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Fernando Umaña, Director de Teatro

“Este no es un país, sino un paisaje”

Carlos Martínez/ Sergio Arauz/ Walter Sotomayor
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Cuando Fernando Umaña se ríe, es para largo. Casi todas sus repuestas traen como apéndice una risotada que disloca el silencio de la librería y cada una significa una cosa distinta: “Eso no lo voy a responder”, “Es obvio que soy el mejor” o “No pudieron pillarme ¿verdad?”.

Cerveza en mano, inicia la conversación en plan docto, hablando como lo haría un profesor ante sus estudiantes. Sin embargo, a medida que la plática avanza y las carcajadas se multiplican, el director de teatro le comienza a abrir paso al artista polémico y, de encuentro, al bohemio.

Asegura que no es un mimado de las autoridades culturales del país. “Ni que fuera una puta tan buena para ser comprada”, dice, al acabar la entrevista.

Ha dedicado muchos meses de trabajo en su obra de recién estreno, San Mago patrón del estadio, y ya tuvo algunos problemas. Sus años de preparación en Rusia, y su larga experiencia que lo sitúan como uno de los mayores de nuestro teatro, no han sido suficientes para controlar del todo una puesta en escena que depende de otras personas, de técnicos, por ejemplo, que llegan borrachos y se cancela la función.

Habla de un cerco, que separa lo provinciano de lo universal, que es preciso saltar. Fernando Umaña se ha acercado para ver más allá, del otro lado. Por lo pronto se ha asomado, solo eso.

¿Cómo va esa obra? ¿Está satisfecho con el montaje?

Creo que todo trabajo artístico de alguna manera es producto de la insatisfacción, al decir estar satisfecho es como haberla concluido y yo creo que siempre hay algo que queda como inconcluso y queda siempre en la mente el creador. Yo creo que hay ciertas cosas que se me quedaron en el camino. La obra está y así salió. Creo que se logró mantener una unidad en el espacio escénico. Aparte del espacio que no es teatro, y así como en el festival pasado asesinamos a la Candelaria al presentarlos en ese espacio, entonces no sé si ahora me asesiné a mí con ese espacio.


”El creador nunca está satisfecho”, de alguna manera parece una respuesta de enciclopedia.

No, no tan enciclopédico, en el sentido de lo que respecta a mi experiencia personal siempre hay algo que no me satisface, y lo puedes comprobar con la gente que yo trabajo, que siempre estoy dando observaciones.

¿Cómo es posible que a la presentación de una obra lleguen borrachos los técnicos? esto sólo pasa aquí, supongo.


Pues es parte, son las circunstancias dadas, las cuales nosotros como artistas no creamos, son grandes dificultades y una de ellas son las de las infraestructura que no son las adecuadas y quienes trabajan en esa infraestructura tienen muy poca capacidad técnica, y al tener muy poca capacidad técnica, también tienen muy poco compromiso con el trabajo .

Bueno, y qué les pasó a esos técnicos, ¿los echaron o no?

Bueno, por lo menos yo del espectáculo sí. Ya no trabajan en el Mágico.

Vamos a la obra, Fernando. El Mágico generó mucha expectativa. ¿Eso es una ventaja?

Mira, estamos evaluando eso y nosotros creíamos también que íbamos a tener bastante público, nos daba la perspectiva de que iba a venir un sector que jamás ha llegado al teatro y esa era la apuesta. Y yo creo que ahí estamos en el lugar equivocado porque ese sector no es el que maneja un carro y va a llegar desde el otro extremo de San Salvador a las 7 de la noche y salir a las 10 de la noche. Ese es uno. Lo otro es que la obra se ha planteado en un formato no acostumbrado en el país. Aquí generalmente se hacen obras de una 50 minutos, una hora, lo más que dura una obra es una hora 20, pero ya que dure 2 horas la obra si es una cosa que no está acostumbrado el público, entonces son dos elementos que pienso yo que no ayudan a que se llenen las expectativas que nosotros teníamos.

Y si la intención era ganar público nuevo, ¿por qué se hizo así? Habría que hacer una obra que durara una hora o una hora y 15 minutos.

