San Salvador, 15 - 21 de octubre de 2007
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Plática con Raúl Beltrán Bonilla, locutor deportivo:

“Yo creo que el periodista y el funcionario tienen que ser amigos”

Sus polémicos discursos desde el programa Comentario KL le han ganado muchos amigos y enemigos. Es polémico en el mundo del periodismo deportivo, dispuesto a ganarse a la fuente y colocarle el adjetivo de “amigo” cuando “realmente se lo gana”. Raúl Beltrán Bonilla apartó tiempo en su agenda para una charla en La Ventana. Con el tiempo como enemigo, la plática arrojó otra faceta de este locutor deportivo.

Llegó una hora y cuarto tarde. La plática duraría 56 minutos exactos, a los que se les restaría todas las llamadas telefónicas que recibió durante un almuerzo a medias, en los que hablamos sobre su vida, su actuación como periodista de guerra, sus mil trabajos y sus planes lejanos de un retiro – “no me veo sin trabajar en un medio de comunicación”, dice – que incluyen regresar a trabajar la tierra, en un terrenito en el valle de Zapotitán.

Su día inicia a las 5:00 a.m. Primero al Canal 10; luego, a las 8:00 a.m., está en la Policía Nacional Civil; y, después, a la Radio YSKL. El día termina a las 10:00 u 11:00 p.m., siempre corriendo. “El día que me enfermo, que tengo como 20 años de no hacerlo, me hostiga amanecer dormido. Siento que es tiempo perdido. Incluso, el sábado que me pierdo de mi trabajo agarro la piocha y me voy para el terrenito”, dice. “¿No lo critica su esposa por el poco tiempo que pasa en su casa?”, le preguntamos para romper el hielo y responde con una broma: “La verdad es que no mucho… casi no hablo con ella”.

Rodrigo Baires Quezada y Sergio Arauz
Fotos: Marcelo Reyes

[email protected]
Publicada el 14 de agosto - El Faro

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¿Usted es un idealista que nació en Usulután?
Berlín, Usulután. Nací en las montañas. Ahí nos criamos, cortamos café. Fue una vida de extrema pobreza. Éramos cuatro hermanos por parte de mi mamá. Por parte de mi papá dicen que somos 43 y otros dicen que somos 37… no hay un numero exacto. Era eso de los hijos sin padre que se daban en aquella época.

¿Y cuando se viene para la capital?
Hay dos circunstancias que nos mueven el deseo de encontrar en San Salvador: el estudio y una oportunidad trabajo. Dadas las limitaciones íbamos becados por una sociedad de obreros. Nos vinimos con el bachillerato terminado y entramos en el último año de áreas comunes, cuando no se gangueaban ingresos masivos. Entonces, si entrabas en áreas comunes, tenías la suerte de quedarte en la Universidad de El Salvador.

¿Directo a estudiar periodismo?
No, mi primera opción era derecho. Fui de los últimos en poder inscribir porque el alfabeto se agarraba al revés y cuando llegamos a la facultad ya estaba lleno el cupo. La UES era pequeña, había apenas 10 mil estudiantes.

¿En que año?
Eso fue en 1974.

Eran años difíciles para la Universidad de El Salvador.
Sí, fue cuando le cae Arturo Armando Molina a la universidad. Entró el ejército al campus y nos vamos a trabajar al exilio, a galeras y facultades y departamentos por todos partes de San Salvador. Periodismo estaba en el centro, por el edificio viejo de La Prensa Gráfica. Se vivía un calor infernal en esas galeras.

Pero estuvo metido en asociaciones estudiantiles como AGEUS…
…Pues, cuando yo veo las cosas que pasaron me doy cuenta (de) que tuve todo para meterme a un movimiento armado. Casualmente, en el departamento de periodismo teníamos un pequeño estudio de radio donde llegan a grabar la gente del Bloque Popular Revolucionario (BPR)… muchos de mis compañeros, llegado el momento, se van a la montaña.

¿Cuál era su postura en ese momento?
Siempre me he considerado como un hombre que no le gusta la injusticia...

