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DE AQUÍ, DE ALLÁ

Escribir el mismo artículo

Álvaro Rivera Larios
[email protected]
Publicada el 01 de enero - El Faro
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Se escriben artículos contra todo desaliento, contra la sospecha de que hacerlo es inútil. Se escriben artículos para la propia vanidad, para que te lean tus parientes, para incordiar a tus adversarios, para ejercitar los dedos simplemente o con la vana ingenuidad de corregirle ciertos pequeños defectos al mundo, pero al final las cosas no cambian de sitio y lo que sí ocurre es que hemos contribuido al aumento de la palabra escrita y poco más.

No sé si es la realidad la que no cambia o si los que no cambian son los artículos y los articulistas. Desde principios del siglo XX se suelen leer en nuestra prensa bien hilvanados textos que razonan sobre el vínculo que hay entre educación, desarrollo y civilidad. Quienes los redactan siempre parecen dirigirse a alguien que está ahí arriba en los meandros del poder y a quien esperan convencer o reconvenir para que enfile su esfuerzos a la ardua tarea de poner en pie un mejor sistema educativo.

Pasan los años y cambia el rostro de quien está arriba, el sistema educativo cambia poco y los mismos artículos con el mismo optimismo nacen de la mano de un nuevo articulista. Parménides, el filósofo que negaba el cambio, estaría feliz leyendo el mismo artículo en la misma realidad. Todo permanece.

-Convergencia: la respuesta/ El país: tarea nuestra/ Aislemos a los disgregadores/ Orden y progreso/ La familia y el desarrollo/ La paz. Tales, de ese estilo, son los títulos que abren dicha prosa recurrente. Quien la escribe siempre parece a punto de revelarnos algo nuevo, una verdad postergada y nosotros que la leemos, en el acto de asentir, repetimos el viejo gesto que hizo un lector ante parecidas ideas a principios del siglo XX. No pasa nada, al fin y al cabo se escribe para los que leen siempre el mismo artículo, somos así, seres de costumbres.

De aquí me nace una inquietud, una pregunta: ¿no serán las secciones de opinión una especie de círculo vicioso ocupado en reiterar un haz de ideas, con distinta prosa, que se reproduce y perpetúa a lo largo de dos o tres generaciones? A lo mejor exagero y el ciclo de tales enfoques resulta más breve, de cinco a diez años, en los equipos encargados de producir-reproducir opinión, pero hay casos excepcionales. Hay opiniones que, ligeramente actualizadas y con otro léxico, llevan un siglo entero circulando por la prensa, un ejemplo sería esa idea, que siempre deja bien a quien la emite, de que “La educación nos sacará de la pobreza”. Idea viejísima que no hay día o semana de dios que algún sesudo articulista no mencione. Tal insistencia es loable, aunque luego uno piense que en tal insistencia hay impotencia y poco más, porque el de arriba (imagínense ustedes) el de arriba ya habrá leído muchas veces, desde que tiene uso de razón, el mismo artículo hasta el punto de que sin ningún problema podría recitarlo. Ahora me surge otra pregunta. Si esas ideas se conocen desde los lejanos tiempos de Patria ¿qué dificulta su materialización?

Porque la verdad, si yo fuese presidente de la república pondría en pie un mejor sistema educativo sólo para ya no tener que leer un artículo más sobre el tema.

Ahora bien, cabe la posibilidad de que cada presidente no mejore lo necesario algunos asuntos para no dejar sin tema a quienes escriben sobre la cosa pública. Puede ser. Hay, pues, un circulo vicioso que conectaría al poder con las redacciones periodísticas. Toda labor estratégica por años pendiente va acompañada de su respectiva e inseparable prosa de opinión, una simbiosis que da pie a tertulias radiofónicas, consultas a expertos, cartas al director, ensayos de revista, comentarios en el bar, en suma, que de qué hablaríamos si todo funcionase bien. Gracias a los grandes problemas postergados en nuestra sociedad a nadie le falta su tema de conversación. Que la seguridad, que la violencia, que la polución, que los bajos salarios. Llevamos unos cuantos años escribiendo sobre ellos, clarificándolos de tal forma que el Sr. Ministro no tendrá problemas para establecer su plan de apoyos y prioridades, pero su excelencia, no sé por qué, siempre hace poco y nos defrauda. Lo maravilloso es que después de escribir una crítica demoledora contra el primer ministro en las próximas elecciones votaremos a su mismo partido. Todo lo que uno hace para escribir el mismo artículo.

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