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Entrevista con Carlos Ascencio, director general de la Policía Nacional Civil

“Coincido con la población en esa pérdida de credibilidad en la PNC”

La palabra clave para el nuevo director de la PNC es credibilidad. El comisionado Carlos Ascencio rompe con el discurso de sus predecesores y reconoce las fallas y deficiencias de la institución, en investigación y en diligencia. Habla de la necesidad de una verdadera depuración -“Sandoval hizo una depuración sin hacerla”- y de sacar a la Inspectoría de la sombrilla de la PNC para que esta recupere la confianza de la ciudadanía.  Y dentro de las medidas que según él son claves para reducir la tasa de homicidios, sobresale la despistolización. Eliminar la portación. Esa medida que a pesar de todos los argumentos, los gobiernos anteriores siempre se resistieron a implementar y sobre la cual el nuevo gobierno aún no fija posición.

Rodrigo Baires Quezada
cartas@elfaro.net
Publicada el 04 de junio de 2009 - El Faro

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Después de venir cayendo un poco, los homicidios subieron en los últimos cinco meses. ¿Cómo enfrentará este fenómeno?
En este momento estamos recibiendo la institución policial y analizando y preparando una especie de plan básico de medidas para enfrentar el problema de la violencia en su conjunto, para no ver a los homicidios de manera aislada. En ese tema vamos con el lineamiento general que ha dado el señor presidente de la República, Mauricio Funes, de orientar un esfuerzo en materia de seguridad pública que lleve un componente de prevención y, al mismo tiempo, la parte represiva del delito, que implica mejorar la investigación criminal y de inteligencia policial.

¿Por qué hubo este repunte en los últimos meses?
Yo no hago esa consideración que este delito aumentó de seis meses para acá ni que se trate de una especie de repunte. Los homicidios han venido en un crecimiento paulatino a lo largo de varios años. Si se revisan las estadísticas, el fenómeno de la violencia ha venido mostrando ese incremento en delitos como el homicidio, la extorsión...

… En 2006 se tuvo un máximo de homicidios, 3 mil 928, y van bajando hasta 2008. En solo en los primeros cinco meses de 2009 hubo mil 756 homicidios.
No lo pondría como un repunte sino como un agravamiento de la situación de la violencia en el país: los homicidios hacia arriba; las extorsiones, arriba; otros delitos, arriba.

Hablamos de un poco más de 18 mil 500 muertos en la gestión del presidente Saca. ¿Cuál será la clave de su gestión para disminuir esta cifra?
En primer lugar, trabajar en el fortalecimiento de la institución policial para ponerla en condiciones de enfrentar este fenómeno. Esto significa revisar varios aspectos, cuantitativos y cualitativos. Cuando digo cuantitativo significa entrar a la discusión de la plantilla policial.

¿Plantilla policial?
La cantidad de elementos policiales que tenemos en el terreno. Tenemos delegaciones, subdelegaciones y puestos con un número de elementos que, de acuerdo con la población, son insuficientes. En algunos casos hay seis o siete elementos policiales asignados… Imagínese municipios como San Agustín o Mercedes Umaña donde, en un turno, hay uno o dos, o en el mejor de los casos, tres agentes. Hay una escasa presencia policial en el territorio y por ello no se puede obtener resultados de disuasión por presencia.

Tiene un número limitado de agentes, a los que suman agentes recién graduados…
Es un asunto de planificación. Recibo la institución y hay que ir, sobre la marcha, resolviendo varias cosas. En estos momentos está por graduarse una promoción de la Academia Nacional de Seguridad Pública y habrá que priorizar a dónde la mandaremos. Tenemos el famoso top 20 de municipios con más hechos de violencia en el país. Obviamente el esfuerzo inicial irá orientado a estos municipios, tanto en la parte de presencia, como de prevención e investigación. En prevención, el ministro de Justicia y Seguridad Pública, Manuel Melgar, habla de la necesidad urgente de articular esto con los gobiernos locales. Eso nos lleva a la idea de ponernos en contacto con los gobiernos de esto 20 municipios y conformar los comités de prevención de la violencia.

