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EL ÁGORALos desencuentros del cine salvadoreño¿Por qué no se hace cine en El Salvador? Cuatro artistas audiovisuales salvadoreños reflexionan y coinciden en dos razones que podrían aportar a la explicación de este silencio cinematográfico: la falta de visión para unir capacidades y un rumbo difuso que carece de credibilidad. Rosarlin Hernández En 1999, después de terminar un curso de dirección y producción de cine en Nueva York, Arturo Menéndez regresó al país con el proyecto de fundar Mecosta Films, una productora de cine independiente que pretendía impulsar la realización de cortometrajes y, por qué no, largometrajes también. Su socio era el cineasta Jorge Dalton, pero el proyecto no se consolidó. “Allí perseguimos los sueños de una manera bien quijotesca, luchábamos contra viento y marea para sobrevivir pero en el 2001 todo se vino para abajo y yo me fui a buscar otras experiencias fuera del país.” dice Menéndez. Uno de los resultados de Mecosta Film fue el cortometraje que el cineasta dedicó a su padre y reconocido pintor salvadoreño “César Menéndez, cazador de fantasías”. Las dificultades, explica, para sacar adelante este proyecto, fueron la falta de financiamiento y el poco recurso humano capacitado. “No estoy en contra del empirismo, pero hace falta criterio para hacer bien las cosas”. Después de varios viajes que le permitieron participar en distintas producciones de cine, Menéndez ahora vive en Madrid, y mientras escribe guiones cinematográficos trabaja como guía turístico en el sur de España y Portugal.”Llegué a Madrid para estudiar la licenciatura de guión de cine y literatura dramática, y tengo una pequeña productora, Pakidermo Films, desde donde estoy sacando mis proyectos, hago vídeo clips y mis socios desarrollan cortometrajes”. Al contrastar experiencias, Menéndez dice que identifica con mayor claridad algunos de los obstáculos para producir cine en el país. “En España la competencia es diferente, allá si ven que hay un proyecto con ciertos parámetros de calidad, algo que merezca la pena arriesgar, la gente del medio te apoya. Armar una producción es tan complejo que se necesita del apoyo y la fe de todo el equipo, si uno falla ya tenés un problema”. Para él la principal dificultad es que en El Salvador todavía no se han podido reunir las personas calificadas para hacer cine y emprender un proyecto común. “Aquí están todas las historias por contar, hay gente que ha estudiado, hay gente que tiene ganas, que tiene equipo y no sé por qué no se pueden poner de acuerdo cinco personas y decir vamos a sacar este proyecto adelante. Yo no pude, hicimos documentales, cortos, pero hacer ‘La Película’ va más allá del dinero”, afirma Menéndez. David Pinto, director de Relativo Films, considera que la base del silencio cinematográfico es la “desnutrición cultural” y el excesivo protagonismo que desfigura la posibilidad de trabajar en equipo. “Hay muchas inquietudes pero poco conocimiento de cine. Todos quieren dirigir y producir, y no hay continuidad, no hay esfuerzo de equipo, hay más ruido y ganas que trabajo”. Agrega que el dinero ya no es un pretexto para dejar de producir. “Ahora nos estamos enfrentando a una era digital que facilita todo, antes hacer cine era complicadísimo, de hecho hasta elitista. Un corto se puede hacer con fotos, con dibujos… lo que se requiere es rigor para hacerlo bien”. Dalia Rosa, integrante del Colectivo 13 Pixeles, dirigió el cortometraje Idem, ganador del premio ICARO 2006 en la categoría de mejor edición. “Nosotros no hicimos algo nuevo realizando un corto y haciendo arte digital, la gente vio que algo se puso junto, era una obra experimental, las técnicas digitales están a la mano pero el tema de la creatividad va más allá de saber usar un programa digital”. Sobre la posibilidad de hacer cine, Rosa opina que es justo creatividad lo que hace falta a todos los niveles. “Muchas de las producciones nacionales caen en lo lineal, en lo narrado todavía no captan la atención de las personas, llegan al punto de aburrirte y sí llevan una secuencia, un esfuerzo, una producción pero no tienen innovación. Aquí hay personas que saben mucho de dirección, de edición, de producción pero todavía no se ha visto un producto completo”. La falta de credibilidad En los últimos años, la apertura de espacios para promover la producción nacional de audiovisuales ha sido significativa: dos festivales de vídeo, nueve ediciones del festival ICARO para la región centroamericana y la reciente apertura del primer taller profesional de cine y televisión impartido en la Escuela de Comunicación Mónica Herrera representan un avance. A su vez, cineastas con trayectoria y experiencia como Jorge Dalton, Luis Valdivieso, Paula Heredia y miembros