De la guerra a la paz

 
Simán y Monseñor Romero
Por Ricardo José Valencia

La foto se pone amarilla de las esquinas, pero está bien conservada para sus más de 20 años. Los tres protagonistas del retrato blanco y negro sonríen. Poco después, un disparo le atravesaría el pecho al más adulto de ellos, Monseñor Oscar Arnulfo Romero. Los otros dos tomarían caminos diferentes. Uno seguiría su vida con la Compañía de Jesús y el otro se exiliaría en México en 1980. Ese último es José Simán, amigo personal de Romero, empresario exitoso, cristiano comprometido y miembro de unas de las familias acaudaladas de El Salvador.

El currículo de Simán incluye puestos tan diversos como Director de la Cámara de Comercio e Industria de El Salvador, catedrático de la Universidad Centroamericana (UCA), ex presidente del Instituto Salvadoreño de Fomento Industrial(INSAFI) durante la Primera Junta Revolucionaria de Gobierno y cabeza, en 1975, de la Comisión Nacional de Justicia y Paz formada por laicos católicos.

Simán le releva a los lectores de EL FARO sus experiencia con una de las figuras más importantes y polémicas de la historia salvadoreña.

¿Cómo conoció a Monseñor?

Yo llegué a ser el Presidente de la Oficina de Cine. Fui el fundador y Presidente del oficina de cine (1963) con Francisco Altschul, Mauricio Silva, Fernando Valero, Toño Díaz. En una de esas me tocó ir a ver a Monseñor y tuvimos una discusión. Él era un poco tradicional, muy tradicional.

 Hubo algunas críticas para que nosotros fuéramos censuradores y nosotros no estábamos con esa actitud, sino que un poco debíamos formar a la gente y orientarla y discutir con ellos. Tuvimos muchos cine forum, me tocó ir a discutir con Monseñor y tuvimos alguna diferencia sobre las columnas de algunos de los que escribían de la oficina y yo tuve que defenderlas. Tuvimos un altercado respetuoso. Él ya era de auxiliar de San Salvador.

 Después de eso nos dejamos de ver porque lo nombraron para Santiago de María. En ese momento (1975) Monseñor Chávez eligió la Comisión de Justicia y de Paz. Yo era el coordinador. Conocí a unos obispos, a Monseñor Álvarez, a Monseñor Aparicio y a Monseñor Castro Ramírez.  

En el 75, razón, que me acordaba que era abril, porque en julio yo me fui a juntar con la Conferencia Episcopal, fuimos los miembros. Ya sabían los obispos que era Coordinador. Entonces le suplicamos que por favor había que ver la violencia de todos lados de los que vinieran, que no solamente había una violencia, sino que había una violencia, como decía Medellín, que venía de la estructura. La iglesia debía de presentar un documento, una página en el periódico diciendo que estaba en contra de la violencia de donde viniera. 

Tuve algunas discusiones con los obispos, ahí estaba Aparicio y Monseñor Álvarez que tuvieron algún problema con algunos de los miembros de la comisión que tenían una visión política como Héctor Dada, Rubén Zamora. Estaban de acuerdo de que eso lo iban a publicar.

Se había venido a Casa Presidencial a hablar con Vieytez y con el Presidente que a él no le parecía esas cosas, pero que no estaba de acuerdo de hacer nada en público, sino que debía hacerse a nivel personal.

Lamentablemente, Señor Fredy Delgado traspapeló el papel que debía haberse publicado. Ese día fue la famosa matanza de la avenida universitaria en 1975. 

Después vino el problema que el BPR y FAPU se tomaron la Catedral. Todos estábamos con el problema en medio de cómo se hacía, cómo se buscaba. Román (Mayorga Quiróz) ayudó a ir a platicar. La cosa se tranquilizó.

Nuestras figuras eran Monseñor Chávez y Monseñor Rivera y Damas. Yo era coordinador, ya cuando para Monseñor Chávez las cosas se empezaron a poner muy aceleradas. La iglesia, con mucha sabiduría, decidió que Monseñor Chávez debía retirarse. Nos pidieron sugerencias a los representantes de ese momento de la Comisión. Entonces, mi recomendación fue que el próximo Arzobispo fuera Monseñor Rivera y Damas. Me parecía que era él que iba a seguir la línea.