Eso me suena a mediano plazo, no inmediato, para atacar la tasa de 55 homicidios por cada 100 mil habitantes, es decir, cinco veces lo que la OMS describe como una epidemia.
Sí, pero el fenómeno que tenemos en nuestro país no tiene soluciones de corto plazo. No sería correcto, ni es cierto, que en un tiempo breve la PNC, ejecutando sus planes, va a reducir los homicidios.

Como lo dijo un ex director policial en el pasado.
Exacto. No creo en eso y no estoy en la capacidad de decir que se puede resolver en el corto plazo. Esto no quiere decir que no haya que implementar medidas inmediatas.

Como redistribuir los elementos en el territorio. ¿Qué más?
La estructuración, el fortalecimiento de áreas, concretar el despliegue en las zonas de mayor interés, la conformación de estos comités, el trabajo con las municipalidades… es arrancar con eso.

Me habla de algo que me suena mucho al PIP-Com, que se vendió como una policía con más acercamiento con la comunidad…
Se tuvo el despliegue en una franja territorial de las Patrullas de Intervención Policial Comunitaria (PIP-Com), que son unidades de policía que hacen presencia, disuaden e intervienen en situaciones delictivas, pero no necesariamente asumen su trabajo directamente con la comunidad.

¿La PNC no ha logrado este acercamiento con la comunidad?
Ha sido insuficiente. Hay que concretarlo más y es algo que va con el liderazgo y ejercicio de mando de las jefaturas. En la PNC hemos estado funcionando con parámetros de evaluación escuetos de personal. Por ejemplo, a la jefatura se evalúa según el aumento o la disminución de la incidencia delincuencial. Eso dice bastante, pero también dice poco.

No lo entiendo.
Pretendo que además de la disminución estadística de los hechos, en la evaluación del desempeño se establezcan varios parámetros, y uno de ellos sería el contacto con la comunidad, la interrelación con las demás instituciones del municipio, el grado de cumplimiento de los objetivos y metas de los planes aprobados, eficiencia y eficacia del personal, calidad del servicio a la comunidad.

¿Dónde entra en esa evaluación la efectividad en la investigación? Por ejemplo, un informe interno de la PNC dice que sólo el 44.5% de las investigaciones iniciadas por homicidios llegan a un final.
Ese es un indicador importante. Hoy, durante una entrevista, alguien mencionó un elemento importante: la impunidad, que se entiende como la incapacidad del Estado en administrar justicia. Y en esta parte hay un rol de la Policía. Si la PNC tiene deficiencias en la parte investigativa quiere decir que no tenemos la capacidad de que realmente se esclarezcan los hechos. La investigación y la parte represiva de la Policía tienen un tremendo efecto preventivo. ¿Cómo? Si se comete un homicidio y la PNC logra esclarecer ese hecho, captura a los hechores y pasarlos a los tribunales da un mensaje de justicia a las víctimas, y al criminal o al potencial criminal le queda claro que podrá cometer un hecho delictivo pero que tarde o temprano será capturado. Cuando se investiga con mayor efectividad y capturas se reducen los espacios de la impunidad, y esto tiene un efecto concreto en la prevención.

¿Pretende que este porcentaje baje?
Esa es la idea. Pero esto llevará tiempo. Esto significa más entrenamiento para la investigación, porque no estoy de acuerdo con esas redadas de cientos de detenidos.

¿Por qué?
No es que no haya que hacerlas, pero que sean realmente el producto de una investigación cualitativa y no simplemente un atarrayazo, en el que nos vamos con la figura de asociaciones ilícitas, donde capturamos 30 y sólo tres o cinco son los verdaderamente culpables de un delito.

