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¿Dónde debería estar uno de los firmantes?

Benjamín Cuellar*
[email protected]
Publicada el 22 de enero - El Faro
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Quiero pensar que fue un descuido. Que no hubo dolo y que sorprendieron la buena fe de quien preparó los perfiles de los suscriptores del Acuerdo de Chapultepec. Y es que no tengo nada que objetar sobre lo que aparece en el enlace titulado “¿Dónde están los firmantes?”, publicado en “El Faro” la semana recién pasada. Nada, a excepción de un caso: el de Mauricio Ernesto Vargas. De los doce renglones acerca de éste, nueve y medio constituyen una mentira del tamaño del mundo. Veamos por qué.

El cuestionado texto dice, literalmente, lo siguiente: “En 1999 se conoció que Julio Ismael Ortiz Díaz, uno de los principales sospechosos del asesinato del empresario Ramón Mauricio García Prieto, le señaló al Órgano Judicial que recibió una oferta económica de la Fiscalía General de la República (FGR) por declarar como implicando al general Mauricio Ernesto Vargas de ser el autor intelectual del asesinato. El caso continúa siendo un misterio, y se ventila en la Corte Interamericana de Derechos Humanos de la OEA”.

Al respecto, debo aclarar que desde el inicio del segundo proceso penal (causa N° 110/98) Gloria y Mauricio García Prieto expresaron sus sospechas de que dicho militar era el autor intelectual del asesinato de su hijo, Ramón Mauricio, junto a su concuño Roberto Hernán Puente. Eso lo declararon en la División de Investigación del Crimen Organizado de la Policía Nacional Civil (PNC), el 16 y 17 de septiembre de 1997; también en el Juzgado Tercero de Instrucción de San Salvador, el 29 y el 30 de octubre de 1998.

Fue el defensor particular del reo Julio Ismael Ortiz Díaz, licenciado Carlos Humberto Escobar, quien el 26 de febrero de 1999, solicitó al tribunal citar a José René Rendón Silva –quien se presentó a sí mismo como “testigo” en otros casos de relevancia como los asesinatos de Siegfried Guth Zapata y Katya Miranda– argumentando que éste tenía “datos muy valiosos que aportar”. El 24 de marzo de 1999, Rendón Díaz respondió a preguntas del defensor de Ortiz Díaz manifestando que conoció a éste mientras ambos estaban recluidos en el Penal de Quezaltepeque. Que él voluntariamente buscaba actuar de “intermediario” para ayudar a Ortiz Díaz y que sus “investigaciones” indicaban que tanto Ortiz Díaz como el General Vargas eran inocentes. Renuente, aceptó que antes había hablado con el entonces Fiscal General de la República,  doctor Manuel Córdova Castellanos.

Este funcionario declaró el 28 de abril de 1999 que Rendón Silva llegó a su oficina y le manifestó “conocer sobre el caso de García Prieto (sin consistencia probatoria), centralizando el punto de solicitar ayuda a Ortiz Díaz, quien dice ser inocente y señala la participación del General Mauricio Ernesto Vargas como autor intelectual del delito en cuestión, estando Ortiz dispuesto a declarar judicialmente en cuanto se le ayude a salir de prisión”. Así, Rendón Silva le ofreció al Fiscal General que Ortiz Díaz probaría la autoría intelectual de Vargas, a cambio de ayuda.

El 29 de octubre de 1999, en su declaración indagatoria, Ortiz Díaz desmintió a Rendón Silva y aclaró que fue éste quien le mencionó la supuesta “oferta económica”. En concreto, Ortiz Díaz expuso textualmente lo que a continuación se incluye con todas sus faltas de redacción y ortografía:

Al preguntársele si era cierto lo que decía Rendón Silva, de que si el declarante sabía quien había sido el actor intelectual, del hecho, el declarante contesta que no, que en una oportunidad el declarante recibió la visita del señor Rendón Silva y este le dijo que la Fiscalía le había ofrecido un trato a el, es decir Rendón Silva, que versaba sobre un ofrecimiento, de dinero al declarante, si decía quien era el autor material además de su libertad a lo que el declarante dijo que no podía hacer eso, porque no conocía quien era el autor intelectual del hecho y se declara inocente. Además dice que no conoce al señor Mauricio Antonio Vargas. El declarante dice que fue sargento del departamento de investigaciones de la Ex Policía Nacional y que ahí conoció al señor Carlos Romero Alfaro. Se le pregunta si conoció al señor Argueta  Rivas y le dice que si, porque era informante de la Unidad de Extorsiones y Antisecuestros, pero nunca tubo ningún contacto con el. El licenciado Escobar, defensor, le pregunta, si el señor Rendón Silva le dijo con quien había tenido comunicación en la Fiscalía, y el declarante contesta que Rendón le manifestó que había hablado con el Señor Fiscal General.

En síntesis, si alguien quiso ayudar así al Estado salvadoreño ahora que estará sentado por segunda vez en el banquillo de los acusados enfrentando la demanda de Gloria y Mauricio García Prieto por la falta de investigación sobre la autoría intelectual del asesinato de su hijo así como las amenazas en su contra, no lo logró. Todo lo anterior está documentado en las instituciones correspondientes y en el mencionado tribunal interamericano. El próximo jueves 25 y viernes 26 de enero, se debatirá y fallará sobre el caso. Ojalá que, después de eso, este militar –firmante de los acuerdos de paz– esté donde debería haber estado desde hace mucho: siendo investigado. El país ganaría mucho con eso, fruto del esfuerzo incansable de Gloria y Mauricio García Prieto. Este valiente matrimonio se ha convertido en un símbolo de la lucha contra la impunidad, en el marco de una “paz” ensangrentada que no llegó virgen a su “fiesta rosa” tras haber sido violada, innumerables veces, con tanta violencia y desprecio hacia las víctimas.  

*El autor es director del Instituto de Derechos Humanos de la UCA, IDHUCA.

 

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