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Entrevista con Breny Cuenca, secretaria de Cultura

“La burocracia debe estar al servicio de la creatividad, no al revés”

Con la extinción de Concultura, los antiguos cargos abren espacio a unos nuevos. Despidió a los directores de Patrimonio Cultural (Héctor Sermeño) y Espacios Culturales (Manuel Bonilla) y al director ejecutivo. Ahora, la secretaria de Cultura, Breny Cuenca, comienza a poner los ladrillos alrededor de una idea: privilegiar los procesos creativos institucionales. Eso será lo que marcará su gestión, dice.

Elmer L. Menjívar *
Fotos de Mauro Arias

[email protected]
Publicada el 14 de julio de 2009 - El Faro

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Breny Cuenca

Breny Hasel Cuenca Saravia, salvadoreña, fue designada como cabeza de la flamante Secretaría de la Cultura creada por decreto de la presidencia de Mauricio Funes el 25 de junio pasado. El decreto vino a transformar al Consejo Nacional de la Cultura y el Arte en una dependencia directa de Casa Presidencial, con presencia en el consejo de ministros del Ejecutivo del nuevo gobierno.

Aunque Cuenca empezó su gestión un mes después que la mayoría de sus colegas de gabinete, dice que no se escudará en eso para no ofrecer resultados en los 100 días que la prensa ha fijado a Funes para dar indicios de cumplimiento de promesas.

La nueva secretaria de la cultura vivía hasta hace un mes en México y recién coronó su doctorado en Pensamiento y Cultura en América Latina. Vuelve a El Salvador al aceptar el llamado de Funes para este cargo. Al venir a tomar posesión encuentra una comunidad artístico-cultural muy alerta. Nunca antes había habido tanta expectativa por un funcionario cultural. Se han activado movimientos como el Foro de Intelectuales de El Salvador y la Mesa Nacional de Diálogo por la Cultura, y circulan cadenas de correos electrónicos, publicaciones en medios electrónicos y blogs que caldean los ánimos por la elección del cargo. Unos a favor y otros muy en contra.

Ante este panorama, Cuenca se muestra entusiasmada de que haya debate y se pone en medio de este como una interlocutora. Asegura que en 15 días ha leído casi todos los documentos con propuestas generadas por diversos grupos e instituciones para el tema cultural. Al preguntarle sobre el documento resultante de la consulta nacional que realizó la administración de Federico Hernández -que él presentó como el más importante insumo para cualquier proceso de desarrollo de una política cultural-, ella responde que lo toma como un insumo más, pero lo califica como “el menos imaginativo”.

En 15 días, Cuenca solo ha tenido contacto con Mauricio Funes una vez, y no sabe responder a cabalidad sobre las ideas del presidente en torno a la cultura. Sin embargo, ella ya inició la organización de la nueva institución teniendo como palabra clave la “creatividad”.

Lee y sostiene sus respuestas con citas de Cornelius Castoriadis y Clifford Geertz, filósofos dedicados al estudio de la cultura. Es que debe ser el linaje: es hija de Abel Cuenca, un intelectual muy representativo del siglo XX. Ella sigue el camino del padre: ostenta, aparte del reciente doctorado, un magíster en Ciencia Política, por FLACSO México. Su labor académica ha sido muy bien ponderada en tierras aztecas, donde ha acompañado iniciativas estatales sobre cultura, también es parte del consejo consultivo de la Revista Estudios Latinoamericanos, de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Llega a la entrevista, al final de la tarde del sábado, acompañada de su asistente y una carpeta llena de documentos de los que echa mano para responder algunas preguntas. Se queja de su garganta, que ha sufrido mucho en las primeras gestiones, que ha incluido viajes a Casas de la Cultura, atención de emergencias y pláticas con la gente “de la casa”.

La gran interrogante que se alimentó por los tiempos en las decisiones con esta área concreta es qué quiere hacer Mauricio Funes con la cultura. ¿Qué significa crear una Secretaría de la Cultura?
Pues mira, no es una pregunta precisamente para mí, sino para el presidente. Yo creo que él tiene una visión y lo que logro percibir es que es una idea de desarrollo institucional, de construcción institucional. Si esto va rumbo a un Ministerio, no lo sé, porque esto ha sido tan precipitado.

