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EL ÁGORA

El salvadoreño que salvó a 40 mil judíos recibe un homenaje

El coronel José Arturo Castellanos entregó documentos de identidad salvadoreña a miles de judíos desde el consulado en Ginebra, convirtiendo a El Salvador en una esperanza mayúscula para los perseguidos por los nazis en Europa. Sus acciones quedaron casi en el olvido.  Ahora un documental y una investigación de la cancillería salvadoreña pretenden poner la historia de Castellanos en su justo lugar. 

Ruth Grégori. Fotos: Lester Hernández
cartas@elfaro.net
Publicada el 08 de enero - El Faro

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Imagen del primer artículo publicado sobre la operación del consulado salvadoreño en el “Jewish Observer and Middle East Review” en 1955. (FOTO POR Lester Hernández)

Las fotografías no mentían. Rostros de tez clara, cabellos claros, puntudos sombreros negros y largas barbas. No eran salvadoreños, pero los soldados alemanes de 1944 no tenían idea de qué clase de país era El Salvador, ni de la apariencia de sus habitantes. Solamente reconocían sellos y firmas de instituciones diplomáticas y eso bastaba para no proceder al arresto que llevó a millones de personas a campos de concentración y cámaras de gas.

“Era una estrategia que aprovechó los vacíos de información”, explica el diplomático salvadoreño Ernesto Arrieta Peralta, quien conoció esta historia por primera vez en 1972 de boca del entonces embajador de El Salvador ante la oficina europea de las Naciones Unidas en Ginebra, Suiza.

“En una de las tantas conversaciones que tuve con el embajador Gustavo Guerrero, él me contó que hubo un cónsul en Ginebra, el coronel Arturo Castellanos, que con sus gestiones desde el consulado había contribuido a salvar las vidas de muchas personas de origen judío, y que en ese esfuerzo él había estado asociado con otras personas por razones humanitarias”, refiere Arrieta. Gustavo Guerrero fue el funcionario designado para suceder a Castellanos en el consulado de Ginebra.

Entre 1942 y 1944 se emitieron al menos 13 mil documentos que acreditaban la nacionalidad salvadoreña a matrimonios y familias judío-húngaras, checas, francesas, alemanas y polacas. Algunos de estos certificados habrían amparado hasta 11 personas por documento, con lo que la cifra de personas salvadas por el salvadoreño del exterminio masivo realizado por los nazis podría alcanzar las 40 mil.

El origen de la masiva operación surgió de un incidente. George Mandel-Mantello, un comerciante judío de ascendencia húngara a quien Castellanos nombró primer secretario del consulado con el fin de protegerlo de la persecución nazi, fue detenido por la Gestapo, y pudo haber sido enviado a un campo de concentración, pero el pasaporte que le confería nacionalidad salvadoreña en razón de su cargo lo evitó.

“Mi papá y Mantello habían hecho negocios anteriormente, porque a mi papá lo habían mandado a comprar armas checoslovacas y el vendedor de eso era Mantello”, cuenta Frieda Castellanos, una de las hijas del coronel. Esas fueron las armas que el ejército salvadoreño usó durante muchos años.

El rival político del General Martínez

José Arturo Castellanos nació en 1893 y murió a inicios de la década de los ochenta. Inició sus estudios militares en la Escuela Politécnica Militar de El Salvador. Posteriormente fue becado para realizar estudios en la Escuela Superior de Guerra de Turín, Italia, para optar al título de Oficial de Estado Mayor. Allí mismo fue ascendido al grado de Coronel, por sus buenas calificaciones.

Fundó el Estado Mayor salvadoreño, y su caudal político le llevó a presidir el Partido Constitucional Demócrata. El respaldo político que le llevó incluso a competir por la presidencia de la república le perfiló como una amenaza para otros militares, como el General Maximiliano Hernández Martínez y el General Salvador Castaneda, quienes lo asignaron a diferentes puestos diplomáticos en el exterior. Integró el grupo de militares que protagonizaron la revolución de 1948 y puso en la presidencia al coronel Oscar Osorio.

“A Mantello lo apresaron, y cuando enseñó el pasaporte lo dejaron libre. Entonces fue cuando él dijo ‘Mira, con este pasaporte puedo sacar libre a mi familia, que estaban todos apresados en los campos de concentración. Mi papá le dijo ‘No, porque el pasaporte es sujeto de mucho escrutinio, por los espías y porque falsificaban demasiado, tiene que ser como un certificado de que estas son familias salvadoreñas”.

