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EL ÁGORA

II Encuentro de Historia de El Salvador

El rompecabezas de una historia nacional

Los albores del SXXI han significado contados pero significativos avances para la historia en nuestro país. El II Encuentro de Historia de El Salvador, realizado en la Universidad de El Salvador (UES) la semana pasada, mostró abordajes que ya no se centran en personajes y efemérides de las élites políticas, sino que tienden al análisis de una diversidad de actores y procesos que reflejan la búsqueda por una práctica científica de la historia, libre de los intereses que en el pasado han interpretado de manera limitada o interesada los hechos de los que pretende dar cuenta.

Ruth Grégori
cartas@elfaro.net
Publicada el 23 de julio de 2007 - El Faro

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“La historia es como un mosaico”, dice el historiador Knut Walter, “nunca podremos conocer todo sobre un hecho pasado como no podemos conocer todo del presente”.

La imagen sugiere que la memoria del pasado se va construyendo como un rompecabezas, parte por parte. Cada pieza se obtiene al abordar hechos, personas, lugares, períodos o procesos específicos, fragmentos de un gran mosaico cuya forma final nunca conoceremos. Ese es el trabajo del historiador, una labor que en nuestro país no tuvo opción de reconocimiento a nivel universitario hasta 1999.

Ocho años después, el panorama ha cambiado significativamente, y el II Encuentro de Historia de El Salvador dio muestras del principal cambio que ha tenido lugar en el desarrollo del estudio de la historia (historiografía) desde el fin del conflicto armado: la profesionalización de la investigación histórica.

El encuentro contó con un total de 45 ponencias, diez de ellas pronunciadas por extranjeros, un dato que refleja un marcado contraste respecto al primer encuentro, realizado en 2003, en el que más de la mitad de ponencias eran estudios realizados por investigadores no salvadoreños (24 de 47 ponencias).

Libros presentados en el II Encuentro de Historia de El Salvador

“Remembering a Massacre in El Salvador: The Insurrection of 1932, Roque Dalton and the Policits of Historical Memory”, de Héctor Lindo, Eric Ching y Rafael Lara Martínez. (Albuquerque: University of New Mexico Press, 2007). Disponible en Amazon.com

“Las masas, la matanza y el martinato: Ensayos sobre la época del 32 y el régimen del general Martínez en El Salvador”, de Eric Ching, Virginia Tilley y Carlos Gregorio López (San Salvador: UCA Editores, 2007).

“Lecturas de historia contemporánea”, de Ricardo Ribera (San Salvador: UCA Editores, 2007).

“Tradiciones inventadas y discursos nacionalistas: El imaginario nacional de la época liberal en El Salvador 1876-1932”, de Carlos Gregorio López Bernal (San Salvador: Editorial Universitaria, 2007).

“Elecciones indirectas y disputa del poder en Nicaragua: el lento camino hacia la modernidad”, de Xiomara Avendaño (Managua, Editorial Lea, 2007).

“Los rostros de la violencia. El Salvador y Guatemala, siglo XVIII y XIX”, de Ana Margarita Gómez y Sajid Herrera (San Salvador: UCA Editores, 2007).

El historiador salvadoreño Carlos Gregorio López resume los principales intereses que se pusieron de manifiesto: “Hay bastante discusión sobre cómo se fue concibiendo la imagen del indígena en la colonia y en torno al papel que jugó la Inquisición en estas tierras. En el siglo XIX aparecen trabajos que privilegian la perspectiva local sobre la perspectiva nacional y en el caso del siglo XX hay mucha más variedad temática”. Este último período aglutinó el mayor número de ponencias, al igual que ocurrió en la primera edición de la actividad.

El último día del encuentro, el Cine Teatro de la UES reunió en una misma mesa a dos de los tres primeros licenciados en historia que se han graduado en nuestro país, a dos salvadoreños que obtuvieron sus doctorados en historia en Estados Unidos, y a dos investigadores extranjeros (uno francés y otro estadounidense).

Esta conformación representaba a cabalidad el término que mejor se ajusta al perfil actual del investigador histórico en nuestro país: diversidad. Diversidad de procedencia, intereses y abordajes que convergen en la tendencia, insólita hasta hace pocos años, de formación especializada en el ramo.

La mesa reflejaba nuevos enfoques a temas “clásicos” de la historia nacional, como la guerra civil, pero también aspectos y actores casi invisibles en los textos de historia nacional más divulgados, como las vendedoras de mercados o los inmigrantes palestinos y su rol comercial a inicios del siglo XIX.

