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OPINION / DESDE LA ACADEMIA

LA GUERRA FRÍA.
Breves apuntes para un debate.
(Parte IX)

Ricardo Ribera
[email protected]
Publicada el 20 de noviembre - El Faro
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La guerra fría desde la perspectiva de la actualidad

La tercera perspectiva para examinar el tema de la guerra fría debe ser, en coherencia con el método dialéctico que hemos adoptado, el momento de la negación de la negación. Si la segunda perspectiva negaba a la primera, mostrando su falta de verdad, ahora la tercera niega a la segunda por demasiado unilateral e insuficiente y, con ello, viene a recuperar lo que de verdadero tenía, no obstante, la primera perspectiva. De tal modo, es la superación de la propia contradicción establecida entre ambas. Es decir, si bien hemos constatado el carácter eminentemente ideológico y, por tanto, falto de realidad del fenómeno de la guerra fría, sin embargo ésta ha existido fácticamente, históricamente, y la simple refutación en que nos ha instalado la segunda perspectiva resulta incompleta e insatisfactoria. Lo que se necesita es entonces construir su concepto, una nueva definición de la guerra fría que sea adecuada a lo que en verdad ha sido históricamente.

Deberá ser hecha la pregunta por los factores que determinaron aquella visión y vivencia ideológica de la guerra fría, tal como nos aparecían en la primera perspectiva. Se trata de superar la irrealidad del fenómeno ideológico interrogándonos por los elementos que en el nivel de la infraestructura económica posibilitaron y determinaron su aparición en la historia aunque por su naturaleza haya sido tan sólo algo vigente en la superestructura ideológica. Es ésta una perspectiva asumida también desde el presente, pero éste en su carácter evanescente, que carece de fijeza y se resuelve continuamente en el futuro. Es en la que el historiador se aproxima más a los requerimientos de la praxis, porque el examen del pasado hecho desde el tiempo actual revela las tendencias todavía actuantes, que señalan el rumbo y los desafíos del próximo futuro.

La interrogante que puede servir de punto de partida para exponer los resultados de esta perspectiva superadora se refiere a la conclusión de la guerra fría, que antes se aceptó sin mayor cuestionamiento, vista la unanimidad con que se considera que “ya no hay” guerra fría y que por tanto ésta ha terminado. Sigue habiendo países socialistas o de “socialismo real”. Están Cuba, Vietnam, Corea del Norte y China. Más del 20% de la humanidad se concentra en dichas naciones. ¿Por qué, entonces, no sigue habiendo guerra fría? El que hayan evolucionado hacia un capitalismo de estado no resuelve la cuestión. ¿Cuál es la diferencia respecto a la URSS y sus antiguos países-satélites?

Mientras Lenin comprendía que el futuro de la Rusia soviética pasaba por recuperar su vinculación con la economía mundial, Stalin en cambio escogió la autarquía como el eje de su política económica. Durante treinta años la URSS se aisló económicamente del resto del mundo, en un reflejo defensista muy propio de la mentalidad de Stalin. Éste prefería no “contaminar” a su país con las influencias que el contacto y las relaciones con la economía mundial capitalista hubieran podido generar. Tras la agresividad del discurso estalinista se escondían el temor y la debilidad ideológica. Era una estrategia contraria al espíritu y a la letra de los estudios de Marx. Suponía el intento de salirse de la historia económica de la humanidad, de construir un mundo aparte, al margen del mundo real, que en pleno siglo XX era el del despliegue del fenómeno de la globalización. Tras la segunda guerra mundial la constitución del COMECON y del CAME suponía una autarquía ampliada, era ahora un grupo de países, los de Europa del Este, quienes junto a la Unión Soviética intentaban construir su propio mundo, de espaldas al mundo de la economía global.