¿Ha tenido usted ya contacto directo con él?
Claro, yo tuve un reunión en la que él me anunció que me iba a nombrar, y entonces me explicó la importancia que él concedía a la cultura.

¿Y qué importancia le concede?
Pues en la misma dirección en la que yo la venía comprendiendo: la de una transformación cultural que acompañará a los cambios económicos, sociales y políticos del país. Pero tampoco pudimos ahondar mucho, por eso te digo que esa es una pregunta para el presidente. Pero sobre esa base está construido el decreto (de la formación de la Secretaría de la Cultura) y, de hecho, hay varias cosas muy positivas: el hecho de que el presupuesto va a ser mucho más fluido, la comunicación entre ministros y secretarios es también mucho más fluida.

Cuando dice que el presupuesto será más fluido, ¿significa que será más presupuesto?
No, no creo que sea más presupuesto. Creo que va a haber una batalla de todas las dependencias por el presupuesto por la situación que hay ahorita.

¿Ha tenido reuniones con el presidente para discutir cosas concretas?
Yo al presidente lo vi una sola vez, cuando él me anunció -en una reunión breve- que me iba a nombrar, y ahí me citó para la reunión de nombramiento. Después de eso no lo he vuelto a ver. Sí he tenido que ver a gente de Casa Presidencial, porque al pasar a ser Secretaría entramos en un paquete con las otras cuatro Secretarías (Comunicaciones, Asuntos Estratégicos, Técnica, Inclusión Social) y, por lo tanto, hay cosas que se van a racionalizar y van a ser comunes.

¿Hubo proceso de traspaso? ¿Se reunió con Federico Hernández ya?
No. A mí me nombraron el viernes 26 por la mañana, y por la tarde, como a las 4, fui a Concultura. Telefónicamente le pedí una reunión a Hernán Arteaga (director ejecutivo), quien atentamente me recibió en la sede de Concultura para platicar cosas del traspaso y cosas generales, fue una reunión bastante cordial, y eso fue todo.

¿Entonces no ha buscado a Federico Hernández?
Fijate que no, porque yo había decidido hacer una secuencia completa de intercambios con los presidentes y presidentas de Concultura. Hacer una recuperación histórica de los distintos aportes de la gente. Yo parto de la base de que todo es acumulaciones, procesos, no es que se parta de nada. Y claro que uno puede estar más de acuerdo en un sentido o en otro. Hasta el momento he visto a (Gustavo) Herodier, porque no he podido localizar a Claudia (Allwood), y claro que voy a hablar con Federido, me interesa.
 
Si uno ve cualquier traspaso institucional, lo normal es que al primero que se busque es al saliente…
Pero no estaba fijado ese protocolo…

Pero es lógico…
Pero no se dio el protocolo exactamente así, y yo inmediatamente me metí a la dinámica institucional a tratar de ver las cosas, a resolver necesidades inmediatas.

¿Cómo encontró la institución? ¿Qué fue lo primero que buscó?
A la gente, por supuesto. Identificar a la gente para tener un primer diálogo. En este sentido yo me había fijado el objetivo de ir a las Casas de la Cultura, y a la primera que íbamos era a la de Quezaltepeque. Tuvimos que cambiar el rumbo porque nos dimos cuenta del robo de piezas arqueológicas en Armenia, y nos fuimos inmediatamente a hacer una revisión, y ahí llegó el equipo de arqueólogos, o sea que nos hemos conocido trabajando con varios ya.

¿Siguen todos los directores en funciones?
No. Yo les avisé de una finalización de contrato anticipada a tres directores: al de Patrimonio Cultural (Héctor Sermeño), al de Espacios Culturales (Manuel Bonilla) y al director ejecutivo (Hernán Arteaga).
 