Yo sabía que había presiones de otra parte, especialmente del Cardenal Casariego de Guatemala y de monseñor López Trujillo de Colombia, que son gente bastante conservadora que estaban queriendo empujar a Monseñor Romero para que fuera Obispo . ¿Cómo la Santa Iglesia va a poner a Monseñor Romero de obispo de San Salvador?

 De repente la noticia: "Monseñor Oscar Arnulfo Romero y Galdámez Arzobispo de San Salvador". Tanto me fregaron mis amigos que uno de ellos cortó El diario de Hoy que tenía una foto de él en primera plana y me la pasó dejando a la casa.

A la semana Monseñor Romero andaba pidiéndole a gente como Monseñor Urioste, como el padre Amaya y otros: "Ayúdenme, yo necesito ayuda, yo no voy a poder manejar esto, necesitó contar con ustedes". Cosa que agradó la actitud.

Mantuve distancia porque no me sentía a gusto. Yo sentía que mi Obispo era Rivera y Damas y ponen a Romero. Sin embargo, las cosas siguieron malas , yo entonces trabajaba en ADOC y el fin de semana yo me iba a la playa. Ese sábado, estaba pensando, "Dios es más grande que nosotros y yo soy cristiano". Pasé al seminario donde él estaba y me hinqué y le dije: "Monseñor hemos tenido diferencias , pero usted es el pastor y aquí estoy para servirle". Me levantó: "Don Pepé y fue a buscar a Monseñor Rivera y Damas y me enseñaron una carta que estaba ya publicando contra todas las cosas que estaban sucediendo.

Al cabo de una semana mataron a Rutilio, yo fui a la misa. Me fui a sentar donde él. Me dijo "Mire Don Pepe, por favor venga, nos juntamos toda la semana por favor venga". Empecé a llegar. Empezaron a venir los desayunos que pidió y armamos un grupo de seglares para los desayunos. Estaba Román Mayorga, estaba Héctor Dada, estaba Goyito Rosa que bajaba, Monseñor Urioste, estaba Cristóbal Cortés.

¿De la Comisión de Justicia y Paz?

No, era un desayuno donde platicábamos de las cosas que estaban pasando. Él tenía como asesor al Padre Moreno y empezamos a platicar y poco a poco fuimos platicando. O sea, que ahí empieza, a solicitud de él, un acercamiento. Después de la pena de Rutilio, yo lo acompaño cada vez que entierra cada uno de los padres y los momentos difíciles que se presentan.

Me llama y yo estoy con él todo el tiempo, en el buen sentido de la palabra. Yo llegaba a buscarlo para ir a almorzar y me tenía esperando; porque él recibía tanto el embajador americano como una señora pobrecita. Él decía que mi casa era su Bethania. Y como él había estado en Roma, comíamos juntos, nos echábamos un trago.

En sus almuerzos que tenía con Romero. ¿De qué problemas puntuales se acuerda?

Hubo tantos. Hubo tantos. Yo lo que trataba en los almuerzos es que tuviera un momento de descanso. Chisteaba conmigo, bromeaba, hablaba de los problemas que tenía con la Conferencia Episcopal que no lo entendía.

¿Cómo cuáles?

 Siempre lo vieron (pausa).En efecto, Monseñor Romero se fue convirtiendo en el arbitro, en una figura señera en el país. La gente empezó a oír las homilías. Eso causó celos entre otros obispos y eso le causaba mucho dolor. Él no andaba buscando eso, en la plática personal era muy sencillo.

¿Alguna vez le comentó algo sobre la extrema izquierda?

Varias veces.

¿Qué le dijo?

Él siempre trataba de comprender las cosas. Siempre hay que contextualizar las cosas. Cada momento es distinto. En ese momento no había espacios. Era el inicio de los movimientos populares. Movimientos populares de masas las manifestaciones, pero por el otro había, matanzas de algún guardia o cosas de ese tipo. Él trataba que plantear que había que buscar la paz, que había que buscar pero no la paz de los cementerios, sino que la paz donde todos podíamos compartir de la misma mesa.

