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En Ciudad Versailles, el “glamour” tiene sus riesgos

Estudios del Viceministerio de Vivienda establecen que Ciudad Versailles se construyó en una zona de alto riesgo de inundaciones y fenómenos volcánicos. Aún así otorgó los permisos para que una constructora desarrollara una urbanización de casi cinco mil viviendas.  A los que compraron casas, sólo se les prometió “glamour europeo”.

Rodrigo Baires Quezada
cartas@elfaro.net
Publicada el 21 de mayo de 2007 - El Faro

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La compañía Salazar Romero S.A. de C.V. construyó la urbanización Ciudad Versailles, en San Juan Opico, en una zona catalogada de riesgo de inundación y vulcanismo por su cercanía con el volcán de San Salvador. Se trata de un proyecto urbanístico de cuatro mil 682 viviendas construidas en 108 manzanas, en el kilómetro 33½ de la carretera hacia Quezaltepeque, construido en un área de alta infiltración de agua, sobre una falla tectónica y situada justo en la línea de deslave del volcán de San Salvador. Según la Junta de vecinos de la residencial, hay ahora unas mil 200 viviendas habitadas y la construcción aún no concluye.

Ciudad Versailles nació hace dos años, con permisos de la alcaldía de San Juan Opico y de la Oficina de Planificación del Valle de San Andrés (OPVSA). ´

Un plan a medias

Entre 1996 y 1999, el área urbanizada de la planicie del Valle de San Andrés creció en un 36.2 por ciento, para un promedio medio anual de 8.8 por ciento frente al 3.2 por ciento de crecimiento poblacional. “La cercanía al AMSS (Área Metropolitana de San Salvador), unido a que en la zona existen suelos disponibles para la urbanización y con menores precios, además de la ausencia de instrumentos de planificación y a la falta de control urbanístico, contribuye a agravar la situación de esta área”, dice el diagnóstico presentado por INYPSA.

A los consultores les preocupaba que una invasión progresiva de áreas urbanizadas en espacios naturales de alto valor ambiental provocara un significativo deterioro de la zona.

El plan se operativizó hasta el 27 de septiembre de 2002, cuando los alcaldes de Sacacoyo, Pedro Leopoldo Montoya; Ciudad Arce, José Mardoqueo Córdova; Colón, Guillermo Guevara Huezo; y Romeo José Barillas, de San Juan Opico, constituyeron la Asociación de Municipios del Valle de San Andrés (AMUVUNSA). En el acto, realizado bajo la mirada del ex presidente de la República Francisco Flores en el Parque Arqueológico San Andrés, los ediles aseguraron que velarían por el crecimiento social y económico, en armonía con los recursos naturales y el patrimonio arqueológico e histórico del Valle de San Andrés.

Ese mismo día, la Asociación inauguró la Oficina de Planificación del Valle de San Andrés (OPVSA), para el cuido y uso de suelo, dirigida por el Viceministerio de Vivienda. No era el primer paso que daban las alcaldías de la zona. Desde julio de 2001, cuando el instrumento ya era público, se habían creado sendas ordenanzas para el uso adecuado de suelo.

“El aporte de la oficina será grande y decisivo para que el crecimiento social y económico, en armonía con los recursos naturales y patrimonio ecológico e histórico de la región, nos permita dar una mejor condición de vida a las presentes y futuras generaciones”, dijo el entonces viceministro de Vivienda, César Augusto Alvarado.

La coordinadora de OPVSA, Clara Elizabeth de Rivera, firmó los permisos el 27 de mayo de 2005, sabiendo que se trataba de una zona de alto riesgo. “Esto no es una limitante. El país es chiquito y se necesita construir vivienda… Es más, a nivel nacional estamos en una zona que tiembla”, dice.

La OPVSA, el Viceministerio de Vivienda y Desarrollo Urbano (VMVDU) y la alcaldía de San Juan Opico conocían de los riesgos en la zona desde varios años antes. El Viceministerio de Vivienda solicitó en el año 2000 a la empresa española INPYSA un diagnóstico del Plan de Desarrollo de la Región del Valle de San Andrés, que concluyó que la zona donde se sitúa ahora Ciudad Versailles es de alto riesgo.

INYPSA recomendó que, en un escenario óptimo de cara a un debido crecimiento de la zona hacia el año 2025, no se debía desarrollar “nuevos proyectos urbanísticos en la zona de riesgo de inundación, ni se construye en la zona de riesgo de vulcanismo, ni en las zonas cercanas a sitios arqueológicos, los cuales además se han ido incorporando a la oferta turística”.

