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EL AGORA

El arte de la violencia

Cuerpos humanos decapitados, jóvenes tatuados muertos y resucitados, la repetición de rutinas hogareñas sin sentido y el mimetismo representan parte de la nueva propuesta estética que cuatro artistas plásticos contemporáneos utilizan para cuestionar y plantear sus puntos de vista sobre la violencia. 

Rosarlin Hernández. Fotos: Cortesía de los artistas
cartas@elfaro.net
Publicada el 30 de octubre - El Faro

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Mayra Barraza

Regresó al país hace tres años y ya recibió las primeras amenazas. Cada mañana al abrir el periódico le surgían las mismas preguntas: ¿Qué está pasando? ¿Cuántos muertos son? ¿Por qué mueren? ¿Cómo los matan? ¿Qué tipo de personas son? ¿A qué se dedican? ¿A qué hora del día mueren? Para aclarar la nebulosa de hechos, la artista Mayra Barraza, decidió comenzar un blog llamado Cien días en la República de la muerte.

El proyecto consiste en llevar el conteo diario de los asesinatos publicados en los  principales periódicos impresos del país. De la nota periodística recupera los datos personales de la víctima y el victimario, sin incluir los estereotipos. En 53 días ha logrado contabilizar 312 muertos.

“Hasta ahora mucha gente ha participado comentando el proyecto, relatan sus propias experiencias, critican quiénes son los culpables de esta situación, presentan soluciones, ha sido una discusión muy rica. Considero que se necesitaba un período de tiempo expandido para explorar todo lo que implica la muerte en el país y esta fue mi primera aproximación como artista”.

Explica que en el espacio solo han sobrevivido los más radicales, “los que le echan la culpa a los terroristas del FMLN y los que le echan la culpa a los de ARENA, luego vinieron las amenazas y ahora hay un silencio, como una especie de saturación por la información que hay allí. Yo incluso me siento saturada”.

Barraza pretende llegar al día cien con un compromiso que transciende lo estético: “Todos estos muertos que he ido recogiendo en el camino es para honrarles, para darles un lugar en el espacio, para que no desaparezcan con esa velocidad tan apabullante. Quiero poder enterrarlos. Quiero hacer algo con eso que ha sucedido en cien días, todavía no sé si va a ser una intervención en algún lugar público, si el día de los muertos voy hacer algo pero, sé que algo va a salir”.

Lasa cifras del Instituto de Medicina Legal registran durante los primeros seis meses del año un total de 1,873 personas asesinadas. Esta tendencia indica un promedio de  312.1 homicidios por mes y un total de 10.4 por día.

La situación ha llevado a algunos artistas visuales, como Barraza, a trascender las estadísticas y la información que presentan los medios de comunicación.

Para Ronald Morán, el tema de la violencia en las artes visuales “ha surgido producto del rebalse”. Su primera aproximación, al igual que Barraza, la hizo a través de las publicaciones de los periódicos. Todo comenzó con el lanzamiento del Plan Mano Dura, durante el gobierno de Francisco Flores: “me interesó mucho la controversia que se estaba dando: una parte de la población estaba contenta con el plan, y el resto estaba abogando porque el plan era absurdo”.

Recopiló las noticias a favor y en contra del plan. Su obra “Tinta para tatuar maras” resultó de sobreponer toda la información que había acumulado sobre el tema. “Era un especie de masa negra donde se logra distinguir algunas frases pero queda el arte como actitud,  quedó una plasta negra porque al final fue lo que me dejó el debate polarizado, era una manera de representar la contrainformación”.

El estudio “Niñez en violencia armada organizada en El Salvador”, realizado por la Fundación de Estudios para la Aplicación del Derecho (FESPAD), sostiene que durante el primer semestre de 2005 se evidenció que las personas que corren mayor peligro oscilan entre los 15 y 29 años de edad. Esta cifra indica que en porcentaje un 61.13% de los crímenes está dirigido a la niñez y a la juventud.

En este contexto, resulta comprensible que  las maras sean un tema recurrente en las artes visuales. Alex Cuchilla, ganador de la III Bienal de Arte Paiz con la obra El Ángel Caído, comenta que la serie Urbanicidio responde al “bombardeo de información que se recibe de los medios de comunicación. Yo no tengo un enemigo, los pandilleros no son mis enemigos como lo quieren hacer creer los medios”.

