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Plática con Carlos Cañas Dinarte, investigador histórico.

"José Matías Delgado estaba pidiendo un FODES"

Christian Guevara y José Luis Sanz/ Fotografías de Walter Sotomayor
cartas@elfaro.net
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Carlos Cañas Dinarte es casi un loco, un hombre de horario imposible, colono de bibliotecas y descubridor en pleno siglo XXI. Fue él quien dijo a los salvadoreños que la esposa del Dr. Nash, un famoso matemático y ganador del Premio Nobel, era salvadoreña, quien nos contó que había un bombardero llamado Sonsonate en la Segunda Guerra Mundial y que nunca firmamos la paz con Italia después del 45, quien reveló que había mujeres próceres y que la Oración a la Bandera es ilegal. Dice que Martínez está por descubrir, que d'Aubuissón necesita una biografía, que nuestra historia está hecha de mentiras…

En un país donde la amnesia parece ser una virtud y deformar el pasado una profesión, Cañas Dinarte está decidido a contar las cosas de otra manera. Con horas de conversación por delante, una cascada de quejas de todo y contra todos hace pensar que el mundo se va a acabar antes de que nos levantemos de la mesa, pero Carlos, todo sarcasmo, humor inmenso en un cuerpo hiperbólico como sus ansias de seguir sabiendo, se ríe y se confiesa optimista: "Me quejo para saber que todavía hay cosas por las que trabajar". Punto Literario es tan habitual para él como para El Faro. Cuando llegamos, ha buceado en la librería aprovechando sus sospechosos (hablan de cierre, alarma, ojalá sean solo rumores) descuentos astronómicos y se ha echado la poesía completa de Kavafis al bolsillo. "Es que la lectura es un vicio", cuenta, y sin prisa por comer arranca la plática.

Compré la poesía completa del griego Constantino Kavafis y la biografía de Lewis Carroll, el que escribió Alicia en el País de las Maravillas.

El segundo va más con tu estilo de historiador.
Sí, pero leo también mucha poesía. Y de este libro lo que me llamó la atención es que es una edición crítica: lleva notas, elementos biográficos del escritor… Es una forma diferente de presentar la obra. Me gusta porque te dice lo que el autor comía, lo que decía, quién era, dónde vivía, con quién se carteaba, a quién le dedicó el poema… y ahí ya entra la cuestión de la historia, del análisis del personaje.

¿Son importantes esos detalles?
Para mí lo son todo. Por ejemplo, alguien como García Márquez que dedica Cien Años de Soledad al Cocodrilo Sagrado... Bueno, yo me pregunto: ¿Quién es el Cocodrilo Sagrado? Ahí me detona la curiosidad, y la curiosidad es madre de las disciplinas. Para mí, la gran pregunta, en todo, es "¿por qué?".

De las grandes obras, ¿cuál es la dedicatoria que más te ha impactado?
Quizá sea ese del Cocodrilo Sagrado, porque me llevó a leer muchos libros sobre la biografía de García Márquez.

¿Y encontraste al cocodrilo?
Sí, era una persona muy relacionada con él. A menudo pensamos en los escritores a partir de nuestra realidad. Decimos: "Ah, García Márquez, el grande". Pero en aquella época él casi vivía abajo del puente.
Muchas veces he hablado con Rafael Lara Martínez sobre las dedicatorias que Roque Dalton ponía a sus poemas. Él también es un personaje a partir de las dedicatorias, porque uno no le dedica su trabajo al primer bolo que se encuentra en la cantina. Tiene que haber una vinculación importante e impactante para que te dediquen una obra. Las dedicatorias son parte de la esencia biográfica de una persona, y eso es importante, porque hay que reconstruir la biografía de la gente. Las personas no sólo somos la obra que escribimos. Somos un todo. La persona que visitamos, el periódico que compramos, la bebida que tomamos.
En El Salvador hemos dejado de lado todos esos detalles y nos quedamos en el "nació, murió y esto es lo que hizo". Eso demasiado elemental, demasiado esquemático, triste.

