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REPORTAJE


Vote por el alcalde y váyase a Estados Unidos

En Concepción de Oriente el héroe es el coyote y el alcalde busca su reelección recomendando a sus votantes que emigren. Si pierde en las próximas elecciones se irá a buscar empleo a Estados Unidos, donde vive casi la mitad del municipio.

Daniel Valencia. Fotos: Edu Ponces
cartas@elfaro.net
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A Concepción de Oriente le afecta más lo que sucede en Dallas que en San Salvador. Este pequeño municipio, fronterizo con Honduras, tiene 6 mil 449 habitantes y recibe, mensualmente, más de 200 mil dólares en remesas.

Su alcalde, Héctor Escalante, aspira a un tercer periodo con un peculiar consejo para los electores: “Si pueden emigrar es mejor. Allá (Estados Unidos) es un país donde hay oportunidades, la gente se supera económicamente. Lo que no se puede hacer en este país, allá logra hacerlo”.

Casi la mitad de la población ya emigró. Viven en otro país, pero, para Escalante y para los pobladores de Concepción de Oriente, son parte de su municipio. “En el pueblo somos 10 mil habitantes. Pero el 40 por ciento está allá, unos 4 mil o un poco más”, dice el alcalde. Concepción de Oriente es, según el último Informe de Desarrollo Humano del PNUD, el municipio salvadoreño que más remesas per cápita recibe. Todo aquí se mueve alrededor de la emigración.

Los comercios “orienteños”

Una gasolinera
Dos bazares
Dos clínicas particulares (medicina general y clínica dental)
Oficina de Telecom (telefonía)
Tres comederos
Unas siete tiendas de víveres
Una pupusería
Los pobladores que poseen más recursos, poseen cabezas de ganado y tierras para el cultivo de maíz y maicillo.
Del ganado ganan en la producción de lácteos y carnes.
En el municipio no hay ningún banco. Según el alcalde Héctor Canales, los pobladores tiene que viajar hasta 35 Km., al municipio de Santa Rosa de Lima, en La Unión, para recoger las remesas enviadas por sus familiares.

A Concepción de Oriente se llega tomando el desvío hacia El Sauce sobre la carretera que conduce de San Miguel a Santa Rosa de Lima. Atrás van quedando las casitas de techo de lámina, de barro y piso de tierra, y comienzan a verse residencias de block de cemento y techo de teja, fachadas pintorescas con portales multicolores y adornos de porcelana. En las cocheras hay camionetas o pick ups cuatro por cuatro. Las que no tienen camionetas, al menos tienen carros cuatro puertas de modelos recientes. De los más de 6 mil habitantes, el fisco apenas registra 27 contribuyentes.

Los jóvenes ya se fueron. La mayor parte de los hombres que quedan tienen más de 40 años o son niños. Por cada 10 mujeres hay cuatro hombres y el porcentaje de las mujeres jefes de hogar en esta localidad es de 41.5%. Los pocos jóvenes que deambulan por la plaza o en las calles sólo esperan su oportunidad para realizar el viaje. Por estas fechas, antes de la navidad, el pueblo comienza a recibir a los emigrantes, que retornan cargados de regalos para celebrar las fiestas.

Los desarrollados
Armando tiene 28 años, 16 de los cuales los ha vivido en Dallas, Texas. Se fue en 1991 con un grupo de unos 80 inmigrantes ilegales. La mayoría, dice, eran de Concepción de Oriente. Su hermano ya estaba allá y le consiguió trabajo de inmediato.
“Allá nadie se va sólo por irse a la buena de Dios. Allá ya hay gente que lo recibe a uno”, dice, con un acento “mexicanizado”, como él lo define.

Su padre también emigró, pero decidió “regresar a su pueblo nomás nosotros estábamos allá”.