Eso se ha hecho en los últimos seis o siete años. ¿Romperá con eso?
En alguna medida. Tenemos cerca de 7 mil personas que están en las cárceles y no necesariamente han modificado la curva de la tasa de homicidios por cada 100 mil habitantes. Esa es una razón de peso que hay que ver y nos decimos: “Necesitamos calificarnos más, ser más técnicos en el campo del procesamiento de la escena, aumentar la cantidad de elementos de investigación”. Es entrenamiento del personal para ir modificando esa tendencia.

Usted dice que no se mete a prometer una reducción específica de homicidios, ¿pero puede perfilar en un quinquenio estas tasas?
De aquí al cierre de un quinquenio esperamos que haya impactado...

¿En qué porcentaje?
Es un cálculo que, si bien las matemáticas son una ciencia exacta, no se puede establecer.

El presidente decía que no se pueden equivocar, que él renunciaba al derecho a equivocarse. Usted dice que no podría decir un número exacto...
Es que no tiene base... le puedo decir un porcentaje, pero eso sería un golpe de impacto de 72 horas.

Desde la época del presidente Flores nos han dicho que los culpables en este aumento en los homicidios son las pandillas. ¿Concuerda con esta visión?
Hay que mejorar la investigación y definitivamente se va a ir precisando las estadísticas. En las gráficas de barras sobre los hechores nos aparece un rubro de “no determinados”.

¡Que generalmente es el rubro mayor!
Ojo con eso. A veces, a lo mejor, se han confundido y vemos un 70% con vinculación a maras pero solo de los casos que más o menos hemos logrado dilucidar. Esto nos puede llevar a una confusión y es importante tenerlo en el análisis.

En los últimos cinco meses hubo más de 300 homicidios por mes. Las anteriores autoridades de la Policía nos dijeron que esto debido a las pandillas. ¿Es cierto?
Las pandillas hacen su contribución a que se incrementen, pero reitero que no son las únicas. Además, no hay que olvidar los errores que cometimos en el pasado. El fenómeno de las pandillas antes del Plan “Mano dura” no era algo sencillo pero no tenía la dimensión de ahora. En ese momento, la PNC comenzó con una concepción de trabajo, una táctica y estrategia que ponderaba más la fuerza. La parte represiva hasta cierto punto indiscriminada hizo que la pandilla se radicalizara, complejizara su accionar y diversificarse en los delitos, incluso, ahí vemos que se buscaron nuevas formas de autofinanciarse. En esa época ya había problemas de extorsión pero no estaban en la dimensión que hoy tenemos. Esa fue una falla y nosotros, los cuadros policiales que venimos desde que se funda la PNC, lo sentimos. Eso fue difícil y lamentable porque, en esa época, había varias áreas que estaban trabajando en prevención y que habían sistematizado modalidades de trabajo con diferentes sectores. Esto no quiere decir que se tolerara a la delincuencia, sino que la PNC se ligara más a la comunidad, que esta sintiera que se le apoyaba y darle un tratamiento como el que correspondía al fenómeno.

¿Cuando se echó a andar el “Mano dura” se rompió un proceso de crecimiento de la PNC?
Exactamente. Usted llegó a donde iba. Ahí fue cuando empezamos a perder, casi aceleradamente, el nivel de confianza que tenía la población en la institución.

La anterior dirección policial dijo que el aumento de los homicidios en el inicio de año obedecía a la fuga de un pandillero. ¿Se puede achacar a un solo pandillero el crecimiento de los delitos?
Yo diría en su conjunto el crimen organizado, y no el pandillero así no más. Esas clicas que son la verdadera estructura de ejecución del crimen, “programa” y ese palabrero, hay que perfilarlo y eso es inteligencia policial.

A veces los datos de inteligencia policial no llegan a las delegaciones.
Exactamente.