Para triste la vida de un historiador en El Salvador.
Al contrario. Éste es un terreno interesente porque queda por investigador casi todo, porque estamos aún en el caos primordial, el gran desorden al que hay que poner orden. Todo está por escribir.
Bueno, quizá sea muy absoluto, pero lo que se ha escrito no es un porcentaje significativo de lo que habría que escribir sobre la realidad salvadoreña y su historia. Acá hay siglos enteros de los cuales no sabemos nada: el siglo de la conquista española, los siglos XVII y XVIII, de los que no sabemos nada... Comenzamos a saber cosas a partir del XIX.

¿La amnesia es un mal salvadoreño o es endémico de Latinoamérica?
Nosotros llegamos tarde a los estudios históricos formales. Hemos sido el último país de América Latina en tener una carrera de historia, hace tres o cuatro años, y la historia sólo se puede escribir a partir de la recopilación de archivos y documentos...

Pero a menudo la historia de un país no la han escrito sus habitantes. Los mejores hispanistas son británicos...
Exactamente.

¿Por qué nadie de afuera prestó atención a El Salvador?
No es eso. Hubo gente que sí nos prestó interés y puso atención a la historia de El Salvador. Hay buenos estudios ingleses, norteamericanos y mexicanos. Una de las personas que más sabe de la anexión a México no es un salvadoreño, sino un mexicano que estuvo vinculado a la izquierda salvadoreña y que ahora es catedrático de historia en la UNAM.
Pero yo creo que ese interés choca con la facilidades que esta gente tenga para venir a investigar y hacer su trabajo. Curiosamente, quienes conocen mucho de la historia de El Salvador son los ticos, pero cuando vienen a trabajar a El Salvador se quejan, con razón, de que los archivos están desordenados, de que las bibliotecas son calurosas, de que no hay ni una mesa o una silla decente en la que posar el trasero...
No tenemos condiciones para hacer historia, porque no es posible consultarla. Y eso sí es causa de tristeza. Es triste hacer investigación, pero es hermoso tener un campo virgen.

¿No crees que es voluntario el desapego a la historia salvadoreña? Cuanto menos historia escrita haya, más fácil resulta deformarla.
Indudablemente.

Aquí hacemos y deshacemos con la historia con lo que nos da la gana.
Aquí se escribe la historia dependiendo de cómo la quieras conceptualizar. En El Salvador, la historia es un arma de defensa o de ataque...

Pero siempre un arma.
Sí. Aquí siempre es: "mis próceres se enfrentan a los comunistas, mis líderes revolucionarios se enfrentan a los oligarcas". Aquí la historia siempre se ha escrito con el hígado, con las entrañas, con el corazoncito, pero nunca se ha dado el ejercicio de darles elementos de objetividad. Yo no creo que haya una historia objetiva...

Como en el periodismo.
Es que todo depende de quién está detrás escribiendo. Todas las personas tienen un marco conceptual e ideológico desde el cual escriben. Pero hay que preguntarse qué tanto ese marco es más importante que lo que se va a narrar como historia. Ahí está el dilema.

¿Hay grandes embustes en la historia de El Salvador?
Bueno, todos los grandes temas de la historia salvadoreña.

Ja, ja, ja, que gran tranquilidad saber que por suerte sólo son los grandes temas de nuestra historia.
Las peores son en la época de nuestra formación como nación. Por ejemplo, eso que de que José Matías Delgado tocó las campanas el 5 de noviembre de 1811 para dar el primer grito de independencia.

¿No fue él?
Por supuesto que no, porque el tipo ni siquiera estaba en el país. Además le siguen llamando el primer grito de independencia.

¿Tampoco fue el primero?
Si uno revisa la documentación de aquella época, te das cuenta que lo que buscaban era la autonomía municipal, nunca pensaron separarse de España.

