De la guerra a la paz

 
Perdonen las molestias
Por Luis Fernando Valero

Fernando Savater, posiblemente junto con Emilio Lledó y alguno más, es hoy por hoy de lo más sólido que tiene el pensamiento filosófico español. Este filósofo no puede ir por su ciudad natal, San Sebastián, tranquilamente paseando, necesita llevar guardaespaldas. Su inmenso delito: hacer pensar a sus conciudadanos qué es ser demócrata y ser libre en una sociedad moderna.

Sus ideas le parecen tan peligrosas a algunos que en varias ocasiones le han intentado matar. No lo han conseguido, pero 1000 conciudadanos suyos están hoy muertos solamente por que tenían una concepción de la vida diferente que la de sus asesinos y parecida a la de Fernando Savater.

Pues bien. Fernando Savater escribió hace unos meses un libro titulado "perdonen las molestias" en el que recogía una serie de artículos que había ido desgranando en la prensa y en donde analizaba la triste manía que tienen algunos de matar al que no piensa como él, situación esta que no hace nada más que confirmar la idea de que el ser humano es el único animal capaz de matar gratuitamente.

El Faro ha tenido, con feliz criterio, el deseo de analizar él último cuarto de siglo XX en El Salvador, años convulsos y esperanzadores del El Salvador, tiempos que pasaron y que hoy con perspectiva podemos analizar si en ellos se consiguió algo y sobre todo si hoy podemos decir que seremos capaces de aprender algo de ellos.

Algunos ya no están para ayudarnos con su reflexión, son tantos que enumerarlos es inútil, y lo que es peor, muchos de ellos eran lo mejor que tenía El Salvador, en ambos lados, y que sin ellos, aunque duela reconocerlo El Salvador es un poco más pobre; la selección natural,

desafortunadamente en este caso, juega a la contra, no se quedan los más fuertes para aportar lo mejor a la especie, se quedan en demasiadas ocasiones, lamentablemente, los más cobardes, los más ruines, los más... pero eso es la vida y eso es lo que se llama el proceso histórico, proceso que en ocasiones no es lineal ni siempre va hacia delante.

Leyendo lo que los especialistas en paleontología nos señalan no cabe duda que muchas filias genéticas se han perdido por el camino, somos lo que somos pero no sabemos como podríamos haber sido si otros homínidos u otras especies hubieran pervivido. Pero esto es lo que hay.

Walter Benjamin lo dijo claramente " No hay ningún documento de la cultura, que no lo sea a la vez de la barbarie".

En este siglo XXI El Salvador está como está, no hace falta más que ver como se vive en el país y observar si en estos momentos está mejor que hace 40, 50 años. Yo ya no vivo en él, pero dejé ahí una de las mejores etapas de mi vida. Hoy ya mayor, y casi entrando en eso que sé llama la tercera edad, reconozco que El Salvador me dio mucho más de lo que yo le dí a él, pero en ocasiones no me dejo de interrogar si fuimos capaces de separarnos del árbol para ver el conjunto del bosque y desafortunadamente me digo a mi mismo que no, que no fuimos capaces, que ante algunas cosas que sucedieron demasiados miraron para otro lado y que algunos que tenían la obligación moral de ponerse delante no sólo no se pudieron delante sino que además desde atrás impedían la marcha jalando en sentido contrario.

Acaba de celebrarse en Madrid, España, un encuentro con los mejores politólogos del mundo para analizar la transición española e intentar ofrecer lo que ella ha aportado al proceso de democratización del país a aquellos países en los que se ha pasado por procesos de guerra civil, en donde sus sociedades no son democráticas objetivamente, no de palabra y cuáles serían las claves para poder alcanzar un nivel de desarrollo social que permita pasear a los ciudadanos libremente por sus calles sin tener miedo a que los maten por pensar diferente del otro paseante, paseante que en ese caso además lleva una pistola que te da un tiro en la nuca.

