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NOTICIAS A Etesal le frenaron el salto pero igual
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Es octubre de 2006 cuando la Superintendencia General de Electricidad y Telecomunicaciones da un tirón de orejas a la Empresa Transmisora de El Salvador (Etesal) porque ésta, aduciendo escasez de tiempo, pretende saltarse una licitación para adjudicar al consorcio Siemens un millonario contrato. La Siget le dice que hizo las consultas necesarias y que no es cierto que no hay tiempo para sacar a concurso la obra.
La obra es la que permitirá que el puerto de La Unión, en proceso de construcción, pueda contar con servicio de electricidad de alta tensión. Por ahora, sin embargo, líneas de 115 mil voltios solo llegan hasta San Miguel, por lo que Etesal debe procurar que cuando la terminal marítima esté lista para comenzar a funcionar, tenga la potencia eléctrica necesaria.
En aquellos días, Etesal había hecho ya dos licitaciones infructuosas y cuando intentó otorgar directamente el contrato, la Siget la obligó a frenar, advirtiéndole que como organismo regulador, una de sus funciones es garantizar el uso adecuado del dinero que se invierte. “Considerando que el financiamiento para dichos proyectos proviene del aporte que el usuario final realiza a través de la tarifa eléctrica, corresponde a Siget velar por el uso racional de dichos fondos”, le recuerda en la página 7 del acuerdo que enviaron a la emprsa transmisora.
Etesal se creó en 1999, producto de la reestructuración de la empresa estatal Comisión Ejecutiva Hidroeléctrica del Río Lempa (CEL), para encargarse exclusivamente del mantenimiento de la red de transmisión de energía eléctrica nacional. Posteriormente también se le adjudicó el trabajo de expansión de la red.
La razón de la advertencia consta también en dos páginas atrás en el mismo texto y hace referencia a la construcción de la línea de transmisión entre San Miguel y La Unión, así como la ampliación de la subestación San Miguel y la creación de otra en La Unión. “En opinión de Etesal”, consigna la Siget, “se debe aceptar la oferta del consorcio Siemens, considerando que las obras deben estar finalizadas para el primer trimestre del año 2008 y además el consultor para la supervisión de dichos trabajos, les ha recomendado evitar procesos que demoran la contratación para el desarrollo del proyecto por los mayores costos que puedan presentarse”.
17 meses bajo cuestionamiento |
Mayo de 2006 Junio de 2006 Agosto de 2006 Octubre de 2006 Febrero de 2007 Marzo de 2007 Julio de 2007 Agosto de 2007 Octubre de 2007 Noviembre de 2007 |
Esos motivos, sin embargo, no satisfacieron a la Siget, que decide intervenir y consulta a otro involucrado, cuya información contradijo la que planteaba Etesal en sus argumentos de que ya no había tiempo para licitar las obras. “En relación con el argumento que se debe aceptar la oferta del consorcio Siemens, considerando que las obras deben estar finalizadas para el primer trimestre del año 2008, se han realizado las consultas respectivas a la Comisión Ejecutiva Portuaria Autónoma (CEPA), quienes manifestaron que de conformidad con el cronograma de ejecución, la fecha probable más temprana para el inicio de operaciones del Puerto La Unión sería el cuarto trimestre del año 2008”, resume la Siget, desmintiendo lo del primer trimestre que aducía Etesal.
El organismo regulador no se limitó a calcular tiempos, sino que de una vez concluyó que Etesal no tenía razones para soslayar el paso de sacar a concurso el proyecto. “Por lo que se tiene un plazo a partir de este mes, de hasta 23 meses para realizar la construcción del proyecto, siendo factible realizar una nueva licitación por parte de Etesal y finalizar las obras antes de la entrada en operación del nuevo puerto”, contestó la Superintendencia, frenando así la maniobra que pretendía dar el contrato al consorcio temporal entre Siemens de México y Siemens de El Salvador.
Ese documento de la Siget fue el que, hace cerca de 10 meses, puso la alerta para una empresa constructora que creía –pero hasta entonces sin indicios muy claros– haber sido burlada precisamente por Etesal. “Ese acuerdo es el que nos ha abierto los ojos de cómo se vinieron sucediendo las cosas”, dice el gerente general de la constructora, un hombre de 60 años que, con un pliego de documentos sobre la mesa, habla de un proceso “poco transparente y amañado” que les ha hecho decidir que mejor continuará sus operaciones principales en Guatemala.