Sí, estás en lo correcto y creo que es una pregunta que se la podríamos hacer a la productora de la obra.

¿Estaba advertido ese riesgo?

Claro que sí estaba advertido. Sí. El país tiene muy pocas oportunidades para hacer cosas marginales, hasta en ese sentido tiene muy pocos espacios.

Nunca he escuchado a ningún artista que trate bien a El Salvador ¿Será un país tan hostil para los artistas?

Dos cosas de lo que tú dices: eso sí, correcto, pero eso no quiere decir que uno esté tratando mal al país, es una realidad. Y nosotros nos arriesgamos a trabajar en esa realidad y pagamos por nuestro gusto.

Dicen que el que por su gusto muere que lo entierren parado…

Pues por eso te digo, yo asumo la hostilidad para trabajar y me he acostumbrado a trabajar en estas hostilidades. Las hostilidades siempre las tiene el creador, en todas partes del mundo, de una o de otra forma, sino creo que difícilmente pudiera producirse la obra de arte, no hay un artista feliz. Es bien difícil porque tus aguas son bien profundas y de esas profundidades salen cosas maravillosas para el público, pero con gran dolor y con gran desgarre para el artista.

¿En la obra del Mágico qué lo desgarró?

Fíjate que yo no puedo hablar directamente del Mágico si no voy a tener referencias de mi propio trabajo artístico. Yo tuve compañeros de alta sensibilidad artística, que hubieran podido ser grandes artistas, y terminaron medio locos, perdidos, borrachitos, ¿por qué? ¿Por qué no logran llegar hasta el final? Esa incapacidad de universalidad, de qué es producto no sé. Y es mi propio conflicto como director teatral que me desgarra profundamente. Esa incapacidad de saltar la provincia desde tu propia provincia, saltar el cerco de tu propio corral, ¿me entiendes? y que a partir de estas creaciones desde acá seas reconocido universalmente. Y eso es una cosa que hasta hoy día, por muchos artistas que radiquen en otras partes y que hagan producción artística en otras partes, no han saltado el cerco, siguen en San Salvador. Siguen en los 21 mil kilómetros cuadrados.

¿Usted ha saltado el cerco? (La pregunta parece haber roto algo. Intenta refugiarse en una risa que no llega a ser y responde en el tono de quien, más que afirmar, acepta.)

Eso es lo que me desgarra.

¿Por qué no lo ha saltado?

¿Seremos almas mediocres?

¿Cree que puede hacerlo?

Eso estamos intentando.

¿Cómo, Fernando?

Como supongo que lo hacen ustedes, depurando su técnica y viendo las cosas de una manera particular que pueda hacer el clic, que se haga luz.

Algunas personas dicen que usted es el mejor director de teatro en este país. (Pide que le repita la frase y hace un esfuerzo por esconder lo bien que le sienta el elogio) Otros lo que dicen es que es el único (Suelta una carcajada sonora y se recompone en su silla. Como todas sus carcajadas esta se prolonga hasta que él mismo deja de encontrar gracioso el comentario).

Se van a ofender un montón que creen que son los mejores. Estamos como perseguidos los salvadoreños, como tentados a la mediocridad; o lo aprovechamos y nos aceptamos mediocres o le buscamos una..... Pero no podemos estar todo el tiempo en esto.


¿Es usted Fernando el mejor director de El Salvador? (Silencio durante unos segundos y luego su cara nos dice que piensa decir alguna travesura)

Es muy chiquita esa camisa.

(Luego de otra enorme carcajada que coartó varios intentos de repregunta, se repone y adopta de nuevo el docto rostro que responde con tono de maestro) ¿Qué tal de Centroamérica?

Falta visibilidad para eso, que te lo da la constancia. Creo que tengo años para rato y estoy ahorita comenzando toda mi potencialidad creativa y creo que voy a dar un salto bastante cualitativo con el Teatro Estudio que son los jóvenes con los que estoy trabajando.

¿Ellos son su apuesta?

Son mi apuesta para salir de este cerco del que estamos hablando.

¿Qué significa no poder saltar el cerco? ¿Vivir en El Salvador?

Creo que lo más difícil es hacer un teatro salvadoreño en estas circunstancias de hostilidad y saltar a la universalidad.

