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OPINION / ESO NO SE DICE

El realismo no tan mágico contra la violencia

Omar Baños
[email protected]
Publicada el 20 de noviembre - El Faro
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Estos días he leído las diversas noticias y opiniones sobre la situación de violencia en El Salvador. Me quedé pensando que si las columnas de opinión en los diversos periódicos, incluyendo a El Faro, son los termómetros para medir la calentura, entonces El Salvador está que arde. Hay un determinado sentimentalismo mezclado con idealismo en los columnistas. Unos ven el final del gran imperio salvadoreño en las garras de la violencia y otros ven que todavía hay esperanza de rescatar algo.

Tres columnas de opinión en El Diario de Hoy sobre el tema son tan diversas a pesar de estar construidas con el idealismo o realismo mágico. Una, la del señor Villalobos, la más dramática y sentimentalista, termina en el inevitable fatalismo de que la violencia se ha coronado reina de El Salvador y no hay nada que hacer. La otra, del señor Marvin Galeas, tiene ese romanticismo de esperanza y deseo de que aún se puede hacer algo, pero es más deseo que acción. Y la tercera, del Dr. Luis Fernando Cuervo, la más idealista, contempla que la moral, el fortalecimiento del matrimonio y la procreación masiva son el centro y la base de la lucha contra la violencia y, en fin, para todos los males sociales.

En algún momento, alguna mente lúcida salvadoreña tiene que proponer, quizá a bofetadas (figurativamente hablando), el valor del realismo en la elaboración de estrategias prácticas contra la violencia. Al fin y al cabo, a pesar de que la situación es sumamente preocupante, lo que debemos hacer es pensar en acciones prácticas y concretas que nos van a llevar a alcanzar los objetivos y no ahogarnos en Apocalipsis ni deseos reprimidos ni idealismos Cristianos.

En un artículo en la revista Time de la semana del 20 de noviembre, Walter Isaacson escribe sobre la doctrina del realismo en la política estadounidense en relación al desastre causado por el idealismo gringo en Irak. En el artículo The Return of the Realists, Isaacson escribe: “La doctrina del realismo […] enfatiza un enfoque determinado en los intereses nacionales claramente identificados, tales como la economía u objetivos de seguridad, y se abordan con un pragmatismo calculado que consiste de compromisos y recursos. Por otro lado, el idealismo, enfatiza valores morales e ideales, tales como la democracia y es más apto a convertirse en cruzada y sentimentalismo en su afán de pagar cualquier precio…”

Me parece que el pensamiento principal del señor Isaacson puede aplicarse a la situación actual de violencia en El Salvador. Hay que dejar de lado el idealismo de crear una cultura sin violencia (porque siempre existirá) o una cultura moralmente superior (porque siempre habremos inmorales). Hay que trabajar dedicadamente para reducir la violencia, el crimen y la delincuencial al mismo tiempo que se ofrecen oportunidades concretas, acompañadas de derechos y responsabilidades.

La empresa privada está ayudando a enfocar los objetivos nacionales contra la violencia. Somos, bien o mal, un país capitalista y, como buenos capitalistas, hay que seguir (o escuchar) al dinero. El dinero están señalando que la violencia y la delincuencia en El Salvador están alejando a inversionistas, lo cual, consecuentemente, representa menos oportunidades de trabajo, menos ingresos al país y una economía para los perros. Lo que no dicen es que también está afectado intereses personales y fortunas personales que tienen un importante rol en la manera que toma forma el discurso contra la violencia.

No es lo mismo que doña Juanita de la tienda de la esquina en Apopa haga una denuncia de asalto que la señora Ignacia de la colonia Santa Elena. Lamentablemente en este país no tienen el mismo valor moral, ni jurídico ni humano.

La presión de la empresa privada puede y debería hacer reaccionar al gobierno para que éste defina intereses estratégicos de seguridad nacional para todos los salvadoreños. De allí debe establecer compromisos reales con recursos y financiamiento. Sabemos que el “bienestar social”, la seguridad de la colonia y del barrio, no son, ni serán, un interés nacional para el actual gobierno, porque de serlo, hace muchos años tendríamos una estrategia sería, práctica y realista en contra de la violencia y la delincuencia. Se han ofrecido curitas, como lo de la “mano dura”, pero han carecido de compromiso, visión y recursos porque el problema de las maras no se ha entendido como interés nacional.

Pero con la intervención de la empresa privada está cambiando esta percepción. Por ahora la seguridad para contrarrestar la violencia tiene un interés nacional específicamente relacionado a la seguridad de la empresa privada, a la economía del país. Si por allí hay que empezar, empecemos por allí y nos quedamos con el compromiso (no con el deseo ni esperanza) que esto tenga un efecto domino que llegue a los barrios y las colonias.

Lo que aún queda pendiente es la calculación pragmática de asignación de recursos, financiamiento, el desarrollo de estrategias concretas y alcanzables y el compromiso de los diversos sectores.

Un elemento importante es la toma de compromisos y responsabilidades, seguidas por su implementación y cumplimiento. Que los políticos y partidos políticos asuman el compromiso real de legislar para crear leyes jurídicas sensatas y prácticas, financiar proyectos sociales nacionales de salud y educación y monitorear que las leyes se cumplan, entre otras tantas cosas.

Que la empresa privada asuma también el compromiso de invertir en los salvadoreños, crear oportunidades de trabajo bien remuneradas y aportar con sus impuestos.

Que el ejecutivo también asuma lo suyo al fortalecer las instituciones gubernamentales para poder asistir y apoyar al ciudadano a cumplir su compromiso contra la delincuencia, crear campañas nacionales de concienciación de los beneficios de una cultura de paz.

Y que el ciudadano común y corriente también asuma sus cositas de aprovechar (una vez sea garantizado) el apoyo y asistencia de las instituciones gubernamentales para ejercer su responsabilidad ciudadana contra la violencia, participar en comités locales y municipales para desarrollar estrategias locales contra la delincuencia, etc.

El gran recurso humano que nunca recibe atención, ni capacitación ni financiamiento es el mismo ciudadano de la esquina. No busquemos el idealismo de crear ciudadanos ejemplares ni héroes ni mártires, sino ciudadanos comprometidos y responsables con su propia seguridad respaldados por las instituciones democráticas del país. Para esto, necesitamos de instituciones responsables y capaces de asistir, apoyar y fortalecer la responsabilidad ciudadana.

Hay que invertir en los salvadoreños, sin idealismo. No olvidemos que no podemos pedirle peras al olmo; eso sólo puede pasar en el realismo mágico.

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