¿Por qué a ellos tres?
Ellos tres porque básicamente el objetivo es que la institución cambie, y que sea un cambio significativo, y estos son puestos de confianza, y los contratos terminaban en diciembre, es una anticipación de una reorganización que pienso hacer. 

Cuando se habla de Cultura desde las instituciones, la retórica se llena de palabras y abstracciones como fomento, identidad, rescate, memoria histórica, sensibilización artística... ¿Cómo piensa concretar esta retórica?
Lo que pasa es que el concepto de cultura es uno de los más complejos que hay, como lo es el de ideología, son conceptos construidos a partir del siglo XVIII y siempre en debate y discusión. Entonces es normal que de repente unos acentúen un aspecto y otros otro, y los hay que tengan ideas como el que dijo por ahí que la cultura es como un arete que adorna a los políticos. A mí una cuestión que me parece crucial en el concepto de cultura es la creatividad, es una cuestión medular, y eso va a tener un peso sustantivo en la organización de la cuestión cultural, de la política cultural. Es decir, para mí, la fuerza transformadora de cambio que tiene un país es creativa, es en la creatividad donde está toda transformación, es como plasmarse esa cultura.

¿Cómo se concretará ese concepto en su gestión?
En apoyar a todos los procesos creativos, a los procesos creativos institucionales, no a los burocráticos. Ahí tenemos la orquesta sinfónica nacional, el ballet folclórico, el coro, que son procesos creativos, esos para mí tienen privilegio sobre cualquier otro proceso burocrático. La burocracia está para servir a la creatividad, y no la creatividad para servir a la burocracia.

Cuando dice “apoyar”, ¿a qué se refiere?
Pero te quiero terminar de decir esto… la creatividad es un patrimonio del ser humano individual y social, y en ese sentido cuando digo apoyo, viabilización, estoy diciendo facilitar, compartir, articular los procesos que tengan que ver con la creatividad, darles herramientas cuando no las tienen, como grupos musicales que tienen un potencial enorme pero no tienen instrumentos porque no tienen cómo comprarlos, ahí se trata de apoyar, si otros los tienen se pueden compartir, y eso también se trata de articular. Esa es la idea fundamental, que por cierto no es mía, es de Cornelius Castoriadis, un filósofo que piensa mucho en la cultura. Esa es mi base, pero no quiere decir que no respete y entienda las corrientes antropológicas. No me parece censurable que alguien tenga una idea diferente de cultura a la que yo tengo.
 

Breny Cuenca

¿Cuál es su opinión como académica, no necesariamente como secretaria de la Cultura, sobre el papel que debe tener en Estado en el desarrollo cultural?
Hay lineamientos grandes, y ahí que se arme el debate. Uno es que el Estado solo debe ayudar y viabilizar los procesos culturales y artísticos; otro, que el Estado debe apropiarse de la producción cultural y hacerla; otro, que tiene que ver con el Estado que debe apoyar, participar, coordinar con la sociedad civil, porque la cultura está permanentemente surgiendo en la sociedad. También el Estado tiene su parte de quehacer cultural. Nosotros -y hoy ya te estoy hablando como funcionaria- no nos podemos desentender de la Orquesta Sinfónica, por ejemplo, como proceso creativo acogido. Tiene que ser cada vez más creativo el Estado en sí, no solo la parte de cultura, cada vez menos burocratizada, y cada vez más fuerte en el apoyo a la sociedad que está en movimiento.

La administración saliente se planteó desarrollar una política cultural, y para ese fin desarrolló una consulta nacional cuya planeación y desarrollo duró casi todo el quinquenio, y los resultados de esta los presentó Federico Hernández como valiosos e imprescindibles, pero no llegó a configurar la prometida política cultural…
Hay que ser claros en una cosa: lo que quedó no fue una política cultural, lo que quedó fue un diagnóstico que lo he venido a leer y a estudiar acá y que lo leí con bastante atención. Es un diagnóstico con algunas cualidades y tiene recomendaciones que pueden ser muy útiles, pero pienso que hay otros documentos más estratégicos, como el del PNUD de 2005, que trae una fuerte parte sobre cultura; la encuesta nacional de cultura de la Comisión Nacional de Desarrollo, que estaba incluido en el Plan de Nación, es un aporte importante. Luego está la mesa del diálogo del FMLN que hace una serie de valiosísimas propuestas, también el Foro de Intelectuales. Lo que pasa es que ha habido muchas consultas parciales, y yo ya he pedido asistencia personal para la sistematización de todo eso, porque es muy importante recoger la opinión de muchas personas.

