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NOTICIAS Los testigos falsos de la FiscalíaDefensores y jueces han pillado varias veces a la Fiscalía General de la República presentando testigos falsos para intentar ganar sus casos contra los supuestos victimarios que, de repente, se convierten en víctimas del aparato estatal. La Corte Suprema, la Procuraduría General, la Procuraduría de Derechos Humanos y el mismo fiscal general, Félix Garrid Safie, conocen esta práctica. El Faro presenta siete casos en los cuales los testigos inventados declararon en juicios por homicidios. Daniel Valenciacartas@elfaro.net Publicada el 28 de julio de 2008 - El Faro
Aquel viaje era vital para la Fiscalía. El juzgado había ordenado para ese día, 27 de junio de 2007, el reconocimiento de personas que se había suspendido tres meses atrás, porque el testigo conocido como Clave Uno había dicho sentirse desprotegido en aquel momento. Era ese día o nunca. Si la Fiscalía y su testigo de cargo no acudían a la cita, esa prueba no sería admitida en el juicio. Por eso, en la oficina de la Fiscalía en Zacatecoluca, testigo y fiscal abordaron un vehículo y recorrieron los 102 kilómetros hasta el centro penal de Ciudad Barrios. Clave Uno identificaría al supuesto pandillero de la Mara Salvatrucha que asesinó a Jeremías. La Fiscalía daba por ganado el caso. Y lo perdió. Tres meses antes del viaje, el testigo había declarado que podía ubicar –y dijo estar convencido de poder identificar muy bien- al acusado. Esta declaración, a falta de arma homicida y de pruebas técnico-científicas (huellas dactilares y balísticas, por ejemplo), era el único elemento con el cual las autoridades podían ubicar al supuesto asesino en la escena del crimen. Según dijo el testigo, el 24 de marzo de 2007, a las 7:10 p.m., vio cuando el homicida ingresó a la vivienda de Jeremías Ezequiel Rosales y lo asesinó. Jeremías, recostado en una hamaca, no pudo defenderse. El homicida vació el cartucho del arma sobre el cuerpo de la víctima. “Observó que el imputado venía saliendo de la casa de la víctima con un arma larga en la mano tipo subametralladora. Al observarlo, se escondió y logró observar al imputado junto a otros dos sujetos. Señaló que lo podría reconocer”, consta en la declaración que le tomaron los agentes Reynaldo Almenar García y Reynaldo Herrera Córdova, de la Unidad de Investigación (Udin) de la Policía Nacional Civil de Zacatecoluca. Nueve horas más tarde de la declaración, los investigadores dieron con el paradero del acusado, lo capturaron “en flagrancia” y dejaron constancia de eso en un acta. Desde el sábado 24, día en que se cometió el crimen, Clave Uno no volvió a ver al acusado, sino hasta la 1 de la tarde de aquel miércoles 27 de junio, en el centro penal. El reconocimiento del acusado entre un grupo de personas es un procedimiento que le permite a la Fiscalía sustentar su caso y también garantiza el derecho a la duda al imputado, porque si el testigo no lo reconoce entre otras personas de similares características, hay algo que está mal en su testimonio. Para la Udin y para la Fiscalía, este no era el caso con Clave Uno. Por eso, ese día, una hora después de haber ingresado a la penitenciaría, Clave Uno, acompañado del fiscal Raúl Oswaldo Arias, el juez Carlos Sánchez López y el defensor público Jaime Escalante Hernández, observaron cómo ingresaron, uno por uno, Mauricio Sócrates Llort, David Alexander Flores, Carlos Fito Pleitez, José Danny Clímaco y José Alfredo Argueta. Los numeraron del 1 al 5, de izquierda a derecha. Entre los cinco, el imputado gracias al testimonio de Clave Uno era el número 4. Clave Uno había hecho antes una descripción del asesino. “Tiene complexión delgada, piel entre morena clara, pelo rasgado, ni tan alto ni tan pequeño. Cicatriz en una mejilla, no sabe