El gerente es Nelson Hidalgo y la empresa que dirige es Ingeniería Asociada, S.A. (IASA), una constructora de origen salvadoreño que durante 30 años se ha dedicado en Centroamérica a obras de ingeniería civil, electromecánica y telecomunicaciones.
Fue en mayo de 2006 cuando empezó todo ese proceso del que habla Hidalgo. Para entonces, el presidente del país, Antonio Saca, tenía apenas dos meses de haber celebrado, junto a CEPA, la firma del contrato para la construcción del puerto La Unión, con el que se espera dinamizar la economía de la zona oriental y hacer que El Salvador se convierta en un distribuidor logístico a nivel regional.
Pero para satisfacer la nueva demanda eléctrica del área sería necesario crear nueva infraestructura: una línea de transmisión a 115 mil voltios, con una longitud aproximada de 48 kilómetros, que fuera desde la subestación ya existente en el departamento de San Miguel hasta La Unión. Esto, además, demandaría la construcción de una subestación en La Unión y la ampliación de la que ya se encontraba en San Miguel. Una vez construido el puerto, “proyectamos que la demanda de electricidad crecerá en los próximos años entre 3% y 4% anual”, había dicho desde 2005 el gerente general de Etesal, José Ernesto Gálvez, quien ha prometido a El Faro una entrevista hasta esta semana.
Siget cuestiona transparencia
Con esta necesidad enfrente fue entonces que, hace poco más de dos años, Etesal lanzó a licitación pública nacional –en dos concursos separados– el proyecto de las dos subestaciones y la construcción de la línea de transmisión, con un presupuesto estimado de un poco más de 6 millones de dólares para ambas obras. A la hora de evaluar los números, sin embargo, el plan se vino abajo. Las únicas dos ofertas que recibió, incluida una de IASA, excedían ese monto presupuestado en más de 3 millones para las subestaciones y en más de 8 millones para la línea de transmisión. Aunque las empresas contaban con la calificación técnica y financiera para desarrollar el trabajo, Etesal tenía que declarar desierta la licitación por falta de los fondos necesarios.
Tras ese primer intento, Etesal realizó un nuevo concurso, pero esta vez, en agosto del mismo año, lo hizo de carácter privado, con invitación exclusiva a cuatro empresas internacionales que, por su trayectoria e incluso por su participación en procesos de licitación internacionales como el del Sistema de Interconexión Eléctrica para América Central (SIEPAC), estaban precalificadas. Las invitadas fueron Techint, con sede en México y ejecutora de un tramo del SIEPAC; la española Inabensa, que tendría como subcontratista a la salvadoreña IASA; la también española Isolux Wat; y, finalmente, otra de origen español, Cobra Instalaciones y Servicios, que presentaba como subcontratistas a Siemens y a Edemtec, de México.
Esta segunda licitación nuevamente tuvo que ser declarada desierta por el mismo motivo, pues el presupuesto seguía siendo de 6 millones y la más barata de las ofertas sobrepasaba los 16.5 millones de dólares. Etesal se vio obligada entonces a reconsiderar el monto estimado para la obra y pidió a Siget que autorizara un presupuesto reforzado por medio de la tarifa eléctrica que pagan los salvadoreños. El monto actualizado, que ya tomaba en cuenta la subida en los precios del acero y otros insumos, ascendía a 17 millones 436 mil 804 dólares.
Fue entonces cuando, tras la petición de refuerzo, la Siget hizo el llamado de atención a Etesal a través del acuerdo del 26 de octubre de 2006 (Acuerdo SIGET Parte I y Acuerdo SIGET Parte II), ese documento que Nelson Hidalgo menciona como el que les abrió los ojos. El acuerdo de la Siget incluso acusa a Etesal de actuar sin transparencia. “Del escrito presentado por Etesal se puede observar que, si bien realizó inicialmente a escala nacional un concurso público el cual fue declarado desierto; posteriormente se llevó a cabo un concurso privado y no se invitó a empresas nacionales, lo cual puede señalarse como una falta de competencia y transparencia en dicho proceso”, dice el texto, rubricado por Jorge Nieto, hoy ministro de Obras Públicas y quien entonces fungía como titular de la Superintendencia.