¿Entonces el diagnóstico que dejó la administración anterior lo ve como un documento más de insumos?
Como un documento más técnico. Las ideas más imaginativas no están ahí, las ideas más imaginativas están en el Diálogo, en el Foro en el PNUD, cuestiones más atractivas. El diagnóstico es más estadísticas, que son un insumo también.

Hablando de consultas, quiero pasarme a una reciente, la del 10 de junio en un hotel capitalino por solicitud del presidente Funes para que la comunidad artística propusiera nombres para dirigir la anunciada Secretaría de la Cultura. Un acto que pareció improvisado y que dejó como resultado una lista de nombres, grupos enfrentados y sinsabores porque al final no se eligió a ninguno de los dos más aclamados. El Foro de Intelectuales incluso publicó un fuerte pronunciamiento contra la decisión de Funes por usted. ¿Qué piensa de todo eso? ¿Tratará de acercarse a los detractores de su nombramiento?
Yo pienso que todos los que trabajan en la cultura son mis interlocutores como Secretaria de la Cultura, a fuerza. Es un proceso, por ejemplo, con Manlio (Argueta) -el segundo lugar en la votación del 10 de junio- he platicado maravillosamente, yo a él lo respeto muchísimo como escritor…

¿A José Roberto Cea -el más votado del 10 de junio- lo visitó también?
No, a él no. A Manlio lo visité no porque haya sido candidato, sino porque dirige una de las instituciones más importantes, a la que no se le ha dado prioridad, es decir, la Biblioteca Nacional. He estado dentro de la institución trabajando, han estado problemas graves que exigen soluciones…

Usted se ha encontrado a un gremio cultural muy efervescente, muy alerta, que no está unido, pero sí más organizado que nunca…
A mí eso me parece una buena noticia que la gente esté activa y participando. Los gremios de artistas e intelectuales en todo el mundo son muy polémicos y aguerridos y hay grandes batallas culturales.

¿Pero qué opinión tiene usted de ese proceso para elegir a un funcionario para la cultura? Eso no se hizo para ningún otro ministerio o secretaría.
Yo estaba con mi vida en México cuando se desarrolló todo eso y no tengo la información detallada, pero creo que sí fue inédito en el sentido de que se abrió la posibilidad de discutir ciertos temas. Ahora bien, yo he estado absolutamente clara de que era el presidente al que le correspondía decidir y no someter el cargo a votación, sencillamente por lo que las ciencias políticas dicen: hay tres poderes, el ejecutivo, el legislativo y el judicial. El presidente es electo para configurar su gobierno, o sea, tiene el voto de la nación para hacerlo. Él no va a dar cuentas por un ministerio, sino de todo el gobierno, por tanto sería una ruptura de la concepción política de lo que es el poder ejecutivo si se votara para elegir a un ministro, o el jefe de cualquier otra dependencia. Eso en ninguna otra parte existe.
 
Este proceder dejó la sensación en algunos de que la cultura no era vista con mucha seriedad por el nuevo gobierno, porque, como usted dice, para ningún ministerio se convocó una votación similar… Entonces, ¿por qué habrá optado por esa consulta y por qué se hizo todo tan tarde?
No sé por qué. Probablemente la idea era tener un despliegue de nombres de la cual se pudieran valer para estudiar currículos. También está el factor de que no se podía nombrar al funcionario porque estaba el proceso legal de pasar del consejo a la secretaría.