Ja, ja. Ja. Estaban pidiendo un FODES.
¡¡¡Exacto!!! Era un FODES primario. Y también está el caso de Atlacatl, que fue una mala traducción de un abate francés de la época. El creyó que Atlacatl era el nombre del que gobernaba acá, pero es el nombre del cargo del regente, como que hubieras leído "alcalde lanzó una flecha…".

¿Y cómo se llamaba?
No hay ninguna documentación, no tenés nada. El mismo caso es el de Atonal, que acá lo repiten por todos lados. Supuestamente es el indio que deja clavado de un flechazo a Pedro de Alvarado en su caballo cuando viene a conquistar Cuscatlán. Pero es de lógica elemental saber que en una batalla de diez mil hombres no se pudo saber quién le disparó esa flecha...

Fue por el calibre de la flecha que lo descubrieron.
Ja, ja, ja... Sí, llegó el médico forense e hicieron un informe.

(La pasión por la historia de Carlos Cañas Dinarte es innegable. En esta parte de la conversación, su rostro, sus ojos, sus gestos, son un auténtico pergamino donde se puede leer el amor al pasado. Sin duda, Cañas actúa frente a la historia como actuaría un niño frente al escaparate de juguetes, como un amante frente a su Dulcinea, como Pelé frente a la pelota).

¿Saben, también siempre dicen que Gerardo Barrios fue el que introdujo el café, y hay documentos que muestran que para 1763, en las fiestas reales en homenaje a Carlos III, se les ofrece café y chocolate a las personas en Ahuachapán. ¿Entonces, cómo es que viene y lo introduce cien años después?
En ese tipo de cosas elementales hay que hacer mucho trabajo. Aquí se han escrito grandes cosas, biografías enteras de personajes, pero si uno la revisa no son biografías, son elogios, loas y sólo se ve la parte hermosa y gloriosa. Pero revisar los registros, los actos personales, no se ha hecho.

(Freddy llega a ofrecer el menú. Sorprendentemente, todos pedimos el mismo plato: una focacchia de RoastBeef. Tal vez la unanimidad gastronómica le recuerda a Cañas la reciente alianza entre el PCN y ARENA para aprobar la Ley Mano Dura y da un momentáneo giro radical a la plática).

Ya tengo candidato para estas elecciones.

¿A ver, quién es?
Don Genarito Ramírez ja, ja, ja. ¿Saben, ustedes deberían donar su trabajo. Los empresarios de este país se meten a fundaciones y todo esto, les dan carta de que han donado su trabajo altruistamente y, cuando van a pagar sus impuestos, en vez de pagar, hasta les devuelven.
Yo hace años que me fajo en mi trabajo, me levanto de lunes a domingo a las cuatro de la mañana y me acuesto a las diez de la noche. Así que un día dije: "no, ya estoy harto de eso. Yo voy hacer lo mismo que ellos".

Explícame eso de los empresarios.
¿Por qué crees que hay tanto empresario metido en fundaciones, promocionando obras? Ahí es donde uno tiene que revisar… para comprender las actuaciones personales

¿Y tú que hacés?
Colaboro con una serie de instituciones y lo único que hago es pedirles esa carta de retención. Es que acá la cultura se ve como la eterna mendiga del presupuesto, y uno tiene que llegar y decir: "por favor, deme para esto".
Si yo sumo lo que en diez años me ha dado la gente que me dice que me va dar apoyo y dinero para investigación, me han dado no más de mil dólares. ¡¡En diez años!! Y claro, investigar significa que tengo que tener otro trabajo para pagar fotocopias, microfilmes, diskettes, computadora, para insumos de trabajo.
Y de vez en cuando alguien se anima y me dice: "No tengo dinero, pero acá tengo un pasaje de avión, o una estancia de dos meses en España"… Así voy.

 

"José Matías Delgado estaba pidiendo un FODES" (II)

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