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Plática con Paolo Luers, propietario del café La Ventana

“Volvería a intentar hacer un periódico”

Por Christian Guevara y Carlos Martínez/Fotos Lidia Castro
cartas@elfaro.net
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Desde hace siete años, este periodista de broma cortante, plática fácil y buen carácter vive de incógnito, camuflado como propietario de La Ventana, un exitoso bar de San Salvador, ocasional galería de arte, foro de gacetilleros y artistas y mesa de buena comida, pero su historia de concubinato con El Salvador se enraiza en los ochenta, cuando llegó a San Salvador como corresponsal de guerra para un periódico alemán y decidió hacerse guerrillero impactado por la masacre de El Mozote. Paolo Luers sabía entonces que con esa decisión estaba rompiendo las barreras entre su ética profesional, bien custodiada siempre junto a su carné de prensa, y la ética humana que traía en el otro bolsillo, pero no estuvo dispuesto a renunciar a ninguna de las dos: después de la firma de los Acuerdos de Paz, y junto con un escogido grupo de intelectuales de izquierda, fundó en 1994 Primera Plana, un periódico innovador que pagó el precio de sus alas de cera y duró menos de un año. El proyecto, un fogonazo de ácida creatividad periodística y falta de tino empresarial, murió joven e hizo un bonito cadáver. Se fue a la quiebra, dice Paolo, porque los salvadoreños lo quisimos.

Nos enviaste una carta por la entrevista con tu amiga Miss El Salvador.
No es mi amiga, pero creo que por esa entrevista la pobrecita se tuvo que ir para Estados Unidos.

Ja, ja, ja, no es para tanto.
Fue una entrevista hecha con malicia. Pero conmigo no hay problema, están tratando con alguien de su estatura. A mí me pueden poner cualquier trampa, porque esa niña no estaba preparada, pero yo sí lo estoy.

¿Preguntarle quién es Óscar Arnulfo Romero era trampa?
Si vos ya sabés que no te va a poder responder es una trampa. Es más, yo hace poco me reuní con un grupo de periodistas para hablar de historia muy reciente, de la guerra y el final de la guerra, y la mayor parte de los que tratan temas nacionales no saben nada. Por ejemplo, les dije que los que venían con el Partido Comunista están con Shafick y los que no eran de ahí ya no están. Les mencioné que Facundo Guardado venía del Movimiento Católico Campesino y algunos periodistas no lo sabían... Entonces, ¿cómo se te ocurre preguntarle sobre Óscar Romero a Miss El Salvador?

Pero eso es menospreciar a alguien. El hecho de que su mayor virtud haya sido participar en un certamen de belleza no la descalifica automáticamente para responder una pregunta básica para un salvadoreño.
Pero es que con esas preguntas a cualquiera podés hacer mierda. ¿No te digo, por ejemplo, que pocos saben que Facundo venía de dirigente de masas antes de ser guerrillero? Y eso es historia reciente. Te apuesto que si le preguntás a los periodistas que te digan cuál es el origen de los 50 protagonistas de la guerra en El Salvador, todos se van a enchibolar.

También criticaste la manera en que Carlos Dada estaba cubriendo la guerra en Iraq.
Yo traté de ayudar, porque lo que critiqué fue el uso del hecho insólito de que un periodista salvadoreño estaba cubriendo un conflicto en el extranjero y el mal aprovechamiento que estaba haciendo La Prensa Gráfica.

¿Por qué?
Porque lo redujeron a ser el corresponsal de páginas sociales del batallón de fuerzas especiales. Esa fue mi crítica. Porque La Prensa Gráfica dijo que había mandado a su periodista a cubrir la digna misión de reconstruir. ¿Cómo sabían que era digna y era para reconstruir? El objetivo era mandar a alguien para que viera el trabajo que se estaba haciendo, y que si hacía falta dijera que de reconstrucción no estaban haciendo nada.

Pero de hecho con la cobertura quedó claro que la misión se redujo a realizar tareas militares y patrullar, y que de reconstrucción no había nada.
Es que esa fue la crítica que yo hice. Porque lo único que hacían allá era cuidarse a sí mismos la vida.

Ya te he escuchado en pláticas informales hablando sobre el periodismo que se hace en El Salvador. ¿Cómo resumes tu opinión?
Es muy difícil resumirla, porque es un tema complejo. Hay que entrar por capas, porque son varios niveles. Uno es el problema de los periódicos como empresas, que es el principal. El otro es la concepción periodística, aunque ahí hemos avanzado, pero no lo suficiente.