En este caso particular, una pequeña parte del mosaico de la historia nacional fue esbozada en una sucesión de ponencias.

El francés Olivier Pruddhomme explicó los orígenes y rutas que siguieron los inmigrantes palestinos para llegar a nuestro país entre 1884 y 1931, y su actividad característica en la principal plaza de intercambio comercial de entonces: el mercado. Le siguió Claudia Ponce, quien expuso un perfil de los actores de mercados y espacios públicos en un período posterior, 1944 a 1948. En ese momento, las ventas de este tipo eran realizadas principalmente por mujeres, y constituía una actividad de subsistencia. A continuación, el emigrante salvadoreño y graduado en historia en Estados Unidos, Aldo Guevara, explicó la instrumentalización del sector de las mujeres vendedoras de mercados en las campañas propagandísticas en tiempos de elecciones entre 1930 y 1960.

Finalmente, el economista salvadoreño y doctor en historia graduado en Estados Unidos Héctor Lindo, analizaba la guerra civil a la luz de diversas teorías sobre por qué ocurre una revolución: “Ni los problemas socioeconómicos ni la existencia de grupos revolucionarios radicales son suficientes”, decía, “se trata del tipo de régimen y las acciones del Estado… Las acciones represivas del Estado construyeron su propia oposición”, concluía. El movimiento social de masas que constituyó la base de la guerrilla que se alzó en armas incluyó sectores populares, entre ellos, campesinos, estudiantes, profesionales y… vendedores de mercados.

Nuevas generaciones, nuevas publicaciones

Una de las principales novedades del segundo encuentro fue la incorporación de los historiadores más jóvenes como conferencistas: los tres primeros licenciados de historia por la Universidad Tecnológica, y alumnos con estudios en curso en la licenciatura de historia de la Universidad de El Salvador, cuyo primer graduado obtendrá su título el próximo año.

Entre las novedades también se cuentan seis libros presentados en el marco del encuentro, tres de ellos publicados por la editorial de la Universidad Centroamericana (UCA).

José María Tojeira, rector de dicha universidad, presentó el primer volumen  de una colección especializada en historia que llevará por nombre “Realidad Nacional”, en honor del sacerdote jesuita y ex rector de la UCA Ignacio Ellacuría, asesinado en 1989. El volumen que inaugura la serie lleva por título “Los rostros de la violencia. El Salvador y Guatemala, siglo XVIII y XIX”, de Ana Margarita Gómez y Sajid Herrera.

La nueva colección tiene dos antecesoras nacidas después de la firma de los Acuerdos de Paz: la “Biblioteca de Historia Salvadoreña”, publicada por la Dirección Nacional de Publicaciones e Impresos, que ha publicado 19 volúmenes hasta la fecha, y la edición de lujo y tiraje limitado realizada por el Banco Agrícola que constó de tres volúmenes.

El historiador de origen salvadoreño radicado en Estados Unidos, Aldo Guevara, señala que uno de los motivos por los que visita el país es para actualizarse con las últimas investigaciones: “Trato de regresar una o dos veces al año a ver qué cosas están tratando los historiadores de aquí, porque a veces uno en los Estados Unidos ve todo del punto de vista de allá y cuando viene ve que los intereses son más locales. Hay muchos libros difíciles de conseguir allá, y esa es otra razón que vengo, a comprar libros. Mucho de lo que se escribe allá sobre El Salvador no es muy actualizado, son títulos que tienen uno o dos años que se han publicado”.

El encuentro de historia de El Salvador nació en 2003 a iniciativa del Seminario Permanente de Investigaciones Históricas, un inédito espacio de intercambio y discusión para los investigadores locales y los residentes en el extranjero, en donde también germinaron los primeros ideas y planes de estudio que más tarde darían lugar a la apertura de la carrera de historia en dos universidades del país.

La Universidad Tecnológica (UTEC) fue la primera en abrir la licenciatura (2001), pero también fue la primera en cerrarla (2005), bajo argumentos de escasez en la demanda de estudiantes. Pese al cierre para alumnos de nuevo ingreso, esta institución dio al país los primeros tres graduados en historia en el país. La Universidad Nacional  tendrá su primer alumno graduado el próximo año.

En los últimos siete años la UES ha tenido un papel muy activo en la organización de actividades para la promoción de la investigación histórica. En el año 2000, fue sede del V Congreso Centroamericano de Historia, en 2002 abre la licenciatura en historia, en 2003 lleva a cabo el I Encuentro de Historia de El Salvador y en 2007 realiza la segunda edición del mismo.

