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OPINIÓN / EL MIRÓN

Los chamanes, la revolución del poncho y el declive del imperio americano

Luis Fernando Valero
[email protected]
Publicada el 22 de enero - El Faro
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Kevin Phillips, un escritor crítico, que conoce al monstruo desde dentro, no en vano fue miembro de la administración del presidente Richard Nixon, hoy se ha reconvertido y lleva escribiendo y denunciando que los Estados Unidos de Norteamérica, EE.UU. han dejado de ser la nación omnipotente que pinta Bush. El motivo: que ya no es un país tolerante, laico y económicamente independiente. Es hoy es un país con un gran radicalismo religioso en su política.

Así mismo, la creciente dependencia de esa sociedad respecto al petróleo, que le obliga a cometer errores tan flagrantes como la guerra de Iraq y el apoyo excesivo de la economía estadounidense en el endeudamiento público y privado para poder crecer.

Phillips, acaba de publicar la editorial Viking un libro, aun no traducido al español que tiene este clarificador título: “Teocracia americana: peligro y política del radicalismo religioso, petróleo y deuda monetaria en el siglo XXI”. Es más que evidente la creciente influencia del fundamentalismo protestante, el presidente Bush, es una buena muestra de ello y el equipo que le rodea. Este fundamentalismo se nutre a base de arrinconar a las iglesias más tradicionales como son la presbiteriana y la episcopal, invadiendo campos que antes le eran ajenos con personajes cada vez más fanatizados como son los del movimiento pro vida, la oposición a la investigación celular y la homofobia, apoyando iniciativas para modificar la Constitución y convertir al Estado en religioso confesional.

Mientras esto ocurre en los EE.UU vemos como en Iberoamérica se nos ofrece un avivamiento de multiculturalismo autóctono renaciendo tomas de posesión de presidentes con cuatro brujos indios danzado en torno al político en una “liturgia en la que sacerdotes indígenas insuflan energías al nuevo presidente”. Energías positivas, se entiende.

En esta nueva línea neomarxista, neobolivariana, con casullas de poncho ha entrado de lleno, que se sepa, el nuevo populismo, ha ganado para su causa a Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua, Argentina, está, que quiere y no puede porque no le dejan todavía invocar a Martín Fierro o quizás sirva de unión el tanguista de todos los tiempos, que murió en Medellín, Colombia, Carlos Gardel aunque hay quien afirma que nació en Tacuarembó, y hay quien sabe a ciencia cierta que era francés de Toulouse, a parte de los mitos que se inventen los políticos de turno, debemos aceptar que este año 2006, que se nos ha ido, ha sido un año intensamente electoral en lo que supone un triunfo de la democracia entendiendo como tal elecciones limpias y transparentes prácticamente en todos los casos.

Esos comicios han fomentado un mayor arraigo de hábitos y procedimientos democráticos y entrañan un avance en la consolidación política, aunque no necesariamente institucional, ya que se observan presidentes que ya están deseando refundir constituciones para desarrollar a su imagen y semejanza y poder seguir de presidente por los siglos de los siglos amén. Evidentemente con el sahumerio adecuado de los chamanes, sacerdotes, pastores y similares.

Aunque otros, como los obispos de Venezuela ya han advertido de estos peligros. Algotros, en cambio, como alguno de Nicaragua, están felices y reparten bendiciones por doquier contentos de la vuelta del hijo pródigo.

Iberoamérica está en un momento clave y hay posibilidades de que ello vaya a más con la consiguiente tensión, países jóvenes emergentes haciendo alianzas a troche y moche con otras zonas calientes del mundo, caso de Irán, o Corea, es una mezcla explosiva máxime, hablando del petróleo, que no es un líquido neutro.

No puede negarse que hay países, como Chile, que han protagonizado avances socioeconómicos relevantes, pero constituyen la excepción. En la otra cara de la moneda se hallan Bolivia, Ecuador o Nicaragua, de entre los más pobres de Latinoamérica. La filosofía que subyace en todos estos movimientos es la de encarar las profundas injusticias de sus respectivos países, el problema es que son distintas, sus sociedades y en un mundo como el actual, la solución no parece que vaya por donde se está apuntando.

Desagraciadamente los datos son tercos ya que el crecimiento económico de Latinoamérica en el 2005 fue del 4,5%, mientras que en el periodo 1950-1955 fue del 5,5% y del 6,2% en 1967-1974. Y que mientras en 1950 la región representaba el 12% del comercio internacional, hoy sólo llega al 3%. Cierto que ahora el petróleo es esencial, y la energía, gas, también pero todo tiene un orden y los demás también piensan y se mueven. Recordemos y lo señala Phillips, Holanda fue muy rica pero la revolución industrial la arruinó, Gran Bretaña tenía carbón pero se quedo rezagada en la segunda revolución industrial.

Dividiéndose Hispanoamérica en bloques no conseguirán mucho. No es bueno que el abandono de Venezuela de la Comunidad Andina de Naciones (CAN) porque "está muerta" no es una buena noticia y que Hugo Chávez lo recalque en Cochabamba (8-12-06), y rematando que el Mercosur, en el que acaba de ingresar, también lo está, no es alentador. Y el que él se convierta en el flautista de Hamelin, con sus petrodólares, tampoco es la solución.

Es lamentable y absurdo que Mercosur sea incapaz de solucionar el grave enfrentamiento entre Argentina y Uruguay a causa de las fábricas de celulosa. Es un punto de inflexión que en la segunda cumbre (Cochabamba, diciembre 2006) de la recién estrenada Comunidad Suramericana de Naciones, con la intención de integrar CAN y Mercosur, ha sido el marco donde unos, aun habiendo autocrítica, se ha expresado la voluntad de impulsar la integración (Lula, Morales, García, Bachelet), al tiempo que otros (Chávez, y en parte Tabaré Vázquez) han resaltado aspectos negativos.

Cierto que Chávez, ha señalado que "no hay proyecto", pero ha aceptado que Caracas apoye la integración energética, que, de llevarse a cabo, será clave para la región. Conviene no olvidar que Comunidad Económica Europea, hoy la Unión Europea, comenzó integrando el carbón y el acero.

No obstante ese neopupulismo chamanista, ese panboliviarismo, etc., debería detenerse a ver si con tantos fundamentalismo religiosos arriba y abajo, a derecha e izquierda en el mundo, se pueda avanzar mucho y no sea señal, como ya apuntan algunos, de que se nos viene como no frenemos, un apocalipsis energético en donde el petróleo es la sangre y la energía nuclear derivada, la explosión final.

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