¿Salió a bailar en cierto momento el tema de ORDEN y D´abuisson?

Por supuesto

¿Qué decía Monseñor Romero?

D´Aubuisson en ese momento todavía no. Eso estaba muy a principio y luego evidentemente, cuando se da la Junta, si salen esos temas. En ese momento, él estaba tratando que la gente que se convirtiera.

Hay una cosa que hay que hacerla notar muy bien, mucha gente ha dicho que él sólo se preocupaba por los pobres. Él se preocupaba por todos. Los pobres eran los que más lo necesitaban. Pero varias veces, quiso contactar y hablar con gente empresaria. Y habló con algunos. No sé los saltó, pero él tenía que ser él.

¿Con quiénes habló?

Prefiero no comentarlo. Pero sé que habló. Él me decía: "Mire Don Pepe ¿Cómo puedo hacerle notar que quiero a todo el mundo?¿Qué puedo hacer?". Él quería mantenerse, pero lo que pasa que él veía, veía la realidad de la gente que llegaba y decían "Tiene a mi hijo torturado".

Cuando secuestraron a Mauricio Borgonovo, yo estaba con él y llegaron y le dijeron: "Oye Monseñor, ¿nos ayudas?". Él dijo que sí, "con el mayor gusto". Evidentemente pidió por la vida de Mauricio Borgonovo, la vida del embajador surafricano, pero también pidió por todos los demás que estaban secuestrados. Él tenía siempre la conciencia que la iglesia era la madre de todos.

¿Monseñor, nunca supo que dentro de los escuadrones de la muerte podrían haber empresarios involucrados?

Yo le diría que sí. Dar un juicio de ese tipo es bien difícil, ¿Quién es uno para juzgar? Yo si creo que hay mucho de eso en el Sacramento Bee de los Estados Unidos, un periódico. Hizo varias entrevistas y dijo algunas de esas cosas. Él no era un hombre que decía ese es un malo. No era esa su posición. Él estaba tratando de ahogar el mal en bien. No estarse peleando, eso no le gustaba. Lo que pasa es que se peleaban con él porque no les gustaba las cosas que él decía. Y entonces él decía cosa que todos sabíamos, pero que en ese entonces podían ser clandestinas.

¿Alguna vez recibió comentarios sobre su relación con Romero de parte de los empresarios?

Evidentemente ello sabían que yo no he buscado posición política y mucho menos ingresar a un partido. No es que me glorío en ello, pero nunca he estado en política. Soy político como todo ser humano, pero no partidiario.

Alguna vez, veía con muy mala cara cuando llevaba a Monseñor Romero en mi carro a comer a la casa. Alguna gente que me veía, no me veía con una cara sonriente. Decían : "Ahí va el comunista".

¿Qué pensaba Monseñor Romero sobre los empresarios y la economía?

Él creía que eran cristianos y que había que convertirse.

Su familia es de las más prominentes del país. Parte de su familia pertenece al gran capital y últimamente ha estado ligada al Partido ARENA ¿Le dijeron algo sobre su relación con el religioso?

Había que separar algo. Eso de prominente...ellos tiene un negocio, Almacenes Simán, donde yo estuve, que evidentemente es un lugar donde la gente va a comprar y ve. Esta a la vista de todo el mundo.

Cada uno ha tratado de servir, como decía mi tío Salvador, en los ochenta años de la familia. Tiene raigambre cristiano.

Evidentemente en momentos de polarización, como sucede en todas partes, hay visiones distintas. Muchas veces se piensa que la otra persona no estaba viendo todo el horizonte, muchas veces se piensa que no tiene todos los elementos para juzgar. Evidentemente había diferencias.

Yo tengo entendido que alguno de mis primos han sido colaboradores o aparecen en periódico defendiendo a la empresa privada. Déjeme decirle, yo fui Director de la Cámara de Comercio por un año y fui Director tres años en ASI. Yo me siento orgullosos e ser empresario. Más que empresario me considero "entrepeneur", emprendedor que es el que trata de coordinar los esfuerzos de la gente para que sirva. El problema es cómo hacemos para que le sirvan a todos. Ese es el reto.