cuál. Lo vio tres veces el día de los hechos”, consta en el acta levantada una hora con cuarenta minutos antes de que se realizara la rueda de reos. Llegó el momento crucial. El juez pidió al testigo que señalara al imputado. Clave Uno señaló al número dos. “El reo no fue reconocido”, sentencia el expediente judicial 266Z2-A1-07. José Danny Clímaco no fue reconocido porque era mentira que Clave Uno hubiera presenciado el crimen. El Faro tuvo acceso a siete causas penales –entre las que se encuentra la de Clave Uno- en donde la irregularidad de testigos falsos la detectaron los tribunales quinto de sentencia de San Salvador y el tribunal de sentencia de Zacatecoluca. En estos casos participaron 21 agentes de la PNC y 16 fiscales. Ante la Fiscalía, sin embargo, denuncias formales de estos casos sólo han llegado dos. Una contra los usos de los testigos Clave Uno y Géminis (en Zacatecoluca), y otra contra el uso del testigo Clave Uno-849-07 (en San Salvador). Las acusaciones son por el delito de fraude procesal, aunque no se ha acusado a alguien en particular, de tal manera que la Fiscalía correrá con la responsabilidad de presentar uno o varios nombres para que los casos puedan judicializarse. Un elemento común en las siete causas es que el engaño se descubrió hasta la última etapa del proceso judicial, cuando los testigos son citados ante los jueces de sentencia. Y esto, en todos los casos, ocurrió entre nueve meses y un año después de que se cometieron los crímenes. Los acusados estuvieron presos todo ese tiempo antes de ser absueltos. Otro elemento común es que la prueba fraudulenta pasó inadvertida por los juzgados de paz y de instrucción, arropada bajo la Ley de protección de víctimas y testigos. La Fiscalía presentó los casos sustentándolos en declaraciones de testigos que nunca observaron los crímenes y que, por el hecho de tener protegida su identidad, jueces y defensores solo conocen de ellos hasta el momento de las audiencias. El testigo que veía homicidios La historia de Clave Uno no está marcada solo por el descubrimiento de que era un testigo falso. Con un nombre cifrado distinto también compareció como testigo en otro juicio por asesinato. Clave Uno cambió a Clave Géminis gracias, de nuevo, a la creatividad e inventiva de los agentes de la Udin de Zacatecoluca y fue respaldado por la Fiscalía -también de Zacatecoluca, como con Clave Uno- en el caso. El Faro tuvo acceso al nombre real de este testigo, el cual interpretó el rol de Géminis en un caso y el de Clave Uno en otro. Por razones de seguridad –y porque las autoridades se excusan diciendo que quien mintió fue la testigo y no la PNC ni la Fiscalía, con lo cual se desembocaría en una acción judicial en su contra-, este periódico se reserva la identidad del testigo. Clave Uno declaró en el juicio por homicidio agravado en contra de Jeremías, cometido el 24 de marzo de 2007. Dos meses más tarde, Clave Uno, pero bajo el nombre Géminis, dijo haber visto a un grupo de hombres que el 17 de mayo asesinaron a Carlos Salvador Reyes Rivas. Por este crimen, la fiscalía de Zacatecoluca realizó dos acusaciones separadas en igual número de instancias judiciales. Acusó a dos menores de edad por asociaciones ilícitas, según la causa 65-07, contra X y Y (se protege la identidad de los acusados porque así lo dicta la ley de menores), y a los adultos los procesó en el juzgado primero de instrucción, en la causa 238Z-1A1-07 que llegó al Tribunal de Sentencia. En este caso, de los seis acusados, Géminis dijo que pudo reconocer solo a dos. Dijo que los vio a todos como a las 10 de la noche del 26 de mayo cerca de la casa de la víctima, y que los encontró sospechosos. Luego, vio cómo se introdujeron en una barranca ubicada frente a la vivienda. Géminis se cansó de espiar y se fue a dormir. A las 2 de la