No parece una aspiración sencilla

Pero a algo tenemos que aspirar, por una necesidad vital. Esto no tiene nada que ver con ego, no tiene nada que ver con vanidad.

Pero ya son años apostándole a eso

No, porque primero hay que adquirir el oficio, que lo primero era depurar la técnica, trabajar con actores medianamente formados, con jóvenes de otras generación. Yo he trabajado casi con todas las generaciones de actores en este país, desde gente de Bellas Artes hasta los jóvenes de los diferentes talleres.

Por cierto, ¿qué pasó con Sol del Río?

Fue un aburrimiento de matrimonio, veintitantos años juntos imagínate... No sé, la necesidad de hacer proyectos personales. Precisamente porque ya habíamos encontrado una manera de hacer las cosas, una manera de convivir, ya habíamos encontrado la fórmula de cómo seguir haciendo eso y así podíamos morir y estancarnos.

Dicen que no quedaron en los mejores términos…

Para nada, ellos son mi familia, mis hermanos y con los hermanos se pueden tener distancias y acercamientos.

¿Le salió bien haberse independizado de Sol del Río? (Se renueva la ronda de cervezas)

Sí. Después de Sol del Río yo estuve como cuatro años sin hacer nada porque me dediqué a hacer el Festival Centroamericano de Teatro, que es un trabajo muy fuerte que requería de mucho empeño y hasta de la burla de mis compañeros. Luego de eso monté mi primera obra que fue Luz Negra de donde creo que salí con mucha fuerza, fue muy bien valorada, aunque no sé por qué cuando los salvadoreños hacemos algo bueno la gente dice ¡sorpresa, una obra buena salvadoreña! Y con esa obra conocí a Álvaro Menéndez Leal que era un publicista de sí mismo tan bueno que le hizo tragar a mucha gente que él era un escritor universal.

¿Y no cree que él haya saltado el cerco?

No, y todo mundo lo hacía del otro lado y no es cierto. No lo conoce nadie en otras partes y esto no significa que yo desprecie su obra, por el contrario creo que tiene un valor incalculable. Una vez en Cádiz, para participar en un evento yo tenía que dar dos nombres de escritores y yo propuse a David Escobar Galindo y a Álvaro Menéndez Leal y ¡no los conocía nadie!

¿Ustedes los artistas son las víctimas de El Salvador?

No, al contrario, nosotros somos los victimarios, hacemos de este país lo que queremos.

Pero está diciendo que el país los atrapa en el intento de brincar el cerco …

Hay una fuerza de gravedad horrenda porque hasta cualquier extranjero medianamente inteligente se convierte en un mediocre después de un año de vivir en este país.

¿Algún ejemplo?
(De nuevo la risa, esta vez más corta, aunque siempre alborotadora) No, eso no.

Pero decía que no son las víctimas de este país.

Pero es que este no es un país, es un paisaje.

Muchos artistas se quejan de la falta de apoyo. ¿Es eso lo que imposibilita?

No, no. Para nada, yo no estoy hablando nada de eso, yo estoy hablando de algo más espiritual, es como que no nos alcanza el aire para seguir más allá, como que nos cansamos, como que no somos corredores de fondo.

¿Será que no somos muy buenos?

Es como que no encontramos una forma diferente de ver las cosas.

¿Aquí usted puede hacer plata con el teatro?

Yo creo que aquí se puede hacer plata con cualquier cosa.

¿Usted ha hecho dinero con el teatro?

No, pero si me lo propusiera es posible que sí.

Pero vive del teatro

Sí, eso sí.

¿Sólo del teatro?

Bueno, tengo buenos amigos como ustedes que me invitan a almorzar y eso me permite pasarla bien, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, (la onomatopeya está agregada para no tener que describir de nuevo su risa. De todas maneras, si quisiéramos ser más precisos, los “ja” serían interminables)

Pero usted una vez dijo que en El Salvador el teatro era una actividad muy rentable

Sí, sí lo es, lo que pasa es que se necesita conformar un buen equipo y eso no es fácil. Incluso creo que aquí todo se confunde, por ejemplo, la gente quiere clasificar entre oficialista y no oficialista y aquí todos somos oficiales, de alguna manera todos los artistas llegan a CONCULTURA a pedir algo, aunque sea afiches. Cuando la gente dice “no hay patrocinios”. ¿Qué es lo que quieren?, ser oficiales, que los patrocinen.