El plan de desarrollo fue presentado oficialmente el 29 de septiembre de 2000. Los borradores finales se entregaron en junio de 2000 y respondían a la necesidad de reglamentar el desarrollo territorial de la zona antes de que se terminara repitiendo el crecimiento desordenado de otras regiones, como el Gran San Salvador.

Una investigación anterior, “Estudio Territorial del Valle de San Andrés”, realizado por Carlos Umaña y publicado por FUSANDRES en 1993, también destaca el peligro de construir en esa zona, a la que cataloga como área de alta  infiltración de agua y de estar bajo riesgo del volcán de San Salvador y de una falla activa.

A pesar de los estudios, la OPVSA, entidad adscrita al VMVDU y encargada de operativizar el plan, dio los permisos de construcción de Ciudad Versailles.

“Construyeron sobre una bomba de tiempo”, dice Mauricio Sermeño, de la Unidad Ecológica Salvadoreña (UNES). “Por donde lo quiera ver esa urbanización atenta contra la gente que vive en ella: fábricas altamente contaminantes alrededor; un ingenio enfrente; y alto riesgo vulcánico y de inundaciones. ¿A quién se le ocurre avalar una urbanización en esa zona?”.

José Raúl Salazar, propietario de la empresa constructora, acepta que conocía las propuestas del Plan pero negó tener conocimiento de que el terreno de 108 manzanas, que compró a la Cooperativa Chanmico en 2002, estuviera dentro de un área de riesgo. Según él, en un principio el Plan de Desarrollo Territorial estipulaba la creación de una “zona de turismo y actividades recreativas y culturales” pero que en ningún momento se le habló de estar bajo ningún riesgo.

“El plan reservó o proyectó esta zona para un parque ecológico o algo así”, dice de Rivera mostrando los mapas de la zona en las oficinas de OPVSA, en Lourdes Colón. “Pero estos terrenos eran de la Cooperativa, a quien no le preguntaron si querían hacer un proyecto de ese tipo. Estaba endeudada y vendieron. Nosotros no podemos, bajo ningún punto, detener una venta. Lo que nosotros restringimos es el uso de la tierra”. Pero no lo hicieron.

La Cooperativa negoció con Salazar Romero la venta de los terrenos. “Estas tierras estaban clasificadas como zona verde pero la constructora no lo quería para eso y se aprobó el cambio de uso de suelo después de que fue avalado por VMVDU”, explica de Rivera. Ya con esa recalificación de los terrenos, la OPVSA estimó que el proyecto era viable y dio el permiso.

La empresa, tras presentar estudios de impacto ambiental y un plan parcial al ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales, al VMVDU y la OPVS, logró el cambio de uso de suelo de tipo agrícola a urbanizable en octubre de 2003.  “Es que se hace un macro plan pero luego las tendencias del mercado van definiendo los diferentes usos. Difícilmente se logra acertar desde un macroplan lo que realmente se va a hacer en la realidad en esos terrenos”, dice Salazar Romero. 

Con la reclasificación de tierras y el aval del VMVU y la OPVSA, lo que durante décadas había sido un cañaveral, parte de una zona de recarga acuífera, se convirtió en uno de los proyectos insignias de la empresa urbanizadora.

“Para lograr la recalificación de los terrenos se hicieron todos los estudios respectivos y fue avalado en una consulta pública en la que participaron los actores económicos del valle de San Andrés”, recuerda Salazar.  Él argumenta que, de haberse diagnosticado algún tipo de riesgo en la zona, no hubiera obtenido ningún permiso para echar adelante la construcción.

“La misma naturaleza establece el tipo de actividad que se puede realizar en un tipo de suelo determinado”, afirma Patricia Reynosa, especialista en ordenamiento territorial. Para ella, la alta densidad poblacional y el poco territorio disponible para construcción ejercen una gran presión a la hora de avalar o no permisos para urbanizar en una zona determinada. “Se estima que el día en que estalle el volcán de San Salvador, la lava saldrá para ese lado. Firmar un permiso bajo esas condiciones plantea un conflicto porque esa área se tuvo que haber declarado como de alto riesgo y no construir viviendas”.

¿Se otorgó permiso para construir una urbanización de casi cinco mil viviendas en zona de riesgo? Sí. Y según de Rivera, la gente que compró sabía que estaba dentro de una zona de riesgo. Los vecinos, los que compraron, escucharon otra cosa.

“No sabíamos nada de que la zona era de riesgo”, dice Eduardo Flores, presidente de la junta directiva de vecinos de la residencial. “A nosotros nos vendieron las casas y nos prometieron glamour europeo... jamás nos dijeron que estaba construida en una zona peligrosa porque entonces no hubiéramos comprado”.

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