madrugada del 17 de mayo se despertó luego de escuchar unos disparos. De nuevo, se asomó a la ventana y observó que sobre la calle principal de la colonia unos hombres huían de la escena del crimen. A los dos que reconoció los vio cuando se escondían las armas en la cintura, debajo de la ropa. A esos dos los identificó con nombre y apellido. La policía, de nuevo, no encontró armas ni huellas ni ninguna otra prueba que situara a los supuestos homicidas en la casa de la víctima, a la que dispararon. Aún así, 20 horas con 22 minutos más tarde, capturó a Guillermo Alfaro Castro (alias Memo, de 28 años) y a Juan Carlos Hernández (alias Satán, de 18) junto a otras cuatro personas: Saúl Osmery Orantes Rodríguez, de 24 años; su hermano, Salvador de Jesús Orantes Rodríguez, y los dos menores de edad. La policía dijo que eran conocidos pandilleros de la mara 18. Todos estaban reunidos a 100 metros de la casa donde se realizó la velación de Carlos Salvador Reyes Rivas. Con el testimonio de Géminis y la agrupación de todos los implicados en el momento de la captura, la Fiscalía hizo un requerimiento en contra de todos los imputados por asociaciones ilícitas. A Guillermo Alfaro Castro y Juan Carlos Hernández los acusó de homicidio agravado. Testimonio inventado A los seis días del asesinato de Carlos Salvador Reyes Rivas, y de que las diligencias fiscales se convirtieran en el escenario en el que actuaría Géminis; a 55 kilómetros de distancia, en Apopa, nacía otro testigo falso. Era 23 de mayo de 2007. Otro asesinato con arma de fuego. A las 5:50 de la mañana de aquel miércoles, Alcides Antonio Vides Erazo terminó de alistarse para ir a su trabajo. Tomó su maletín color negro y se despidió de su hijastra y de su esposa. Cuando atravesó la puerta de la casa, fue la última vez que lo vieron con vida. Cinco minutos más tarde, las dos mujeres escucharon disparos. Asustadas y temiendo por la vida de Alcides, salieron a ver. Entre la casa y el lugar del crimen no hay más que cinco metros de distancia. La casa de la víctima está ubicada en un predio baldío contiguo a la fábrica de Galvanisa, en Apopa. Ahí, entre la maleza, las mujeres encontraron a Alcides, de lado, encima de su maletín, con un balazo en el cuello y otro en el tórax. En el lugar no había nadie más. Los asesinos no dejaron ni un rastro, aparte de las balas y el asesinado. La esposa decidió dejar a su hija junto al cadáver y salió corriendo rumbo a la casa de un vecino para pedir auxilio. Estaba destrozada. La hijastra, más calmada, se quedó junto al cadáver de su padrastro, tomó su aparato celular y llamó al 911. La policía dio parte a las patrullas del sector a las 6:02 de la mañana. En cuestión de minutos llegaron los primeros agentes al lugar. Los agentes Carlos Alberto Coreas y Stalin Omar Solís, gracias la declaración del testigo, capturaron a Juan Carlos Chinchilla Ramírez, de 32 años. Soltero y de oficio mecánico soplador, según la policía, es conocido en la zona como “El Chino” o “Crazy”, miembro de la Mara 18. “Me dirigía rumbo a mi trabajo. Pasaron a tres metros delante de mí. Uno de ellos le dio el arma a otro. El que entregó el arma se llama Juan Carlos Chinchilla. Es de 1.50 de estatura. Llevaba camisa verde a cuadros y pantalón de lona. Los fines de semana se reúnen con otros de la 18”, dijo el testigo a los agentes. “A quien entregó el arma era alto, fornidito de 18 años. La tercera persona tenía 17 años. Delgado, pelo liso, cara aguileña. El Chino dijo: ¡hoy bichos, pónganle!” Clave Uno-849-07 se acercó al cuerpo sin vida de Alcides y lo encontró muerto, de lado. Dijo que no supo qué hacer, que se quedó parado unos minutos sin mover un dedo. Luego decidió ir a avisar a los familiares de la víctima. En la audiencia, realizada a principios de enero de este año, ante las repreguntas de la