Volviendo a la cuestión operativa, de hacer posible todo lo hablado, ¿ve posibilidades de que haya mejores números presupuestarios para su Secretaría?
Yo creo que hay recursos, que nos son muchos. La mayoría del presupuesto actual se va en personal, en planilla, pero también creo que puede haber economía de recursos en unas áreas, para poder aplicar estos recursos en las áreas creativas. Ahora, yo pienso que sí hay que hacer una innovación institucional para que esto pueda ocurrir. La nueva misión y visión creo que va a motivar mucho, y claro, hay gente que no la mueves con nada, pero yo he visto en estos pocos días gestos muy positivos de la gente.
 
Con 14 millones anuales, que fue el techo presupuestario en estos últimos cinco años, ¿cree que es viable comprometerse con cambios sensibles?
Mira, yo voy a tratar de negociar lo más que pueda para fortalecer los proyectos que considero fundamentales. No solo por la creatividad, no solo porque ahí se está jugando el motor de la energía transformadora del país, sino porque además la cultura implica las oportunidades para la no violencia, para que los jóvenes tomen ese camino, entiendan y tengan una idea del arte. Por todo eso creo que se merece los recursos necesarios, humanos y financieros. Todos los ministros y secretarios vamos a hacer la misma gestión porque, claro, todos pensamos que nuestro paquete es lo más importante, pero no nos vamos a quedar con los brazos cruzados, vamos a hacer gestión internacional poderosa, ya se está formando una oficina para gestión internacional, para becas, proyectos específicos, reforzar a la ópera, la música, los pintores. También están los hermanamientos, es decir, por un lado está el presupuesto nacional, pero la cultura puede movilizar muchísimo.

¿Cómo se plantea la relación con el Ministerio de Educación? En la administración anterior no hubo mucha fluidez…
Yo ya tuve una reunión con el vicepresidente y ministro de Educación Sánchez Cerén, y tuvimos una reunión muy cordial, con interrogantes como esta, comentando qué entendemos cada uno del nuevo rol que tenemos. Este año llegamos hasta diciembre con el presupuesto ya aprobado y bajo la ejecución de Educación. Platicamos justamente la cuestión del pénsum, y acordamos buscar la manera de cómo cooperar. Yo creo que va a haber una muy buena cooperación porque la educación no está divorciada de la cultura, son esferas distintas pero muy cercanas, y por eso mismo hay una tendencia mundial hacia la creación de ministerios de cultura, y nos vamos a documentar sobre los argumentos de fondo para estudiar las posibilidades.
 
La visión y la política partidaria suelen ejercer influencia en asuntos culturales, por ponerle un ejemplo, el guión del MUNA no da cuenta de ciertos modos de producción precolombina y colonial, ni de los eventos de 1932, ni aborda el período de la guerra ni sus antecedentes… también se aprecia en los manuales de historia del MINED un discurso con omisiones… ¿Cómo puede gestionarse la cultura de manera de minimizar estos efectos en los productos que constituyen el acceso de la población a los asuntos culturales, historia, identidad?
Yo creo que las doctrinas y lo ideológico están presentes en el clima intelectual de toda época, eso es inevitable, y eso genera batallas intelectuales, y a mí me parece importante que se den esas batallas intelectuales, que se ganen. O sea, no se puede borrar de la historia 1932, yo tengo tres tíos que murieron ahí, están en la historia familiar, en la guerra de los 80 murieron muchos amigos míos, parientes y de todo, nadie puede borrarlo de la historia. Tiene que haber forma de distribuir conocimiento, ya que en la prensa no se puede hacer eso, no hay espacios, hay que crear espacios nuevos, y en ese sentido yo estoy muy interesada en abrir una red de distribución de periódicos, de libros, de objetos culturales nacionales. Todavía no sé como, pero hay que lograrlo. No se debe permitir tampoco que se imponga una corriente específica, debe haber diversidad, debemos tener diversidad a nivel de la cultura, ya que no tenemos diversidad en la prensa, hay muy poco, no tenemos en los medios de comunicación un gran espectro como se tiene en México o Argentina, que puede uno ir de las tendencias más radicales a las más liberales pasando por muchas propuestas, aquí no se puede hacer eso porque no existe.

