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EL AGORAEl escultor de monumentosYa pasaron 36 años y Rubén Martínez todavía se exaspera cuando habla de una de las obras del arte religioso más importantes de la historia contemporánea salvadoreña: La Iglesia El Rosario. La construcción de esa obra le permitió vivir los instantes de mayor plenitud y de mayor incomprensión creativa. Ahora, su aporte como artista es esculpir y perpetuar en monumentos, como la Constitución o el Cristo de la Paz, parte de la historia reciente de este país. Rosarlin Hernández / Foto: Edu Ponces
“Estoy consciente de que la Iglesia El Rosario marcó una etapa en mi vida de manera tal que no pude seguir, fui rechazado completamente, incluso todavía ahora algunos arquitectos se ríen de eso porque todavía no la han comprendido”. Un mes después ya había diseñado su obra. “Los planos se fueron para Roma porque los padres no podían autorizarla, era la primera iglesia con el Concilio Vaticano II, en un mes respondieron que había sido aceptada. Esa iglesia era mi vida”. Y durante la construcción su vida cambió: “Pasé tres años viviendo allí. Era mi realización, usaba unas botas que me llegaban a la rodilla, una gabacha encima de la ropa y un casco de acero. Me tocó diseñar maquinaria, el torno para subir el concreto, el andamiaje debía durar tres años, hicimos vigas aéreas, el sistema de construcción fue novedoso, iba a ser la primera iglesia en América con estas características”. Como obra arquitectónica cumple con la función social de ser una iglesia de presupuesto bajo, incluyendo vitrales. Costó medio millón de colones. Pero la iglesia se convirtió en un problema. “Hay una gran sinceridad en lo que hice en esa época. A la gente humilde le encantó y comprendió el mensaje pero nuestros arquitectos quizá querían ver una iglesia con una entrada, con dos torres, una cruz y siempre conservando el corte de la cruz griega. Siempre la forma larga de la iglesia. Cuando ven un espacio de alabanza a Dios tan alto y los diferentes espacios bajos para cuando el hombre se hace pecador como la zona penitencial, no comprendieron. Todavía ahora se ríen de mí. El rechazo fue tremendo. Pensé que la arquitectura moderna se podía incorporar pero creo que me adelanté tanto que no fue comprendida”, dice. Sin embargo, el riesgo de proponer y construir la Iglesia el Rosario lo convirtió en el referente de arte sacro más innovador de la región. Del arte sacro a los monumentos históricos En los últimos 16 años, el martillo y el fuego han sido sus aliados para darle rostro a la historia reciente del país. A pocos meses de firmarse la paz, en 1992, devela el monumento a la Constitución. “La propuesta siempre llega de acuerdo a una necesidad. El monumento lo encarga alguien que tiene una necesidad y tiene que cumplir con algo para lo que está dirigido. Mis trabajos tienen una filosofía del diseño y eso cumple con las necesidades de función social y razones culturales nacionales” Para Martínez, la justicia en El Salvador tenía que actuar pronto porque en ese momento no había. “Yo le llamé la nueva justicia, por eso es una mujer joven. Creo que todavía no hay justicia en el país”. Dos años después, devela el monumento a la Paz, para recibir a los países que participarían en los Juegos Centroamericanos y del Caribe. Las manos de El Cristo de la Paz simbolizan la reciente conciliación de la derecha y de la izquierda política del país. “La paz la da nuestro señor y tiene una pequeña palomita que empieza a volar y está bendiciendo al pueblo salvadoreño, por eso está lanzado hacia adelante”. La responsabilidad en el tiempo, dice, lo llevó a crear una escultura de bronce de 3.2 metros de alto de Roberto D´Aubuisson que se encuentra en la sede de ARENA y otra en el mausoleo del líder. “No lo considero un monumento, no está dentro de mi obra monumental, D´Aubuisson está dentro de un partido. Si me dicen que haga una para Shafick Handal la hago”. El artista sostiene que la escultura de un líder se tiene que hacer de acuerdo a la visión urbana y a la proporción del espacio urbano “ponerlo en un espacio público sería invadir el espacio democrático, hay personas que no estarían de acuerdo. Por eso la escultura está en el cementerio y en la sede del partido”. La edad ahora le permite guardar ciertas distancias entre la política y el arte. “La política no importa, lo que importa es el bienestar del pueblo y la continuidad del arte”. El significado de ser un escultor monumental La mayor parte de los monumentos públicos recientes que ha esculpido Martínez se los han solicitado las alcaldías. Pero él cree que la diferencia entre sus monumentos históricos y los de otros artistas que tienen monumentos en la ciudad es el concepto filosófico, estético y social de la obra. “El monumento tiene que cumplir una función social. Por ejemplo, el monumento de La Paz, esa gran plaza es para que los niños lleguen a andar en bicicleta y las personas mayores se sienten en las bancas, y el monumento de la Constitución lo hice para que funcionara una ciclo vía, el monumento no es sólo para verlo, cumple funciones cívicas”. En sus trabajos dice que siempre tiene presente el valor histórico y estético de la obra. “Si no lleva ninguna de las dos cosas es una aberración porque si estamos tratando de darle identidad a la ciudad a través de esos monumentos tienen que ser algo que sea agradable, no feo como los Próceres o los que están en la carretera a Comalapa”. |
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