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EL ÁGORA

Entrevista con Isabel Dada, actriz ganadora del Premio Nacional de Cultura 2008

“La directora más severa que he tenido soy yo misma”

Después de sobreponerse al déficit de apoyo al teatro en El Salvador, Isabel Dada opina que el arte llegará a ser un trabajo digno como cualquier otro cuando se convierta en una prioridad para los gobiernos y cuando goce del pleno apoyo de la empresa privada salvadoreña.

Diego Murcia / Fotos: Archivo
cartas@elfaro.net
Publicada el 24 de noviembre de 2008 - El Faro

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¿Qué es lo más difícil de hacer teatro en El Salvador?
Lo más difícil es que tú tenés que aceptar muchas condiciones que no quisieras aceptar. Primero es la económica, después el reconocimiento... bueno, que ahora no me puedo quejar, pero tú ves a todos los jóvenes o los que hemos pasado por esta carrera, el poco apoyo que hay para esto. Es muy duro, empezás por la desaprobación de la familia, porque si tú el día de mañana tenés un hijo y el campo artístico en El Salvador no ha tenido el suficiente apoyo que debe tener, te vas a preocupar, si el muchacho te dice que quiere ser actor o músico, lo primero que vas a pensar es “¿y de qué va a vivir?” Entonces, de los obstáculos más grandes sobre todo cuando yo era jovencita ha sido el rechazo a las carreras artísticas y la falta de un apoyo sostenido y fuerte. Yo no me refiero a apoyos individuales y a apoyos esporádicos. ¿Qué es un apoyo sostenido y fuerte? Un país que contara con carreras artísticas, con su licenciatura, doctorados, como hay en Costa Rica, suficientes espacios para poderte expresar, eso considero que es un apoyo sostenido y fuerte.

¿Qué cree que ha pasado? Porque en determinado momento, el país contaba con el CENAR, con un grupo de gente que estaba haciendo teatro con procesos más menos sostenidos.
De los años 50 al 2008 siento que no ha tenido el avance que debería de haber tenido, porque si tú comparas los años 50, después los 70 con el bachillerato en bellas artes, tú tenías la esperanza de que en el año 2000 aquí iba a haber varias salas de teatro, escuelas de teatro a nivel universitario. ¿Qué ha pasado? Esa es la pregunta del millón.

¿Cuál diría que ha sido su mayor frustración?
A nivel teatral, el no ver el desarrollo que yo quería ver cuando yo era jovencita, como te digo,  universidades, facultades de artes y diferentes espacios además del teatro ocasional, yo esperaba dos o tres teatros más. Para mí, los gobiernos tienen que tener un verdadero interés pero no intereses débiles sino tener un plan de cultura que sea ejecutado y hacer alianzas con las empresas privadas como sucede en otros países, porque el arte en realidad es necesario para un pueblo. Tú no podes hablar de desarrollo cuando dejas las artes y la cultura en un nivel secundario o terciario. El desarrollo tiene que ir todo a un mismo tiempo, el desarrollo educacional, cultural, de salud y por ende económico. Pero no me frustra, fíjate que a mí rara vez me frustra algo en la vida, yo trato de ver todo lo positivo.

Entonces, en este tiempo, a pesar de las dificultades, ¿cuál diría que ha sido su mayor triunfo?
Mi mayor logro es el haber podido saltar todos esos obstáculos porque han sido a costa de muchos sacrificios en la vida. Como dije cuando recibí el premio, mi frase fue “creer en un mundo mejor”, que es parte de lo que se dice en el hombre de La Mancha, El Quijote, creer en un mundo mejor, la estrella alcanzar, no importa cuán lejos se pueda encontrar. Entonces, luché a través de toda mi vida porque creo que el arte ennoblece el alma y sensibiliza el espíritu, el arte es la alegría de un pueblo, la música, los conciertos, tenemos bandas, mariachis, tríos, marimbas, yo las pusiera todas en los parques para que la juventud tuviera un modo diferente de divertirse que la parranda y ya.

¿Cuál ha sido el director o quiénes fueron los directores que tuvieron una influencia determinante en su formación como actriz?
Don Edmundo Barbero y Roberto Salomón, son dos diferentes escuelas. El primero vino al país en los años 40, yo lo conocí en los años 50 siendo una niña de 10 años, era un hombre entregado a las artes, lo que se dice un hombre de teatro, humanismo, su bondad, su dedicación, era un ser excepcional. No me enseñó solo reglas teatrales, sino que me enseñó mucha riqueza de la esencia del ser humano. Y Roberto también es un hombre que estudió en Nueva York, formó con Walter Béneke el bachillerato en artes y ahora vive en Suiza, pero viene dos veces al año y monta obras en el teatro Luis Poma, se regresa a Ginebra y está en ese caminar. De Roberto admiro la dedicación, es un hombre muy culto, buena persona y su pasión por el teatro.  Roberto pudo haber sido un gran empresario, su padre era empresario y ha sido un hombre de teatro.

¿Qué director le presentó los retos más difíciles como actriz?
Yo misma, porque con los directores he sido muy obediente, he sido disciplinada, he tratado de hacer todo y seguir por el camino que ellos me han guiado, pero la directora más severa que he tenido soy yo misma. Quizás sea una cualidad o quizás no, pero nunca estoy contenta con lo que he hecho, siempre quiero hacer lo mejor, me parece que fallé en este momento, que la emotividad no fue suficiente, que tuve que haberle quitado emotividad, soy mi mayor crítica. Y cuando estoy en un personaje, estoy con él día y noche, sueño con él, pienso en él, me aparto de reuniones, estoy en el personaje y dedico mucho tiempo y me exijo mucho.

¿Hay algún actor o director con quien no le gustaría volver a trabajar?
No creo, esa bendición he tenido, he trabajado con Sol del Río, con Dorita de Ayala, con Roberto Salomón y experiencias así que te pueda decir que son traumáticas, que yo no volvería hacerlo, no. Lo que sucede es que prefiero trabajar con gente que es más afín a mi carácter.

¿Cómo quién?
No, no puedo escoger entre don Edmundo y Roberto, los dos han sido magníficos.

¿Hasta qué punto tiene relevancia un Premio Nacional de la Cultura para el teatro en un país donde el teatro, como ha dicho usted, ha involucionado?
No exactamente involucionado, sino que no está a la altura de lo que esperaba pueden haber sido los años de guerra, que después de una guerra la gente queda tan preocupada que te dedicás a levantar la economía, pero yo sostenía que era necesario hacer programas de humanización posguerra. Puede haber sido falta de voluntad colectiva de todos los gobiernos, porque hemos tenido PCN, Arena, PDC y yo a ninguno le he visto un interés en que las artes estén en sus prioridades. Este premio es muy importante recibirlo, primero porque te da esperanza, porque se reconoce tu trabajo, te sentís halagada, contenta, motivada y los más jóvenes me imagino que también se sentirán motivados para decir “yo quiero alcanzar eso”. Deberían de haber más premios, el premio nacional de cultura y el premio de talento joven a nivel nacional.

Si el gobierno le consultara qué es lo principal que deben atender para que los que nacen artistas no mueran en la miseria o negando su vocación artística en un trabajo de otra naturaleza, ¿qué sugeriría?
Una facultad de teatro, facultades de artes para que el arte no lo veamos como un trabajo no lucrativo y que no podés vivir de él para que las artes lleguen a ser un trabajo digno como cualquier otro trabajo. Y tal vez una organización donde se va aportando mensualmente y podás tener un ingreso ya en tus años maduros.

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