De la guerra a la paz

 
María Luisa d’Aubuisson Arrieta
"necesitaban a alguien que diera la cara por ellos y Roberto lo hizo"
Por Christian Guevara

A las pocas horas del asesinato de Monseñor Romero, la voz popular recorrió las calles del país asegurando que el crimen había sido cometido por los grupos paramilitares de derecha, conocidos como los Escuadrones de la Muerte. Casi quince años después, la Comisión de la Verdad confirmó lo que en aquel tiempo era un secreto a voces: Monseñor fue asesinado por la extrema derecha.

Una tan sola persona, héroe inmortal para muchos o un detestable asesino para otro tanto, fue señalado desde el principio como el único responsable de la planeación del crimen: el Mayor Roberto d’Aubuisson Arrieta.

En una entrevista exclusiva para EL FARO, su hermana, María Luisa d’Aubuisson, cuenta su relación con él, la forma cómo ascendió dentro de la ideología de la extrema derecha y de las sospechas y pruebas que ella tiene para creer que su hermano estuvo involucrado en la muerte de Monseñor Romero.

Una muy buena relación... conflictiva

¿Cómo era su relación con el Mayor Roberto d’Aubuisson?

Roberto era un muchacho que desde pequeño fue un líder, muy simpático y muy extrovertido. Eso si recuerdo de él en toda su infancia y en toda su juventud. Él entró en la Escuela Militar por casualidad, no porque optó o quiso entrar ahí. Él decía que quería estudiar una carrera que en aquellos tiempos no se oía mencionar y que era una cosa rara: oceanografía. Saber dónde la había oído mencionar, pero él decía que eso era bien bonito y que tenía que ver con investigación. Pero, cuando estaba en noveno grado, lo que antes se llamaba tercer curso de educación básica, lo expulsaron del Externado de San José por mala conducta.

Mi mamá siempre tuvo problemas con Roberto por su mala conducta. Él era un estudiante muy inquieto y fregón. Entonces, mi mamá, que ya estaba viuda para aquel entonces y tenía cuatro hijos, decide buscar donde internarlo, porque ya en esos últimos años daba esos problemas de un muchacho normal, que salía, que no avisaba, que salía con los amigos, que daban quejas en el colegio y por fin del Externado lo sacaron. Lo que rebalsó la copa es que llevó Chispas del Diablo (juegos pirotécnicos) al colegio, se pusieron a reventarlas y eso armó un escándalo.

Entonces, mi mamá dijo que no se sentía capaz de orientarlo y que mejor lo iba a internar. En ese entonces varios colegios tenían internado y, entre ellos, la Escuela Militar. Allí estudiabas el bachillerato terminado el tercer curso y ya salías graduado de subteniente; y era una opción bastante barata, pues parece que no se pagaba, sólo el ingreso y había que comprar un listado de cosas que se pedían. Fue entonces mi mamá quien decide internarlo dos años nada más, que hiciera el bachillerato ahí y ahí lo hizo. Pero le gustó y se fue quedando dentro, ya él opta por quedarse y terminar en la Escuela Militar.

Entonces, si de su carácter preguntás, yo te digo que hasta que murió conservó un carácter conversador, era alegre, siempre que había una reunión como que acaparaba la atención con sus chistes, sus bromas, con las historias que contaba y era extrovertido, de carácter un poco fuerte también. Era caedor bien entre sus allegados y sus amigos. Nadie lo recuerda, entre sus amigos y conocidos, y en plan de fregar, como una persona antipática o creída. Eso es lo que te puedo decir en cuanto a su carácter, pero, cuando él ya sale de la Escuela Militar, lo designan como oficial de la Guardia Nacional.

Se graduaron 17 de ese grupo, y de esos escogen unos tres para enviarlos a los cuerpos de seguridad, los demás a los cuarteles. Él fue escogido para la guardia y yo creo que ahí si ya comienza a cambiarle mucho sus perspectivas, su ideología. Empieza a ser una ideología impregnada de todo eso que le llaman la seguridad nacional. En la Guardia Nacional le meten mucho esa ideología de la defensa de la nación

¿Qué personas influyen en ese proceso de cambio de ideología?

En ese momento, el Coronel Casanova, que era Jefe de la Guardia Nacional

¿El Coronel Eugenio Vides Casanova?

Fíjate que no recuerdo cómo se llama. Le decían el Chato Casanova, pero es tío de Eugenio Vides.

