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EL ÁGORA

Las reinas de Sonsonate

Sonsonate cerró sus fiestas patronales en honor a la Virgen de Candelaria con fuegos artificiales y carrozas. Ahí, en el desfile, una reina lloró amargamente mientras otra lució una sonrisa triunfal mientras pedía la ovación del pueblo… que se la dio.

Daniel Valencia / Fotos: Edu Ponces
cartas@elfaro.net
Publicada el 04 de febrero de 2008 - El Faro

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Connie I, una de las reinas del desfile del Carnaval de Sonsonate desciende de su carroza a su llegada al Palacio Municipal.

Ana Mercedes Campos viajó desde Washington para subirse a una carroza. Arriba, sentada en un púlpito de cartón y madera, sonreía, tiraba besos, levantaba el pulgar para las cámaras y pedía la ovación de un pueblo enfiestado. Abajo, desde las calles alfombradas con bolsas plásticas y platos desechables, este le respondía con aplausos. Ana Mercedes Campos era la Reina Madre.

“Ahí va mira, ella es”, le dijo un joven a su amiga. “El nombre de ella le han puesto al estadio, dicen que ganó una medalla de oro”, añadió. Lo de la medalla fue en 1954, en los VII Juegos Deportivos Centroamericanos y del Caribe, celebrados en México. Fue la primera medalla de oro para El Salvador en esa justa regional. Ella lanzaba jabalina. El sábado, la reina madre lanzaba besos y pedía aplausos. Nada más.

“Vine de vacaciones y me topé con esta sorpresa. Estoy muy contenta”, dijo, mientras miraba en una esquina a un grupo de gente que no aplaudía. “¡Aplaudan, aplaudan!”, les gritó y luego les tiró otro beso.

Delante de la reina Madre, la reina  de las fiestas, Fátima María Rugadas, congelaba la sonrisa y saludaba con la mano derecha. Detrás de Ana, las carrozas de las otras reinas recorrían las calles a paso lento, entre las casas de adobe que todavía adornan el centro de la ciudad. Algunas tiraban dulces; otras, bailaban.

Ana Mercedes Campos llegó desde la ciudad de Washington donde reside para desfilar como Reina Madre.

Pero hubo una reina que no reía ni saludaba ni tiraba dulces. Ni siquiera se había subido a su carroza. Vio pasar a sus compañeras desde abajo, en medio de la gente. Su carroza, La Connie 1, no pudo salir. Un desperfecto en la batería del carro que la jalaba le estropeó la noche. Era La reina de los juegos florales (certamen literario de la fiesta patronal), Connie Lilliana Flores.

A su alrededor, en el barrio Sensunapán, todo era fiesta. Los vecinos incluso sacaron sillones para ver pasar el desfile y Andrés Contreras terminaba de cargar las últimas varas de cuetes de la noche.

“Aguantar este humo toda la semana de fiestas por $175 no está mal”, decía, mientras su compañero tomaba una vara, la encendió, la tiró y se quedó viendo cómo reventaba en el aire. Aplausos de los niños.

Pero Connie no aplaudía. Esta joven de 17 años se arregló y maquilló desde las cuatro de la tarde. Ahora su llanto era amargo y desconsolado. En Sonsonate, ser una de las 36 reinas elegidas por el comité de festejos de la alcaldía es un honor.

“Aquí no hay concurso. Las reinas son elegidas, es una tradición”, explicó Ilda (así, sin hache), hermana de la reina de los festejos. Ilda tiene 22 años, seis más que su hermana. Ella no ha sido reina.

El samaritano

Cuando la última carroza pasó frente a los ojos de Connie, la joven no aguantó más y se tiró a los brazos de una amiga. En la calle, tras el paso de las carrozas, los que no iban al baile ni a la quema de pólvora comenzaron a guardar sus sillas y sillones. El sonido de la última carroza todavía se escuchaba la lo lejos. “Fedecrédito: somos tan salvadoreños como nuestra gente”, decía el animador.

Una de las reinas del desfile se sostiene con fuerza de la carroza para evitar que el ajetreo la haga caer.

Connie lucía abandonada. Le ofrecieron un espacio en otra carroza pero no aceptó. No era la suya, no era la Connie 1. Cuando parecía que no había más salida que retirarse, irse a su casa a buscar el consuelo de su madre, un amigo de la familia apareció con un pick up salvador. “Ya la llevo”, le dijo. “No se preocupe”.

A Connie le regresó casi la vida entera. La familia, que también había dado la batalla por perdida, empujó a la Connie1para hacerla llegar al otro vehículo. La reina de los juegos florales comenzó a secarse las lágrimas. “Ya pasó, ya pasó”, le decía su mamá, mientras la abrazaba.

Ya en marcha, Connie comenzó a sonreír, pero todavía no podía ocultar las lágrimas. Era la última en desfilar y a su paso ya casi no había gente que la viera. No fue sino hasta que la reina de Fedecrédito le cedió el paso cuando a Connie le cambió el semblante.

Cuando esto pasó, el desfile terminaba de pasar frente al Centro Penal de Sonsonate. Desde la Marianna 1, dos reinas tiraban dulces a los niños. Al otro lado del río que atraviesa la ciudad, se escuchaba, con retumbos, la canción “Don’t want no short dick man”.

Fátima María Rugadas, reina de las fiestas patronales de Sonsonate desfiló en primer lugar.

Hora y media más tarde, luego de recorrer todo el centro de Sonsonate, el desfile llegó al palacio municipal. La reina de la juventud arenera –la alcaldía es gobernada por el arenero José Roberto Aquino- llegó bailando junto a dos jóvenes sin camisa. Desde el público, un bullicioso opositor gritó: “¡Dejen de bailar culeros, que ahí viene Funes!”. Risas.

Cuando Connie llegó al palacio municipal, fue recibida por uno de los concejales de la alcaldía. Ahí, en la entrada final, sonreía igual que las otras reinas. Connie se bajó del carruaje, tomó del brazo a su “chambelán” y caminó en medio de un público que, por molestar, le aplaudía y hacía ovaciones a todo aquel que no fuera reina y pasara frente a él. Y es que el público agolpado frente al palacio, después de aplaudir a Ana Mercedes Campos, sólo regaló miradas a las otras 35 reinas… y uno que otro folclórico “¡mamacita, te voy a coger!”.

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