Los jefes de las unidades especializadas nos han dicho que a veces rompen una puerta porque a ellos les dijeron que ahí estaba el marero, aunque ellos no investigaron. Ellos dicen “inteligencia policial se equivocó”.
Esas son las cosas que tenemos que mejorar. Aprecio mucho a nuestro personal subalterno, en el  área de inteligencia policial tenemos buenos elementos, pero el servicio no ha sido del todo satisfactorio. No es que no contribuyan, sí, claro que sí.

¿Dónde entra en el fenómeno de los homicidios el hecho que haya armas de fuego en manos de la sociedad?
Ese es un punto polémico. Ahí nuestras estadísticas son claras y tenemos apoyos de  estudios de universidades e instituciones: el 80% de los homicidios, si no un poco más, es por armas de fuego. Aquí es legal la comercialización de armas de fuego y municiones.

Pero hay estudios del PNUD y otras entidades nacionales e internacionales que dicen que la eliminación de la portación de armas podría disminuir los índices de homicidios.
Y yo estoy de acuerdo con eso.

¿Estaría de acuerdo en prohibir la portación?
Si a mí me lo preguntan, quisiera que se prohibiera. Digo la portación y no me estoy poniendo radical diciendo que se prohíban las armas en este país. Puede ser legal tener un arma en su casa, negocio o terreno con propósitos de autodefensa, pero la portación sí representa un factor mayor de riesgo. Eliminar la portación sería una contribución de fondo para la disminución de homicidios y otros hechos violentos.

Hay quienes dicen, como el ex presidente Saca, que prohibir la portación de armas de fuego es negarle a la gente honesta su derecho a defenderse.
El derecho a defendernos, como seres humanos, todos lo tenemos. Por eso se establece la legítima defensa en la Constitución. Esa no es la discusión. El asunto es que un arma de fuego representa un riesgo para una tercera persona, la colectividad e, inclusive, para su propietario. La realidad ha demostrado que el portar un arma de fuego no le garantiza que no vaya a ser víctima de un hecho violento.

Cuando observamos el delito de las extorsiones nos percatamos de que muchas víctimas no denuncian y dicen que porque no confían del todo en la PNC. ¿Cómo cambiar eso?
Eso lo vamos a cambiar en la medida en que seamos efectivos y que realmente nos demos la mano con la población, y otras medidas propias como el fortalecimiento institucional y la separación de los malos elementos que hay. Un ilícito cometido por un policía es un hecho agravado que tiene un efecto tremendo en la opinión pública, entonces es bien fácil perder credibilidad y sumamente difícil recuperarla. De aquí para allá estamos planteando un caminito de trabajo en el que aparecerán más canas y necesitamos un estímulo del personal.

El presidente Funes hablaba de elementos malos en la Policía. ¿Cómo ganar credibilidad cuando de repente aparece el caso de Oriente, con tres jefes policiales y otros 11 miembros de la PNC de diferentes rangos posiblemente vinculados con el narcotráfico?
Mire, hay que decir claramente que a los malos elementos hay que separarlos. No cabe duda, y eso significa tomar las medidas internas, desde el fortalecimiento de las instancias contraloras de la Policía –las unidades de Investigación Disciplinaria, de Control y de Asuntos Internos-, que están en un nivel cuantitativamente y con equipamiento insuficiente para mantener como una práctica permanente evitar resurgir fenómenos de esa naturaleza en la institución. Yo coincido con la población en esas dudas, desconfianzas y pérdida de credibilidad en la PNC. Eso es normal, correcto y comprensible. ¿Cómo le vamos a ir demostrando? Con hechos, con acciones, con transparencia y dándole respuesta a sus inquietudes. Ese reportaje periodístico que relaciona a tres jefes policiales en supuestas estructuras de crimen organizado, es una versión periodística, pero que está ahí. He dicho que hay que tomar eso y darle el tratamiento, porque hay que responderle a nuestra sociedad y hay que responderles a las personas señaladas. Aquí se va a separar a los malos elementos a los que se les haya demostrado culpabilidad.