Entonces, el Mayor le expresó alguna vez que personas habían influido en él

Sí. No dicho de esa forma de decir a mí, quienes me han influido, han sido estos. Si no dicho en una forma de admiración hacia esas personas: el Chato Casanova y el General Medrano. Al General Medrano lo tenía muy por lo alto. En la Escuela Militar tuvo un formador, un militar, que también lo mencionaba y lo apreciaba, no sé por qué, y se llamaba Nicolás Carranza.

Estando en la Guardia Nacional, un año o dos, lo envían a Estados Unidos. Estuvo poco tiempo, como unos seis meses, después viene, se incorpora de nuevo a la guardia, asciende a teniente y lo nombran jefe en Usulután. Después lo envían a Panamá un año, al Fuerte Gullick, esa era la dirección que poníamos cuando le escribíamos. Cuando regresa, lo nombran jefe de la Guardia Nacional en Sonsonate. No sé si antes de lo que le he dicho se da la guerra con Honduras. Entonces, va a la guerra liderando un batallón de la Guardia Nacional. Estuvo el General Medrano por ahí también. Estos detalles, yo creo que cualquiera que lo conozca y que sepa qué es la Escuela de las Américas, puede sacar sus propias conclusiones de cómo van formando y deformando y les van entusiasmando con esta ideología de la defensa nacional y con esta cuestión del comunismo internacional que va penetrando en toda América Latina y en donde los militares aparecen como los grandes salvadores. Roberto estaba plenamente convencido de eso. Estaba convencido de que, como militar, su papel era defendernos del comunismo internacional.

¿Qué era el comunismo?, bueno, cuando éramos niños en la casa, nos hablaban del levantamiento del 32. Yo recuerdo a mi mamá que nos contaba unas historias espeluznantes del 32 y que si fueron espeluznantes. Pero hablaba de los comunistas a cada rato: los comunistas que le cortaban la cabeza a los empresarios. Siempre hablaban de comunistas, comunistas en plural. Y si se dio el caso en Sonsonate, en donde los campesinos le cortaron la cabeza a un señor y la pusieron en un palo durante una marcha. Claro, eso después ya se generalizaba: los comunistas que entran a la casa y violan a todas las mujeres. Yo me recuerdo que de pequeña oía esas historias con mucho miedo y no sabíaa que los comunistas eran personas. Siempre tuve la idea de que los comunistas eran como marcianos o seres de otro planeta, me los imaginaba chiquititos, con ojotes, que eran de color rojo y con una cola. Yo de niña pasaba rezando que nunca me fuera a encontrar a un comunista porque me iba a morir de miedo. No me extrañaría que Roberto estuviera también influenciado por todas esas historias tergiversadas que contaban en la familia. En ese mismo ambiente se crió él y se convirtió en una tierra fértil para lo que sembraron en él con esa ideología de la defensa o seguridad nacional. Entonces, él en la guardia se fanatizó. Se fanatiza en contra de todo lo que él consideraba como teoría marxista. Ahí entran las cooperativas, las organizaciones comunales, los sindicatos, todo lo que fuera organización de unidad popular, pues todo lo que era reivindicativo era comunista.

Pero, a pesar de que su hermano militaba abiertamente en la derecha, usted toma, en apariencia, un camino diferente...

Yo no caminé por esa vía, a los 18 años, bajo condiciones especiales, me voy de casa y me fui un año a vivir una experiencia con un grupo de monjas en el colegio donde yo estudiaba. Me fui a una experiencia de voluntarias, era un movimiento de jóvenes laicas que salíamos graduadas del Colegio de La Asunción, se llama movimiento AMA y nos comprometíamos por un año a trabajar en las obras que las hermanas tenían en lugares remotos insertados en sectores pobres. Pues yo me fui a un colegio indígena de Guatemala. Yo creo que eso marcó muchísimo mi pensamiento y empecé a entender, a ver realidades que yo antes no las había visto con ojos críticos, sino que eran situaciones de pobreza en mi país que las había visto como lo más natural del mundo. Ese año me sirvió mucho, cuando vine de regreso, me comencé a involucrar más con la iglesia, estaba la Juventud Obrera Católica, la JOC; entonces, mis acercamientos son más con esa línea

Pero en esa época polarizada, la Ultraderecha consideraba a esos grupos como los principios de organizaciones izquierdistas, ¿nunca tuvo una fricción con su hermano?

A finales de los años 70, si tuve roces con Roberto. Yo ya estaba trabajando muy metida de lleno en las organizaciones comunales, donde me daba cuenta de la movilización de la gente para organizarse políticamente. Dentro de esas comunidades estaba trabajo del Bloque (Bloque Popular Revolucionario), trabajo del FAPU, había mucha orientación política. Los líderes comunales me lo iban comunicando; y no sólo yo, sino mis compañeros de trabajo, les apoyábamos bastante en cuestiones de logística o de aspectos especiales cuando nos pedían que organizáramos discusiones para que en la noche pasara un grupo de adultos hablando sobre cualquier cosa. Yo creía que había que apoyar a toda esa gente que se estaba organizando. Incluso, para la ofensiva del 80, de todo lo que iba a pasar en Santa Tecla nos tuvimos que enterar.