Como artista, dice, su intención es dejar plasmado este momento histórico: “Nosotros somos cronistas, damos cuenta de los hechos. En menos de 10 años se ha llegado a un momento de ebullición donde la vida no vale nada”. En este momento, al artista le inquieta saber si su trabajo impacta a las personas que tienen “el poder de cambiar las cosas”.

Para otra artista ganadora de la III Bienal, Alexia Miranda, la violencia hay que interpretarla desde el ámbito privado. “Lo que estamos viviendo es el reflejo de la desarmonía del individuo consigo mismo. Las personas han perdido la validez que tienen los pequeños actos de significación rituales de su vida, si nada tiene significación no se tiene respeto ni por la propia existencia”.  

Ronald Morán

La violencia como propósito artístico
Uno de los resultados de la propuesta estética contra la violencia es la exposición Blanco Violento, en la cual Mayra Barraza, Ronald Morán y Alexia Miranda han reunido sus diferentes lecturas sobre lo que está pasando en el país.

De los hechos violentos que más han impactado a Barraza en los últimos años ha sido la decapitación de mujeres. El tema lo aborda en una serie de acuarelas titulada “El cuerpo del delito”.
“En esta exposición mi trabajo tiene como varias capas de significados: una es la violencia física porque son cuerpos desnudos decapitados, hay tres y luego hay una cabeza. Se llama el cuerpo del delito haciendo un juego de palabras, lo que vemos allí es el cuerpo de la víctima pero se podría entender que el cuerpo del delito es el cuerpo causante de su condición, como lo que provoca el crimen, su sexualidad o esa atracción morbosa sobre el desnudo de la mujer fuera lo que provoca de alguna manera esa violencia”, dice Barraza.

Agrega que una lectura de carácter más filosófico es el cuerpo y la cabeza, interpretados como la razón y el instinto, la razón y la sin razón, están desmembrados, no forman el mismo cuerpo.

“Hay gente que dice todo lo contrario, que es el reino de la razón y que es una situación provocada depende del plano en el que se vea, en un plano directo personal es la sinrazón porque no te explicarías por qué alguien le va a dar 41 tiros a una persona para matarlo. Pero luego cuando se ve el panorama general, la pobreza, la falta de oportunidades, el oportunismo político y todas esas causas estructurales de la violencia entonces también tiene sentido”.

El blanco es el color que predomina en las obras y la sutileza de las texturas se convierte en la forma de ironizar sobre la violencia. El artista Ronald Morán presenta tres fotografías de utensilios de cocina que forman parte de su muestra llamada “Hogar dulce hogar”.

“La instalación completa es una cocina de clase media baja forrada de guata pintada de blanco, el mensaje es desde el sentido de la ironía: Nada te va a doler pero los problemas familiares se convierten en gran escala. Para mí la cocina es un espacio donde converge toda la familia y todos los accesorios de cocina pueden ser un arma”. 

“Hogar dulce hogar” ha sido expuesta en España, Estados Unidos, Italia, Costa Rica y Uruguay. Según el autor, el impacto de su obra obedece al carácter universal del tema. “La violencia se va recrudeciendo desde tus primeras maneras de entender el mundo, si el ambiente es hostil y descontrolado, las relaciones públicas serán de esa manera o peor. En este caso, la violencia es una manifestación de lo mal que está el ambiente de las familias en lo privado y en lo público”.

Esta conexión lógica entre el ámbito público y privado la retoma Alexia Miranda con una instalación de muñecas de trapo y un vídeo que forman parte de la serie “Domestícame”.

Alex Cuchilla

“Son 30 muñecas, porque cada una simbolizaba cada año de mi vida, de alguna manera las muñecas las manejo como arquetipos. Una de ellas es “Mujer violentada con alfileres y algodoncitos”. El acto de perforar se me hace algo sumamente perverso y fuerte, pero la sutilidad y la estética de la bolita del algodón en la punta del alfiler hacen alusión al doble juego, la metáfora de la cachetada con guante blanco. Son imágenes fuertes y perturbadoras”.

Desde el ejercicio de la ironía, su muestra incluye trozos de papel de toalla para cocina bordado y papel higiénico. “Quería trabajar con algo sumamente cotidiano y doméstico, con las sensaciones que me remontan a la parte donde la Zorra pide al Principito domestícame, ¿y para qué? Pregunta el Principito, es que quiero ser importante para alguien, responde la Zorra. Entonces estoy trabajando con el logo de Scott porque no hay nada más domesticable que un perro”.

