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Entrevista con "Chiyo", niño símbolo de la radio Venceremos durante la guerra

"El FMLN que yo llevo adentro es el que viví en la guerra, el de ahora me defrauda demasiado"

Christian Guevara/Óscar Adán Figueroa/ Diego Murcia
cartas@elfaro.net
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La muerte de su madre y de sus hermanos, asesinadas a manos de los paramilitares, obligó a Lucio Vásquez a integrarse a la guerrilla a los ochos años. Ahí fue donde creció entre fusiles y bombas; ahí su hermano le llamó Chiyo, el nombre que adora porque Lucio solo es "para lo legal"; ahí se convirtió en símbolo de otro símbolo de la guerra, la Radio Venceremos.

Chiyo, ahora un menudo hombre que salió de los cerros de Morazán "a la ciudad más grande del mundo", que de niño hablaba con el líder guerrillero Joaquín Villalobos y de adulto con el multimillonario mexicano Carlos Slim, se sienta a la mesa de El Faro para compartir sus historias.

Una plática apasionante que obligó a Paolo Luers, dueño de La Ventana y ex compañero de quijoterías de Chiyo a sentarse con nosotros y convertirse en entrevistador y entrevistado, porque pregunta y responde según sea el caso durante la conversación. "La vez pasada dijeron que me había ido sentar a la mesa por oír la plática y yo desayunando estaba", reclama Luers , para después exclamar, "pero hoy si podés decir que me siento a la mesa por oírla".

¿De dónde surge el nombre de Chiyo?
Por mi hermano mayor. Él me decía "Chiquillo", después me decía Yio y después me dijo Chiyo. Yo por eso digo con mucho orgullo que mi nombre es Chiyo, porque mi hermano mayor, que murió en una emboscada fue el que me decía así. Incluso, en los frentes de guerra me decían Chiyito, porque era muy gatito.

(Paolo interviene por primera vez, haciendo uso de todas sus herramientas diplomáticas) Es que este en la guerra era enano. Cuando tenía como 10 ó 12 años tenía el cuerpo de un niño de 8.

¿Cómo hace alguien tan pequeño para sobrevivir una guerra?, pequeño físicamente, de edad y para tus compañeros
Bueno, la verdad es que no hay otra salida. Hay gente que me pregunta quién fue el mejor guerrillero. Yo no me atrevería a decir que en Morazán el mejor guerrillero fue el gobierno porque nos obligó a pelear. Nadie puede ir e inculcarte de niño una doctrina comunista y hacer una revolución a partir de Lenin o de Marx. Tuvimos que entrarle porque había que entrarle, sino te mataban. ´

Yo viví la experiencia del asesinato de mi mamá a los 8 años y de mi hermana, que iba embarazada. También de dos hermanos que habían sido asesinados en una masacre del 79, ellos están en la iglesia El Rosario. De hecho, mi papá, mi hermana Carolina y yo nos salvamos porque no estábamos en la casa, si hubiéramos estado nos acaban.

Paolo: Este tuvo la suerte de estar en la radio Venceremos, porque nos sobreprotegían… ufff… nos cuidaban que a la gran puta. Por eso de la radio todos salimos vivos, los que murieron eran porque estaban encargados de la seguridad y siempre fueron pocos.

¿Qué hacías cuando eras un pequeño guerrillero?
Yo empecé como correíto, yo empecé a dejar tortillas, a dejar munición y recados.

¿Era muy precaria la situación económica antes de la guerra?
No, yo recuerdo que mi papá tenía sus vaquitas, tenía cañales, trapiches, cultivaba café, naranja.

¿Qué le motivó a tu familia a ir a la guerra?
El problema fue que el genocidio era muy marcado, oíamos en las emisoras a monseñor Romero hablando de eso. Y yo ahora le preguntó a mi papá, porque en ese tiempo era muy niño, si es verdad de ese genocidio del que se hablaba y él me decía que en la radio y la televisión sólo eso se miraba.