defensa, de la misma Fiscalía y de los jueces, el testigo fue cambiando su versión de los hechos. Primero dijo que avisó a los familiares de la víctima, luego dijo que a avisarles iba cuando estos llegaron. Luego, aseguró que habló con la hijastra del fallecido, y que fue él quien aviso a los agentes policiales. Según el testigo, el cuerpo sin vida de Alcides estaba a unos “45” de su casa. Según la hijastra y la viuda, estaba a cinco metros. El cadáver de Alcides fue levantado a las 10 de la mañana de aquel miércoles 23 de mayo. Su viuda, que seguía llorando, se fue junto a los agentes policiales rumbo a la sede fiscal para que le tomaran su declaración. Esta, junto a la del testigo clave, la de la hijastra y la de una testigo de descargo -que presentó la defensa para comprobar que Chinchilla estuvo con ella a la hora en que sucedieron los hechos-, constan en el expediente judicial 279-2-2007. Casi nueve meses tuvieron que pasar para que el caso, ya en etapa de sentencia, fuera analizado por los jueces del quinto de sentencia. El juicio arrancó el 7 de enero de 2008. Dos semanas más tarde, el 21, a las 3 de la tarde, se emitió el veredicto. Los jueces declararon “inconsistente” el testimonio de Clave Uno-849-07 porque su dicho no concordaba, para nada, con el testimonio que brindó la hijastra de la víctima, quien aseguró haber sido novia de Chinchilla, unas dos semanas, tiempo atrás. La menor aseguró que en la escena del delito, tras el crimen, solo estuvieron ella y su madre. Nadie más. Ella, dijo, no habló con nadie. Los jueces añadieron que el testimonio de la hija, y la madre, concuerdan. No así el del testigo clave. Sin embargo, hubo un hecho que desacreditó por completo a Clave Uno-849-07: su identidad. Según la ley de protección de víctimas y testigos, la identidad de estos debe resguardarse por completo. Para eso, la Unidad Técnica del sector justicia (Ute), encargada de validar la protección brindada por los agentes de la policía –o solicitada por la Fiscalía- remite el nombre a la Fiscalía en un sobre de papel manila color café. El sobre está sellado con grapas o con tirro. Ya en el juicio se abre para que la identidad del testigo clave sea verificada por el juez –a quien lo representa para este proceso el secretario del tribunal-, los abogados defensores y los fiscales. Adentro del sobre se encuentra un acta de la Ute en donde confirma las generales del testigo, las actas en donde se hace constar el proceso que se llevó para aplicarle la ley (acta de declaración con régimen de protección y la solicitud de régimen de protección, hecha por la policía) y el documento único de identidad. Verificada la identidad, esta es remitida en los documentos que analizarán los jueces para la etapa de deliberación. El sobre, luego, es sellado de nuevo. Los jueces habían determinado que los testimonios de esposa e hijastra de la víctima coincidían. Su sorpresa fue cuando, después, descubrieron la identidad de Clave Uno-849-07. “El tribunal y las partes verificaron la identidad del testigo mencionado y el ente requirente no puede alegar que desconocía la identidad de este...”, resolvió el tribunal, que subrayó que el jefe de la Fiscalía de Apopa, William Alfredo Vásquez, fue quien pidió las medidas de protección bajo el régimen de protección de víctimas y testigos. “Las cuales se utilizaron para presentar un testigo que no existe, que no presenció los hechos de la forma en que declaró en juicio. Por tanto la testigo Z (la hijastra de la víctima), con la denuncia, refirió circunstancias distintas a las que el testigo protegido (Clave Uno-849-07) ha referido. Al verificarse la identidad de dicho testigo se advierte una alteración de la verdad respecto al hecho que se conoce. Y no se puede dejar pasar por alto”, consta en la resolución de sentencia. Las generales