¿Prevé un bebate político-partidista, negociaciones políticas? ¿Tiene experiencia en esas artes, que en este país son las que hace que sucedan o no sucedan las cosas?
Negociaciones políticas hay todo el tiempo, y yo no tengo esa experiencia, pero la estoy adquiriendo: en estos 15 días ya aprendí algunas cosas. Vamos a ver, porque hay que aprenderlas.

En los objetivos de la Secretaría de la Cultura de El Salvador, ¿quién está en el centro: la población en general o los artistas?
No es dicotómica la cuestión, no es cosa de “o uno, o el otro”. Ya hay una dirección de política que ya la empezamos a implementar, en relación con lo que será la nueva dirección de arte, que atenderá a los artistas, y la red de Casas de la Cultura donde los artistas se relacionan con la población. Aquí se trata de articular con los procesos de descentralización y desarrollo local, y también con los salvadoreños en el exterior.

Los artistas llevan reclamando por mucho tiempo la dignificación de su trabajo, la formalización, tener seguro social, AFP, como todo ente productivo. ¿Habrá atención a esas demandas ahora?
Es una demanda totalmente justa y hay que trabajar por ella firmemente. No puede ser que los artistas no tengan acceso a la salud, a una pensión, y es una cosa muy importante y hay que ver qué soluciones se encuentran. Ver de qué manera se ponen recursos en función de la creatividad, es lo que vengo enfatizando.

¿El decreto de formación de la Secretaría contempla ya una nueva estructura?
No, el decreto contempla una autoridad, la secretaria, para iniciar el proceso de organización. Pero sí va a haber cambios importantes.

Breny Cuenca

Las crisis más fuertes que enfrentó Concultura recientemente fueron a raíz de la aplicación o no aplicación de la Ley de Patrimonio Cultural, y su administración -que algunos expertos del mismo Departamento de Arqueología calificaban de antojadiza-. ¿Cómo piensa prevenir que se siga destruyendo patrimonio por permisos de construcción, falta de rigurosidad y criterio técnico?
Yo ahí sí voy a aplicar la ley y que se hagan las leyes complementarias y los reglamentos necesarios para proteger el patrimonio. Tengo contemplado fortalecer el Departamento de Arqueología, desde donde se debe dirigir la política de investigación de modo que no se dañe el patrimonio investigado, que haya dictámenes de expertos calificados muy profundos. Es una cosa importantísima.

¿Ya hizo auditoría? ¿Encontró plazas fantasmas?
Yo esa petición la hice, e inmediatamente la tomaron en cuenta en Casa Presidencial. Pedí una auditoría hasta el 30 de junio, y han estado ahí los auditores todo este tiempo, así que yo espero que todo salga bien. Tengo la impresión de que los problemas tienen más que ver con la falta de visión o desorden administrativo, falta de prioridades en el sentido correcto. Puede haber otro tipo de problemas, pero no lo sé aún, y mientras no tenga un dictamen, no puedo decir nada.
 
¿En cuánto tiempo cumplirá el mandato de organizar la Secretaría?
De hecho, tengo que comenzar ya, pero para hacer el proceso de reingeniería interna queremos hacer una planeación y evaluación estratégica con expertos en estos procesos que nos ayuden a llevarlo a buen fin. Pero mientras tanto, no nos podemos paralizar, porque ese es el problema que yo le veo a los diagnósticos, que mientras se hacen, todo se queda parado.

¿Qué podemos esperar para los primeros 100 días de usted en la Secretaría de la Cultura?
No me lo preguntes hoy, preguntámelo en 15 días más y prometo que te lo digo... ja, ja, ja. Nosotros vamos un mes atrás, pero no importa, no nos vamos a escudar en eso. En 15 días te prometo que te digo cuáles van a ser los logros de los 100 días. Lo difícil será que para hacer una promesa de 100 días, tienes que tener la seguridad de poder mover los recursos, que cuentas con el aparato organizativo para lograrlo. Yo en 15 días no sé si tengo los recursos, porque mientras no salía el decreto no se podía procesar nada.

* Con aportes de Elena Salamanca

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