¿Aparte de tu mamá y tu hermana, mataron a alguien cercano?
En el cantón apareció muerto un cuñado mío. Llegaron como 17 guardias y preguntaron por él y le dijeron que se preparará que lo iban a acompañar y eso era sinónimo de que lo iban a matar.

Pero, antes de lo de mi mamá, también ya sabía lo que era una buena balacera. Ahí había gente que era de la defensa civil y de los escuadrones de la muerte y le volaban los pechos a las mujeres con los machetes. Al hermano del cuñado mío lo subieron en el barandal del puente Torola y lo bajaron de un tiro y el señor que lo mató es vecino de mi papá ahora.

Yo bien me acuerdo cuando mi papá macheteó el pilar de la casa, macheteó la hamaca donde habían doblado (matado) a mi mamá y a mi hermana. A mi mamá le pegaron 14 tiros y a mi hermana también, con una pistola 9 milímetros.

¿Tu familia ya estaba en la guerrilla cuando mataron a tu mamá y a tu hermana?
No, pero mi papá dijo que sí a ellas las habían matado de brazos cruzados, a nosotros no nos iban a matar así. Cada quien agarró su mochilita, su par de mudaditas de ropa y mi papá sacó su dinero y nos fuimos al cerro Cacahuatique, a una zona que se llama El Limón, que era donde estaban los campamentos.

¿Qué año era?
A finales de los 80.

¿Ya tenían contacto con los guerrilleros?
No, yo nunca había visto guerrilleros. Hasta ese momento buscamos los lugares donde nos dijeron que estaban.

¿Cuál fue tu primera impresión al ver a los guerrilleros?
Yo vi guerrilleros que yo conocía en mi cantón, personas normales que cortaban caña, tenían su vaquita, cortaban zacate, hacían la milpa y hasta allá los vi armados. Entonces fue una onda de conocidos y la confianza que uno sentía era la protección en ellos.

¿Qué hacías en esos años?
Cuando ya se calmaban los operativos, con mi papá dormíamos a las orillas de los ríos y salíamos a buscar comida.

Chiyo pide una limonada para beber. Hasta el momento, no ha parado de hablar y creemos que la sed había hecho mella en la garganta de nuestro invitado. Nada más fue una suposición, Chiyo literalmente sólo ve llegar la bebida y se vuelca a platicar nuevamente. Aprovechamos entonces a adentrarnos en la radio Venceremos, pero es él el que lleva los hilos de la conversación y nos guía por otros derroteros.

¿Cómo llegaste a la radio Venceremos?
Llegué a la radio cuando mi papá me explicó que iban a arreciar los operativos. "A vos te van a mandar con un contingente de niños y señoras para Honduras, que van a refugiarse allá", me dijo.

¿Pero vos no te querías ir?
No, a mi mamá ya me la habían matado y yo de niño pensaba que mejor me mataran también. Ya no había nada que perder más que me mataran a mí. De Honduras me regresé, caminé como 2 días para llegar hasta Joateca. Llegué sin comer, sin zapatos, mugroso y me senté en las gradas de la iglesia. Cuando estaba allí, una muchacha me preguntó si esperaba a alguien. Entablamos una plática y ella me refugió, me dio ropa, zapatos, comida y dinero. Después conocí a Tita, que era radio operadora, era de la guerrilla pero no lo demostraba, era civil y ella organizó que me fuera de regreso al Cacahuatique.

Después de eso, yo volví de regreso a Joateca, pero enviado por mi papá a una escuela de menores. Ahí nos dieron la formación, nos entrenaron, nos dieron matemática, ciencias sociales y naturales, nos hablaban de por qué había que luchar, por qué había que dar todo en la pelea por la justicia social que apenas comenzaba. Eso fue en el 81, en Agua Blanca de Cacaopera.

Me acuerdo cuando hicimos los refugios antiaéreos. Salíamos a jugar de tarde, estaba el fuego de artillería y todo el mundo salía a refugiarse, se acababa el fuego de artillería y otra vez a clases, a jugar..