de la esposa de la víctima y la de Clave Uno-849-07 eran las mismas, según fuentes del quinto de sentencia. Pero los jueces, ese día, ataron los cabos tarde. Según el artículo 337 del código procesal penal, si los jueces perciben un delito que se cometa en una audiencia, deben levantar un acta y ordenar captura. Este artículo también atañe a los testigos, peritos e intérpretes que llegan a declarar. Mentir en una audiencia es delito. Los jueces emitieron una sentencia que advierte sobre la importancia de la trampa que detectaron. “Es un incidente grave y delicado que no puede pasar desapercibido, pues al no existir la declaración del testigo se ha querido incorporar información inexistente. Lo que puede haber generado un falso testimonio y a la vez un fraude procesal y la violación de derechos humanos fundamentales. Ya que es probable que se haya manipulado información con el propósito de lograr una condena, mediante la inducción a un error judicial. Lo que desde todos los puntos de vista resulta nefasto”, concluyeron. Géminis se descubre Desde el 17 de mayo de 2007, fecha en que fueron capturados los seis sospechosos de haber participado en el asesinato de Carlos Salvador Reyes Rivas, hasta el día en que Géminis reveló por su propia boca su verdadero nombre, pasaron tres meses y seis días. Quien terminó de descubrir a la testigo utilizada en tres causas diferentes (la de Ciudad Barrios, más dos por el asesinato de Reyes, una contra los adultos y otra contra los menores), por dos homicidios cometidos en la misma localidad, fue un defensor público, para entonces contratado por la Procuraduría General de la República (PGR), oficina de Zacatecoluca. Pedro Almendares cuenta con más de 10 años de experiencia en esta área. Dice que “se hizo famoso” en los medios de comunicación cuando le tocó defender los intereses del narcolanchero Sabbas David Arias - miembro de la red de narcotraficantes liderada por el ex diputado Eliú Martínez- condenado a cuatro años de prisión en septiembre de 2005. En el primer trimestre de este año, Almendares cambió la defensa pública por la particular. Así gana más que los mil o mil 100 dólares mensuales que recibe un defensor público promedio. Tres de sus últimas defensas fueron para los casos de Géminis y Clave Uno. A mediados de agosto de 2007, a la Procuraduría General de Zacatecoluca –una casa vieja de dos plantas, con un patio interno por el cual se pasean los familiares de los acusados para indagar cómo avanzan los casos- llegaron dos mujeres a buscar al abogado. Almendares no se encontraba, pero estas fueron recibidas por su jefe, Humberto Polanco. Lo que las mujeres llegaron a decir fue el desplome del caso para la Fiscalía.Una de las mujeres dijo su nombre y su apellido, y dijo ser la persona que la Fiscalía utilizaba como testigo en el caso contra dos jóvenes menores de edad, acusados de asociaciones ilícitas en el asesinato de Carlos Salvador Reyes Rivas. La segunda mujer era la madre de los acusados. Las dos eran vecinas y amigas. Géminis declaró ahí que los jóvenes no tenían nada que ver con el crimen, y agregó que la policía la había coaccionado para que rindiera falso testimonio. Fuentes de la PGR en Zacatecoluca se niegan a dar más detalles porque dicen haber recibido órdenes de no hablar de estos casos. La PGR fue silenciada luego de que las declaraciones de Almendares y su jefe aparecieran publicadas en La Prensa Gráfica, según consta en las ediciones del 8 de noviembre de 2007 y 9 de enero de este año. Ese día, entonces, Géminis no solo reveló su identidad, sino que aclaró que su testimonio era falso. A Almendares, sin embargo, no le bastó eso. El nombre real que la primera mujer dejó en la PGR le repicaba en la cabeza. Sabía que ya lo había leído en algún lado. Buscó entre sus papeles. Al confirmar sus