Castellanos consideró que emitir pasaportes era demasiado comprometedor para el gobierno salvadoreño y, en cambio, decidió poner en marcha un complejo mecanismo para crear “Certificaciones de salvadoreñidad”, una hoja con fotografías y nombres de las personas a las que se reconocía como “naturalizadas salvadoreñas” mediante sellos y papelería oficial del consulado.

Semejante acción salvadora fue financiada con fondos provenientes de los negocios de textiles que la familia de Mandel-Mantello tenía entre Hungría y Rumania, territorios en disputa en esa época. “Había que comprar papelería, había que pagar la imprenta que las membretara, había que pagarle a la gente que los elaboraba en el consulado, era una verdadera industria”, explica Arrieta Peralta.

En esa época otras personas y funcionarios de otros países emprendieron acciones similares. El caso más famoso es el de Oskar Schindler, industrial alemán que mediante sobornos a las autoridades nazis salvó a 1,100 judíos que amparó como trabajadores de su fábrica. Su historia fue mundialmente conocida a través del filme “La lista de Schindler”, dirigida por Steven Spielberg, la cual ganó 7 Oscar de la Academia en 1993.

A diferencia de Schindler, la selección respaldada por el consulado salvadoreño no se restringió a personas claramente identificadas por un vínculo particular, familiar o laboral. Muchos de estos certificados se distribuían en blanco, a través de “correos” humanos, amigos judíos que se encargaban de distribuir los papeles en toda Europa. “Incluso hubo una persona que viajó en tren de Budapest a Ginebra llevando miles de estos papeles, sin foto y sin nombre”, dice Arrieta. También se distinguió de las prácticas de emisión de pasaportes falsos que eran vendidos a cambio de altas sumas de dinero. Las certificaciones de salvadoreñidad se distribuían gratuitamente.

Algunos reconocimientos internacionales

1951: Caballero de la Gran Cruz al mérito entregado por el príncipe Constantino de Antioquia
1954: Diploma de membresía vitalicia honoraria de la Academia Internacional del Senado Americano
1954: Diploma de Doctor Honoris Causa otorgado por el Instituto Internacional de Investigación Científica
1955: Diploma internacional en Jurisprudencia del Concilio Superior Científico de París
Caballero de la Gran Cruz de Gracia de la Santísima Trinidad otorgado por el Papa
1956: Gran Cruz al mérito otorgado por el Príncipe Pedro de Aragonia, Emperador Victorio de Italia
El escritor judío León Uris escribió la novela “Éxodo” basándose en la historia de la acción del consulado salvadoreño.

(* La gran cruz al mérito es uno de los reconocimientos más altos que otorga una nación)

El “Jewish Observer and Middle East Review” publicó un primer artículo sobre el caso en 1955, el cual indica que los judíos que tenían este tipo de identificaciones eran tratados por los alemanes como enemigos extranjeros que permanecían bajo la protección de la Cruz Roja Internacional.

El respaldo del gobierno salvadoreño a esta operación del consulado en Ginebra llegó en 1944, a causa de la invasión de Alemania a Hungría. El Coronel Castellanos pidió a la representación de Suiza en Hungría velar por la seguridad de los judíos que tuvieran certificaciones de nacionalidad salvadoreña en ese país. “El gobierno suizo respondió que podía hacerlo sólo si el gobierno de El Salvador reconocía formalmente los documentos emitidos por su consulado en Ginebra”, consigna el artículo del “Jewish Observer”. Fue entonces cuando el ministro de relaciones exteriores, Julio Enrique Ávila, envió una nota a nombre del gobierno salvadoreño para solicitar a las autoridades suizas que protegieran a los judíos que tuvieran certificación de nacionalidad salvadoreña.

Aún hay muchos eslabones por aclarar en esta historia, por ejemplo cuándo y cómo llegó a su fin la emisión de documentos. Según Frieda Castellanos la operación “paró al terminar la guerra”.

Pero Arrieta Peralta asegura que la acción quedó al descubierto. “No pasó nada… los descubrieron porque era masiva la entrega de documentos”, explica Arrieta, sin  ahondar en detalles de los resultados de la investigación que realiza desde mayo de 2005 una comisión instalada por la cancillería salvadoreña. Dicha comisión fue instalada con el objetivo de documentar lo más posible el caso y solicitar un reconocimiento internacional para José Arturo Castellanos, al tiempo que la historia cobraba relevancia pública.