La prevención sobre la necesidad de transparencia y competencia para licitar la obra no era la única que Siget le haría a Etesal en dicho documento. El haber hecho una segunda licitación sin participación directa de nacionales tampoco era el único motivo. Según consta en el mismo texto, tras declarar desiertos los dos primeros concursos, Etesal recibió una oferta directa de un nuevo actor: un consorcio entre la representación de la empresa alemana Siemens en El Salvador y la representación de la misma firma en México. La oferta, de acuerdo con el documento, era de 14 millones 630 mil 939 dólares. Eso estaba dentro de las posibilidades del presupuesto revisado. El problema era que la Empresa Transmisora de El Salvador, con toda prisa, quería aceptarla sin someterla a competencia, aduciendo que la obra debía realizarse con urgencia.
Pero con el argumento de la “urgencia” botado tras las consultas a CEPA y, por tanto, sin autorización para hacer la adjudicación directa al consorcio Siemens, Etesal tuvo que convocar a una tercera licitación, esta vez con empresas nacionales e internacionales y, además, con otro apunte resaltado por la Siget: “Es oportuno mencionar que las empresas participantes (en los dos procesos anteriores) han sido previamente calificadas por Etesal y de conformidad con los informes de evaluación de ofertas, todas cumplían con los requerimientos establecidos en los documentos de pedido de oferta”.
La Siget se refería a que en los procesos de licitación, primero se califica la competencia técnica de las empresas que participan, y luego sus ofertas económicas. Es decir, primero la oferta técnica y después el precio que le ponen a su trabajo. En este caso, la Siget recuerda que Etesal ya había dado visto bueno a la oferta técnica de las empresas que participaron en los primeros dos concursos, pero que no pudieron acceder al contrato debido a que su oferta económica sobrepasaba el monto presupuestado para el proyecto.
Mientras no se celebrara ese tercer concurso y con un proceso competitivo y transparente, dejó claro también la Siget, no se otorgaría el refuerzo presupuestario que se solicitaba para la obra. La nueva licitación, fijó también, tendría que ser completada antes del 30 de marzo de 2007.
En efecto, Etesal efectuó de nuevo el concurso en febrero de 2007, con la participación de cuatro compañías: IASA, Techint, Siemens y CYMI. Pero esta vez, por motivos que según la salvadoreña IASA no fueron aclarados, volvió a declararse desierta el 29 de marzo, justo un día antes de la fecha límite que había quedado establecida para completar el concurso. Según información facilitada por la oficina de comunicaciones de Etesal, que se comprometió con El Faro a procurar la entrevista con el presidente de la empresa durante esta semana, la decisión de una tercera declaración desierta fue debido a que ninguna de las ofertas cumplía en un 100% con todos los requerimientos establecidos en los documentos de licitación.
Hidalgo, meses después de adjudicada la obra, ve sin embargo en el acuerdo de Siget señales como para dudar de ese proceso y construye su propia tesis: “Hacen una tercera licitación y sospechan que de las cuatro que van, Siemens no va a ser la más barata y entonces la declaran desierta. Entonces vienen y esto es lo que suponemos nosotros: le aseguran a Siemens una cuarta licitación y se encuentran con que vienen ocho empresas, siete internacionales –incluyendo Siemens México asociada con Siemens El Salvador– y además la nuestra”.
El Faro solicitó desde el pasado 4 de junio una entrevista para tratar el tema con el actual superintendente, Fernando Argüello Téllez, pero no se otorgó por problemas de agenda del funcionario. El personal de comunicaciones de la Superintendencia también ha prometido hacer un espacio tan pronto como se pueda durante esta semana.
La descalificación masiva
La cuarta licitación, cuya apertura de ofertas se hizo el 3 de julio de 2007, convocó justamente a las ocho empresas que menciona Hidalgo (ver cronología), según consta en el acta de apertura levantada por Etesal. Esta vez, aunque ya había empresas calificadas previamente, se hizo una nueva evaluación de sus ofertas técnico-financieras tanto para la línea de transmisión (denominada Lote 1) como para las subestaciones (denominadas Lote 2). Solo si las empresas pasaban esta calificación, con un puntaje mínimo de 60 de 70 puntos en el área técnica y 20 en la financiera, tendrían derecho a que se les abriera el sobre con la oferta económica, es decir, con el precio por el que harían el trabajo.