La historia de la historia en El Salvador

Las formas en que se cuenta la historia de un país cambian a lo largo del tiempo, arrojando luz sobre unos hechos, procesos o personas y dejando otros en la obscuridad. Por eso importa quién y cómo se cuenta la historia.

Las críticas

Héctor Lindo: “Este encuentro refleja una generación de historiadores de posguerra, libres de las presiones de la guerra fría, lo cual abre la ventana a una gran variedad de tópicos, la agenda de investigación parece mucho más abierta ahora de lo que estaba en el pasado”.

Aldo Guevara: “Una cosa que me gustó fue la participación de los estudiantes que presentaban sus trabajos de licenciatura, es bueno darles oportunidad de presentarse no sólo dentro de la carrera… Sólo que abrieron y cerraron con gente del extranjero que vinieron a hablar sobre temas no salvadoreños, un poco raro. Para mí de dónde vienen no es importante pero sería mejor en una cosa así que fuera directamente sobre la historia de El Salvador, y no sobre Méjico o Europa”.

Claudia Ponce: “Me parece que faltó calidad en algunas ponencias, porque está bien que se pongan como ponencias de historiadores algunas de arqueólogos, la historia prehispánica la hacen los arqueólogos, pero otras veces se hace una mezcla entre relaciones internacionales y ciencias políticas y no creo que sea lo mejor. Incluso gente que tiene título de historia, como Alirio Rojas que trajeron de Méjico, parecía que estaba hablando un militante o simpatizante zapatista, no era una ponencia académica donde aprendías ideas nuevas, un enfoque nuevo”.

Me interesó abordarlo uno, por la duración del discurso, desde 1932 vemos un discurso que comienza a tomar forma, hasta las elecciones del 2004 y el día de hoy, y por otro lado propongo una línea de análisis donde podamos ver diferentes sectores de derecha, y al gobierno mismo, utilizando este discurso anticomunista para legitimarse, justificarse e incluso para la utilización de la violencia y el miedo.

La única investigación en este campo, “Aproximación a la historiografía salvadoreña de 1950 a 2000”, de Josefa Viegas, señala dos visiones muy distintas acerca del pasado: la historia oficial que recoge “los magnos eventos de los grandes de la patria” –a partir del lente de la élite gobernante y difundida a través de las instituciones de educación pública- y una historia alternativa de la oposición política, que desde las teorías marxistas buscó develar “la historia oculta tras las manipulaciones del Estado”.

La historiografía salvadoreña (producción escrita de narraciones y explicaciones acerca del pasado) fue elaborada por investigadores que difieren entre sí en cuanto a producción, formación y trayectoria.

A mediados del SXIX, en el marco del proyecto de redefinición de identidad nacional que siguió al derrocamiento del General Maximiliano Hernández Martínez bajo la administración del General Oscar Osorio, los estudios históricos eran fundamentalmente descriptivos (reseñaban datos, personajes, efemérides pero había poca interpretación de los mismos), y el sujeto de estudio era sobre todo la élite gobernante. Estos primeros historiadores no se dedicaban de manera profesional a esta tarea, y eran a menudo cercanos al gobierno de turno.

Entre los representantes de esta etapa se encuentra Jorge Lardé y Larín, cuyas obras “El Salvador: descubrimiento, conquista y colonialización” y “El Salvador: historia de sus pueblos, villas y ciudades” se contaron entre los escasos documentos de referencia durante décadas. Su prolífica obra incluye una treintena de artículos y cientos de artículos en distintos medios. Lardé y Larín a menudo tenía espacio en las paginas editoriales de El Diario de Hoy, y también ejerció funciones al frente de varias instituciones oficiales.

El inicio de la historiografía académica tiene un punto de referencia casi incontrovertible en “La población de El Salvador”, de Rodolfo Barón Castro. “A mi juicio, es la primera obra de historia seria que conoce el país. Además Barón Castro fue un pionero de la ahora llamada historia demográfica (historia de las poblaciones)”, manifiesta el historiador Knut Walter.

“La población de El Salvador” fue publicado en España en 1942 y en lugar de elogios a personajes y efemérides se planteaba la búsqueda de explicaciones históricas a partir de parámetros formales, teóricos y metodológicos vigentes en la investigación histórica de la época. Más acucioso que prolífico, Barón Castro obtuvo sus conocimientos iniciales del historiador mejicano Carlos Pereyra, a quien conoció en España en donde cursaba estudios de Derecho.