El documental “Glass House” fue presentado en el Festival Latino Internacional de Los Ángeles el año pasado.

Certificado de nacionalidad emitido por el consulado salvadoreño  a nombre de Padocza Kalmanne.

José Arturo Castellanos destruyó muchos de los archivos que servirían ahora en la investigación histórica del caso, pero guardó cinco documentos de certificación de nacionalidad salvadoreña en cajas que a su muerte quedaron en poder de Frieda Castellanos. Ahí guardaba también varios reconocimientos internacionales, entre diplomas y medallas, otorgados por gobiernos, el Papa, representantes de monarquías europeas, así como varios doctorados Honoris Causa de distintas universidades alrededor del mundo.

“Los reconocimientos los recibió mi papá siempre afuera, lo que pasa es que aquí en El Salvador nunca se hizo mucho despliegue de todo lo que había pasado, y él tampoco vino aquí contando ‘miren yo hice tal cosa allá’, señala su hija.  

En 1995 la Liga Antidifamación, uno de los principales grupos de cabildeo judío-estadounidenses, entregó un reconocimiento post mortem a Castellanos por esta labor, que recibió el entonces presidente Armando Calderón Sol, y la viuda del coronel, María Schurman.

“Las pocas veces que habló de eso lo hizo siempre diciendo que cualquiera en su lugar habría hecho lo mismo”, dice la hija del coronel. Sin embargo, los productores del documental “Glass House” destacan en la presentación del mismo la forma en que uno de los países más pequeños del mundo llevó a cabo uno de los esfuerzos más grandes y exitosos en la historia del holocausto durante la II Guerra Mundial, mientas otras naciones, más grandes y más ricas, guardaron silencio.

Extracto de una carta enviada por judíos residentes en Zurich a propósito de la partida del Coronel Castellanos en 1945.

“Esta mañana nos hemos dado cuenta de que su gobierno lo ha mandado a que desempeñe otras funciones, y que bajo esas condiciones usted ya no estará en Suiza. Nosotros sinceramente nos sentimos apesadumbrados de verlo partir, porque en esta ocasión nosotros quisiéramos decirle y darle nuestros agradecimientos más sinceros por los esfuerzos que usted ha desplegado para ayudar a las víctimas de la Gestapo dentro de los países ocupados por Alemania, en donde muchos tienen que vivir todavía. En su nombre, como en nombre de nuestra organización y en nombre de todos los judíos nosotros, en esta fecha, reconocemos que su acción jamás será olvidada. Le deseamos lo mejor para su salud y para su porvenir, así como para el porvenir de su país, y el señor cónsul general puede estar seguro de que tiene nuestra más alta consideración”. 

“El valor de su acción estriba en que él se jugó su vida, su seguridad personal y la de su familia, y su cargo, que era su única fuente de ingresos”, opina el ahora asesor de relaciones exteriores Ernesto Arrieta Peralta.

Juan Torres, vocero de los productores del documental “Glass House” en la presentación privada del sábado pasado, subrayó el valor de difundir esta historia para El Salvador: “Yo vivo fuera y lo único que oigo de El Salvador son malas noticias. Aquí tenemos una oportunidad maravillosa de escuchar una buena noticia de El Salvador. Hay otras personas que han sido honradas por haber salvado a, no sé, mil salvó Schindler, dos mil un señor japonés, aquí tenemos un grupo de personas que salvaron, talvez, 35 mil personas, no se sabe exactamente, y el mundo no sabe nada de eso. Y este país, tan chiquito y tan olvidado, juega un papel muy grande, cuando muchos del mundo que sabían no hacen nada al respecto. Es una cosa que llena de orgullo”.

¿Hasta qué punto estuvo enterado o respaldó el gobierno de El Salvador las actividades de su cónsul en Ginebra durante la II Guerra Mundial? ¿Lo supo antes de 1944? “Glass House” plantea que semejante operación requería de la venia del gobierno. “Sin la venia de un país no existe certificación de nacionalidad alguno”, afirma Juan Torres. La versión oficial sobre el caso será divulgada, en una fecha aún no especificada, cuando la comisión instalada por cancillería concluya su investigación. Cuando ese momento llegue, otros detalles saldrán a la luz.

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