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Entrevista con Robert White, ex embajador de E.U.A. en El Salvador

“El pueblo salvadoreño no conoce su historia”

Parece un hombre tranquilo y muy agradable.  Sonríe y trata a todo mundo con la cordialidad que le ha heredado no solo su carrera como diplomático, sino también sus 80 años, en los que ha puesto de cabeza a dictadores como Stroessner en Paraguay o Pinochet en Chile.  En El Salvador, durante su breve paso de un año en 1980, conoció a Monseñor Romero pocas semanas antes de que lo mataran. De ello cuenta una anécdota: un día, cuando ambos salían de una misa, Romero lo invitó a dar un paseo. “No sé si mi seguridad me deje irme solo con usted”, respondió el embajador.  -“No se preocupe, que Dios nos protege”.  –“Estoy seguro de que tendrá un interés especial por usted, me preocupo por mí”, dijo White. Ahora, 26 años después de aquellos días, el diplomatico ha vuelto a El Salvador con la misma energía y controversia con la que dejó el país en 1981.  Su sonrisa y su cordialidad se pierden ante la fuerza de sus acusaciones: “Es un insulto a la memoria de Monseñor Romero, es un insulto al mundo entero, que ARENA haya propuesto nombrar hijo meritísimo a su fundador, que según informes de la CIA sirvió como capo principal para propietarios ricos y coordinador para los escuadrones de la muerte de la derecha”. White, que dejó el cargo en 1981, cuando llegó Reagan a la Casa Blanca, ha propuesto a ARENA organizar una comisión que investigue la historia de D’Aubuisson para considerar si merece ser nombrado hijo meritísimo.  Y, por si aún quedan dudas, les invita a sostener un debate público con él.  Esta entrevista fue realizada el sábado 24 de marzo, exactamente 27 años después del asesinato del arzobispo de San Salvador.

Carlos Dada / Fotos: Edu Ponces
[email protected]
Publicada el 26 de marzo - El Faro
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¿Por qué ahora viene a decir esto?
Porque la UCA me invitó a venir y aquí estoy. No tenía ninguna intención de hablar públicamente, pero cuando leí esta iniciativa de ARENA de nombrar hijo meritísimo a D’Aubuisson decidí leer más sobre eso y hablar con mucha gente aquí sobre eso.

Cuando hicieron esa propuesta aquí hubo una gran reacción.  Entiendo que usted en Washington habló con varios congresistas para que enviaran una carta…
Sí.  Decidí llegar aquí armado con la reacción de algunos congresistas.  No sabía si las conversaciones iban a entrar directamente en la política o iban a aportar exclusivamente en el crimen de Monseñor Romero y en quién fue el responsable.  Me sorprendió que hubo muy poco interés en las palabras de los congresistas.  No hablé mucho sobre las consecuencias políticas pero existen.  Me parece que aquí nadie supo nada sobre esta documentación.

Pero sí tuvo efecto politico.  Esa iniciativa fue archivada en la Asamblea.
Tiene razón, ya fue archivada.  Digamos que fue una oportunidad para mí de hablar sobre el papel de Monseñor Romero en el 80 y el de Roberto D’Aubuisson.  El mero hecho de la inciativa fue chocante en Estados Unidos entre los congresistas.  También quería decir al pueblo de El Salvador que Washington está cambiando.  Los que ejercen poder en el Congreso prácticamente todos eran opositores de la participación de Estados Unidos en las guerras de El Salvador y Nicaragua.  Una congresista me dijo que en los años ochenta ella estaba marchando en las calles en apoyo mío, jajaja.  En los Estados Unidos a través del sectarismo de la administración Bush ya hay una division grande entre la visión de los demócratas y los republicanos en la política extranjera en América Latina.

Ahora que habla de congresistas, en las audiencias del Congreso para nombrarlo a usted embajador en El Salvador, en 1980, uno de ellos, Jesse Helms, le llamó a usted incendiario. Después de 26 años lo vemos otra vez en el país, con este discurso...
¿Cómo los hechos pueden ser incendiarios? Eso es más un comentario sobre El Salvador.  Hay una escasez de curiosidad intelectual, para mí El Salvador ahora es prácticamente una isla, se ha aislado del resto del mundo cuando tienen algunos hechos que no tiene ninguna aplicación en el resto del mundo como la prescripción de asesinatos.  En el resto del mundo no hay controversia sobre el papel de Monseñor Romero. Jugó un papel de profeta. Aquí, insistir, como hace ARENA, que su fundador no es el responsable de la muerte de Monseñor Romero, no tiene senido.  Todos los hechos y todas las investigaciones ahí están, no creo que nadie en El Salvador ha estudiado los discursos y las amenazas de D’Aubuisson