El siguiente hito de la bibliografía histórica fue “El Salvador. La tierra y el hombre”, de David Browning, obra que sigue siendo un libro de referencia y lleva ya varias reediciones. “Trató un tema muy importante, que en su tiempo fue incluso candente, el tema de la tenencia y el uso de la tierra que analiza muy extensamente”, explica Walter. Para Browning, la privatización del uso de las tierras comunales originó la tensión entre dos sistemas distintos sobre el uso y función de la tierra -la explotación de los hacendados y la necesidad de subsistencia de los campesinos- una de las expresiones de la polarización política que luego desencadenaría el conflicto armado.

Durante las décadas de 1960 y 1970 surgen versiones alternas de interpretación histórica, que el doctor en historia Héctor Lindo llama “Contra historia”: “La historiografía más conservadora se limitaba a héroes y efemérides, y digamos, la contra historia era una visión de espejo, cambiando de héroes y efemérides. Era como un panteón de héroes diferentes pero era una historia como con objetivo de plantear un nuevo futuro para El Salvador dentro de un contexto de guerra fría y conflictividad muy grande, en que iba a llegar un momento en que el pueblo iba a retomar las armas e iba a cambiar la dirección”.

El conflicto social que comenzaba a gestarse en el país se vio reflejado en la división de las interpretaciones del pasado. Este grupo aglutinado en torno a la UES se interesó por los hechos contemporáneos y temas como la conformación de la estructura agraria, la formación de la oligarquía en El Salvador y el movimiento obrero.

Rafael Menjívar, Jorge Arias Gómez, Dagoberto Marroquín, Ítalo López Vallecillos, Roque Dalton y Rafael Guidos Véjar son algunos representantes de esta corriente, todos profesionales destacados en otras disciplinas que se dieron a la tarea de documentar un discurso que legitimara el movimiento de izquierdas.

La década de 1980 fue la década perdida para la investigación histórica. Con la guerra civil en apogeo, las prioridades eran la sobrevivencia y el presente.

La firma de los Acuerdos de Paz trajo condiciones más favorables para la investigación: el nuevo clima de tolerancia para la libre difusión de ideas así como la posibilidad de desplazarse y tener acceso a fuentes antes difíciles de consultar abrieron un nuevo panorama para la historiografía salvadoreña.

“Una consecuencia del conflicto bélico fue, sin lugar a dudas, la búsqueda de explicaciones históricas al respecto y un mayor énfasis en los estudios históricos de carácter académico y en general de un clima más sensible a las manifestaciones propias de los salvadoreños y sus identidades”, señala Josefa Viegas.

El primer punto de inflexión de la posguerra lo marcó la publicación de la “Historia de El Salvador” en dos tomos, en 1994, un primer intento por superar la fragmentación de la visión histórica que caracterizó el conflicto. Ambos tomos fueron incorporados como libros de texto al currículo de educación media a nivel nacional.

“Ahí se menciona por primera vez en un libro de historia de El Salvador a Prudencia Ayala y los comienzos del movimiento feminista en El Salvador, por mencionar el tipo de cambios que se incorporaron. Participamos muchos y esos dos trabajos ayudaron a crear una comunidad de historiadores que ayudó a darle impulso a la carrera en El Salvador”, recuerda Héctor Lindo.

Otro hito importante fue la creación del Seminario Permanente de Investigaciones Históricas en 1998, a instancias de la entonces directora del Archivo General de la Nación (AGN) Eugenia López. Surgió con el objetivo de facilitar el intercambio y difusión de investigaciones realizadas  dentro y fuera del país, que también sirvió como plataforma para la discusión de planes de estudio que luego tendrían como resultado la apertura de la carrera de historia en la Universidad Tecnológica (UTEC) y la Universidad de El Salvador (UES).

A inicios del 2000 el Consejo Nacional para la Cultura y el Arte (CONCULTURA) crea la primera colección especializada de historia nacional, la “Biblioteca de Historia Salvadoreña”, que ha publicado 19 volúmenes hasta la fecha entre obras “clásicas” arriba citadas e investigaciones recientes.

Estos estudios más recientes se caracterizan por un mayor énfasis científico, en cuanto a rigurosidad y diversidad en la consulta de fuentes, así como por un mayor énfasis en el análisis. Incluso refutan posiciones de sus predecesores.