¿Cómo era un entrenamiento para un niño?
En ese tiempo, nos entrenaban con fusiles de palo y con bombas de ceniza y te enseñaban a rodarte, a correr en zigzag, cómo saltar un obstáculo que te llegaba hasta la altura del pecho, habilidades que ganaba uno bien rápido porque éramos dóciles. Nos daban boxeo, lucha libre.

¿Me imagino que lo veían más como un juego?
Era un juego. Poníamos emboscadas, el otro era prisionero de guerra. El mando advertía que al que se dejaba capturar… ellos no respondían.

Después de eso yo pasé a la escuela de comunicaciones del Frente, donde iban sacando alumnos de los más avanzados, porque ahí hubo niños desde los 8 hasta los 14 años. Allí veían sus conocimientos y destrezas para manejarse en distintas áreas, de ahí salían para hospitales, como combatiente, a cumplir sus funciones o como radio operador.

Antes de llegar a la radio, estuve en unidades militares, nos movíamos entre el volcán de Torola, el cerro Buena Vista, el Conacaste, toda la periferia del río hacia el Cacahuatique.

Yo ya andaba fusil, era radio operador y era combatiente, porque me fui para las unidades de combate.

Paolo: El fusil era más alto que este, vos veías el pedacito cargando tamaño fusilón. A veces me ayudaba a cargar mi mochila y era también más grande que él.

Chiyo y Paolo comienzan a recordar lo que hacían en aquellos años. El "pequeño" radio operador rememoró con una sonrisa cómo se las ingeniaba para ayudarle a cargar la mochila del actual dueño de La Ventana.

¿Cuál fue tu primera experiencia en combate?
La primera vez que me tocó fue en un desembarco del batallón Arce en San Fernando, para esa vez venían 23 helicópteros y me oriné los pantalones, porque fue la primera bombardeada que sentí sobre el cerro. Cuando el avión suelta la bomba y vos ves como poco a poco se va haciendo más grande y te tirás al suelo, y si viene con tu nombre… ni modo.

¿Nunca resultaste herido?
No, yo siempre pensé que llevaba el mismo destino de mis hermanos, perdí tres hermanos en la guerra: uno en junio del 82, a Hubert, en Corola; perdí a Romerito, que solo "pajarillo" le decían ,en el 86; y mi hermano mayor, Juan, que murió en una emboscada en Chinameca. Por eso es que en el FMLN tu familia son todos, tus hermanos son todos. No me arrepiento de la guerra, ni de no haber obtenido ningún beneficio económico, pero cuando me preguntan qué me duele de la guerra: es que no me haya quedado ningún hermano vivo.

¿Crees que hay gente que sacó beneficios económicos?
Sí, incluso gente que no peleó y esos se aprovecharon más. Ahí se dio un fenómeno de que la gente que no tenían, después de la guerra tienen y los que tenían hoy no tienen nada.

¿Crees que hay dirigentes que se aprovecharon?
Sí yo creo que sí, pero es una situación muy difícil de contestar, pero sí hubo dirigentes que incluso hoy no dan la cara en Morazán. Pero no me duele que no den la cara porque se quedaron con dinero, sino porque hubo gente que nunca les dio la espalda, que pusieron sus familias, recibieron balazos, esquirlas… y después le den la espalda.

Tratamos de sondear los nombres de los posibles dirigentes a los que hace referencia Chiyo, pero vencer a un radio operador versado en descodificar claves de guerra se nos hace imposible y, sutilmente, evade la pregunta. Así que lo volvimos a intentar por otros medios y esta vez con mejor suerte.

Vos tuviste la suerte de estar cerca de la comandancia general, estuviste con Joaquín Villalobos ¿Cuál fue tu primera impresión de "Atilio"?
Atilio en ese tiempo era una líder que se acercaba a la gente, con los más humildes

¿Te sentías identificado con él?
Lo llegué a sentir como un compañero, con temple, que te corregía algo que estuviera malo y lo que estuviera bien lo admiraba.