La clave económica que determinó el fracaso y el derrumbe del modelo soviético hay que buscarla, a mi entender, en estas tres décadas de política autárquica que se correspondía con la equivocada tesis del “socialismo en un solo país”. Eric Hobsbawm, por el contrario considera que “paradójicamente” fue la coexistencia pacífica y su apertura (en todo caso, tímida e insuficiente) a occidente la que precipitó la ruina soviética. Me parece que es una interpretación errada, sospechosamente coincidente con el estalinismo y que puede llevar a extraer peligrosas consecuencias políticas. Ni el camino al desarrollo ni el del socialismo pueden ser emprendidos mediante una postura de aislamiento, que va contra la lógica del progreso y de la historia misma. Intentar salirse del sistema mundial es como querer salirse de la historia. En este planeta esto ya no es posible.

China en cambio emprendió desde la muerte de Mao en 1975 el camino contrario. No sólo había roto desde casi veinte años antes la unidad del campo socialista -lo que falseaba la imagen de dos mundos contrapuestos que mantenía la ideología de la guerra fría- se abocaba ahora a partir de la política de “las tres modernizaciones” de Deng Xiao ping a crear las condiciones para recuperar los lazos con la economía mundial y ser un actor más en la escena económica internacional. Tras quince años de negociaciones logró a fines del 2000 ser admitida, en una votación unánime, como el miembro 143° de la Organización Mundial de Comercio. Tampoco el mundo podía prescindir del 20% de la humanidad.

En consecuencia cabe considerar que la motivación principal del proceso de guerra fría fue que el aislamiento de la economía mundial de una serie de países que se sustraían a la red globalizadora era inadmisible para el sistema mundial capitalista y para su potencia hegemónica imperialista. La confrontación requirió de una construcción ideológica que la sustentara y potenciara; la guerra fría sirvió para eso. Rectificada aquella postura de autarquía por parte del “socialismo real”, el anticomunismo y la guerra fría se vuelven obsoletos como recursos ideológicos y se les declara superados y sin vigencia. Nadie en occidente se hace ahora problema porque China persista en su socialismo -cada vez más claramente capitalismo de estado, con apertura a una economía mixta semejante a la NEP impulsada por Lenin- ya que lo decisivo es la posibilidad de hacer negocios con el gigante demográfico y económico. China interesa como un enorme mercado potencial y también como factoría del mundo, que inunda ya con sus productos el mercado mundial. Interesa por las inversiones que permite en empresas mixtas, bajo control estatal, y China a su vez está interesada en esas inversiones y en las transferencias tecnológicas que comportan. También China invierte una buena parte de sus gigantescas reservas de divisas en las economías occidentales, con lo que la interrelación y la dependencia mutua aceleran el proceso de globalización. Los expertos apuntan a que habrá sobrepasado el tamaño de la economía estadounidense a mediados del presente siglo. Hay competencia y rivalidad pero son del mismo carácter que las de Estados Unidos con otros competidores mundiales como la Unión Europea o Japón, lo cual no anula el hecho de que al mismo tiempo sean socios y aliados económicos.

En consecuencia, la rectificación de la política del “socialismo real”, a la que se adhirieron asimismo Vietnam, Cuba y Corea del Norte, ha permitido la superación real e histórica de la guerra fría. La globalización la ha disuelto. Pueden surgir a futuro guerras comerciales o por recursos estratégicos, como el petróleo, pero el espectro de la guerra fría está muerto y enterrado. El terrorismo y la estrategia imperial de “guerra al terrorismo” han venido a sustituir, desde inicios del siglo XXI, el papel que jugó antaño la guerra fría como recurso ideológico para mantener viva la carrera armamentística y la actividad del consorcio militar-industrial, tan vital para la buena salud de la economía estadounidense. Su hegemonía, en peligro por las tendencias económicas y su propia decadencia, así como el imperialismo como estrategia en esta fase del desarrollo capitalista, constituyen, junto a la globalización, el legado del siglo XX a nuestra centuria. Marcarán nuestra historia.

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