… ¿Era de derecha o de izquierda?
Soy un idealista, soy un soñador al que no le gusta la injusticia. Si veo una aberración de un derecha de ultranza, recalcitrante y represiva, hay que decirlo y gritárselo. También si veo a una izquierda extremista, radical y fundamentalista, hay que decirlo.

¿Y en ese momento cuál era su postura?
Creía en la lucha popular, porque uno llega joven a la universidad después de estar viviendo toda su vida en una extrema pobreza y de marginación social.

¿Entonces participaba en las marchas y todo eso?
No, no me metí. Seguía soñando que no era la forma de hacer algo por el país. Recuerdo la marcha del 30 de julio de 1975. Yo venía de trabajar –había conseguido un trabajito de horas en una bodega – con mis cuadernos a la altura del Hospital Rosales cuando escuché en la radio YSU, la Radio Cadena, un periodista de apellido Albanés, que dirigía el programa “El Comando Informativo del Circuito”. Entrevistaba al militar que dirigía la operación de seguridad por la marcha. El tiroteo empezó cuando estaba como a unos 15 metros de la entrada del hospital. ¿Qué me salvó? ¿No me tocaba todavía?, no lo sé porque en esas cosas uno nunca sabe, lo único que hice fue dejar los cuadernos en un arríate y darme la vuelta porque en esa época era pecado, un delito, ser universitario.

¿Pero estaba a favor de las dictaduras militares de la época?
No, a pesar que tengo parientes, hermanos y sobrinos, que son militares. Tuve, tengo y creo que seguiré teniendo.

¿En que momento llega Beltrán Bonilla a la radio?
La radio era y es mi pasión, tanto en lo informativo como en lo deportivo. En deportes empecé en 1972, en la cadena de Emisoras Deportivas de El Salvador, que era de unos parientes de don Jorge Zedán. Ganábamos 15 colones de la época por narrar los 90 minutos de partido y hacer los comerciales. Ahí estaban los viáticos, el sueldo y todo. Cuando me vine a San Salvador, en 1974, sigo trabajando en deportes, entonces estuve con don Miguelito Álvarez y gente de ese equipo, y en lo noticioso me incorporo en Radio Cadena Central, en enero de 1979.

El año del golpe de estado de la Junta Cívico Militar.
Sí, y me veo involucrado en ese golpe de estado porque, en ese momento, un amigo, que ahora es el jefe de la agencia de noticias EFE en Washington, Estados Unidos, Rosendo Majano –el hermano del coronel Majano, uno de los golpistas- me dice que han derrocado al General Romero. Era una primicia y yo le pregunté a Rosendo por qué no la daba a conocer él. “Yo se la regalo”, me dijo y yo lo transmití a las 11:00 a.m.

En esa época yo no era nadie, tenía 29 años, solo era un soñador con ganas de hacer periodismo y tenía la noticia del año. Pero mi gran sorpresa fue después cuando supe que a esa hora todavía estaban negociando el golpe. Pero, como la caja de resonancia de las radios es grande, las agencias de noticias, incluso la misma EFE, tomaron mi transmisión y lanzaron la noticia al mundo. Nunca se me va a olvidar cuando vi ese cable procedente de Bogotá, Colombia, firmado por RCN, algo que también tomó la radio Caracol, en el que dice “Golpe de estado en El Salvador” y “confirmado por el periodista salvadoreño Raúl Beltrán Bonilla”. Cuando llegué a la radio, el dueño me dijo que me iba a ir preso por esa noticia, algo que se confirmó hasta las 5:00 p.m.

En noviembre de ese mismo año me fui de Radio Cadena Central para la YSKL y, desde entonces, no me he movido. Ahí sigo.

En la YSKL ya le tocó cubrir la guerra, usted venía de la universidad, era un estudiado en periodismo, ¿no chocó con la gente de la vieja guardia, los empíricos?
Había de todo. Se da un fenómeno en esa época cuando llega la lucha armada porque empiezan a llegar a El Salvador periodistas de diferentes tendencias ideológicas y de diferentes medios. Vino gente de Los Ángeles Times, el Washington Post, el London Time...gente de Sudáfrica, Argentina, México. Me acuerdo especialmente de Jan Laine, que fue el primer periodista que murió producto de una mina en el cantón El Líbano, entre Aguilares y Suchitoto. Entonces se da un hibrido porque estaban también los viejos periodistas, los empíricos como les decíamos en son de burla todos los que habíamos pasado por la universidad, y chocan con esta escuela extranjera, además de los universitarios.