La gente de las comunidades nos tenía mucha confianza y ya sabíamos en lo que andaban. Sabíamos donde se iban abrir las zanjas, donde iban a llevar a los heridos, donde iban a colocar los víveres; y, en esos momentos, yo tengo serios problemas con esa gente que hoy anda en las calles pidiendo sus cheques (los ex patrulleros) que eran los "orejas" de la comunidad. Ellos eran utilizados por los cuarteles de cada ciudad de El Salvador y todas las semanas los de ORDEN tenían que ir al cuartel a informar de los movimientos sospechosos en su barrio. Si no iban, era mal vistos por su coronel. En Santa Tecla era el Coronel De Paz, así era su apellido, él que asesoraba y coordinaba a ORDEN. Claro, nuestro trabajo no era comunista y nos los estorbaban bastante. Teníamos frecuentes enfrentamientos, discusiones con la gente de ORDEN, que según ellos pasaban desapercibidos en la comunidad, sin levantar sospechas, pero los detectábamos rápidamente.

¿Le informó de esas acciones al Mayor?

Pues te cuento todo esto porque el primer problema que yo tuve con Roberto, y fue precisamente en el 77 o 76, cuando yo me entero, porque yo no sabía cuál era el trabajo de mi hermano en la Guardia Nacional, sabía que era un oficial, pero no sabía que es lo que exactamente hacía, y me entero de que él es, sino el director por lo menos un miembro importante, de ASESAL, que es la agencia de seguridad nacional, y responsable de recibir todos los informes de todos los comandantes militares, de lo que ORDEN les daba a ellos. Él procesaba todos esos datos en Casa Presidencial.

Cuando me enteré de eso, me sentí muy indignada por el daño que hacían estas gentes entre los sectores populares, pues arruinaban procesos y ponían en riesgo a mucha gente, pues por las denuncias de ORDEN mucha gente murió. Ese fue el primer enfrentamiento que tuvimos, cuando yo le pregunté cuál era su papel en ORDEN y él, con mucho orgullo, me dijo: "ORDEN es una organización cachimbona", siempre con sus palabras. El se sentía muy orgulloso de ORDEN y yo lo que pensaba era que estaban utilizando a gente pobre para que causara problemas entre los mismos de sus sectores. Yo estaba en total desacuerdo con ORDEN y por más de una hora tuvimos una discusión donde yo le manifesté lo que pensaba y del papel represivo que estaba jugando. También creo que esa vez para él fue como una revelación de en lo que andaba su hermana. Hasta entonces él sabía que trabajaba en FUNDASAL, que hacíamos casas para los pobres y que yo estaba colaborando en ello. En ese momento, la discusión terminó casi en un rompimiento, pues al final yo le dije que como hermano lo seguía queriendo y que siempre había sido mi hermano preferido, pero que como militar lo detestaba; y él terminó diciéndome casi lo mismo, que yo siempre sería su hermana pero que el día que yo cayera (arrestada) por andar de tonta útil, él siempre me decía que yo era una tonta útil para los comunistas, no iba a mover pero ni un dedo para ayudarme y serás tratada como cualquier otra persona que cae en las redes del comunismo internacional.

¿Lo hubiera hecho su hermano?

No, fijáte que no. No creo que lo hubiera hecho. Porque en el 79 cayó capturada una María Luisa en San Miguel y a él se lo informaron porque le preguntaron si la mandaban a un cuartel para acá. Él dijo que no la movieran, que la dejaran ahí donde la tenía, que él iba para allá inmediatamente y en todo el camino él iba pensando que yo era. Por eso te digo que él no lo hubiera hecho.

El surgimiento de un líder

¿Cómo es que el Mayor comienza a escalar posiciones en la ideología de la ultra derecha?