El resultado de este último concurso fue el que terminó de abonar a las sospechas de IASA. Para su sorpresa, cuenta Hidalgo, su empresa alcanzó una calificación de 59.73 puntos, apenas 0.27 por debajo del mínimo. Su empresa no había sido la única calificada previamente y que ahora resultaba descalificada. Más aún, la única que tuvo el aval de la oferta técnico-financiera para la línea de transmisión y a la que entonces se le abrió la oferta económica fue el consorcio Siemens, el mismo al que Etesal había tratado de adjudicarle la obra de forma directa el año anterior y al que dio finalmente la obra completa. Para el caso del trabajo en las subestaciones fueron calificadas dos, incluida Siemens, pero fue también a esta última a la que se le adjudicó.
El costo de la obra completa, que en 2006 había sido ofrecido por Siemens en 14 millones y medio, también cambió. En noviembre pasado, el gerente general de Etesal, José Ernesto Gálvez, anunció que los trabajos iban a costar 25.4 millones de dólares, es decir, 8 millones más que el presupuesto revisado que tenían. Lo más extraño es que las empresas que perdieron, que ya antes habían pasado la prueba de su oferta técnica, tenían ofertas económicas más bajas que la de la empresa ganadora.
Hidalgo inició entonces toda una cruzada de denuncia –con cartas a la Siget, CEL y a la misma Etesal– por ese proceso que tilda de “amañado” y con intenciones de favorecer a una firma que, a nivel internacional, ha enfrentado ya incluso procesos judiciales por dar sobornos a cambio de garantizar contratos y que por ello ha tenido hasta que reestructurar la junta directiva de su sede, en Alemania. IASA intentó también obtener una reevaluación de su oferta técnica, pero el recurso de revisión que presentó no dio frutos y Etesal le reiteró que la decisión de adjudicar la obra a Siemens seguía siendo la misma.
El Faro consultó a representantes del resto de empresas que participaron en este último concurso y, en las expresiones de algunos de ellos se percibe el mismo malestar que tuvo la empresa salvadoreña. “Consideramos que el proceso fue ‘diferente’, por ponerle alguna palabra. No se informó, por ejemplo, de la descalificación hasta que ya estaba adjudicada la obra, cuando sabemos que si hay alguna falta en la documentación son cosas que pueden subsanarse. En nuestra empresa hubo bastante molestia por cómo se dieron las cosas. Notamos cierta manera diferente de hacer las cosas. Nosotros participamos en dos proceso anteriores y no hubo razones para la descalificación”, dice Luis Antonio Núñez, quien asistió como representante de Cobra Instalaciones y Servicios a la apertura de la cuarta licitación. Esta era una de las empresas que había sido invitada a la segunda licitación y que, según cuenta Núñez, había sido considerada entonces como “precalificada” por haber participado antes en los procesos del SIEPAC.
Con más sospecha aún se pronuncia la empresa colombiana HMV Ingenieros, que inconformes también con el resultado, enviaron una carta pidiendo a Etesal que les aclarara las razones de su descalificación. En dicha correspondencia, la empresa hacía dos observaciones concretas: “Se nos hace extraño no haber recibido por parte de ustedes notificación alguna sobre el resultado de la calificación de firmas, pues ha sido costumbre notificar a las empresas si calificaron o no para pasar a la apertura de los sobres económicos”.
La segunda observación, sustentada en lo que indicaban las bases de licitación, expone que “aun resulta más extraño que se indique la adjudicación de un lote a una empresa y que se continúa con el análisis del otro lote. Esto significaría que se hizo apertura del sobre B, que contenía la información económica de ambos lotes, como se solicitaba en los pliegos de licitación numeral 1.7, sin haber terminado aún la calificación de firmas del lote 2”. Pero para esa carta, sin embargo, dice ahora Elkín Henao, de HMV, “nunca tuvimos respuesta”.
Etesal, si se sigue estrictamente el pliego de la licitación en su numeral 1.15, en realidad tampoco estaba obligada a dar esa respuesta, pues queda establecido que se reserva el derecho de tomar cualquier decisión “sin que por ello adquiera responsabilidad alguna ante el licitante o los licitantes afectados por esa decisión ni la obligación de informar a los licitantes afectados los motivos de la decisión”. Es por esto que Cobra Instalaciones no pidió explicación. Sadeven México, otra de las participantes, tampoco lo hizo, pero por razones diferentes. “La verdad es que los requisitos eran bien complicados y a veces uno comete errores. En general en Centroamérica son bastante complicados y podíamos tener ciertos baches, por eso no pedimos explicación”, dice Vilma Trujillo, que actuó como representante de la empresa en la apertura de la cuarta licitación.
