San Salvador, 25 de junio - 01 de julio de 2007
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OPINIÓN / DESDE LA ACADEMIA

La resaca del aniversario

Ricardo Ribera
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Publicada el 22 de enero - El Faro
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De todos los actos conmemorativos de los quince años de paz, el de Madrid es el que me ha parecido más interesante. Los de San Salvador me decepcionaron: más propaganda que reflexión. En cambio, en la capital española la participación de varias personalidades internacionales que tuvieron protagonismo en el Acuerdo de Paz le dio un carácter menos coyuntural al evento, más centrado en la valoración histórica de su significado. Que es, en mi opinión, de lo que se trataba.

Álvaro de Soto se centró en las innovaciones que supuso para la teoría y práctica de la Organización de Naciones Unidas el proceso de negociación salvadoreño. Resaltó la idea novedosa de “consolidación de la paz” que ha sido después aplicada a otros procesos. La responsabilidad de la comunidad internacional no termina una vez alcanzado un acuerdo entre las partes beligerantes, sino que se extiende a un período de posguerra durante el cual resulta crítico verificar y presionar para el cumplimiento a cabalidad de lo acordado. La instalación de una Misión Verificadora del organismo internacional aun antes de que en el país hubiesen cesado las hostilidades, como fue el caso de ONUSAL, fue destacada por su otrora responsable, Iqbal Riza. Efectivamente, la División de Derechos Humanos de la ONUSAL fue instalada en El Salvador desde mediados de 1991, con los riesgos que para su personal eso implicaba, pero con un positivo impacto para la reducción de la violencia política contra civiles durante esos meses, que serían los últimos del conflicto armado.

Ninguno de ambos diplomáticos de la ONU hizo referencia, lo cual es comprensible, al rol cambiante que jugó la ONU. En un inicio, en abril de 1990, se trataba simplemente de “interponer sus buenos oficios” para la negociación de las partes y a petición de ellas. Más tarde, con el respaldo del Consejo de Seguridad, ese papel se tornó en mediación pasiva y se incrementó a mediación activa (con capacidad para presentar sus propias propuestas a las partes) a raíz del estancamiento producido en junio de 1991. Desde el 31 de diciembre de ese año el organismo internacional asumió el arbitraje, con poder para decidir en última instancia si el desacuerdo persiste.

Ese rol de la ONU fue decisivo durante el delicado año de 1992, en el que se hizo evidente el incumplimiento por el gobierno de compromisos que eran vitales para la consecución de la paz militar. La autoridad de la Secretaría General de la ONU tuvo que ser ejercida para imponer una recalendarización definitiva que fijó para el 15 de diciembre el cumplimiento simultáneo de varios acuerdos decisivos, toda vez que la fecha inicialmente prevista del 31 de octubre se volvió inviable por los atrasos del Estado salvadoreño en cumplir a cabalidad con el calendario acordado. Son cosas que conviene recordar, ahora que la propaganda oficial trata de reescribir la historia.

Me interesó también la intervención de Jorge Castañeda, aunque no me sorprendió. Quien otrora fuera un joven político mexicano de tendencia izquierdista que impulsó con Regis Debray, compañero de Guevara en Bolivia y entonces asesor del Presidente Mitterrand, la “declaración franco-mexicana”, es ahora menos joven y sobre todo mucho menos de izquierda. En junio de 1981 dicha declaración conjunta de los gobiernos de Francia y México constituyó todo un hito histórico y diplomático. Puesto que la guerrilla salvadoreña carecía de un territorio bajo su control efectivo y tampoco había conformado un gobierno en el exilio, la declaración franco-mexicana planteaba una nueva formula: la de “fuerza política representativa”. Era suficiente para oponerse al planteamiento de Estados Unidos (Reagan) de que no era posible iniciar un proceso de diálogo-negociación pues el FMLN-FDR eran bandas armadas fuera de la ley y no había garantía de que algún acuerdo a que se llegara fuera a ser cumplido. Francia y México defendían la vía de la negociación y argumentaban que los Frentes tenían carácter político, poseían autoridades definidas y líneas de mando, capaces de llegar a acuerdos y hacerlos cumplir. Tras ese razonamiento estaba la consideración más profunda del carácter interno del conflicto y que no podía ser reducido al marco internacional de la guerra fría. Sin embargo hoy Castañeda puso en Madrid el acento en la contradicción Este-Oeste y en las injerencias del bloque de países socialistas, contrariamente al espíritu de la declaración franco-mexicana que él mismo ayudó a concretar hace 25 años. Y es que el tiempo no pasa en vano…

Felipe González, en su calidad de ex-presidente de uno de los cuatro “Países Amigos del Secretario General” que tanto contribuyeron a lo largo de la negociación y después durante la fase de cumplimiento de los acuerdos, desarrolló una exposición muy destacada por la prensa. Pero alguna de sus frases a mí me resultó chocante. Dijo, por ejemplo: “La guerra es cruda, dura, pero simple. Es mucho más difícil construir la paz”. ¿Sabe de lo que está hablando el señor González? ¿Ha estado alguna vez donde asustan? ¿Participó acaso en la lucha clandestina contra la dictadura franquista? Desde fines del siglo XIX el general prusiano von Clausewitz definió la guerra moderna como “la continuación de la política por otros medios”. Pero si se trata, no de una guerra cualquiera, sino de una guerra civil, y no de una cualquiera sino de una tan intensa y compleja como la salvadoreña, donde la lucha militar era sólo uno de múltiples escenarios de confrontación, yo me atrevería a puntualizar que en tal caso la guerra constituye “la intensificación de la política”. Tal vez por esto mismo la izquierda de aquel entonces parecía más robusta, inteligente y capaz que la que hoy tenemos, enredada en las pugnas parlamentarias y en la administración municipal, por momentos ciega y sorda al sentir y al clamor populares.

Por otra parte el político español sentencia que lo definitorio de una democracia no es la alternancia, sino “el aceptar la derrota”. ¿A quién va dirigido el mensaje? ¿A la derecha? ¿A la izquierda? No lo dijo. Pero los hechos son que en nuestro país desde 1989 no ha vuelto a haber alternancia, que ARENA ya lleva más años en el gobierno de los que estuvo el PCN en tiempos de la dictadura militar, que quien ha sufrido tres derrotas consecutivas en elecciones presidenciales es la izquierda. ¿De veras cree el señor González que la democracia consiste en saber aceptar la derrota? ¿No será más bien en saber defender el triunfo? En su caso supo, sin duda, aceptar la derrota. Pero ésta no lo confirmó como demócrata. Le vino porque durante su gobierno se dio impulso a la “guerra sucia”, a la oscura trama de los GAL, es decir, a una red de escuadrones de la muerte para eliminar a miembros o colaboradores de ETA. En vez de sacar lecciones del proceso salvadoreño de negociación para poner fin a un conflicto armado, la socialdemocracia española ha seguido un camino contrario, el de la “mano dura”, con los resultados sangrientos que están a la vista. Ojalá el evento de Madrid sirva para alimentar esa reflexión, no sólo en El Salvador, también en España.

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