de Dreamago han dirigido talleres en el país. Sin embargo, el rumbo del cine salvadoreño todavía es difuso, carente de referentes y sin el apoyo financiero institucional que se requiere. David Pinto piensa que “el punto es tener a quién seguir y a quién creerle”. Él plantea que las películas se pueden hacer siempre y cuando se asuman las responsabilidades. “Aquí estamos acostumbrados a hacer todo a la ligera, si voy hacer una película no es para que me digan ‘para ser de El Salvador está buena’, eso sería brutal”. Dalia Rosa, quien es diseñadora gráfica de profesión, cree que en el nivel experimental en el que se encuentra la falta de formación académica pesa. “Uno a veces quisiera más pero termina siendo autodidacta porque no hay una escuela y la que ahora existe es carísima, es difícil para alguien que tiene la voluntad, las ganas, el interés, poder entrar allí si no se tienen los medios económicos. Cada quien se busca sus medios con la gente que tiene experiencia, buscando documentos, libros, becas”. Argumenta que esta es una de las razones por las que predomina el miedo a atreverse. “Es un miedo que está formado por esa nube de las demás dificultades que se tienen. El apoyo lo encontramos en iniciativas independientes y el público está más pendiente del cine comercial estadounidense, de las grandes producciones plásticas que técnicamente son grandes pero en cuanto al contenido no ofrecen nada”. Arturo Menéndez se ha dedicado, desde hace dos años, a buscar financiamiento en otros países para realizar un largometraje salvadoreño. “He tenido alrededor de 20 citas con productoras que les ha interesado el guión y cuando llega el momento de saber dónde lo querés filmar y digo que en El Salvador, me responden y por qué no lo haces en México. Y mi guión está hecho para El Salvador. Si no se hace aquí, prefiero no hacerla”. Menéndez prefiere omitir los detalles de su largometraje porque dice: “Me he dado cuenta que cada dos semanas aparece alguien en el periódico que está haciendo una película. Si los medios de comunicación piensan que eso es apoyo, no lo es, más bien le están haciendo un mal al cineasta porque si después de la promoción no hay película ya nadie cree en esto”. Para José Alberto Montoya, jefe de producción de OMEGA–AVC, motivar la producción de cine requiere un camino a seguir y eso no existe. “Cada quien hace su idea, se traba, no la puede continuar o dedican solo su tiempo libre para el proyecto y eso influye en la calidad, el volumen y la rapidez con la que se hacen las historias. A la mayoría nos pasa eso”. Montoya reconoce que todavía no está preparado para hacer una película, por eso decidió empezar por hacer televisión. “Creo que hacer cine como tal es más largo que hacer televisión en términos que conseguir el financiamiento. Por eso pensé en una serie de televisión como La Urbe para que la gente empezara a verse a sí misma y nosotros como equipo técnico ganar experiencia para hacer ese tipo de producciones”. A pesar de ser una propuesta novedosa en el país, La Urbe desapareció doce capítulos después por falta de presupuesto. “Fuimos muy ambiciosos porque hicimos una serie de televisión con cero recursos, cortometrajes de 45 minutos semanales y comprobamos que la gran corporación de televisión no abre los espacios a productos independientes, la pauta publicitaria fue mínima y no pudimos continuar”. Montoya explica que una de las puertas que tocó en busca de financiamiento para La Urbe fue la Secretaría de la Juventud y CONCULTURA. Sin embargo, afirma que “no fue posible encontrar el apoyo financiero o de divulgación, lo que contaba en mi proyecto es lo que pasa en la calle”. “Si el gobierno toma en serio el apoyo a los vídeo productores, la empresa privada se animaría pero aquí hay miedo de la gente que tiene capacidad de financiar esto, porque siempre hay una idea de que abrir espacios a los artistas para que divulguen su pensamiento puede generar opiniones contrarias al gobierno y la ganancia debe ser hablar abiertamente de las cosas”, dice Montoya. Federico Hernández, presidente de CONCULTURA, confirma que este año tiene muy buenas noticias para las personas que quieren hacer cine en el país. “Estamos convencidos de que no se va a desarrollar el cine si no es el Estado el que da el primer gran paso”. “Después de dos años y medio de estar acá y de haber hecho al menos dos grandes eventos sobre el tema cinematográfico, ya nos dimos cuenta de que aquí, mientras el inversionista no vea un trabajo terminado y exitoso, no va a creer que es posible hacer cine salvadoreño, de invertir además de manera gananciosa en el cine, así que vamos a demostrarle que eso es posible, y vamos a comenzar a mostrarlo este año”, dice Hernández. |
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