A él lo expulsan del ejército la Primera Junta Revolucionaria del Gobierno, esa junta militar del golpe, donde está Manuel Ungo, y él es uno de los primeros expulsados de las filas del ejército, porque él ya se perfilaba como un militar muy radical. Lo expulsan siendo Mayor de la Guardia Nacional, le dan la baja. Eso le causa un shock tremendo, él no lo podía aceptar, pero lo tienen que aceptar. A partir de ahí se pone a organizar y a aglutinar a la extrema derecha. Sus primeros contactos los hace con una señora que todavía está viva, la mamá de los De Sola, de Orlando De Sola, se llama Elena de Ávila, por su segundo esposo. Tanto que la primera vez que Roberto sale en televisión anunciando el Frente Amplio Nacionalista, el FAN, sale con esa señora, en un programa pregrabado en Guatemala y anuncia que se forma ese frente para defendernos del comunismo internacional. Por supuesto que esto es financiado por gente rica de la extrema derecha y allí empieza su carrera política con esta gente.

Yo siempre he pensado que esta gente, que es de la gran oligarquía salvadoreña, que a él lo rodeaban en ese Frente Amplio Nacionalista, que sacaba terribles campos pagados todas las semanas en El Diario de Hoy, donde acusaban con nombre y apellido a todos los que consideraban comunistas en este país y siempre enfilaban contra Monseñor Romero, los jesuitas, a la iglesia popular y a FECCAS, que es una federación de campesinos, tenían en la mira a toda esa gente y los sindicatos, ya no digamos a las organizaciones populares, esa gente lo comenzó a inflar, necesitaban a alguien que diera la cara por ellos y Roberto lo hizo.

Lo que usted me está diciendo es que simplemente utilizaron a su hermano...

No, yo no creo que él se dejó utilizar. Él estaba totalmente metido en esa lucha y siempre creyó que el comunismo era el peor mal que podía existir en el mundo. Entonces, él les facilita que lo tengan como una cara pública. Él lo quería y los otros lo necesitaban. Empiezan a llamarle líder y le dicen: tú tienes que organizar, tú tienes que hablar; y él se prestaba encantado.

Los familiares y amigos de las personas que fueron asesinadas selectivamente en esa época concuerdan en algo: que el Mayor Roberto d’Aubuisson aparecía en una serie de pequeños programas de televisión, y las personas a las que él señalaba aparecían muertas a los pocos días. ¿Usted cree eso?

Lo creo porque lo vi. Y es por eso que mi hermano comienza a ser un hombre temido aquí en El Salvador. Cuando salía, todos lo veíamos. Era casi una obligación ver al Mayor Roberto d’Aubuisson en televisión. Eran programas de media o cuarenta y cinco minutos, donde se echaba un gran rollo sobre lo que era el comunismo internacional, sin elementos de juicio o de análisis, por supuesto. Siempre salía con esas historias de que el comunismo era lo de Cuba y que no iba haber libertades, que nos quitaban a los niños y que los adoctrinaban, que era un sistema represivo y... decía los nombres de las personas que estaban en El Salvador y que estaban siendo utilizadas por el comunismo internacional. Empezaba a mencionar nombres: Mario Zamora; Marianella García Villas, que andaba trabajando con los derechos humanos; Monseñor Romero; el cura Ernesto Barrera; el cura Ortiz, que estaba en Mejicanos; incluso, familias que habían sido amigas de él, como los Silva, a Héctor y a Alex Silva, estos huyeron del país. Ahora, lo curioso era que esa misma noche que él los había mencionado, o al día siguiente, su casa era ametrallada o les ponían una bomba en la cochera. La noche que mencionó a los Samayoa como activistas comunistas, le pusieron una bomba en la casa de los papás. A Ignacio Ellacuría era raro que no lo mencionara en sus discursos, y les pusieron como diez bombas allí en la UCA, destruyeron la Imprenta Criterio y le pusieron una bomba a la YSAX (la radio del arzobispado de San Salvador). Entonces, eso ya era sintomático, no se podía decir que casualidad. La gente lo veía, para ver si me nombra, porque, si me nombra, había que salir de la casa inmediatamente

¿Usted cree que él, por lo menos, sabía o avalaba a quienes iban a matar?

Ya para entonces funcionaban a los Escuadrones de la Muerte. Y eso sí, él estuvo realmente involucrado en organizar gente que pudiera hacer ajusticiamientos de personas peligrosas para la seguridad nacional. No sé si él decía ahora van estos o mencionaba a otros. No sé cómo eran las escalas de esa organización, pero él definitivamente ahí estaba.

El asesinato de Monseñor Romero

¿Qué relación tenía usted con Monseñor Romero?

Mi relación con Monseñor Romero era como la de toda la gente: ir a escucharle, admirarlo, dejarme impactar por él. En alguna ocasión si le escribí a Monseñor felicitándolo por su labor y él me la respondió, lo impactante fue que la recibí por correo el 25 de marzo, un día después de que lo mataran. Yo no tuve una relación cercana con él, sólo estuve en sus misas de catedral y más de alguna vez tuvimos en el arzobispado pequeñas reuniones. Pero sí me comprometí en la línea de la iglesia que promulgaba Monseñor Romero.