¿Usted le dijo a Monseñor su intención de integrar la Primera Junta Revolucionaria de Gobierno?

Yo platiqué con él. Ese momento la cosa se iba volviendo sumamente complicada. Yo estaba en la UCA, en la Unidad Ejecutiva, cuando llegaron a llevarse a Román a la Junta y a Memo, que eran amigos muy cercanos que nos veíamos muy a menudo. Estaban Fernando Valero, estaba Héctor Dada, estaba Rubén Zamora. Se fueron, se formó la Junta y yo me seguía viendo con mis amigos.

De repente, me mandaron a decir que si yo quería hacerme cargo del INSAFI, el problema es que había corrupción y que necesitaban a alguien que fuera capaz y fuese honrada y si quería tomar ese papel. Me mando a decir Mario Andino y llegó Rubén Zamora a contarme.

Habían bastantes amigos míos en la Junta. Platiqué con mi esposa y le dije: "No podemos seguir siendo espectadores, aquí hay un proyecto que va a ayudar a salvar al país. No quiero que mis hijos se metan con la violencia que estamos viendo".

Hablé con Monseñor Romero y me dijo: "¿Y su familia?". Yo le dije . "Monseñor si es llamado para conformar un esfuerzo de un grupo de gente que usted tiene y que cree en ellos y quiere hacer algo, usted no puede simplemente zafarse? Me hinqué y me bendijo.

¿Usted se acuerda de la última conversación que tuvo con Monseñor Romero?

Varias tuve. Él llegó a casa el día jueves y lo mataron lunes. Estuvimos platicando, bromeando. No quería que lo cuidaran. Él decía que si el país estaba sin que lo cuidarán, entonces él también.

¿Cómo se dio cuenta de los asesinatos?

Estábamos en una reunión de Vivienda Mínima cuando me avisaron y yo salí disparado para el Seminario. Pensando ¿Cómo era posible?

Yo venía tuve una experiencia impactante, el regalo que me había dado al entrar en contacto con un hombre con esa libertad y con ese profundo sentido de espiritualidad y la responsabilidad que eso implicaba.

De repente estaba subiendo las gradas del seminario y vi a una señora tirada con su cipote y me dijo: "Han matado a mi padre. ¿Quién nos va a defender?" y yo le dije "Tenga fe". Una mujer pobrecita lloraba como si de verdad le había matado a su padre.

La señora me hizo notar lo que significa de orfandad para mucha gente que matara a Monseñor que alguna manera un Profeta de la Esperanza.

¿Cuáles son las malas interpretaciones que se hizo de él?

Lo que sucede es eso que una figura tan importante como la de Monseñor Romero quiere ser usada, mostrar sólo un lado de él. Yo me acuerdo cuando se mandaron sus documentos a Roma en el Arzobispado, que yo lamenté que no hubiera misa. A mí me llamaron para dar mis interpretaciones.

Llamaron a varios testigos que normalmente llama la iglesia para que hablen y expliquen un poco su relación. Entonces había un grupo de muchachos, que me imagino eran de la guerrilla. Ellos empezaron a ser un mitin político. Eso me molestó, porque no tenían que manipular. Monseñor defendía, pero una cosa es defenderlo y otra cosa es querer aprovecharse de su imagen. ¡Como uno decía que era un malo, el otro decía que era un bueno! Se querían confundir con cosas que hizo.

Cuando mataron, en Guazapa o Nejapa, a un capataz, que lo mató la guerrilla, él lo condenó duramente porque defendía la vida. Pero los medios se encargaron de dar una imagen de dar una imagen que él solo defendía la vida de los obreros.

Mucha gente al ver la popularidad, ese sentido de esperanza que el tenía y ese encontrar en el padre de la gente, dijeron si agarramos esta figura vamos a jalar a esta gente a nuestro grupo. Durante el tiempo que estuvo vivo, hubo dos o tres grupos de guerrilleros que trataron de aprovecharse.

Él siempre averiguaba, él siempre trataba de ir al fondo de las cosas.

Monseñor Romero

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