sobretodo en femenino, y es el principal productor de esos niños y niñas que a los 10 ó 12 años son buenos jugadores. Pero el fenómeno se acaba cuando entran a la universidad.

¡Entonces hay que meter el ajedrez en las universidades!
Es preferible en los colegios porque en las universidades la carga académica es difícil, a veces a la gente ni le queda tiempo de estudiar las materias que llevan en primera, segunda o tercera. Pero en el colegio sí, el problema es cómo retenerlos cuando cumplan 18 años. Para mi, el mejor estimulo es publicidad a través de los medios, si ya son famosos a los 18 años quizás va a seguir motivado… y, si además se consiguen patrocinios de la empresa privada para hacer torneos en metálico, mejor. Siempre me han dicho que soy un mercenario porque no juego torneos por trofeos. Para jugar torneos nacionales exijo buenos premios en metálico para ir, algo que puede atraer a jugadores internacionales de la región.

¿Un jugador internacional de ajedrez puede aspirar a ser famoso y vivir de este deporte?
Los jugadores de más alto nivel mundial tienen una buena vida… pueden tener un Ferrari o un Maseratti, ahora que están de moda…

Ja ja ja ja ja
… Karpov ganó un Ferrari, además del premio principal, en Milán, Italia. Si peleas el campeonato del mundo, la bolsa es un par de millones de euros. En la época de Fischer habían bolsas ridículas de 150 mil dólares, pero Kasparov, por ejemplo, sólo por perder con Deep Blue tenía un premio de siete o seis cifras. Ahora, veamos como es la vida del campeón mexicano, Gilberto Hernández, que vive en España: juega semanalmente, puede llevar una vida holgada y se dedica 100 por ciento al ajedrez. En Centroamérica, jugadores profesionales no hay porque es gente que trabaja en el ajedrez y viven de eso.

Ahora que mencionas a Deep Blue, Kasparov se quejó de que la computadora hizo trampa, ¿qué pasa cuando una máquina le gana al hombre?
Yo pienso que el ajedrez es infinito y que hay situaciones en que la mente humana descarta intuitivamente muchas posibilidades, en cambio la maquina tiene que verlas todas. No se le puede decir a una computadora que no hay que cambiar una torre por un alfil porque nunca lo va a hacer y muchas veces la manera de ganar pasa por hacer un sacrificio como éste. Ahora, las máquinas han ido progresando y de hecho aprenden, pero también siempre hay una separación entre lo que puede hacer la máquina y la intuición. En la famosa segunda partida del segundo match contra Deep Blue, Kasparov acusó a la IBM de tener un “staff” de cinco o seis jugadores y la máquina jugó como ser humano. Entonces, Kasparov pedía los registros escritos de las posibilidades que la máquina había analizado y la IBM se negó a dárselos, no era parte de la contrato, y de hecho anuló un tercer “match” a partir de sus declaraciones. En la sexta partida, fue increíble como Kasparov jugó: se metió en una posición que nunca había jugado, la máquina hizo un sacrificio y puso en jaque a su rey… fue absurdo como jugó y perdió misteriosamente porque jugó como máquina.

¿No crees que Deep Blue era una máquina?
No le creo a Kasparov ni a Deep Blue. Tiene razón Kasparov al decir que la máquina no jugó como máquina la segunda partida; pero él no jugó como campeón del mundo la sexta, la jugó como un burro.

¿El ajedrez no es limitado?
No creo, no creo, no creo, hay tantas posibilidades…

…¿Pero es un espacio cerrado con 64 casillas en las que se mueven 32 piezas?
Pero imagínate que en el primer movimiento tienes dos posibilidades de cada peón y cuatro de cada caballo… son 20. Frente a eso tenés 20 del adversario…

Bueno, es una cifra altísima pero no ilimitada…
…Cada jugada va aumentando las posibilidades. Es imposible prácticamente contarlas. En la actualidad, si tú sigues los caminos teóricos llegas a la jugada 20 y todos los movimientos son conocidos. Imagínate que en la jugada 20 metés un invento en la 21 y tu adversario se sorprende. Pero al día siguiente ya existe una refutación a ese invento y, al otro, una refutación a la refutación. Así el ajedrez se vuelve infinito. Por eso es imposible que un ordenador tenga todas las posibilidades. En ese aspecto yo creo que la mente humana siempre va a sobrevivir. Claro, sobrevivirán los grandes maestros, los otros no. Por eso, si tú te compras un programita de estos, como el Fritz 8.0, y te ganan 29 de 30 partidas no hay que frustrarse.

¿Juegas con programas?
Yo no, de 30 me meten 29 jaques y un empate… me frustro.

¿No te gusta perder?
Sí, cuando estás jugando contra una máquina tenés que concentrarte y yo quiero jugar la partida en 15 minutos. Puedo llevar la ventaja, cometer un pequeño errorcito y la máquina le da vuelta a todo. Ahora, con otro jugador sí me frustra perder… soy de los que lloro cuando me quedo solo después de haber perdido una partida.

¿Y contra Héctor Leyva Paneque?
Contra él sucedieron muchas cosas. Yo era el campeón nacional cuando Leyva Paneque vino como entrenador a El Salvador. El día en que lo presentaron anunciaron que íbamos jugar unas partidas de blitz (partidas a cinco minutos por jugador) y yo no quería porque si él ganaba lo iban a endiosar… y si yo ganaba, iban a decir “para qué lo trajeron”. Las primeras tres partidas se las gané y yo no quería seguir jugando porque la gente se miraba las caras. Al final se niveló el resultado pero así nació la rivalidad.