Miranda completa su serie con la proyección del vídeo títulado “Tedio Lo Extra Ordinario” que trata sobre la vida de una mujer dentro de un espacio completamente blanco, estéril, pulcro. Allí realiza una serie de acciones cotidianas que caen  en el absurdo de la repetición. “El tema del performance es cuestionarse por qué las mujeres tienen que doblar y desdoblar una camisa 20 veces, sacarla y meterla en el mismo cajón, es sumamente monótono y tedioso, es otra forma de violencia doméstica”.

Esta artista argumenta que la vida “es el sentido que le querás añadir a las cosas”. Desde esta visión algunos artistas visuales contemporáneos se han comprometido a presentar en sus obras nuevos sentidos para valorar la vida y la muerte.  

La ironía de evadir la violencia

Mayra Barraza identifica los trabajos artísticos que tratan la violencia como esfuerzos aislados, “el proceso para abordar el tema es individual”. Afirma que a esta nueva generación de artistas plásticos les ha tocado retratar una forma de violencia distinta de la que existió en los años de la guerra civil salvadoreña. 

“La violencia tal y como la conocemos ahora, que es una violencia social, caótica, no se sabe dónde se da, de dónde viene, cómo fue, pareciera que no tiene propósito, objetivo, ni origen, no sabes de dónde viene ni para dónde va. Pero que está allí latente, podemos ver los resultados en los medios de comunicación, en la calle, en los barrios, en las historias que nos cuenta todo el mundo”.

Ronald Morán dice que siempre trabajó la violencia “de una forma más bucólica que podía y no ser. Hasta cierto punto la interpretación era más poética. Siempre estaba implícita, no explícita como ahora”. Señala que la crisis ha tomado dimensiones que no admiten medias tintas. “Aquí no se ha tratado este tema a conciencia, entre los artistas hay una tremenda evasión por muchos factores, la violencia no les parece rentable, a la gente le gusta más llegar a su casa y ver un paisajito”.

“Sólo quiero expresar mi punto de vista sobre la violencia y de alguna manera empezar a formar conciencia, crear debate, que tus ideas sugieran y que sea un medio de expresión de causas que no son a lo mejor estéticamente apetecibles”.

Alexia Miranda

El estudio titulado ¿Cuánto cuesta la violencia en El Salvador?, realizado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), expone que el costo de la violencia asciende a mil setecientos millones de dólares anuales. Eel año pasado era el doble de dinero de lo que el presupuesto nacional le asigna a salud y educación.

En ese sentido, el escritor Miguel Huezo Mixco plantea en su ponencia Cultura y Violencia, presentada semanas atrás en el Centro Cultural de España, que “existe una tendencia encaminada a vaciar la cultura (o lo cultural) de su contenido normativo y discriminador. Se le considera con mucha frecuencia como un campo inocente en el que tienen lugar las llamadas ‘manifestaciones del espíritu’. Suele verse a la cultura como una esfera alejada del mundo brutal de las relaciones sociales y de la violencia”.

Y agrega que “de esa visión mágica de la cultura se desprenden ideas simplistas, tales como “el rescate” de la cultura y la preservación de valores de identidad que, de no establecerse una crítica sobre su práctica, equivaldría, por una parte, a otorgar un salvoconducto a los códigos éticos de la violencia, y por otro a ocultar la presencia de estos en las relaciones políticas, sociales, laborales, familiares.

En estas condiciones, Barraza cree que el cuestionamiento de los artistas visuales tiene que ir encaminado a preguntarse ¿Cómo hacer una propuesta estética que tiene que ver con la violencia o que parte de la violencia? y ¿Cómo pasar a trabajar el arte en función social en contra de la violencia?

Su intención, dice, es replicar el trabajo que realizan artistas como José Osorio en Guatemala. “Me entusiasmó que todo el trabajo tiene una orientación hacia lo positivo, trabajar con comunidades, con jóvenes, recuperar el respeto a la vida y a sí mismos, la confianza, la tolerancia, valores bien elementales. Me atrae la idea de recuperar los espacios públicos, el sentido de comunidad, de solidaridad. Y todo esto recuperarlo a través del arte”.

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