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NOTICIAS Paulina y Vicente, Arcángel, Perla
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En los juzgados de sentencia del Centro Judicial Isidro Menéndez hay un calificativo para los testigos que utiliza la Fiscalía. Para cuatro funcionarios de estas dependencias consultados por El Faro, a la Fiscalía le gusta mucho presentar “testigos multiusos” para sustentar sus casos.
Leonardo Ramírez Murcia, juez quinto de sentencia, explica que hay casos en los que la Fiscalía intenta sorprender a los juzgadores utilizando testigos que minutos, horas o días antes, han declarado en otra salas. O simplemente declaran en un solo caso pero con falsedad en su testimonio. En San Salvador, los jueces de sentencia han ubicado a estos testigos gracias a las contradicciones que los mismos plantean a la hora de declarar. En otros casos, los jueces se han percatado de que los testigos a los que se les protegen su identidad -y que aparecen referidos por claves- son familiares de las víctimas que nunca observaron los crímenes.
El testigo Clave Paulina es un caso. Este testigo clave atestiguó en el caso de homicidio agravado en perjuicio del agente policial Jorge Alberto Hernández Gómez. Por este crimen, perpetrado el 4 de marzo de 2007, la fiscalía acusó a José Alexander Hernández León, policía, de 30 años; y a Roxana Margarita Zamora Moreno, empleada de la Policía Nacional Civil y otrora compañera de vida de la víctima.
Paulina no vio el crimen pero sí identifico, según el requerimiento fiscal, cuando Hernández León y Zamora Moreno pasaron por el lugar del crimen –cometido en una colonia de Mejicanos- antes de que este sucediera; y cómo, después de oír disparos, los vio huir en un carro rojo de cuatro puertas. Los dos acusados, según la prueba de descargo, estaban cenando con una familia conocida en una colonia de Apopa.
Paulina fue utilizada para reforzar el testimonio de otro testigo falso, Vicente, que dijo observar el hecho y situó al supuesto homicida en una posición imposible, a juzgar por la trayectoria en que fue disparada la bala que mató Jorge Alberto. En la resolución del caso con referencia judicial 298-2-2007, los jueces determinaron que lo dicho por Vicente no era creíble porque dijo que la supuesta asesina disparó de frente a la víctima, como a dos metros de distancia. La trayectoria del proyectil, sin embargo –que ingresó por la parte de atrás de la cabeza - indica que a la víctima le dispararon por la espalda. Vicente, en la rueda de reconocimiento efectuada para este caso, actuó igual que Clave Uno en Zacatecoluca: no reconoció entre un grupo de reos a la persona a la que acusaba.
Sobre el testimonio de Paulina, que no vio el hecho, no había nada más que analizar, concluyeron los jueces. A Paulina, dos funcionarios del tribunal cuarto de sentencia, dos del quinto de sentencia y un guarda de seguridad del centro judicial, la vieron declarar en otro caso por homicidio en el juzgado cuarto de sentencia, luego que terminó de declarar en el quinto.
Arcángel
En el mismo cubículo en el que declaró Paulina en el quinto de sentencia, también desfiló el testigo clave Arcángel, según consta en el caso 77-1-2008. Este testigo dijo haber visto el asesinato de José Antonio Navidad Platero, ocurrido a las 19:30 del 8 de febrero de 2007, sobre la calle principal de la colonia 1 de La Cima 1, en Ilopango.
Por este caso, la Fiscalía acusó a Edmundo Esaú Lopéz “alias mundo” y Josué David Hernández “alias gemelo”. El testimonio de Arcángel fue declarado incoherente porque dijo que observó el crimen luego de “tirarse al suelo” junto a un carro, cuando escuchó los disparos. Y desde el suelo observó, con detalle, la posición en que se colocaron los homicidas, otros tres hombres, supuestos pandilleros de la 18, que brindaban seguridad a los asesinos cerca de la tienda Stefany, lugar en el que se encontraba la víctima.
Arcángel dice haber visto, además –desde ocho metros de distancia-, la posición del homicida en relación a la víctima y el número de armas que portaban (dos revólveres). No recordó el número de disparos (que fueron siete, según la autopsia), pero sí la frase que pronunció uno de los asesinos: “El que hable, se muere”.
Desde el suelo, Arcángel distinguió que quien disparó el arma homicida fue un tal “gemelo”, de nombre José Alexander Orantes Hernández -que realmente tiene un hermano gemelo-, pero no supo decir cómo podía diferenciar a uno del otro.
“Por otra parte, se ha dicho que Arcángel iba pasando, es decir, no estaba en el lugar antes que el hecho sucediera. Sin embargo, de inmediato afirma que ya estaba ahí y que estaba viendo el mismo. Que se quedó observando. ¿Iba pasando o ya estaba ahí? No explicó cómo fue que logró ver el rostro de los imputados si se conducía al otro lado de la calle e inmediatamente se tiró al suelo, abajo del vehículo. Luego narra hechos que sucedieron como si los hubiera continuado observando sin meterse debajo de los carros”, dice en la resolución.
El testigo, en su declaración final, dijo que observó primero y luego se tiró al suelo. Los funcionarios del tribunal se percataron luego de que el testigo era el padre de la víctima.
José María y Perla
En la sala del quinto de sentencia, ubicada en el tercer nivel de salas de audiencias del centro judicial Isidro Menéndez, en San Salvador, en mayo de este año, desfiló también el testigo clave José María, quien supuestamente llegó a corroborar la versión del testigo clave Perla.
A Perla, el acusado, identificado con el alias Joker (René Alexis Sánchez Rodríguez, de 22 años), la sacó de la casa que cuidaba, le golpeó en la cabeza con “un machetillo” e intentó estrangularla. Perla se salvó porque al caer inconsciente, su captor pensó que ya estaba muerta. El Joker ingresó junto a otros dos hombres a la casa que cuidaban Perla y José María para robar. Al final, solo se llevaron un parlante marca Aiwa valorado en 125 dólares.
En su testimonio, Perla relata que cuando ella le rogaba que la dejara en libertad, el hombre exclamó: “No, puta, porque todas las viejas después que las dejan libres lo primero que hacen es ir a decirle a la policía”.
Perla recobró el conocimiento hasta la madrugada del día siguiente. En este caso, los jueces decretaron la libertad del acusado porque la Fiscalía, en lugar de reprogramar una rueda de reconocimiento que se había frustrado –porque la defensa alegó que no había personas con características similares a las del imputado- prefirió inventarse un testimonio que apoyara el de la víctima.
En este caso, el testimonio de Perla sí es real, mas no el de José María, cónyuge de Perla, y a quien la representación fiscal hizo desfilar como una persona distinat: un vigilante de la zona que observó el crimen desde 20 metros de distancia y que no hizo nada para impedirlo. Cuando en realidad, según el mismo testimonio de Perla, el hombre que encarnó el papel de José María -es decir, su esposo-, al ver que tres hombres ingresaron a la quinta que cuida en la calle al volcán de San Salvador, huyó del lugar, dejándola en manos de los asaltantes.
Aunado a esto, en el juicio, los jueces hicieron ver que como Perla gozaba de régimen de protección, esto le imposibilitó hacer un reconocimiento directo del imputado que, efectivamente, estaba en la sala. En su testimonio, Perla dijo que su captor era alto, moreno, con un tatuaje en la frente. El Joker es alto, moreno, tiene un tatuaje en la frente y estaba en la sala, sentado junto al abogado defensor.
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