Él vino en 19…
Él vino el 9 de julio de 1996… lo sé porque cuando se fue para Guatemala dijo que había llegado un nueve y que se iba un nueve después de estar nueve años, sacando una su cábala… más él que es un poco santero.

¿Nueve años de rivalidad?
No, él empieza a jugar después. Entonces comenzaron los “matches” con el morbo publicitario.

Yo recuerdo haber visto una foto en El Diario de Hoy en el que estaban frente a frente en un tablero gigante…
…Sí, hubo todo un morbo y gente como don Mario Águila, periodista del MAS!, se encargó de tirarle más gasolina al fuego. El primer match quedamos 2-2 y el desempate era día lunes después de que yo tenía que ir a jugar a Guatemala y manejar desde allá para llegar a la partida. No era justo, más con partidas a 30 minutos. El segundo “match” me lo ganó 2-1 y un empate.

No sé si estoy justificándome pero en ese momento había tres jugadores profesionales: Leyva Paneque, Burgos y Lemmys Arias, tres buenos amigos. Pero la diferencia era el día de ellos y el mío cuando se tenía que jugar. Ellos se podían levantar a las 10:00 a.m., estudiar un poquito, almorzar, hacer una siesta, repasar otro poquito e irse a la Federación a las 4:30 p.m. para estar listo para jugar a las 6:00 p.m. En mi caso, me tocaba levantarse a las 6:00 a.m., probablemente me tocaba manejar 200 kilómetros, no almorzar, a las 4:30 p.m. estaba en el kilómetro 40 de la carretera Panamericana, meterme a la trabazón y llegar fundido, con la batería baja y reventado 10 minutos tarde del juego. Entonces, Marvin Guevara, Salvador Infante y Boris Pineda jugaban en condiciones completamente diferentes.

¿Te duele no haber llevado esa vida de “deportista profesional”?
No, porque entonces el ingeniero desaparece y el papá desaparece. Tendría que ser nada más un jugador y eso no me gustaría.

¿Y si hubieras sido soviético o ruso?
No creo que me podría haber dedicado 100 por ciento al ajedrez porque me hubiera privado de tantas cosas, de conocer y realizarme en otras cosas.

¿Y trabajar en otros ámbitos del ajedrez?
Incluso, después de 17 años de haber sacado los cursos de entrenador, sólo tuve un alumno, Guevara, y no por mucho tiempo. Y es que no me queda chance. ¿Directivo? no creo que me den los votos.

¿En tu familia y en tu trabajo sos Boris o sos el ajedrecista?
En el trabajo soy el ingeniero y no tiene mucho que ver el ajedrez. Sí, por ahí me reconocen. En mi familia… mirá, mi familia actual no mucho me ha vivido como el ajedrecista. Y mi familia de siempre, mi madre, ya casi se le olvidó porque tengo dos años y medio de no jugar… No es que ya haya colgado los guantes porque estoy listo a volver en cualquier momento, pero cuando haya otra visión de cómo manejar el ajedrez nacional.

¿No extrañas el sentarte a jugar durante una competencia?
Cómo no, salirse de la realidad. Por ejemplo, jugar una partida de cuatro horas te salís de este mundo y sentís todas las emociones del ser humano: miedo, tristeza, alegría… sales agotado pero botas el estrés. Esa sensación si la extraño mucho.

¿Jugás ajedrez al “blof”?
Sí, juego con el “blof”. He llegado al extremo que cuando necesito ganar una partida y está empatada, finjo que estoy perdiendo y hago el show completo. Y, después, cuando hay público presente hasta ofrezco tablas en voz alta. Entonces, el adversario ya toma una pose de ganador, piensa un momentito y me dice: “Hagamos una jugada más”. Yo sé que es un empate si lo jugamos bien, pero si él se confía juega para ganar, arriesga y ya cayó. Lo más difícil en el ajedrez es ganar una partida ganada porque te relajas. Ese es un blof pero siempre es un riesgo. Pero cuando estoy perdiendo es difícil porque hay que aprovechar cada segundo.

¿Cuándo inicias una partida, movés tus peones a la derecha, al centro o a la izquierda?
Normalmente hago la apertura inglesa, el peón del alfil de la dama a la cuarta casilla…

Perdón, ahí me perdí…
Es un juego posicional: peón AC4. Es mover dos casillas un peón lateral que domina una casilla central. Los jugadores románticos juegan peón cuatro del rey y al ataque…

¿Y el peón tres del rey?
No, eso es tímido, no dominas el centro. Los peones deben de servir para dominar, ocupar o controlar el centro, las cuatro casillas central. Pero, el centro por extensión es el cuadrado de cuatro por cuatro.

¿Ocupás lo que has aprendido en el ajedrez en el resto de tu vida?
No mucho… de hecho la vida no me ha brindada ninguna espiga dorada por mi desempeño.

¿No pesa mucho tener tantos premios por el ajedrez, haber sido nombrado el ajedrecista del siglo pasado?
Sí, es una responsabilidad creo yo. Es un peso. Se supone que los chicos deben tender a imitarte pues y eso es una responsabilidad para todo deportista.

¿Podrías ser técnico de otro deporte?
¿Sabés cual me gusta? El béisbol porque es como un ajedrez… tienes que analizar bateadores, lanzadores, estadísticas… en el caso del fútbol opinamos todos sin ser técnicos. Soy aguilucho rematado desde hace 40 años y siempre cuestiono los cambios o los no cambios de Vladan Vicevic.

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