Varios jefes policiales de diferentes rangos nos dicen que no hay que descartar que alrededor de quienes hayan filtrado esa información se muevan otro tipo de elementos que no sean necesariamente ilícitos. Nos hablan de una posible pugna interna de diferentes grupos por intentar desmantelar a otros grupos de cara al cambio de gobierno. ¿Es posible esto?
Sí, es buena hipótesis que hay que demostrarla con investigación.

Otra hipótesis de ellos es que en los diferentes grupos que hay en la Policía -por tandas de graduación y por partidos o tendencias ideológicas- el crimen organizado pueda tener infiltrados y ponerlos a pelear entre sí de tal manera de hacerse del control de la institución. ¿Podría ser esto?
Sí, podría ser, pero hay que determinarlo con una investigación. El crimen organizado busca hacer acciones divisionistas. Mire, el trabajo de la Policía es algo precioso pero tiene cantidad de situaciones, como que adentro de la corporación hay debilidades en uno u otro aspecto y el crimen organizado anda viendo cómo lo utiliza. Bueno, en una administración de la dirección de la Policía se limitaron algunos recursos presupuestarios para cosas de consumo interno en la corporación y se crearon los Comités de Apoyo para ayudar al personal policial. Mis respetos a las personas que de buena fe se integraron para ayudar a la Policía. Pero de esa figura también se aprovecha gente del crimen organizado y salen tomándose fotografías con el personal de apoyo en celebraciones. Luego, en investigaciones, aparece un elemento policial en una foto de una convivencia donde está un miembro del crimen organizado que ha sido descubierto. Quiero decirle sinceramente: no estoy de acuerdo con eso, y como le digo, mi agradecimiento y respeto a las personas nobles que nos apoya, pero como metodología abre una puerta para que los criminales busquen cómo se encubren en esta gente noble y en la institución policial.

Dice que se tiene que depurar, pero el ejemplo de depuración le dio muchos dolores de cabeza a la institución hace años, pues se depuró gente que apeló y ganó los juicios. ¿Cómo se tiene que hacer la depuración?
Muchas personas, muchos compatriotas, tienen la creencia de que en la Policía se necesita hacer una depuración como la que se hizo la vez pasada, en 2000. Y yo expresé claramente que con el señor Sandoval se hizo una depuración sin hacerla y eso golpeó a nuestra institución y a la moral y ánimo de los buenos elementos policiales. ¿Por qué digo que se hizo sin hacerla? Porque se sacó la cantidad como para dar un golpe publicitario.

¿No se investigó?
Se fue solo por presunciones: “Bueno, estos que aparecieron en este reportaje, usted póngalos en la lista”. Ya van tres. “Bueno, él anda un tatuaje, póngalo”. Van cuatro. “Ella tiene el pelo no sé cómo. Póngala”. “A él se le demostró que cometió un hecho y fue detenido y pasó al tribunal... bueno, eso está casi demostrado”. Así se fue una cantidad de gente. ¿Qué pasó? Que no se investigó como correspondía y que se violó el debido proceso, porque se hizo en cuestión de semanas. Yo fui miembro de esa comisión, con el doctor Escobar Galindo y el señor Samayoa. Era el jefe de Asuntos Internos, dimos la información que estaba fundamentada y dijimos quiénes estaban en proceso. “Miren, todo este listado de aquí está en proceso de investigación”. “Ah, no, hay que ponerlo en la lista”. ¿Qué pasó? Que vino la cantidad de amparos y que fueron resueltos favorablemente. Tengo mis dudas de si eso fue deliberado. ¿Por qué? No me pregunte. Pero la Corte Suprema de Justicia claramente habló: no hubo debido proceso y no hubo pruebas suficientes, así que retorne y páguesele sus salarios retroactivamente. Entonces, para bien de los inocentes, retornaron a la institución los que no eran culpables; pero los culpables, los que debían de irse, retornaron también con dinero. Por eso digo que se hizo una depuración sin hacerla.