Veamos su discurso: usted dice que D’Aubuisson mismo se incriminó porque en un video dice que “el ayatollah ya se fue”.  Yo he revisado las transcripciones del juicio contra Saravia.  También el juicio contra Carranza en Memphis. Y usted mismo, en esos juicios, da mejores argumentos y pruebas de la responsabilidad de D’Aubuisson que un video que no es incriminatorio.
Estoy de acuerdo con usted que este video no puede convencer a nadie por sí mismo.  Pero en el contexto de todo el resto de la evidencia yo creo que sí.  Hay que pensar en el propósito del video. Me acuerdo de un informe de la embajada, del agregado militar, diciendo que con el asesinato de Monseñor Romero D’Aubuisson ya tenía más apoyo de la Fuerza Armada.  Hay que recordar las palabras de Ponce cuando decidió matar a los jesuitas, dijo “son ellos o somos nosotros”, y yo creo que esto fue en el mismo contexto.  El video fue hecho para convencer a los militares de tomar el poder. Él estaba jugando el mejor naipe que tenía para convencer a sus colegas.

Insisto, esperaba que usted sustentara sus acusaciones con argumentos que yo mismo se los he escuchado en los juicios, o con los juicios mismos.
Bueno sí, solo tomé los datos que tenía a la mano cuando preparé el viaje.

Se lo digo porque le quería preguntar por otra parte de su discurso en que usted dice que los más de cien nombres que aparecen en el diario de Saravia se parece a la red de financieros, cabecillas, intermediarios y asesinos típica de un líder mafioso. ¿No es un poco irresponsable especular que estos nombres estaban ligados a los escuadrones de la muerte?
No, yo no dije todos.  ¿Tiene la lista?

Sí.  Incluso en la página que usted proporcionó a la prensa, que incluye la Operación Piña, hay varios nombres, arriba dice Betamax.  Hay otra parte del diario que dice Betamax, y que dice transferir de U-matic a Betamax.  Pudieron haber estado involucrados, pero pudieron no estarlo.  Esto no lo prueba.
Dije que algunos, específicamente dije que algunos de estos estuvieron involucrados en la operación y que apoyan a D’Aubuisson. No puedo garantizarle que cada uno de ellos es responsable o participó en la operación, pero sí puedo decirle que hay muchos informes en la embajada sobre alguna de esa gente, fichados en la embajada como aliados de D’Aubuisson, como hombres que han donado fondos a los escuadrones de la muerte.  Tiene razón que en muchos años no he estudiado eso, pero esa fue la conclusion.

A eso me refería con si no era un poco irresponsable especular con esos nombres.
Dije que esta red se parece a la red de financieros, intermediarios, cabecillas y asesinos, y creo que eso es exactamente lo que aparece en la lista.  ¿Está en desacuerdo?

No es que esté o no de acuerdo.  Es una cuestión de precision.
Majano me dio una explicación de una hora de quién es quién en este diario.  Él los identificó como financieros.  Pedí la colaboración además de salvadoreños para examinar el diario y hombres y mujeres en los cuales tengo mucha confianza, y ellos, sin comunicación entre ellos, llegaron a la misma conclusion independientemente. Yo tengo altas críticas de mí mismo.  En un telegrama que envió mi embajada venían seis nombres de personas que viven en Miami. Tengo problemas para organizarme, pero en 1982 hablé ante un comité congresional sobre quiénes eran los llamados Miami six. 

¿Se refiere a la queja que le hizo Arturo Muyshondt?
Sí, ahí estaba ese nombre.  Y estoy seguro de que el abogado que dio la información se equivocó de nombre, estoy seguro de que se refería a su hermano, Roberto Muyshondt, que si no recuerdo mal fue el piloto de D’Aubuisson.  Él tiene una queja justificada contra mí. 

¿O sea que el señor Muyshondt tenía razón?
Sí.

Porque el auditorio de la UCA lo trató muy mal
Sí, pero yo lo invité a Washington y hablé con él y le pedí disculpas, y lo siento mucho, pero la culpa no fue mía. Pero recuerde que en esa época cada día aparecían cadaveres en las calles y había que hacer algo rápidamente. Pero que en esta lista la gran mayoría estaban involucrados con D’Aubuisson para mí no hay duda. Acepto la crítica de que no necesariamente todos, pero mire, aquí están los nombres de los asesinos.  Esa es mala compañía. ¿Por qué los salvadoreños no han analizado estos documentos?

Entiendo que su punto es que no hemos querido en El Salvador investigar el asesinato.
Eso pero un poco más profundo.  Mire, ustedes viven todos los días con el partido de D’Aubuisson.  Ellos han capturado la máquina electoral de este país.  Estoy descorazonado. Estoy un poco descorazonado con El Salvador y la tolerancia de los salvadoreños para un partido y su historia particular, su versión de la historia.  El Salvador en este momento es percibido como un aliado especial no de Estados Unidos, sino de la Casa Blanca de los republicanos.  Ustedes no han hecho la investigación.

A ver, le choca la tolerancia de los salvadoreños con un partido con este historial…  Es la responsabilidad de los salvadoreños investigar estos datos para llegar a la realidad.  Es obvio que el partido ARENA tiene una versión muy particular de los eventos.  Es la obligación de los académicos, los periodistas, los investigadores de El Salvador, de llegar a la verdad sobre la muerte de Monseñor Romero.  Yo estaba pensando, ¿dónde están los líderes de El Salvador?