“Una república agraria. Los campesinos en la economía y la política de El Salvador en el siglo XIX”, de Aldo Lauria, contradice algunas de las tesis de David Browning como la consideración de un campesinado homogéneo, sin distinciones de tipo étnico o económico entre sí, o que la privatización de tierras comunales ocasionara la inmediata conversión de los campesinos a jornaleros.

“La economía de El Salvador en el siglo XIX”, de Héctor Lindo, aportó a la discusión de “el problema agrario”, como fue denominado en los 80’s, al concluir que más que la privatización de las tierras el factor desencadenante de la conversión del país fue el limitado acceso a educación y crédito en un proceso que configuró una élite cafetalera en un proceso que Lindo calificó como “Darwinismo social”. La información era lo que hacía posible hacer frente a las nuevas condiciones de mercado, agrega.

Otro asunto de interés que se ha mantenido pero ha sido abordado a partir de nuevas perspectivas en el siglo XXI es la masacre de 1932. Autores como Héctor Pérez Brignoli han analizado diferentes interpretaciones que se han hecho al respecto, y establece la diferencia entre interpretaciones que consideran el levantamiento como un hecho político, con mayor o menor protagonismo del Partido Comunista Salvadoreño, y aquellos que lo consideran un hecho de carácter social. Pérez Brignoli concluye que se trató de “un levantamiento de indios con las características típicas de la época colonial”.

Investigaciones posteriores del historiador estadounidense Erick Ching en los archivos de la Organización Comunista Internacional (KOMINTERN) en Moscú confirmaron este planteamiento, en el que el PCS habría jugado un rol secundario de acompañamiento de un levantamiento esencialmente campesino e indígena.

En la investigación histórica de la posguerra conviven historiadores locales y residentes en el extranjero, nuevos enfoques de asuntos tradicionales y la incorporación de problemáticas que no se habían abordado antes: la violencia, educación, historias locales y género.

Los trabajos de tesis de grado de la primera promoción de licenciados de historia graduados en el país presentados en el II Encuentro de Historia de El Salvador se ubican en el campo de la historia cultural o historia social: “La presencia de negros y mulatos en El Salvador Colonial”, de Carlos Loucel; “Puerto El Triunfo: la disputa de intereses regionales en el oriente salvadoreño, 1895-1922”, de Oscar Campos; y “Perfil Social de los actores de las ventas de los mercados y de los espacios públicos en El Salvador a través de La Tribuna (1944-1948), de Claudia Ponce.

Ponce, la única mujer de la primera generación de graduados en historia en El Salvador, aclara que no buscaba reivindicaciones de género en su estudio: “No era que yo quisiera estudiar mujeres, yo quería estudiar sujetos a través de esa actividad, y la fuente me dio ese resultado, una actividad principalmente desempeñada por mujeres y una actividad de subsistencia. Ir con la idea de visibilizarlas era ir ya con una categoría fija desde el inicio, como una especie de militante”.

El estudiante más próximo a titularse de la UES, el único en quinto año, José Alfredo Ramírez, presentó algunos avances de la investigación con la que espera graduarse el próximo año: “El anticomunismo en El Salvador. Las acciones del Estado y los sectores de la derecha salvadoreña”.

Si bien el estudio se mantiene en un campo tradicional de la investigación histórica en el país, la historia política y las élites gobernantes, Ramírez explica que su aporte radica en un nuevo enfoque: el discurso anticomunista como punto de partida para analizar a “las derechas” de El Salvador: “Me interesó abordarlo en parte por la duración del discurso, desde 1932 vemos un discurso que comienza a tomar forma, hasta las elecciones del 2004 y el día de hoy; y por otro lado propongo una línea de análisis donde podamos ver diferentes sectores de derecha, y al gobierno mismo, utilizando este discurso anticomunista para legitimarse, justificarse e incluso para la utilización de la violencia y el miedo”.

Las piezas del rompecabezas de la historia salvadoreña se siguen sumando año con año. Viéndolo en perspectiva, quince años de posguerra no son muchos para contar una década compleja de guerra civil, cincuenta años tampoco son muchos para dar cuenta del proceso de construcción de una república, iniciado ciento cincuenta años atrás, o de los quinientos años que nos separan de nuestro pasado prehispánico.

La historia es un mosaico, una suerte de espejo o carta de navegación incompleta de los sitios ya visitados. Nos dice algo sobre quiénes somos y de donde venimos. Hacia dónde vayamos será otra historia.

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