Tanto unos como otros comenzamos a agarrar un poco de cada grupo, incluso los extranjeros. Eso siempre me quedó claro, por ejemplo, Juan Tamayo, que no sé si todavía está como jefe editor del Miami Herald, me dijo una frase que nunca se me olvidó: “Esta es tu guerra, esta guerra tu la conoces mejor que nadie y nadie te la va a ganar”.

Pero había cosas que los corresponsales en El Salvador sí decían y que los periodistas nacionales se callaban…
Eso era por la apertura de los medios. Recuerdo que la derecha nos puso en el cuartel general de prensa, que era el hotel Camino Real, un cartel que decía: “Periodista no entregues a tu país, di la verdad”. Y nosotros decíamos: “Si nosotros estamos diciendo la verdad. Estamos buscando siempre la noticia”. Y eso era lo que hacíamos, estábamos en el teatro de la guerra siempre y, no en balde, por eso me tocó enterrar cuatro compañeros como Nacho Rodríguez, un mexicano del Diario Uno Más Uno, que muere por una bala de un francotirador cerca del centro de gobierno. Al final de la guerra murió John Houglan, un fotoperiodista, que fue cruzado por una M-60 del Ejército en el sector de Las Guaras.

¿Cómo buscar la verdad cuando había tanta represión y periodistas perseguidos?
Incluso ya había periodistas muertos, como René Tansen y Jaime Suárez, que eran periodistas de la izquierda. En aquella época era un pecado ser de izquierda y había una gran represión hacia ellos.

¿En medio de la guerra siguió trabajando en deportes?
Si, llevé ese híbrido. Recuerdo a mi maestro Raúl Alfaro. El Chalatenango jugaba en su estadio, el Gregorio Martínez, y él siempre decía que yo, “el Comandante” como me decía, iría a esos partidos. Él sabía que en el kilómetro 36 de la carretera a Guazapa estaba el retén de la guerrilla y que yo siempre lo pasaba sin problemas para transmitir el partido. Siempre me mandaron a trabajar donde estaba lo más inseguro, lo más cruel de la guerra.

En ese momento cualquier cosa que se dijera podía ser una sentencia de muerte. ¿Cómo valoraba las homilías de Monseñor Arnulfo Romero?
Bueno, había una prohibición clara del gobierno de transmitir las homilías o cualquier cosa que dijera Monseñor Romero. La YSAX tenía un zumbido terrible que no dejaba que se escuchara bien, pero uno iba a las homilías, gravaba trozos del sermón y luego lo presentábamos al aire aprovechando un momentito. Claro, luego nos llamaban de la dirección y nos decían que nos iban a joder. Pero con eso se ganaron espacios porque cuando llega el gobierno de Napoleón Duarte hasta se transmitían en vivo las homilías de Monseñor Rivera y Damas. Hubo una pequeña apertura en materia de información.

¿Usted estaba de acuerdo con las posiciones de Monseñor Romero?
En la inmensa mayoría de cosas sí. En lo que nunca estuve de acuerdo es en eso de que el ser pobre es una virtud y el ser rico, un pecado. Es como decir que es cristiano el que reza todo el día y va a siete misas diarias; para mi lo es quien actúa, quien es solidario.

A nosotros nos contaron que usted cuidó a muchos colegas durante la guerra porque sabía que los andaban buscando. ¿Les avisaba que los andaban persiguiendo por ser periodistas “de la izquierda”?
Bueno, en la guerra me ocurrieron muchas cosas con gente de izquierda, derecha y de la población civil. Recuerdo que para una toma de la UES, yo ya andaba con una garnachita de carrito, y en el momento en que ingresa la guardia nacional aparece un señor barbado y me dice que lo saque de ahí. Lo subí al vehículo, que tenía un gran rotulote que decía prensa, y cuando salimos por la entrada del ex Instituto para la Vivienda Urbana (IVU, hoy la entrada de Ciencias y Humanidades frente a ANDA) nos dejaron pasar porque éramos periodistas. Ya por el cine Vieytez (frente al Colegio Cristóbal Colón), me di cuenta que era Facundo Guardado.