Explica eso último.
Los periódicos están editados con las patas. Si vos agarrás cualquier periódico y lo das como ejemplo en España o Estados Unidos, todos quedan reprobados. La mayoría de notas no tienen contenido: son chambres. No hay investigación o existe poca, y no cumplen los requisitos mínimos. Pero como eso es lo que enseña aquí, pues todos los periodistas le hablan al Sapo Villacorta para obtener una opinión. Están mal redactadas, mal tituladas y editadas… es un desastre. Suena prepotente, pero lo tengo que decir.

¿Un periodismo realmente profesional puede ser realmente rentable en El Salvador? Te lo pregunto porque en Primera Plana se intentó y no se pudo.
En principio no veo por qué no. Yo puedo decir que en Guatemala esos problemas no están del todo resueltos, pero hay periódicos mucho más activos y variados. Y no veo aquí periódicos de la calidad de El Periódico o Siglo XXI, y eso que no son ideales. Yo no veo condiciones muy diferentes aquí, excepto una: esos dos periódicos nacieron de iniciativas muy fuertes de empresarios grandes y no de periodistas o intelectuales. Cuando Zamora hace Siglo XXI lleva un respaldo de empresarios grandes que no estaban de acuerdo con la manera cómo se hacía el periodismo. Es como si aquí surgiera un periódico respaldado por los Simán, los Calleja.

¿Y eso es imposible conseguirlo?
Eso simplemente no ha pasado.

¿Qué tan probable es entonces?
No es imposible. En Primera Plana comenzamos financiados desde el exterior, pero llegó un momento en que dijimos que teníamos que ser financiados desde aquí por medio de un accionista. Tuvimos reuniones con empresarios grandes...

¿Quiénes?
No voy a decir nombres, no conviene. Pero eran empresarios grandes...

¿De la altura de la familia Simán, por ejemplo?
Sí, grandes. Digamos, si vos hicieras una lista de los veinte más grandes en el país, pues hablamos con cuatro o cinco. Varios de ellos nos dijeron que estaban muy interesados en que Primera Plana siguiera funcionando y que nos iban a apoyar con publicidad. Nos dijeron que sólo con publicidad, pero que no podían invertir.

¿Por qué?
Porque aquí hay un acuerdo tácito entre las grandes familias: nadie se mete en el patio de los otros. Me dijeron así: “Yo me dedico a X negocio y los Dutriz y los Altamirano se dedican a los periódicos, y así como yo no quiero que ellos me pongan competencia en mi ramo... Ese es un acuerdo entre los grandes empresarios y yo no estoy en condiciones de romper ese arreglo”.

¿Y no era suficiente con la publicidad?
No, no lo era. Primera Plana no fracasó por falta de publicidad, porque teníamos los suficientes anuncios para ser un periódico de tan sólo un año. Tuvimos un crecimiento en la venta de publicidad mayor de lo esperado. Lo que no tuvimos fueron accionistas, porque un periódico no puede ser un regalo del exterior, tiene que ser sustentado por la sociedad salvadoreña en cuanto a lectores, anunciantes y accionistas.

Pero los periódicos más grandes de El Salvador no andan buscando accionistas para sobrevivir, sino que necesitan publicidad.
Es que son negocios familiares.

Pero sobreviven con publicidad, ¿por qué Primera Plana no lo pudo hacer entonces?
Es que yo no soy Dutriz para sostenerlo. Por ejemplo, los Dutriz sostuvieron por cuatro años La Noticia, vieron que no era rentable y lo quitaron. Es que es lógico que al inicio siempre cueste pisto. El Más todavía le cuesta pisto a Altamirano. Siempre necesitás un capital inicial en los primeros años para que se despliegue el periódico. Nosotros estábamos convencidos de que sobre la marcha íbamos a convencer a los inversionistas, por eso conseguimos un millón de dólares para demostrarles que podíamos hacer un buen periódico, que tuviera lectores y que tuviera mercado.

¿Qué falló entonces?
Que los que tenían que soltar pisto no lo soltaron. Después, la Cooperación Internacional no lo quería seguir manteniendo por un año más, y tenían razón. Por eso no insistí más. Escribí un editorial, que no se publicó, que era una puteada a todo el mundo explicando por qué cerró Primera Plana: era porque los salvadoreños no querían un periódico como ese.

