Para los salvadoreños -ofendidos por los Hugo Sánchez o los David Faitelson que los acusan de ser analfabetos o anónimos cavernícolas del fútbol-, ganarle a México vale casi tanto como ir al Mundial. El 2-1 del sábado fue una de esas victorias anestesiantes que hacen olvidar miserias y agravios futbolísticos previos. Ganarle a México es curativo. Es catártico. Ver caer a México en el Cuscatlán es medicinal.