Esa fue una. La otra fue saliendo de un combate en Santa Clara, San Vicente, a dos kilómetros del desvío Los Cocos, viajábamos con el equipo de televisión de CBS y un grupo de personas aparece y me dicen que lleve a una mujer herida al hospital…

(Suena su teléfono celular y Beltrán Bonilla gasta un par de segundo en dar algunas explicaciones. La pausa la aprovecha para ver el menú y pedir una limonada más).

… Entonces recogí a la muchacha y en el desvío de la Carretera Panamericana estaba un retén del Ejército. Me detienen, les explico que llevábamos un herido, que la habíamos encontrado en el camino y que la llevábamos para el hospital porque no le habían dado asistencia alguna. La señora se hizo que iba inconsciente, la llevamos al hospital de Cojutepeque, ahí la dejamos y resultó ser la esposa de Jorge Meléndez, el Comandante Jonás.

Pero de tener conocimiento que seguían a algún periodista y avisarle que tuviera cuidado…
Jamás. Nos perseguían a todos, sabíamos que los teléfonos estaban intervenidos, que el hilo de la agencia donde trabajábamos mandaba los cables hacia México, donde estaba la base, y que una copia caía en el mismo momento en el Estado Mayor Conjunto… todo eso lo sabíamos . Incluso, por ponerte un ejemplo, yo tuve dos compañeros que se fueron del país después (de) que pusimos en una nota de la primera ofensiva que había 150 fábricas cerradas y el Coronel Coto, el hermano de Alejandro Coto, nos llamó a su oficina para decirnos que le teníamos que confirmar una a una las fábricas que estaban cerradas. Los compañeros se fueron, uno a México y otro a Nueva York, Estados Unidos.

En la ofensiva de 1989 fue más serio. La segunda noche de la ofensiva llegó un grupo de policías de hacienda a la oficina de Carlos José Gaitán, el corresponsal de la CBS en el país, y marcaron cuatro nombres, entre ellos el mío, y dijeron que tenían órdenes de quebrarnos. En ese momento yo dije que no le debía nada a nadie pero después de 10 años de guerra uno sabía que todo podía pasar y nos refugiamos en el hotel Camino Real. Douglas Fara, que hoy está en Washington Post, me dio chance de quedarme cuidando la agencia, escuchando el scanner de noche, mientras negociaba con el Ejercito para que me dieran una explicación de lo que estaba pasando. La sexta noche de la ofensiva, a las 2:00 a.m., tocaron la puerta de la agencia un grupo de hombres uniformados. No les puedo contar cómo la adrenalina se me subió hasta que se identificó el Coronel Avilés, un oficial de los que llamábamos de “clase”, y me dijo: “Salga, no hay problemas, fue un terrible error”. Ahí sentí que comencé de nuevo a vivir.

¿Para entonces ya tenía familia?
Si, ya tenía a mis siete hijos.

¿Ese fue el momento más difícil de su carrera como periodista?
No, el momento más difícil fue la muerte de un camarógrafo en las elecciones presidenciales de 1989. Unos soldados del batallón Arce, a la salida de San Miguel, tirotearon el carro en que viajábamos. Se llamaba Will Pineda y viajaba a espaldas mía.

Una bala de esas pudo haber sido suya.
Fijate que le cayeron 30 balas de M-16 al carro. A Will le cayó una en la espalda y lo mató. Cuando dimos la vuelta y nos bajamos del carro a filmar encontramos a dos soldados con los fusiles encasquillados.

¿No tiene heridas de guerra?
Gracias a Dios no, salí ileso del conflicto armado.

¿Cuál cree que era el papel de un periodista en ese momento?
Bueno, nosotros, y a mi me da sentimiento ver como las exclusivas se perdieron. Nosotros luchábamos días y días entre guerrilleros y soldados por las exclusivas. Ese fue el caso de El Mozote o El Sumpul… por eso cuando ahora veo que hablan de miles de muertos en El Mozote sé que no es cierto… nosotros llegamos y vimos lo que fue el pueblo, la iglesia y las casitas…

(El teléfono celular vuelve a interrumpir la plática. Beltrán Bonilla da un par de explicaciones y se excusa de su interlocutor: “Hablamos después, que estoy en una entrevista con los amigos de El Faro”.)