Bueno, en todo caso tenés que referirte a los salvadoreños que tienen capital para invertir en eso. Porque si me preguntás a mí yo te diría que considero importante un periódico como ese, pero no tengo dinero que darte. (Paolo deja libre un suspiro. El cadáver de Primera Plana todavía no ha hallado reposo en la mente de este alemán y los últimos días de su agonía aún están presentes).
Nosotros hicimos intentos en todos los niveles, pero se nos acabó el tiempo y se me hacía más fácil hablar con cinco personas que pudieran hacer una inversión fuerte que convencer a los 2 mil académicos para que pusieran 100 dólares. Todo el mundo nos habló cuando íbamos a cerrar, que no lo podíamos hacer... ¿Pero dónde estaban la semana pasada cuando tratábamos de que no cerrara?

Todo lo que has planteado apunta a que los culpables fueron exclusivamente externos. Sí sabías que se necesitan tres o cuatro años para consolidar un periódico, ¿por qué no comenzaron a buscar los inversionistas antes de que se les acabara el tiempo y se hundieran por los problemas financieros?
Porque era un círculo vicioso, porque mientras no estuviera el periódico sobre la mesa y en la calle, nadie iba a soltar ni cien dólares. ¿Por qué crees que nadie lo ha intentado? Porque nadie ha tenido la capacidad de reunir ese pisto. También puede ser que todo mundo esté contento con los medios que hay, aunque creo que los periodistas estarían contentos de tener un medio diferente.

Todavía considero que fue un error administrativo no haber comenzado un proceso paralelo al de la Cooperación Externa para buscar acercar a ese círculo de intelectuales o a los empresarios con suficiente capital.
Mirá, lo hicimos como pudimos. Yo me metí a eso sin ninguna preparación, soy periodista y quería escribir, quería editar, quería enseñar, y me tocó la parte financiera. Que cometimos errores es obvio, no hay manera de hacerlo de otra forma. Hicimos lo que pudimos hacer, pensábamos que el momento histórico era maduro para eso. Era el 94, acabados de firmar los Acuerdos de Paz y todo mundo esperaba una transformación muy visible.

¿Lo volverías a intentar?
Lo volvería a intentar si desde el principio se salvan los problemas principales que nosotros no pudimos resolver. Ya me ha buscado varia gente como colaborador para hacer otro intento. Yo ahora les digo: “tráiganme aquí los inversionistas serios y después volvemos a hablar”.

Pero ahora sos empresario
Sólo que me falta poquito para estar a la altura de los Simán, ja, ja.

Ja, ja, ja... Si hubieras sido un gran empresario, ¿habrías invertido en Primera Plana?
Claro. Yo estoy plenamente convencido de que al tener el suficiente capital y la capacidad periodística para arrancar habríamos marcado una pauta y nos hubiéramos convertido en un medio distinto. Es más, viendo las repercusiones que tuvimos, logramos ser un medio diferente.

¿Cómo diferente?
Tratamos de darle una formación más sólida a los reporteros, y lo logramos, porque todos nuestros reporteros fueron muy cotizados después. Ahí están ahora en los periódicos en buenas posiciones, y casi nadie se quedó sin empleo cuando cerramos. Tratamos de desarrollar una pauta periodística y no simplemente correr, que es uno de los vicios grandes de los periodistas aquí. Y te topás con un problema que ustedes conocen mejor que yo, porque son periodistas de calle: las fuentes, cuando no convocan, se cierran.

¿Lograron abrir esos cerrojos?
Sí, lo logramos, pero es que nosotros no teníamos que entregar diariamente, sino semanalmente, sino no podría ser un intento más ambicioso que La Prensa Gráfica.

¿Te acordás de una noticia que haya surgido de Primera Plana y que la colocaron en la agenda nacional?
Ya no me acuerdo, han pasado varios años. Pero recuerdo que causamos mucho debate con los temas de la izquierda. Es que nosotros éramos conocidos como gente de izquierda...

¿Y eran de izquierda?
Sí, pero mantuvimos un periodismo bastante crítico con todas las expresiones del Frente y chocamos con todos. Y eso era una muestra de que lo estábamos haciendo bien: unos decían que detrás de nosotros estaba Villalobos para cagarse en el Frente y al revés, que detrás estaba la UCA intentando destruir a Villalobos. Nosotros criticamos y debatimos los problemas de la izquierda. Estoy seguro de que si lo hubiéramos hecho de esa manera seria durante muchos años, la izquierda no estaría en una posición tan deplorable como ahora. Y también tocábamos temas de corrupción que nadie quería tocar.
Si agarrás diez números de Primera Plana, te darás cuenta de que Enfoques y Vértice nacieron cuando cerramos. Ellos intentaron hacer periodismo semanal dentro de la cobertura diaria, que es una buena idea, pero no lo han podido hacer con la consistencia con que lo hicimos nosotros.

“Volvería a intentar hacer un periódico” (II)

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