sospechas, preparó su estrategia legal, con la cual lograría, más tarde, desbaratar tres acusaciones en tres diferentes causas presentadas por la Fiscalía. Géminis y Clave Uno estaban citados a declarar la mañana del 10 de septiembre de 2007. El primero, en el juzgado de menores. El segundo, en el juzgado de instrucción, porque era el testigo de cargo por la muerte de Jeremías. La Fiscalía, sin embargo, pidió un cambio. El 22 de agosto, a las 3 de la tarde, el fiscal Raúl Oswaldo Arias pidió a la jueza segunda de instrucción que prorrogara 30 días la audiencia preliminar en el caso contra Danny Clímaco. Un día después, la jueza resolvió cambiar la fecha para el 1 de octubre. Así, el testigo Géminis y Clave Uno no tenían que partirse para ir a las 9 de la mañana a dos lugares distintos. A la jueza, no obstante, Arias no le argumentó que Géminis y Clave Uno eran la misma persona. Lo que dijo a la jueza fue que no tenía resuelto el testimonio de Clave Uno y que le faltaba buscar de nuevo a ese testigo para recoger su declaración y el de otros testigos. Los fiscales, mientras tanto, no sospechaban nada, estaban convencidos de que Géminis llegaría el 10 de septiembre al juzgado de menores. “Pero no llegó ni el 10, ni el 19 ni el 27 de septiembre. En tres ocasiones se negó a participar del caso”, cuenta Almendares. El 27 de septiembre, según consta en el libro de registro del tribunal de menores, los menores fueron absueltos. “El testigo no se presentó a declarar”. Almendares ya había logrado la liberación de dos. Faltaban los otros cuatro, y desde 23 días antes había asegurado su principal prueba. El 4 de septiembre, el abogado logró que el segundo de instrucción le otorgara una copia simple de la causa. Ahí, en medio de los folios, aparece la copia de la resolución de protección de víctimas y testigos, emitida en el departamento de investigación de la PNC de Zacatecoluca, oficina bajo la cual opera la Udin. El acta estaba firmada a las 14:05 horas del 26 de marzo de 2007. En dicha acta, por error, el agente Renán Alirio Rivera Peñate dejó escrito el nombre real de Clave Uno. Cae el telón Por eso, aquel miércoles 3 de octubre, a las 9 de la mañana, en la sala de audiencias del tribunal primero de instrucción de Zacatecoluca, Almendares le solicitó a la jueza Miriam Aracely Salazar que diera por cerrado el caso y que este no pasara a la etapa de sentencia. “El testigo ha sido utilizado en dos procesos distintos, en ambos procesos ha mentido y lo puedo demostrar”, dijo. Primero, el abogado insistió en que los seis acusados no eran miembros de pandillas. Segundo, prosiguió, la noche de la captura (17 de mayo), los seis hombres estaban a 100 metros de la casa en donde se velaba el cuerpo de Carlos Salvador Reyes porque estaban, evidentemente, velándolo. “Porque no eran sólo sus vecinos, sino también amigos”, dijo. En el juicio promovido en el juzgado de menores -en contra de los dos menores implicados por agrupaciones ilícitas- el abogado le recordó a la jueza que la Fiscalía omitió una prueba vital que a él le permitiría comprobar la inocencia de sus ofendidos. Esa prueba, según dijo, él la presentaba en esta causa para demostrar la mentira de Géminis. “La madre del occiso logró ver a uno de los imputados y no era ninguno de los detenidos”, dijo Almendares. Su versión fue confirmada por la representante legal del fallecido: su hermana. El juzgado de instrucción, aún con esta prueba testimonial, resolvió que Guillermo Alfaro y Juan Carlos Hernández pasaran al tribunal de sentencia, porque había indicios de que pudieron haber cometido el crimen. A los hermanos Orantes Rodríguez los dejó en libertad porque no había nada que comprobara el delito de agrupaciones ilícitas. Un agente investigador que participó directamente en este caso, así como en el caso de