¿Hoy cómo lo ves?
Ahora se dicen tantas cosas. Yo no sé lo que pasó después del proceso de paz, porque me fui a México y entre otras cosas superé la psicosis de la guerra, porque yo soñaba que me perseguían los helicópteros. Pero ese distanciamiento que ha habido entre los que eran líderes en el Frente es porque ellos solos se aislaron. Hay quienes dicen que son traidores, que se vendieron.

¿Lo considerás traidor?
Yo sí considero que traicionaron esos ideales. Un verdadero líder debe seguir promoviendo antes, durante y después, por eso es que no son verdaderos líderes.

El FMLN que yo llevo adentro es el que viví en la guerra, el de ahora a mí me defrauda demasiado, tanto que prefiero no saber de elecciones.

¿Qué impresión tuviste cuando llegaste a la radio y conociste a Santiago, Maravilla, a Marvin?
Antes de ir a trabajar a la radio, yo conocí la Venceremos en un programa que era para niños, de los niños que aprenden y se desarrollan en la guerra. Esa vez hasta canté una canción….

¿Que siente un niño que su mundo se reduce a Morazán cuando conoce a varios venezolanos y a un alemán?
En realidad yo conocí a personas extranjeras muy amables. Eso es contrario a lo que decían de que en la guerra manipulaban a los niños, quizás, pero los que mejor nos manipularon fueron los militares porque nos obligaron a pelear. La Fuerza Armada decía que los "samuelitos" (nombre con el que se conocía a los niños combatientes) eran utilizados en operaciones suicidas. Eso era mentira, nunca nos utilizaron como carne de cañón. En la escuela de menores nos adiestraron bien, cómo lanzar una granada, cómo dejar una mochila botada…


¿Con quién tenías más confianza de la gente de la radio?
Yo con todos me llevé. Incluso con Marvin (Galeas, ahora un periodista y propietario de una radio comercial), a pesar de que una vez me insinuó que yo era ignorante. Ahí le sentí a Marvin ese ego que siempre ha tenido del yo, yo, yo.

Decidimos preguntarle algo a Paolo, que hacía rato no nos aportaba sus dulzuras en la conversación.
Paolo, ¿qué hacía de Chiyo un niño especial en un lugar donde habían otro montón de niños?
Es que este preguntaba que a la gran puta, no dejaba de preguntar, tenía una tendencia y una gran disposición a aprender. Así que con Maravilla (el venezolano Hernán Vera), Santiago (Carlos Consalvi) y yo llegamos al acuerdo de que íbamos a hacer lo posible porque aprendiera. Lo que no se podía hacer con todos los niños, dijimos, lo íbamos a hacer con este. Y ahí nos veías porque este nos agarraba y comenzaba a preguntar: "¿Como es Londres", ¿Cómo es Venezuela", ¿Por qué esto y lo otro?". Yo jamás había visto a alguien que preguntara tanto.

Regresamos con Chiyo nuevamente

¿Nunca escuchaste a un niño que estuviera obligado a estar ahí?
No, yo creo que el que se quería ir se podía ir. Lo que sí creo era que si lo encontraban peligraba su vida.

¿Entonces sí había algún tipo de represalia?
Pero el que se quería ir podía hacerlo. Yo conocí gente que tenía convicción, desertó y se fue y ahora están en Estados Unidos. No era como en el ejército que ahí si estabas obligado, era una cosa más conciente.

¿Tuviste conciencia alguna vez de que mataste a alguien?
No. En la guerra es muy difícil saber si le pegaste a alguien. Yo disparé y después haciamos rastreos y hallábamos muertos y heridos, pero así a sangre fría nunca le disparé a alguien

¿Te alegrabas de saber que habías lesionado o matado a un miembro de la Fuerza Armada?
El problema es que en la guerra o eres tu o son ellos. Si vos te distraes, en tres o cuatro segundos te pueden matar. Pero a mí me gustó que en la guerra nunca te inculcaron la venganza, sino aquí hubieran sido más muertos. Los derechos de los prisioneros de guerra también se respetaron.