No es mi intención, en absoluto, poner modelos. Ya ven, aquí aun se sigue, en algunas partes, cociendo habas, es decir quien este libre de pecado que tire la primera piedra, pero es evidente que para que un país pueda salir del marasmo que lo acongoja hace falta que la verdad nos haga libres y de eso Monseñor Romero sabía bastante.

Yo aprendí mucho de Monseñor Romero y eso que al principio de conocernos estábamos distanciados por pequeñas pajas que impedían ver lo sólido de las vigas que nos unían. Nunca olvidaré la vez que me mandó llamar a su despacho a través de Monseñor Urioste y me dijo: Fernando, perdóneme he sido injusto con usted, le he juzgado por las formas y no he visto reconocer su fondo. Yo me quedé de piedra, ni por un momento me esperaba ese recibimiento, Yo le dije que la culpa era mía que no era un dechado de prudencia. Todo aquello me desarmó y desde ese mismo instante mi amor y mi dedicación a trabajar con Monseñor Romero fue definitiva.

Monseñor fue un hombre que como mínimo sufrió dos, tres, cuatro conversiones. No es extraño, si se observa la historia eso ha sido bastante normal en aquellas personas que han sido llamadas a hacer algo en la vida, desde Buda, Jesús, a Mahoma, pasando por Pablo, Agustín, Ignacio de Loyola, José de Calasanz... yo le conocí dos o por lo menos hablé de dos con él y aquellas palabras durante mucho tiempo me sirvieron de faro que me daban luz en lo que hacía.

Desdichadamente, es mi opinión y por tanto tengo derecho equivocarme con ella, el lugar en que estaba colocado Monseñor Romero no se convirtió al mismo tiempo. Monseñor Romero sufrió las incomprensiones de su organización, si se desea llamémosle iglesia, y sufrió la incomprensión y hasta los odios de muchos que creyéndolo de ellos no tuvieron el valor de mirar dentro de sí y observar si el sol se puede tapar con un dedo y optaron por derribar a Monseñor Romero sabiendo que era un referente para otros, para la inmensa mayoría, que no tienen posibilidades de convertirse, porque su vida no da para tanto, su vida solamente da para ir tirando en el día a día y tener un rayo de esperanza que les permita llegar a mañana y soñar que quizás alguna vez "Todos los nunca llegan".

Monseñor Romero no está ya en El Salvador, pero sigue siendo referente obligado de la historia de su país, un país que se merece mejor destino del que muchos que dicen amarlo y lo dirigen, dicen que quieren para él. Piensen, libres de ataduras, con la verdad que hace libres, si hoy se está mejor que cuando Monseñor Romero vivía en El Salvador, si los índices de pobreza, de educación, de esperanza de vida, de salud... son mejores, si se saca una conclusión negativa cabe pensar que Monseñor Romero y lo que él afirmaba tenía razón (No me vale decir que la culpa la tiene el terremoto, y la sequía, o los huracanes, son excusas de mal pagador).

La pregunta es si merece rescatar el espíritu de Monseñor Romero e irse a hacer trabajo. Pensemos que Monseñor Romero no tenía toda la razón, en esta tierra la verdad no es absoluta, pero cabe la posibilidad de que recuperando aquel espíritu, el de los mejores que cayeron a ambos lados El Salvador, empiece un camino de transición, los que están en él tienen la palabra; los que estamos fuera lo más que podemos aportar es nuestro recto criterio para que cada cual con el suyo, al igual recto, se pueda construir un diálogo enriquecedor que saque a nuestro querido país del marasmo en que se encuentra y, con todo respeto, no da la impresión de que se esté construyendo ninguna salida. Ojalá me equivoque, pero por la

memoria de Monseñor Romero, que mis palabras sólo tienen la intención de decir lo que siento, quizás esté equivocado pero bien sabe Monseñor que lo único que me guía es mi inmenso cariño por ese país, no en vano mis dos hijas nacieron en él, y estas palabras las he escrito oyendo "Symphony n.9 in E minor, opus 95. Del nuevo mundo" de Antonin Dvorak, versión de Von Karajan.

Monseñor Romero

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