Qué bueno que saca el tema, porque dicen que usted es el mimado de CONCULTURA y el eterno respaldado, el oficial pues

¿Qué tan oficial soy? Me gustaría ser un artista mimado del gobierno, me fascinaría, pero no lo soy.

Pero si le acaban de desembolsar cerca de 23 mil dólares para su montaje. ¿No es mimo ese?

Ese es un beso en la mejía, ja ja ja ja ja ja ja ja ja ja ... Y yo quiero besos en los labios. En CONCULTURA han pasado tres administraciones desde que se fundó y no puede ser que diferentes autoridades se hayan puesto de acuerdo para apoyarme sólo a mí. Lo que pasa es que soy muy insistente y hay un trabajo que no se puede negar. Hay mucha gente que anda buscando apoyo pero con el conflicto de que le van a decir “oficial“ . Yo lo que quisiera es que el Estado cumpliera su papel y eso es lo que yo hago, yo exijo y no me canso.

¿De manera que a cualquiera que tuviera su insistencia le darían esa plata?

Sí, claro.... pero también ¡Por favor! Que no vaya a llegar mañana Juan Pérez a decir que quiere hacer una obra de teatro, a uno lo respalda su trabajo y así debe ser. Lo que pasa es que en el conflicto sobre lo oficial y lo alternativo la verdad es que no hay jerarquías; por ejemplo un ministro de cultura en Francia define los parámetros de lo bueno y lo feo y ante ello surge lo alternativo. Aquí no, por eso no tiene sentido hablar de lo alternativo; por eso no hay teatro alternativo, ni poetas alternativos. Hay poetas descontentos o teatreros resentidos.


¿No será que para usted el teatro es una actividad rentable porque recibe el apoyo de las autoridades de cultura?

CONCULTURA tiene que deshacerse de alguna plata y eso es lo que no saben muchos y eso es lo que yo supe desde el primer día. Pero depende del trabajo, porque el festival se hizo tres años sin respaldo. Yo hice teatro sin respaldo de ninguna institución y en los años de la guerra. Nosotros, con Sol del Río abrimos los espacios. Antes la gente se quejaba de que no habían espacios en los medios, hoy los hay, ahora cualquiera hace una artesanía y le ponen artista y le dan una página.

Usted no es la persona más humilde del mundo

Ni la más querida y no me interesa.

¿Y quiénes no quieren a Fernando Umaña?

Un montón de gente y yo estoy de acuerdo con ellos.

¿Por qué no lo quieren?

Porque aquí el éxito es mal visto, tienes que ser comprado para tener éxito, tienes que ser pagado por ciertos obscuros intereses.

¿Y cómo se lleva con sus colegas de teatro?

Lo que pasa es que cuando me encuentro con otras personas todo son cariños. Y es que aquí todo es por turno. Geovani Galeas es el periodista de turno, de repente ser enemigo de Geovani Galeas tiene cuenta, o ser amigo. Eso es así, entonces alguien está peleado con migo porque estoy siempre en primer plano cuando hago mis obras.

Decía también antes que su apuesta son los jóvenes con los que trabaja. Háblenos de ellos

Son ocho, Teatro Estudio es un proyecto para implementar un método que yo estoy implementando. Creo que este va a ser el primer Teatro Estudio y pueden haber otros, dependiendo de hasta donde lleguemos.

¿Qué les pide a sus estudiantes?

Una sola cosa: autodisciplina porque yo no quiero ser un dictador. Formar autodisciplina con todos esos elementos que te he dicho no es fácil, después de una borrachera la voz queda...

¿No le dan ganas de mandar todo al carajo?

Eso te pasa también, a veces, con tu novia o con tu esposa, a veces
quisieras tener otra. Así es este país: una relación de amor y odio. Yo estoy profundamente enamorado de este país.

¿El arte y El Salvador son novios o son enemigos acérrimos?

Son hostiles uno y otro, hasta ahora.

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