¿Alguna vez se preocupó de que su hermano podría involucrarse en un atentado contra Monseñor Romero?

Sí, desgraciadamente sí. Porque en algunas ocasiones, en algunos encuentros con él, se refería a Monseñor Romero con mucha rabia, con mucho odio. Se notaba que, verdaderamente, tenía una cólera muy profunda, pues Monseñor era un líder con mucho poder de convocatoria. Quizá eso a él le daba rabia y nunca aceptó a Monseñor, siempre decía que este y los jesuitas son comunistas disfrazados de cura; y eso lo dijo en televisión, además.

Ese 24 de marzo, cuando usted se entera de la muerte de Monseñor Romero, ¿sospecha inmediatamente de su hermano?

Fijáte que sí. Aquí tiene que ver Roberto dije. Es que sabíamos que eran los escuadrones de la muerte. Esos asesinatos no los cometía la Fuerza Armada, el ejército o la Guardia Nacional, lo hacían hombres vestidos de civil fuertemente armados y que formaban parte de estas organizaciones de los Escuadrones de la Muerte.

En una ocasión cuando a Roberto lo agarran preso por estar en una reunión, dizque por estar planificando cómo votar a la junta que habían instalado esos militares, sacan un comunicado en un diario el Escuadrón de la Muerte Maximiliano Hernández Martínez y decían: solicitamos, exigimos, que liberen a nuestro compañero el Mayor Roberto d’Aubuisson. Entonces eso era evidente. Y cuando matan a Monseñor, no se podía sospechar de nadie más que de esos grupos de extrema derecha y ya sabíamos que Roberto estaba ahí detrás en esa estructura.

Fue esa misma noche, cuando la gente salía a las calles llenas de estupor, diciendo que habían matado a Monseñor, a dos horas de que lo asesinaran, ahí comencé a oír: esto es obra de d’Aubuisson, esto es obra de d’Aubuisson.

Nunca discutió con él si dio la orden de matar o no a Monseñor Romero...

No fue fácil, porque a Monseñor lo matan en el año en que comienza la guerra y mi opción con Roberto fue no discutir con él. Dijimos que sin nos queríamos quedar aquí, porque no nos queríamos ir del país, nunca buscar una relación de enfrentamiento, sino evitarlo y que, si algún día lo encontráramos, evitar ese tipo de temas, ni hablar de política.

Roberto apareció en televisión defendiéndose de las acusaciones con un muchacho costarricense, de apellido Lovo, diciendo que ese muchacho era sospechoso de la muerte de Monseñor y que había gente que ha confesado quién asesinó a Monseñor. Lo hizo porque el costo que tuvo que pagar la Fuerza Armada por la muerte de Monseñor fue alto, es hasta entonces que se desata la guerra convencional

Después del magnicidio de Monseñor Romero, ¿usted tuvo temor de que su hermano diera la orden de que la asesinaran?

¿A mí?, pues no. Yo sabía lo mucho que me quería él. De los cuatro hermanos nosotros dos éramos los más unidos y yo le quería y él me quería. Yo nunca pensé que él fuera a dar una orden directa para que me mataran. Pero te digo que había miedo, porque había varios grupos y yo no creo que él fuera la única cabeza que dirigiera. Le teníamos pánico a la Guardia Nacional, le teníamos horror a la Policía de Hacienda.

Después del papel que jugó su hermano durante toda esa década, ¿qué significa llevar ahora el apellido d’Aubuisson?

Mirá, durante toda esa década, llevar el apellido d’Aubuisson era tragedia para mí. Yo tengo que superar ese problema, ese complejo, pues me refugio en el apellido de mi esposo.

Tuve algunos problemas en la década de los 90, antes de que Roberto muriera. En una ocasión, estábamos en Mejicanos, en una reunión de iglesia y un muchacho que estaba ahí sabía quien era, y me dijo: "te quiero decir algo, pues mi vida cambió radicalmente desde que tu hermano asesinó a mi padre; nos tuvimos que ir al campo, esconder en el monte, huyendo. Roberto d’Aubuisson ha sido una persona que nos destruyó". Son momentos en los que uno se pone a pensar en cuánto daño pudo hacer Roberto. Yo no lo justifico para nada, sin embargo creo que él, igual que otros militares de América Latina, fueron piezas claves del imperialismo norteamericano, que desde la Escuela de las Américas, los aleccionan y les lavan el cerebro. Él fue una de esas piezas escogidas para la defensa del imperialismo.

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