… ¿dónde estábamos?

En que dice que no hubo mil muertos en El Mozote…
Sí…

(Vuelve a sonar su celular… ahora es uno de sus hijos. “Dejame ver porque voy a ir a oriente”, dice. “Los hijos atolondran pero son divinos”, resume)

… No es cierto, y lo digo porque nosotros llegamos al lugar. Después volvimos a entrar cuando vamos con la comandancia del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN). Ahí me encontré a Paolo Lüers, que yo pensaba que era periodista suizo. Fuimos a las fábricas de minas, a ver a los jueces y alcaldes secuestrados en esa época, a El Mozote… se verificaban todas las historias y se ganaba a pulso las noticias. Bueno, entre la gente con la que fui estaba el camarógrafo Pigmenio Ibarra y una vez con él conseguimos un salvoconducto con el general Mauricio Vargas para llegar hasta el río Torola, Morazán. En ese punto, la guerrilla era quién decidía si se podía pasar o no. Pero en esa ocasión, el general Vargas nos hace la broma de poner que “teníamos autorización para entrar hasta la zona de Perquín, Morazán” y que éramos “cuatro grandes colaboradores de la jefatura”. Cuando vimos lo que decía el papel nos tocó comernos un pedazo cada uno con Ibarra. Como a medio kilómetro del puente del Torola, nos encontró la guerrilla y no nos creyó que no nos habían dado ningún salvo conducto.

¿Entonces era considerado un periodista de derecha?
No, de izquierda.

Pero ahora es lo contrario.
Eso dice la izquierda (risas).

¿Y en que lugar del espectro político se colocaría?
Bueno, soy un hombre que sigo diciendo que si el gobierno se equivoca hay que decírselo. Por ejemplo con el caso de las medicinas perdidas, escondidas o extraviadas en la aduana es un gran pecado. Y yo creo que no tiene la culpa el jefe sino los mandos intermedios.

¿Pero un jefe debe saber lo que hacen sus mandos medios? ¿O no?
No es culpa del jefe sino de los que están administrando la aduana en ese momento. A Carlos Perla, ex presidente de ANDA, le he dicho que es un ladrón y lo sigo haciendo públicamente.

¿No cree que el partido ARENA, tomando en cuenta que eran tantos millones, sabía de eso?
Si lo sabían y no lo dijeron se llama complicidad, algo que es un pecado y un delito. Es lo mismo con el caso García Prieto. Todas esas cosas yo las he dicho al aire y las voy a seguir diciendo. Gracias a Dios tengo la apertura del medio.

¿Qué cosas le criticaría a este gobierno en la actualidad?
El caso del salario mínimo. No sé si dependa totalmente del gobierno porque creo que depende más de la empresa privada. También me da sentimiento ver trabajadores del estado que pasan una hora pegados al teléfono para saber si ya bañaron al chucho, si hicieron los comprados o si ya llegaron los niños del colegio. Eso es un pecado. Así como empleados del estado que no llegan a trabajar y siempre cobran. Eso es algo que me pasó en el Mundial de Alemania 2006, donde yo pedí un mes de permiso sin goce de sueldo en la Policía Nacional Civil (PNC) porque eso de andar “iguaneando” y cobrando es corrupción.

Usted trabaja en los medios de comunicación y en la PNC, ¿esto no le representa un problema ético?
Muchos dicen que hay un problema ético pero yo no lo veo así porque no tengo conflictos de interés. Por ejemplo, por mi trabajo tengo acceso a noticias de primer nivel y jamás se las he revelado al medio donde yo trabajo. En primer lugar, porque pongo en desventaja al resto de medios de comunicación y, en segundo lugar, porque mi trabajo es una cuestión más de imagen de la Policía. Es un trabajo más de Relaciones Públicas.

