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OPINIÓN / EL MIRÓN

Tensión en  las universidades europeas

Luis Fernando Valero
cartas@elfaro.net
Publicada el 01 de diciembre de 2008 - El Faro
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La historia no se repite pero los paralelos o ciclos históricos son evidentes (Toynbee,  Burkhard), o quizás, como diría el refranero, el ser humano es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra.

El 1918 se desarrollo un movimiento por la Reforma Universitaria, que nacida en Córdoba, Argentina, se extendió por toda Iberoamérica y lo que pedía era autonomía universitaria, cogobierno, extensión universitaria,  modernización científica y la gratuidad.

En la década de los 60 hubo otro movimiento  en la universidad de Berkeley y otras universidades norteamericanas que traspasó el Atlántico y dio como consecuencia el mayo francés  del 68, en la Universidad de  Nanterre: “la imaginación al poder”.

Ahora hay otro en Europa, bajo el nombre de Proceso Bolonia, en memoria de la  primera universidad europea que se constituyó en esa ciudad.

Ya ha habido manifestaciones en contra de ese proceso en Grecia, Irlanda, Francia, Italia, se está dando una situación de rebeldía, de enfrentamiento contra ese Proceso que implica un Espacio Europeo de Educación Superior, EEES.

.En España el movimiento ha alcanzado una cierta importancia en la última semana en las universidades  de Barcelona, Autónoma de Barcelona, Complutense, Sevilla y Valencia y donde más ha calado el movimiento es en las Facultades de Filosofía, Filología, Medicina y Ciencias de la Información.

¿Qué subyace en este movimiento? que los estudiantes no están por la labor del llamado  Proceso Bolonia, de la Declaración de Bolonia, firmada por 29 países en 1999 con el objetivo de facilitar la homologación de títulos en el sistema universitario europeo y la movilidad de alumnos y profesores. Según este movimiento estudiantil  la Universidad ya no es concebida como un espacio docente sino como un espacio para que las empresas formen a los profesionales que necesitan.

Afirman los movimientos estudiantiles que la continuación de formación humanística, social, civil, ética de la secundaria y el bachillerato, les rompe y que se van a formar expertos en pequeñas competencias bajo la excusa de que el mercado los necesita y hay quienes sostienen que profesiones y saberes como literatura, lengua, lenguas clásicas, filología,filosofía, humanidades, en sentio amplio, historia, geografía, literatura universal, etc como no las pide el mercado desaparecerán de la univerisidad como han desaparecido de los estudios primarios y secundarios de una forma suficiente.

Los defensores de Bolonia afirman que lo que se pretende es  la homologación de los títulos, el fomento de la movilidad de alumnos y profesores y la creación de un sistema común de créditos como principales señas distintivas. Una de las ideas que subyace bajo la reforma es “hacer del conocimiento un valor para el crecimiento y el desarrollo del continente”. Este punto ha levantado ampollas entre algunos alumnos y docentes. Interpretan que se potenciarán únicamente las carreras y proyectos con utilidad práctica, que las empresas saldrán favorecidas y que se devaluará la formación en contenidos.

Frente al alimento del espíritu, opinan, se primará lo que repercuta en los bolsillos y el mercado laboral.  Consideran que el llamado Plan Bolonia lesiona gravemente el derecho a la  educación pública, restringe y obstaculiza su función social, precariza la condición del estudiante y las diferentes figuras laborales del mundo universitario, y subordina la investigación a la rentabilidad privada.

A esto se une que las universidades, que en general en Europa son públicas, afrontan, en casi todos los países europeos, serias restricciones y recortes en su financiamiento. En España eso ha sido manifiesto ya que algunas autonomías han tenido problemas para pagar los salarios los dos últimos meses y los déficits de funcionamiento de las universidades públicas son de hasta 200 millones de euros como las de Cataluña; en las de Madrid o Valencia no se ponen de acuerdo con los datos los rectores y las autoridades de sus Comunidades Autonómicas pero se les dice que deben recortar un 25% de personal docente y administrativo.
Guste o no reconocerlo a las autoridades universitarias europeas, lo que subyace en este proceso es que en 1994, en abril,  la Organización Mundial del Comercio decidió la liberación de los intercambios comerciales y decidió incluir en ellos la enseñanza, es decir la educación, uno de los últimos mercados jugosos protegidos que quedaban en aquel entonces. De aquellos polvos estos lodos.

Ya que en aquel entonces representaba la educación superior un consumo,  hecho sólo por extranjeros, en algunos países de 20 mil millones de dólares de los que 7 mil eran para E.U.A. seguido de Francia, Alemania y Reino Unido, pero países como Nueva Zelanda, Australia, India estaban ganando cuota de mercado de aquí que se decidió que había que armonizar títulos y grados para poder ser competitivos en un mercado global y en la sociedad del conocimiento y ello se aprobó, como ya hemos señalado, en 1999 por 29 países europeos.

Ahora la situación se ha agravado con la impresionante crisis mundial financiera y cabe la pregunta: ¿cómo van a conseguir competir las Universidades Púlicas del Proceso Bolonia cuando los recursos no llegan? Se habla de calidad pero los insumos son los de siempre, insuficientes; se habla de metodologías didácticas competitivas y modernas pero se recorta el personal docente; se habla de que hay que ajustar las matrículas a los precios del mercado pero las becas siguen siendo escasas; se afirma que la movilidad es un bien para el estudiante y nadie lo niega, pero no todo el mundo tiene los recursos para moverse y desde luego las becas no son adecuadas, dado el desnivel de unos países con otros en los costes de vivienda, alimentación, transportes públicos,  etc.

Se acepta que el Proceso de Bolonia es irreversible o irremediable a estas alturas, pero hay mucho miedo en los claustros y en el estudiantado pues se está haciendo evidente que hay una mercantilización de la universidad.

Y por si ello fuera poco los procesos de homologación de los títulos no están claros y en España menos, cuando se ha optado por un proceso de grado, en  primer nivel, de cuatro años, cuando en la mayoría de países de Europa se hacen de tres.

Ante todo esto las autoridades han optado por decir que aquellos que no están de acuerdo con Bolonia o son unos retrógrados que defienden intereses espurios o bastardos o no desean avanzar hacia la universidad que la sociedad del conocimiento del siglo XXI necesita.

La universidad del futuro nadie sabe cómo será por ahora y con la crisis financiera, sabiendo que en el mercado el dinero es clave, ya se ha visto qué ha pasado con las multinacionales y quiénes son las que realmente pueden competir.

 Quizás se está ya pensando, pues el mercado es goloso y hay una clientela potencial de 1000 millones de alumnos, en crear algunas multinacionales universitarias que coparan el mercado. Como dato para comparar: la Universidad de Harvard, en Estados Unidos, tiene más presupuesto que todas las universidades de Europa juntas.

Ya hay expertos que señalan el Plan Bolonia será un fracaso si no se reforma la primaria y la secundaria, también a nivel europeo.

 

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