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Tegucigalpa con los ojos vendados

Las calles están vacías, los negocios cerrados y la energía eléctrica racionada. Los hondureños, desinformados, aguardan el desenlace del golpe de Estado que sacó del poder al presidente Manuel Zelaya.

Carlos Dada
cartas@elfaro.net
Publicada el 29 de junio de 2009 - El Faro

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Tegucigalpa parece una ciudad desierta, con calles interminables por las que no circula nadie. Es domingo por la noche y llueve en esta ciudad silenciosa, dominada por un toque de queda que inició a las 9 PM, porque aquí hubo un golpe de Estado esta mañana, el primero que registra Centroamérica desde 1993. Honduras, desinformada, aguarda el desenlace.

El presidente Manuel Zelaya se despertó con un fusil apuntándole y los militares que interrumpieron su sueño lo trasladaron en pijamas hasta Costa Rica, desde donde narró su encuentro con los soldados que llegaron a su casa: "Me decían: si no suelta el celular, le disparamos. Suelte el celular señor, y todos apuntando sobre mi cara y mi pecho. En forma muy audaz les dije: si traen orden de disparar, disparen, no tengo problema de recibir, de parte de los soldados de mi patria una ofensa más para mi pueblo, porque lo que están haciendo es ofendiendo al pueblo".

Según su testimonio, en la operación hubo un enfrentamiento con miembros de su guardia personal, aunque aún se desconoce si hubo muertos o heridos durante el golpe de Estado. Zelaya dijo que "hubo un momento en que las ráfagas de las metralletas que estaban disparándose enfrente nuestro eran tan fuerte y era tanta la violencia y la brutalidad con que invadieron más de 200 elementos (militares) mi casa…

Apenas un día antes, el mandatario hondureño había dicho: “Preguntémosle a la gente quién quiere que se vaya, si el presidente o el Congreso, y estoy seguro que los diputados se van”.

Se terminó yendo él, mientras los diputados elegían a Roberto Micheletti como presidente interino. Afuera, en los alrededores del palacio presidencial, unas decenas de seguidores de Zelaya mantenían unas barricadas provisionales y prendían fuego a neumáticos y basura. Gritaban, apenas conjurando el pasmoso silencio que invade a todo el país.

Muy pocos en Honduras entendían este domingo qué había pasado. En la frontera de El Amatillo, por donde entramos el domingo en la tarde, las autoridades no habían sido notificadas del toque de queda. “Lo escuchamos en un canal de televisión de El Salvador”, dijo un agente migratorio.

No encontramos un solo retén militar en todo el camino. Apenas una decena de vehículos se cruzó con nosotros. A pesar de que las autoridades anunciaron que el Ejército había sido desplegado por todo el país, las primeras tanquetas aparecieron en el centro de Tegucigalpa, junto al palacio presidencial.

“Bienvenidos a Honduras. Ojalá se sepa la verdad”, nos dijo un soldado en Tegucigalpa. Eran las 10:30 de la noche, hora y media después de que inició el toque de queda. Nos permitió seguir circulando, pero se negó a decirnos cuál era “la verdad”.

Los seguidores de Zelaya que estaban apostados en los alrededores del Palacio Presidencial cerraron la calle con barricadas hechizas, y armados con palos amenazaban con impedir la llegada de Micheletti, o de cualquier extraño. Algunos vigilantes privados, en los alrededores de la zona, aseguraban que por la tarde hubo disparos, pero no había registro de víctimas. Los manifestantes negaron que hubiera enfrentamientos con fuerzas policiales o militares. 

Los medios de comunicación tampoco transmitieron una crisis política histórica. Las pocas radios activas continuaron programando música y la televisión tiraba anoche una película de Pedro Infante o videos musicales. Junto al silencio, Tegucigalpa se acostó anoche desinformada.

Los periódicos del domingo en la mañana, cuando Zelaya aún gobernaba el país, abiertamente acusaban al mandatario de traicionar la Constitución hondureña. El Heraldo incluso publicó una nota asegurando que nicaragüenses armados circulan por territorio hondureño con granadas para causar atentados. ¿Su fuente? “un analista”. La Tribuna, propiedad del ex presidente Carlos Flores Facussé, abría así una nota deportiva: “Mientras el país vive momentos críticos por las ansias de poder de un político ignorante, otra vez el fútbol volvió a ser una vía de escape para un pueblo con escasas alegrías”. La nota versaba sobre el triunfo de la selección hondureña sobre su similar de Panamá, en un amistoso celebrado en Estados Unidos.

Después del golpe, las versiones electrónicas de los periódicos abiertamente cantaban victoria. Uno de ellos titulaba: “Honduras contra la ilegalidad”, señalando que una comisión del congreso encontró a Zelaya culpable de violar la Constitución al intentar reelegirse, justificando así su derrocamiento.

Otro citaba una presunta carta de renuncia de Zelaya: “Dada la situación política polarizada que se ha presentado, la cual ha dado lugar al desencadenamiento de un conflicto nacional que ha erosionado mi base política, y debido a problemas insuperables de salud que me han impedido concentrarme en los asuntos fundamentales del Estado, cumplo con el deber de interponer mi renuncia irrevocable a la presidencia de la República, junto con la de mi Gabinete de Gobierno, efectiva a partir de esta fecha”. Zelaya desmintió también haber redactado esa carta.

Micheletti, el presidente interino, llamó a la unidad nacional, prometió combatir el crimen y la pobreza y anunció elecciones en noviembre próximo. Pero la mayor unidad que Honduras encontró fue la de la comunidad internacional, que condenó unánimemente el golpe de Estado y exigió, desde Caracas, Bogotá, San Salvador o Washington, la restitución inmediata del presidente Zelaya.

La OEA  ha ordenado aplicar la carta democrática interamericana y en un comunicado advirtió que desconoce al gobierno interino presidido por Micheletti. Por la tarde, el presidente estadounidense Barack Obama se adhirió a la posición de la OEA y llamó a respetar la Carta Democrática, según la cual ningún golpe de estado será avalado.

Este mismo domingo por la noche, Zelaya viajó de San José a Managua, donde se reunió con los presidentes de Venezuela, Nicaragua y Ecuador quienes reiteraron su apoyo al depuesto mandatario. Ahí este lunes se reúnen los presidentes de Centroamérica, en una sesión extraordinaria de la que ya se adelantó que saldrá una declaración para exigir la restitución de Zelaya. Honduras es hoy un estado paria.

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