¿Entonces cómo debe hacerse una depuración “haciéndola”?
“Haciéndola” es llevando adelante una investigación como corresponde, sin faltar al debido proceso y demostrando la cul-pa-bi-li-dad.

Para eso necesita al inspector general, que todavía no ha sido nombrado.
Exactamente, así es, un inspector general que le ponga pasión. Para nosotros, el inspector general viene siendo como el fiscal general para la sociedad. Un fiscal general que tenga... este... ehhh... o sea...

¿Agallas?
Garra. Que tenga garra.

En la sociedad, el fiscal general es autónomo; en cambio, el inspector general depende de la dirección general de la PNC, de usted. ¿Cómo voy yo a confiar en alguien que no será independiente? ¿Qué pasaría si quien comete un ilícito es usted, que es el jefe del inspector?

Estoy de acuerdo con usted y, con todo respeto y disciplinadamente, nosotros ya hicimos esa observación. Hoy tengo el privilegio de que me hayan nombrado director de la PNC, pero repito lo que dije cuando era jefe de una delegación: la Inspectoría tiene que ser un ente fiscalizador que vea a la Policía desde afuera, que no esté adentro. Eso es razonable y una medida de esa naturaleza vendría a abonar a la dignidad del propósito que tengo -y tenemos- de recuperar la confianza de la población en su Policía.

¿Va a recomendar al Ministerio de Seguridad que se haga esa reforma...?
… Exactamente. A mí me gustaría que las instancias a las que corresponde hacer esto -la cartera de Seguridad, la Asamblea- tomen esto. Hay que romper esquemas y, como dice el presidente, trabajo limpio, honesto y con voluntad de hacerlo. Y sin embargo, me toca a mí nombrar al inspector general, según lo que vemos en el reglamento actual. Pero no podemos estar sin inspector.

¿Y ya tiene un perfil?
Estamos trabajando en eso.

Tengo que preguntarle aunque me va a decir que no: ¿Nombres?
No tengo nombres.

El presidente de Arena, Alfredo Cristiani, decía que el nombramiento de dos personas que estuvieron en el pasado en el FMLN es politizar la institución. ¿Cómo toma esta apreciación?
No la entiendo, sinceramente, porque casi toda la estructura de jefatura... Hemos tenido compañeros, colegas, que son del partido Arena y han estado en estos cargos. ¿No es la misma pregunta, pues? Primero, nosotros hemos nacido aquí y hemos fundado esta institución y no vamos a estimular en nuestro ejercicio este sentimiento de tipo sectario. En segundo lugar, un funcionamiento institucional de sesgo político partidista sería trágico para cualquier institución policial, aquí y en cualquier parte del mundo. En tercer lugar, tampoco podemos estimular puntos de vista -porque los hay- antimando.

¿Habrá cambios a nivel de direcciones?
Estamos en eso, es obvio que va a haber y estos primeros cambios no van a interesar toda la estructura de la organización policial, sino más bien a nivel de subdirecciones, regionales y algunas delegaciones (El memorando de cambios ya estaba dado). Es natural, habrá el tiempo para plantearse un movimiento más amplio, tomando en cuenta que aquí somos oficiales y miembros de carrera. Por otro lado, el asunto de mejorar nuestro desempeño. Yo no estoy a favor de esos mandos de ejercicios de mando muy individualista, “yo soy el jefe”, “yo recibo la información”, “yo respondo, usted hace”. Tiene que haber más participación de los diferentes cuadros a distintos niveles de la corporación. Pienso abrir una instancia participativa de la jefatura, y primero Dios la voy a concretar, donde podamos abordar temas. Por ejemplo, deficiencias estadísticas, ¿cómo las mejoramos? ¿Problemas en investigación? En esas reuniones caerán esas ideas, que después se traducirán en líneas de trabajo y órdenes.

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