Clave Uno, confesó a El Faro la razón de la captura de los cuatro sospechosos. “Se dio porque son mareros conocidos de la zona. Son los mismos que siempre molestan a la gente”. El agente pidió que se guardara su identidad por temor a ser sancionado por sus superiores. El caso pasó a sentencia, y la vista pública quedó programada para el 23 de octubre. La Fiscalía, temiendo que el caso se les cayera, solicitó al tribunal que ordenara que Géminis llegara por la fuerza a declarar, ya que “se negó en múltiples ocasiones a comparecer en el juzgado de instrucción de esta ciudad, manifestando su deseo de no cooperar por temor a ser identificado y por el riesgo a su persona”. El tribunal accedió. 13 días más tarde, a la vista pública sólo llegó a declarar la madre de la víctima, quien confirmó su versión de los hechos y quien agregó que no se consideraba ofendida de los acusados y que el asesino de su hijo no era Guillermo. Géminis no apareció para dar su testimonio y la audiencia se suspendió. Ocho días más tarde, el fiscal Landaverde, abrumado, envió otro escrito en donde informaba al tribunal de sentencia que su caso estaba perdido. En una carta, recibida el 31 de octubre, relató que buscó a Géminis en su casa de habitación para ofrecerle más medidas de seguridad –pretexto que había dado para no asistir a las audiencias- y llevarla a San Salvador, a las oficinas de la Ute, para que estas le fueran decretadas. Landaverde buscó a la testigo el 29 de octubre y logró reunirse con ella. Esa fue la última vez que Géminis habló. Su testimonio quedó recogido en un acta firmada sólo por Landaverde –la otrora testigo se negó a firmarla- a las 11 horas con cinco minutos del lunes 29 de octubre. “Presente Moris Edgardo Landaverde, con el objeto de entrevistar a Géminis, manifestándome que el día de los hechos en ningún momento ha visto a los imputados armados (…) Que todo es mentira. Que fue hasta el día siguiente que se dio cuenta que habían matado a Carlos Salvador Reyes Rivas, por medio de los vecinos. Que fue hasta el día siguiente en horas de la tarde que vinieron a su casa unos detectives de los cuales no sabe el nombre preguntando si había visto algo. Ellos ya traían los nombres de los muchachos detenidos. Primeramente la consultaron por la muerte de su compañero de vida (Jeremías Ezequiel Rosales/Testigo Clave Uno), quien fue asesinado el 24 de marzo del corriente año. De repente estaban llenando unos papeles y le pidieron que pusiera sus huellas dactilares, sin leerlo. Por esa razón las puso. Manifestando que en ningún momento se dio cuenta que era un testimonial…”. El 7 de noviembre de 2007, a las 12:45 de la tarde, el tribunal de sentencia liberó a Guillermo Alfaro Castro y a Juan Carlos Hernández porque el fiscal tuvo que pedir el sobreseimiento definitivo. Dos meses más tarde, el tribunal de sentencia también decretó que el testimonio de Clave Uno no era confiable. Otro testigo, el tío de Jeremías, ubicaba a un tercer testigo –un menor de edad- en la casa en donde fue asesinada la víctima. Ahí, en la casa, dijo, y cerca de la escena del crimen, no había nadie más que ese menor. Clave Uno, que había dicho estar afuera de la casa –y luego dijo que adentro- en momentos en que el homicida disparaba contra Jeremías, nunca ubicó a este menor de edad, que posiblemente presenció el hecho, pero del cual no hay ninguna declaración. Por eso, a las 3:20 p.m. del martes 8 de enero del presente año, José Danny Clímaco, aquel hombre delgado y moreno al que Clave Uno fue a buscar a Ciudad Barrios pero al que nunca pudo reconocer, quedó en libertad. El fiscal general, Félix Garrid Safie, dijo a El Faro que, en efecto, han ocurrido estas prácticas de presentar testigos falsos, pero argumentó que han sido casos aislados.
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