¿Ahorita no tenés alguna pizca de rencor?
No siento rencor. Los acuerdos de paz establecían la tolerancia. Mi papá tiene de vecino a uno que fue escuadronero, ahora anda con la biblia en la bolsa del pantalón. Yo he hablado con militares. Se creó un gran rencor contra los guardias porque eran de los más asesinos, entonces la gente decía que había que matarlos, incluso llegaron a suicidarse cuando ya se sentían abatidos. Aquí hubo 70 mil muertos por la guerra, pero si la guerra hubiera sido por venganza acá hubiéramos llegado a 150 mil muertos.

Viste algún acto de ajusticiamiento por parte de la guerrilla
No lo vi, pero si me comentaron.

¿Conocés casos de compañeros tuyos que ahora se hayan deshumanizado?
No conozco a muchos, pero me acuerdo de Will, él tiene una mentalidad bien violenta, el dice que de "esa guerra puta ya quedó así…" Conozco a un muchacho que se llama Emilio de las fuerzas especiales de la guerrilla que ahora está bien acabado de tanto tomar.

Paolo: La guerilla cometió varios errores, uno de los peores fue reclutar gente a la fuerza. Es verdad que abandonamos pronto esa práctica, porque demostró ser nociva en nuestras relaciones con la gente, un lujo que no se puede dar ninguna guerrilla. Pero los niños que estaban ahí lo hacían porque querían, porque fue un fenómeno que casi todos esos niños estaban peleando porque habían perdido un familiar o a toda su familia. Yo creo que si hubieran estado a la fuerza y visto lo que vieron, el grado y los casos de deshumanización serían mucho peor.

Me contabas que de Morazán te fuiste a la ciudad más grande del mundo, a México
De los cerros de Morazán me fui para la ciudad más grande del mundo, incluso no conocía bien San Francisco Gotera.

¿Y San Salvador?
A San Salvador solo vine para la terminal y de ahí para México. Me acuerdo de que Maravilla me dijo de que si salíamos vivos el me iba a llevar a estudiar y nos reímos con ironía porque uno pensaba que no iba a salir vivo.

¿Cuanto tiempo pasaste en México?
8 años. Ahí conocí a Carlos Slim (El hombre más acaudalado de América Latina), Carlos Payán, que era el director del periódico La Jornada de México, personas que lo apoyan a uno.
En México lo que tuve fue libertad. Allá aprendí a dominar un balón, a tocar guitarra, a lavar carros bien, a usar la aspiradora y los desvelos en las telenovelas, que eran hasta las 3 de la madrugada, me los aventaba a puro físico. Lo que nunca faltaba era la comida.

¿No te daba un sentido de tontería los diálogos de las telenovelas mexicanas?
En aquella época se intercalaban temas políticos como corrupción y temas de amor pero bien cuidados. Trabajé con directores de cámara de unidad de grabación y me pedían sugerencias. Aprendí cosas que ahora me han ayudado mucho en el museo, aprendí a digitalizar y respaldar la información, material de Beta, de ¾, formatos que son muy viejos. Para recuperar la memoria histórica porque ahora hay chavos de 14, 15 años que no se saben.

¿Cuándo regresaste viniste con trabajo?
Cuando fui a México lo único que quería era olvidarme de la guerra. Incluso juré no volver a empuñar un arma, hasta ahorita lo he cumplido. Yo prefiero trabajar de barrer a estar cuidando con arma un lugar.

¿Te sentís satisfecho con lo que lograste?
Para El Salvador sí, de manera personal, de la guerra yo no logré nada. Lo que logré lo traigo en la mente. He aprendido a resolver los problemas, no hay nada que me de gran alegría ni gran tristeza, y ese temple, con mucho orgullo, me lo dio la guerra.

¿Te arrepentís de algo?
De todo lo que yo hice no me arrepiento de haberlo hecho. Yo doy mi cara con alegría porque sé que mi conciencia no está manchada con un civil.

Paolo le pone el final a la plática. Chiyo tiene su plato intacto, una sopa de tortilla y un sándwich, a lo que el propietario del bar pone solución: "comé, hombre, comé"… y Chiyo comió, pero sin dejarnos de contar las anéctotas de un niño que una vez pelió una guerra y que la sobrevivió…


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