El viejo calza botas y viste con un pantalón de traje, una camisa manga larga y un sombrero para protegerse del sol. El joven lleva sobre la cabeza una gorra con la palabra “Poker”, tiene puesta una camisa sport tipo polo; zapatillas tenis Nike y unos blue jeans. Un enorme reloj dorado adorna su muñeca, y del cuello cuelgan cadenas del mismo color. Vino hace un mes de visita y se quedará hasta enero.

“Los jóvenes están yéndose cada día para allá con sus familias. Hay gente que vive allá desde hace 30 años. Esa gente ya no va a regresar a El Salvador. Ahorita, vendrán a visitar, a ver a sus padres. Y quizá dentro de unos 10 años más esta gente no va a regresar. Los viejos se van muriendo”, dice el alcalde.

Armando piensa lo mismo. “¿Regresar? No hombre. Aquí nunca podré ganar lo que gano allá: cuatro cheques. Unos $2 mil ó $2 mil 500 al mes”, dice, sonriente. De esto, envía, mensualmente, $200 para sus padres y $300 para su esposa y su hijo recién nacido.

Su trabajo, como empacador en una fábrica de embutidos en Estados Unidos, le permite ganar más dinero que la rectora de la Universidad de El Salvador o que cualquier viceministro salvadoreño.

El Informe de Desarrollo Humano señala que los salvadoreños que viven en Estados Unidos están 60 puestos más arriba en el Índice de Desarrollo Humano que los salvadoreños que residen en el país. Con sus remesas, los que emigraron también alivian la situación de pobreza de los que se quedaron.

En “Oriente”, el 63 por ciento de los hogares recibe remesas, y sólo 17.8% de la población vive en pobreza extrema.

Indicadores de empleo (según PNUD)

Población Económicamente activa: 1, 475
Ocupados por hogar: 0.8%
Tasa de desocupación: 19.3%
Número de Contribuyentes (2004): 29
Total de impuesto recaudado (2004): $15,155

La otra economía
Los domingos la plaza del pueblo se convierte en un mercado. Más de 400 comerciantes instalan sus puestos esperando beneficiarse de los dólares que llegan del norte. La actividad comercial inicia a las tres de la mañana y finaliza entre las nueve y las diez.

En la madrugada del domingo, los comerciantes hondureños suelen reunirse bajo el portal de Bella Cruz, una orienteña de unos 50 años. Su casa está ubicada frente al parque, y la adquirió gracias al dinero que ganó en Estados Unidos durante los seis años que vivió allá. “Regresé en 1986 porque siempre quise una casa en mi pueblo, de donde soy originaria y donde quiero morir”, dice.

El comedor que ha instalado en su casa, y en el cual asegura que desayunó “frijoles, plátano, queso y crema”, el presidente Antonio Saca en 2003, cuando era candidato a la presidencia y visitó el municipio, continúa funcionando.

Su fuente de ingresos (la remesa que su hija le envía desde hace nueve años) le sirve para pagar sus gastos, los de sus nietos y para mantener el negocio de restaurante, venta de frescos y pólvora para estas fiestas de fin de año. “Sin ese dinero no podría mantener los pagos y estas ventas”, dice.

El alcalde Canales también hizo su fortuna en el norte. Con el dinero que ganó entre 1978 y 1988 en Dallas (550 mil colones, dice) regresó a comprar tierras, casa propia y ganado. Ahora posee 10 manzanas de maíz cultivadas al año, 40 cabezas de ganado y una planilla de 10 peones hondureños y nicaragüenses. “Les pago como a $6 el día. Me toca así porque aquí no hay quién trabaje las tierras”, asegura.

Las mujeres que se quedan tienen dos opciones: casarse y criar a los hijos para luego, con suerte, ser enviadas a E.U.A. previa legalización de su compañero de vida allá; o tener la certeza, si son jóvenes, de que una vez que sus padres obtengan papeles en Estados Unidos mandarán a traer por ellas “en avión, porque para una mujer es muy peligroso hacer el viaje con el coyote de forma ilegal”, dice el alcalde.

