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EL ÁGORA Lolitas góticas: La inocencia que atraeAdolescentes en su mayoría, las lolitas góticas se pasean por las calles de la ciudad de México llamando la atención. Algunas utilizan lentes de contacto transparentes, medias de dominatriz, escotes pronunciados y hasta orejas de gato de peluche, adosadas con reducidas minifaldas y encajes. Pero más allá de su estética, estas chicas leen narrativa gótica, a Isaac Asimov y Oscar Wilde, algunas empiezan sus estudios en la universidad y saben que sería muy difícil pasar desapercibidas. Lauri García Dueñas El escenario es el tianguis de El Chopo. Cualquier tarde de sábado. Mercado de chucherías, discos, ropa usada o de moda. Las diferentes tribus urbanas se mezclan: los punks, los hippies, los dark, los deep rock, los góticos. Emos no hay. A la mayoría les caen mal esos chicos de copete sobre el ojo, enfundados en colores pasteles. Frente al mercado, varios chicos hacen malabares con pelotas o cadenas. En la única abarrotería abierta los jóvenes toman caguama tras caguama de cerveza hasta salir bien ‘pedos’. Algunos han quedado doblados sobre la banqueta, totalmente vulnerables. Otros tambalean cerca de la entrada del metro. Y los más, están reunidos en la esquina viendo pasar la vida, platicando con los cuates. Cerca del mercado aparece una de las lolitas góticas más lindas del escenario. No sabré nunca cómo se llama porque no aceptó hablar conmigo. Revoloteó cerca de un tendero de artesanías, le coqueteó suavemente al vendedor para luego salir corriendo frenética cargando algunas de las piezas de su vestuario. Ojos verdes de gata, orejas de peluche, micro vestido negro y blanco de seda, medias caladas de dominatriz. -Qué chido le quedó el vestido- dice el vendedor. Más adelante encuentro a otra chica más amable y menos escurridiza. Es Estefanía Arellano, de 19 años, quien acaba de empezar sus estudios en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Estefanía parece no tener del todo claro qué la hace caminar por las calles de la ciudad con sus lentes de contacto blancos con un punto negro al centro, y que su ropa ultra sexy le regala abundantes miradas.
En la esquina me encuentro a María Fernanda, de 16 años, a quien conozco desde hace unos meses cuando los dark y los góticos les declararon la guerra a los emos, registrándose varios acontecimientos violentos en la ciudad de México y provincia. En esa época, y contra la regla, Fernanda se paseaba entre los emos de la glorieta de Insurgentes, abrazando y besuqueando a uno de ellos y jactándose de ser una ‘gothic lolita’. Este sábado ya no. Está tímida, se ríe nerviosamente. Luce su gabardina negra, sin medias ajustadas y un maquillaje de líneas retorcidas alrededor de los ojos. No quiere fotos, solo me deja tomarle un zoom a su maquillaje. Me presenta a sus amigos góticos. Jonathan de 21 años y César, de 28, quien se hace llamar ‘Maltratos’ y asegura que su edad es 666. María Fernanda explica lo que para ella son las lolitas: “Es inocencia que despierta, te llama la atención, atrae”. Y nos comenta un poco de sus últimas lecturas. “Lo más importante para nosotros los góticos es la lectura, la música, si no sabes lo que eres, te vistas como te vistas no importa, porque la vestimenta es un complemento”, advierte. “A mí me gusta leer de todo, no nada más la narrativa gótica. Edgar Allan Poe, Isaac Asimov, Guy de Maupassant, Herman Hesse, Oscar Wilde, Juan Rulfo, Eva Godoy…Es tan extensa la literatura que no tienes que encerrarte en una en específico”.
Jonathan sabe describir muy bien lo que para él es una lolita gótica: “Es la forma en que las chicas representan el gótico, son sensuales pero no son pornográficas, son provocativas, llamativas. Dices ‘wow’, esa persona mis respetos de antemano porque sabe vestirse, porque son las chicas, para el hombre es el visual kei, que es otro género de Japón”. ¿Qué es el visual kei? le preguntamos a ‘Maltratos’, para que participe, pues a cada momento interviene en mi conversación con Jonathan. “Se basa en el animé japonés, es como un Goku real”, explica el casi treintañero. Goku es ese personaje famoso de la serie ‘Dragon Ball Zeta”. Un muñequito de pelos parados y rubios. En cambio, Jonathan dice ser un gótico clásico. Su indumentaria lo demuestra: Chamarra de piel, escarola y pantalón de terciopelo. La diferencia entre un ‘dark’ y un ‘gótico’, explican, es que el gótico tiene una apariencia más andrógina, y más gay, pues puede utilizar faldas. Pero ambos movimientos son cercanos, porque son ‘oscuros’. ¿Cuál es la importancia para ustedes de ser oscuros?, pregunto, con la ingenuidad boquiabierta que me permitió que estos chicos quisieran hablar conmigo y no fuesen como los demás que me repetían ‘no queremos fotos’ o me hacían la malacara. Es la tercera o cuarta vez que se los pregunto, empiezo a sospechar que las caguamas los han nublado. Pero Jonathan me atiende y dice: “ser oscuro es crear y que la gente admire lo que he creado, esa es más que nada la importancia. Yo vendo rosas negras, rosas azules, yo las hago, cada rosa lleva una pequeña esencia de mí, de eso que he creado, y esa esencia se la lleva cada persona que compra mi rosa, eso es para mí crear. Además sé dibujar y escribir”. Y me comenta algo más de su forma de ver el mundo: “La ideología es de cada persona porque cada persona la va tomando según su forma de ser, por ejemplo yo no creo en dios, ni en el diablo”. -Yo sí creo en el diablo- interrumpe ‘Maltratos’, riéndose. “Simplemente cada quién se va poniendo sus metas, sus contras y sus pros de cada ideología”, termina Jonathan. La gente se va yendo. El tianguis se levanta temprano, un poco más allá de las seis de la tarde. Los chicos vuelven a sus casas en metro. Los hippies se quedan haciendo trenzas de colores. ‘Adiós, bebé, que te vaya bien’, me dice ‘Maltratos’ al volverme a topar luego del clásico recorrido hasta la abarrotería ‘Buenavista’. Las lolitas góticas fueron de las primeras en irse. |
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