¿Cómo hace cuando tiene conocimiento de casos feos dentro de la PNC?
Por ejemplo, cuando se ha hablado de policías corruptos y el tema ya es público, soy de los que piden que los expulsen de la corporación y que los metan presos porque uno ve el esfuerzo y el sacrificio de los buenos elementos. Pero además, no sé si es ético esto cuando, en la práctica, otros reciben sobrezazos por debajo de la mesa para que hagan relaciones públicas e imagen de una institución o una persona. No, yo lo hago públicamente.

¿Públicamente?
Sí, públicamente trabajo con la PNC, no tengo conflictos de interés con mi medio y si se dirá algo malo de la Policía porque es cierto, que se diga.

¿Qué piensa de la política criminal, ya que usted trabaja con la Policía Nacional Civil?
Lo que pasa es que la PNC no ajusta. La política de controlar o establecer medidas específicas, yo creo y no se si me equivoque, es que se debería de dar una encerrona total, cerrar calles y revisar todo para decomisar todas las pistolas…

(Vuelve a sonar el teléfono, nos hecha una mirada de disculpa y contesta de inmediato. Más ordenes por una actividad a las 2:00 p.m. en un hotel capitalino y luego prosigue)

… Si andas un arma es para usarla, pero mucha gente termina siendo víctima de sus propias armas.

¿Habla de desarmar totalmente al país?
Si, despistolización completa. Que solo la PNC, el Ejército y los guardias de seguridad. Fuera pistolas del país.

¿Y eso lo ha dicho al aire?
Sí y lo repito cuando puedo: fuera pistolas del país.

¿No es muy cruel con sus editoriales?
Hay momentos en los que siento que soy hasta muy suave. Hay momentos en los que me hubiera gustado mentarle la madre a más de alguno al mejor estilo salvadoreño.

Esas posiciones no ha de gustar a muchos, ¿cuántos enemigos se ha ganado con ese tipo de comentarios polémicos?
Enemigos de muerte creo que no tengo ninguno.

¿Y amigos?
Algunos, muy pocos realmente.

¿Antonio Saca, el presidente de la República, es su amigo?
Sí lo considero mi amigo aunque estamos alejados en este momento. Lo que pasa es que en ese caso, cuando un amigo llega al poder es de esperar a que termine su mandato y luego seguiremos siendo los amigos que hemos sido.

En deportes si se ha ganado enemigos…
Ja ja j aja

Lo digo porque, por ejemplo, ha nombrado a Cristian Villalta (Jefe de Redacción de El Gráfico) como “el Príncipe del mal”…
…Es que él es perverso, el mintió y hasta ahora lo seguiré considerando como un mentiroso que causó daño. A esta altura, ni Villalta ni el grupo que se reunía para conspirar contra Juan Torres, ex presidente de la Federación Salvadoreña de Fútbol, nunca pudo probar nada. Y yo me fui en ese barco por ser amigo de Juan. Yo lo dije al aire, Juan es amigo y como tal lo voy a defender hasta el final de mis días. Los cheros son cheros siempre.

¿Juan Torres es su chero?
Sí, es mi amigo y lo fue más su padre, Don Sergio. Por eso lo defendí, nunca le probaron nada y ya está.

¿Se vale hacerse amigo de la fuente? ¿Se vale trabajar con una fuente? ¿No existen conflictos de interés por eso?
Me cuido tanto que no hablo de los temas policíacos con mis colegas.

Su trabajo es de relaciones públicas y el mío contar lo que pasa, ¿se haría enemigo mío si yo descubro un caso de corrupción en la Policía y lo saco públicamente?
Acaba de ocurrir. Analizando los periódicos veo que el director de la PNC dijo que los medios de comunicación contribuyen a incrementar la violencia. A eso se llama golpe dado y ante eso no hay quite. Él dio una opinión…

(Suena el teléfono: “Beltrán… Estoy fuera… para dónde… entonces concéntrense todos en un solo punto y se mueven para la otra posición… vaya suerte”)

… cuando le pregunté al ingeniero Ávila, él me dice que fue un comentario “off the record” con un periodista que considera su amigo. Pero bueno, ya no se puede hacer nada. Es que yo creo que el periodista y el funcionario tienen que ser amigos. Es que la profesión nuestra no es para hacer enemigos pero es para perseguir la mentira. Y cuando uno se pone a querer desmentir la mentira se enreda más y ya lo vimos con el caso del 5 de julio.