Para Alberto Tapia, de la mexicana Techint, el tema está prácticamente olvidado y prefiere no dar detalles: “No pedimos explicación, nosotros hemos seguido viendo hacia adelante. Y bueno, si no ganamos esa licitación, pues igual nosotros tenemos que concentrarnos en los proyectos que tenemos” ¿Y de cuándo era su oferta? “Tendría que revisar porque son documentos de hace como un año y la verdad es que tengo mucho trabajo. Además esa es una información que debía manejar solo Etesal”.
Con o sin reservas sobre el proyecto, lo que sí demuestran las ofertas que todas las empresas hicieron a lo largo de las cuatro licitaciones (en el caso de las que participaron desde el inicio) es que ninguna sobrepasaba los 18.1 millones de dólares, mientras que el costo por el que Siemens está haciendo la obra excede en ocho millones los 17.4 que se habían estimado.
El trabajo, además, tampoco está siendo ejecutado solo por Siemens. Según consta en el sitio web de la empresa salvadoreña Dymel, esta se encuentra realizando obra civil y electromecánica en la línea de transmisión San Miguel–La Unión para un cliente que tampoco es Siemens. El trabajo lo está haciendo para CYMI México, una filial de CYMI España, que también participó en la tercera y cuarta licitación.
Consciente de los señalamientos hechos alrededor del caso, que incluso han circulado ya con correos anónimos en cadena, el presidente de Dymel, German Vega, prefiere también hacer su aclaración al respecto: “Nosotros estuvimos interesados en participar en esa licitación y compramos los pliegos (las bases), pero al revisarlos vimos que no cumplíamos con algunas cositas, estaban como muy complicados. Entonces averiguamos quiénes más habían comprado pliegos y le ofrecimos nuestros servicios a Siemens, que ya nos ha subcontratado para otros trabajos (...) Ya no nos dijeron nada y fue hasta que ya estaba adjudicada que nos buscaron y nos dijeron ‘ellos son CYMI, ellos van a ser el subcontratista principal y están interesados en sus servicios’. Así fue como empezamos el trabajo y lo que estamos proporcionando es la mano de obra, pero nuestro trato ha sido ya directamente con CYMI, ni siquiera con Siemens ni con Etesal”.
Pese a su trabajo subcontratado y valorado en unos 2 millones de dólares, Vega comparte, al igual que Hidalgo, que existe la capacidad nacional para realizar la obra. “Nosotros mismos hemos hecho ya trabajos que hemos ganado directamente con Etesal, nosotros hemos hecho la línea de transmisión que va de la presa 15 de septiembre hasta San Miguel”, ejemplifica.
Además de las gestiones con Siget y Etesal, El Faro también intentó desde el 6 de junio conseguir una entrevista con algún representante de la empresa Siemens El Salvador, pero no hubo respuesta. Al final del martes 10 se nos dijo que la tramitáramos por medio de la asistente de Benjamín Pérez, encargado del proyecto, pero en cuatro ocasiones que se le llamó entre miércoles y jueves no estaba disponible en su extensión y, hasta el cierre de esta edición, tampoco había respondido a los mensajes que le dejamos con un compañero de trabajo.
Hidalgo, que en nombre de IASA ha sido quien más ha tratado de buscar respuestas e incentivar a que se investigue el caso, con el pliego de documentos en mano, tiene indicios claros: “Desde ese acuerdo (de Siget) vemos que (en Etesal) ya estaban buscando un arreglo directo con Siemens (...) A todas luces, lo que ellos querían era favorecer a la empresa Siemens”.
Las ofertas del mercado
Este es el resumen de las ofertas económicas conocidas por El Faro que, entre el segundo y cuarto concurso, hicieron las empresas participantes a Etesal.
Empresa |
Oferta |
Concurso |
Siemens México-El Salvador |
$25,400,000.00 |
Anunciada luego de cuarta licitación. |
HMV Colombia |
$15,001,291.63 |
Cuarta licitación. |
IASA |
$16,683,614.07 |
Cuarta licitación. |
Sadeven |
Cerca de 15 millones* |
Cuarta licitación. |
Inabensa |
$18,078,567.20 |
Segunda licitación. |
Cobra Instalaciones |
$16,652.010.94 |
Segunda licitación. |
Techint |
$17,651,434.40 |
Segunda licitación. |
CYMI |
Desconocida |
Cuarta licitación. |
*Según Vilma Trujillo, representante de Sadeven México en la cuarta licitación.
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