A la entrada del pueblo hay una estación que sirve gasolina marca PUMA. Es propiedad de un migrante orienteño. La flotilla de autobuses (unos 10) que lleva al municipio es propiedad de otro migrante. Los que poseen pick ups ofrecen sus servicios a los comerciantes locales para transportar sus productos cada fin de semana.

Otros ofrecen sus automóviles para realizar viajes al aeropuerto de Comalapa, “un negocio bastante bueno”, dice el alcalde Canales. Él tiene dos automóviles para ese fin: un pick up todo terreno y un microbús. En el pueblo hay cuatro familias que ofrecen el mismo servicio.

Otros, como Yamileth de Turcios, una comerciante local, han entendido cómo mejorar la economía de su familia. Ni ella ni su esposo ni sus padres han emigrado. Pero como saben que sus vecinos tienen el poder adquisitivo que dan las remesas, pusieron, hace seis meses, un negocio “que está funcionando”: un bazar de ropa de moda para mujeres.

“Porque aquí a las niñas les gusta vestirse bien”, dice. El bazar “Yamileth” está justo a la entrada de la cabecera del municipio. Con este negocio, ella asegura que se está ganando el futuro de sus hijos (de 4, 2 y un mes y medio de edad) para que “ojalá nunca tenga que pensar en enviarlos a los Estados Unidos”.

En la lista
A Kevin le quedan 2 años para seguir compartiendo con su abuela y su hermano de 9 años. Este joven orienteño ha tomado la decisión de viajar a Estados Unidos para reunirse con su madre, quien reside en Houston desde hace nueve años.

Su abuela, Bella Cruz, asegura que el niño ya tomó la decisión y que han acordado, junto a su hija, enviarlo con un coyote cuando cumpla los 15 años.

Mientras, Kevin reparte su tiempo ayudando en los negocios de su abuela y asistiendo a clases de catecismo en la iglesia. “ Pero no voy porque me guste sino porque a mi abuela le gusta. Yo soy tremendo. En el colegio me han regañado bastante por andarle levantando las faldas a las bichas. Es que me pagan un dólar unos amigos cada vez que lo hago”.

Bella dice que a los niños del pueblo no se les obliga a partir, sino que, antes de tomar una decisión, se comenta con ellos. “Mire este Steven pues, él dice que no quiere ir a Estados Unidos si no que quiere seguir estudiando para convertirse en abogado”.

Steven es el hermano menor de Kevin. Ambos se sientan en las noches frente al televisor para ver películas en formato DVD. Seguirán jugando juntos al menos durante los próximos dos años, hasta que la abuela tome al niño de la mano y se lo entregue al coyote.

El precio del “querido”

Una decena de coyotes trabajan en Concepción de Oriente.

En 1978, según el alcalde, el precio para viajar a Estados Unidos de forma ilegal era de dos mil colones.

Armando, un emigrante que desde hace un mes llegó a El Salvador para pasar las fiestas con su familia, asegura que cuando él se marchó en 1991, el precio continuaba costando dos mil colones.

Ahora, el precio del viaje cuesta entre cinco mil y seis mil dólares, según Bella Cruz.

El querido

El héroe del pueblo es, de acuerdo con la legislación vigente en El Salvador, un delincuente. El “coyote”, o traficante de personas, es conocido en Concepción de Oriente como “el querido”. De él, y de sus habilidades para transportar a los jóvenes por tres fronteras, depende el futuro de las familias orienteñas.

Pero amor con amor se paga, o con seis mil dólares, que es lo que cobran por llevar a los muchachos hasta una ciudad norteamericana. Según los pobladores, unos diez “queridos” trabajan en Concepción de Oriente.

Son personas respetadas y bien vistas por todos los orienteños. Incluso por el alcalde Canales, que ya tiene un plan alternativo:“Si no gano en las elecciones, me voy de regreso. Todavía, a mi edad, puedo conseguir trabajo. Aquí no podría quedarme porque no existe la posibilidad de que haya desarrollo”.

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