¿Dónde ha ganado más amigos, en el deporte o en la cobertura nacional?
En los dos campos.

Pregunto porque creo que lo deportivo es más visceral.
Lo que pasa es el fanatismo y los políticos se han ido educando poco a poco con el trato a la prensa.

¿Y en el ámbito deportivo no?
Es otra conducta. Si tú analizas la Ultra Blanca ves que han salido criminales que han ido a mal matar a gente que no va vestida de blanco a un partido y en eso tenemos culpa los medios.

¿Tenemos culpa nosotros?
Yo me he sentido culpable en varios casos…

(Vuelve a sonar el teléfono… se excusa rápidamente por la tardanza y afirma que se va en 15 minutos)

… más cuando hemos fallado en lograr unirnos para tratar de evitar la violencia en los estadios de fútbol. Y mientras sigamos así, cada quién por su lado, es muy difícil que eso cambie.

¿Qué piensan tus hijos de todo esto?
En la guerra, los dos bandos saben lo que nosotros hicimos. Pero resulta que en el deporte… son de las cosas que yo voy a seguir sin perdonar, porque cuando uno escribe hay más tiempo para pensar… lo que sufrió mi hijo menor en el colegio cuando le dijeron que su padre era un ladrón y un corrupto a causa de lo que escribía Villalta y Roberto Águila Zelaya.

¿Cómo es su relación con Villalta en la actualidad, ahora que hasta escribe en El Gráfico, el periódico que él dirige?
Normal, lo veo, lo saludo y me despido. Es parte de la delicadeza, como decía Maquiavelo: “Que te odien pero que te respeten”.

Entre tantas cosas que hace (empresario, entrevistador televisivo, cronista deportivo, periodista de nacionales y relacionista público), ¿cómo definiría su profesión?
Cuando mis hijos me cuestionan qué soy, les digo que soy un mil usos. Es que para vivir con dignidad como periodista en este país se tienen que trabajar mínimo 18 horas diarias. Incluso uno de mis hijos, un cipote muy enamorado, le dije que no lo hiciera porque aquí no hay tiempo para otras cosas si realmente le ponés amor a tu trabajo. Además, en esto te toca rebuscarte y hacer más de un trabajo si querés vivir dignamente.

¿Incluso en la televisión y en la prensa escrita?
Sí, tengo tres años de tener un programa que se llama “Hablemos claro”, en canal 10, y venía rebotando de canal 12, de donde nos echó Mauricio Funes, que entonces era el mandamás, por habernos subido a una tarima de Paco Flores en la inauguración de la campaña electoral. Para entonces era presentador deportivo de un programa que se llamaba “Camino al estadio”.

¿Y por qué lo echó?
Por esas cuestiones ideológicas que él maneja y me acusó de ser derechista.

Ahora tiene varios trabajos.
Sí y públicos todos. ¿Para que esconderse?

¿Como se definiría como profesional?
Soy un periodista con siete oficios. Tengo un gran vicio por escribir, tengo cuartillas llenas de las verdaderas historias de la guerra. Hago radio y televisión…

¿Según usted, cuál sería la verdadera función de un periodista?
Contar a verdad.

¿Sólo contarla verdad o interpretar los hechos y luego darlos a conocer?
Buscarla, la verdad es solo una. Si la interpreto ya la contaminé.

Pero cree en la frase de que los medios de comunicación tienen que ser fiscalizadores del poder.
Del poder de toda clase. El periodista tiene que fiscalizar todo pero también es importante que el periodismo se deje fiscalizar. Periodísticamente es muy diferente a lo que se hizo en 1980. Hemos evolucionado. Un ejemplo de esa evolución es El Faro, quién creía que un periódico en internet iba a pegar pero ahora hay un montón de gente que los consulta todas las semanas.

¿Y qué es el relacionista público?
Bueno, ese es el hombre que tiene que hacer de la institución donde trabaja como una casa de cristal, donde todo se pueda ver. Cuando el país sea más transparente va a ser un país mejor.

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