Yo estoy pensando lo mismo
Pero es que El Salvador ha tratado mal no solo a sus líderes, sino a la memoria de sus líderes.  Por eso vine y decidí hablar sobre esto, pero ahora que pienso más creo que una de las razones por las que El Salvador no tiene más líderes es que el mejor líder de El Salvador fue Monseñor Romero, y El Salvador tiene obligación especial para esclarecer los eventos sobre su muerte.  Si los salvadoreños no cumplen con su obligación de investigar los hechos de su historia que no se sorprendan si gente de fuera de su país les llama la atención sobre esto.

Pero déjeme volver a lo de la tolerancia.  Aquí hubo una guerra.  ¿y cómo hacíamos para salir de la guerra si no era tolerando la presencia de quienes hicieron la guerra? Es un punto importante embajador, porque la amnistía sigue siendo objeto de debates aquí.
Hay una diferencia entre tolerancia para seres humanos y tolerancia para las mentiras.  Hay que decir la verdad al poder para lograr la democracia. Mire, yo llegué en 1980 a un país donde ví suficientes niños de 15 años muertos como para llorar toda mi vida. El Salvador fue como Camboya, una matanza diaria. No se puede hablar del asesinato de Romero como un hecho aislado. Cada nación tiene derecho a su historia, pero yo creo que el pueblo salvadoreño no conoce su historia.

¿No ha ido a ver la embajada donde usted trabajó?
Sí, pasé por ahí ayer.  Casi no la pude reconocer, todo está tan cambiado. Pero me trajo muchas memorias.  Me acordé de una vez que yo estaba trabajando con mi secretaria y de repente cayeron adentro de la embajada dos artefactos explosivos. Sólo uno estalló, el otro entró por la ventana y no hizo explosión.

¿Se ha comunicado con la embajada actual?
Les llamé para decirles que estaba aquí, es algo que siempre se hace.

¿No lo invitaron a visitar?
Je, bueno, no.  Me dijeron que gracias por avisarles que estaba aquí. Pero mire, en aquella época, cuando metieron preso a D’Aubuisson, llegaron varios de sus seguidores a bloquear la embajada. A decir que no nos entrometiéramos en los asuntos de los salvadoreños. Imagínese a los areneros diciendo que Estados Unidos no se entrometa.

¿Qué hizo usted cuando capturaron a D’Aubuisson?
Intercambiamos llamadas con el Ministro de Defensa.  Él me decía que estaban pensando en enviar a D’Aubuisson de agregado militar a Australia o a un lugar lejos para sacarlo del país.  Yo le dije que para los Estados Unidos era inaceptable que una persona que estaba planeando un golpe de Estado fuera a representar a El Salvador como diplomático.

Debió parecerle sospechoso que un ministro de un gobierno al que querían darle golpe de Estado sugiriera enviar al golpista como representante.
Bueno, sí, era sospechoso.  Yo creo que él en esa época trataba de mediar entre el gobierno y los oficiales del ejército que simpatizaban con D’Aubuisson.

¿Cómo ve El Salvador después de 26 años?
No quisiera hablar mucho sobre eso.  Veo algunos cambios, pero no estoy seguro de que hayan sentado las bases para una verdadera democracia. Mire, yo veo dos ARENAS.  La de los viejos, que no tienen convicciones democráticas, pero también hay hombres y mujeres modernos.  También es responsabilidad de las otras instituciones políticas investigar.  Es un debate muy raro para mí que aún haya controversia sobre el papel de D’Aubuisson, cuando el Informe de la Comisión de la Verdad lo señala como escuadronero  responsable del asesinato de Monseñor Romero. ¿Dónde están los reclamos al Informe de la Verdad o a los procesos judiciales en Estados Unidos? Me gustaría tener un debate público con ellos, pero ellos no quieren un debate sobre los hechos. Quieren insistir en que no tienen la obligación de hablar sobre eso.

Decía usted en la UCA que la historia de Estados Unidos y El Salvador están tan entrelazadas que cuando critica las políticas de El Salvador también critica las de Estados Unidos. Si hay salvadoreños siendo juzgados en Estados Unidos, también deberían  estar juzgando estadounidenses por sus responsabilidades en la guerra de aquí.
¿Como quiénes?

Como Posada Carriles, como Félix Rodríguez… La CIA protegía y le pagaba a Nicolás Carranza.
Sí, es cierto. En el caso de los derechos humanos no hay fronteras.  Pero sí hay un poder muy grande, que se impone e impide esos juicios. Aunque mire, ahí está Kissinger con miedo de viajar a Europa. Yo traté de que sacaran a Carranza de la CIA, pero no es fácil convencer a Langley (cuartel general de la CIA). Y también deberían investigar a los embajadores de Estados Unidos que ocultaron información sobre lo que aquí pasaba.

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