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OPINIÓN

La juventud que necesita El Salvador

Luis Bonilla*
cartas@elfaro.net
Publicada el 03 de marzo de 2008 - El Faro
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“Ser joven significa poder arriesgarse, descentrarse de uno mismo, descubrir que estamos hechos para amar y servir. Descubrir que la existencia es un chispazo de vida y que la vida es para apostarla”
(Felipe Berríos SJ)

El Salvador es un país eminentemente joven en el cual, irónicamente, la participación de los jóvenes en el desarrollo del mismo queda postergada a un plano de mero espectador de cómo la generación adulta lleva las riendas del país, en ausencia de cualquier protagonismo que los jóvenes podamos tener.

En un país donde las ideas dominantes tienden a mantenerse estáticas durante décadas, donde la capacidad de concertar está fuera del alcance, donde hay más pláticas que acción y donde los liderazgos efectivos se hacen cada vez más viejos, urge una nueva oleada de liderazgos, de propuestas, en la cual nosotros los jóvenes debemos ser la punta de lanza.

La juventud, y lo digo como parte de ésta, es una etapa de idealismos, de inquietudes, de descubrimiento, así como también es una etapa de madurez, de reflexión activa, de ánimos y energía. A El Salvador parece que la hace falta mucho de esta juventud, el país necesita volver a soñar con ser mejor y volver a creer y sentar las bases del futuro, y para eso los jóvenes debiésemos tomar un papel protagonista, pero el país no necesita una juventud cualquiera, sino más bien, una juventud liberadora.

Una juventud liberadora es una juventud pensante y crítica. Los jóvenes universitarios salvadoreños (sobre todo nosotros) debemos ir más allá del puro conocimiento académico y encontrar en el privilegio de la educación superior una forma indistinta de comprender la realidad de nuestro país, y es nuestro deber como jóvenes de preocuparnos no sólo por estudiar el país, sino de conocerlo, de vivirlo, de poder reflexionar desde la realidad que se nos presenta día a día. El conocimiento puesto en práctica nos llevará a ser una juventud liberadora.

También nos llevará la capacidad de discutir y proponer, sin tomar el ejemplo de la generación que se nos antepone, que se ha caracterizado por ser conflictiva y desconcertadora, nosotros los jóvenes tenemos la oportunidad, desde nuestras distintas posturas, de poder dialogar, discutir y conciliar. Debemos esforzarnos por ser un ejemplo de consenso y sobre todo de trabajo efectivo, de poco sirve la conciliación si no trae consigo una labor efectiva que en realidad conlleve al desarrollo del país. Debemos sentar las bases de la fraternidad y no debemos caer en lo que ya han caído generaciones anteriores, que de manera clara no han encontrado como unirse para llevar adelante al país.

El país necesita una juventud política, que sepa desde ésta contribuir al desarrollo de la democracia en este país. Tenemos el poder de dejar de lado el partidismo electorero y enfermizo que en la actualidad observamos, y preocuparnos desde las distintas posiciones políticas de hacer crecer nuestra democracia. La generación adulta no lo ha logrado ni lo logrará, parecería que es un fin que les quedó por cumplir, nosotros los jóvenes tenemos no sólo el derecho y el deber sino también la capacidad de consolidar la democracia. No nos amarremos a las conductas de la juventud pasada, polarizada y contrapuesta, seamos una juventud política nueva, consiente que por sobre todas las ideologías está el país y los millones de salvadoreños que lo componemos.

Sobre todo, para ser una juventud liberadora, debemos ser una juventud solidaria, capaz de ver en nuestros compatriotas más desfavorecidos la capacidad de superarse, la fuerza de hacer crecer el país de una manera equitativa e incluyente, preocuparnos por un desarrollo humano integral, tomar en cuenta en nuestro plan de vida a todos aquellos salvadoreños que tienen puestas sus esperanzas en nosotros y en la nueva generación que representamos.

Tomar las riendas del país en estos momentos parece algo lejano y en definitiva nuestro momento aún no llega, pero es necesario que nos preparemos, que los jóvenes nos formemos para poner al servicio del país todas las capacidades que hemos adquirido y no esperar hasta que el momento nos agarre desprevenidos sin haber cultivado y consensuado un ideal de país. Como jóvenes inmersos en el mundo globalizado, debemos dejar de lado el cliché de indiferentes, consumistas, inmediatistas y debemos comenzar a adquirir valores que sean coherentes con las necesidades del país. Debemos ser líderes, emprendedores, pensadores, trabajadores, solidarios, estos valores deben de ser la semilla que dará frutos en el futuro. Principalmente tenemos que comprender que es nuestro deber comenzar a construir ahora, El Salvador de mañana.

* 21 años, 5to año en Economía en la UCA. Actualmente labora como Director de Recursos de las Asociación Un Techo para mi País. Pronto, laborará por 1 año en la oficina central en Chile de dicha organización.

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