De la guerra a la paz

 
Entrevista con un oficial del Batallón Atlacatl

"Cualquiera viene a gritarme que soy un asesino"
Por Christian Guevara Guadrón

Durante el operativo en la Universidad Centroamericana (UCA), los integrantes del batallón Atlacatl se separaron en dos grupos: Uno, dirigido por los tenientes Yushi René Mendoza y Ricardo Espinoza Guerra, se dirigió a las habitaciones de seis sacerdotes y jesuitas y de dos de sus empleadas domésticas y los asesinó. El otro grupo, el más numeroso, se dedicó a simular un combate de grandes proporciones: incendiando un edificio, ametrallando un grupo de carros estacionados y pintando consignas incriminando al FMLN de la responsabilidad de los crímenes. El objetivo era liquidar, principalmente, al influyente intelectual que fungía como rector de la UCA, acusado por el ejército de dirigir a la guerrilla: Ignacio Ellacuría. Junto a él murieron otros dos importantes sacerdotes, Ignacio Martín Baró y Segundo Montes. Durante el juicio, se estableció que la orden de asesinar a los sacerdotes fue dada por el Coronel Alfredo Benavides, director de la Escuela Militar. La orden incluía no dejar ningún testigo.

Uno de los participantes de ese operativo militar, un oficial del ejército que participó en la quema del edificio y fingió un combate para incriminar al FMLN, clama por su inocencia a pesar de las múltiples pruebas que lo incriminan. Este oficial, que pide ser identificado sólo como como "Lince", comenzó a ascender por sus méritos militares hasta tener una posición de mando en el más selecto grupo del batallón Atlacatl, la fuerza élite de las tropas militares salvadoreñas y la culpable de la muerte de los jesuitas. Lince accedió a hablar con la condición de que se respetara su identidad.

Asegura que él y los otros oficiales fueron incriminados por la enorme presión internacional para que se hallaran culpables. "Querían gente con poder", dice, y agrega que fue José María Tojeira, Provincial de la Compañía de Jesús en aquellos años y actual rector de la UCA, el que se lo dijo.

"Lince" es una pieza clave en el rompecabezas que llevaría a comprobar que la muerte de los sacerdotes fue avalada y planificada por una buena parte del Alto Mando de la Fuerza Armada: Él participó en un cateo dos días antes. Posiblemente, ese cateo fue utilizado para reconocer el terreno de un futuro operativo militar. También participó pintando los rótulos incriminando al FMLN para desviar la atención de la institución castrense.

EL FARO.-¿En qué cuartel te encontrabas cuando inició la ofensiva guerrillera?

"En ese tiempo, cuando uno se mantiene joven, la guerra indudablemente es una aventura".

"Lince".- Lo único que puedo decirte es que todo el pueblo salvadoreño estaba involucrado en esa ofensiva. Había ataques en todos lados y, aunque no tuvieras un arma en la mano, tenías que defenderte, es decir, ir a atacar a algo que está en contra tuya. Hubo lugares donde se recrudeció más, como en la Escuela Militar, ahí por la Feria Internacional, en la colonia San Benito y en la Santa Marta, en Soyapango, en la Zacamil, en un montón de lados. Pero hoy que estamos fuera de la institución militar, todos nos damos cuenta que fuimos un objeto utilizado en una guerra sin cuartel y no obtuvimos un beneficio personal, además había una gran injerencia internacional que nos impuso un conflicto de baja intensidad.

¿No te encontrabas junto con unos asesores norteamericanos y el batallón Atlacatl recibiendo un curso de capacitación en la Brigada de Caballería?

No, sobre esas cuestiones ya estábamos hablando de que Estados Unidos mantenía una política de injerencia con asesores militares. Unos venían para inteligencia, otros venían para maniobras puramente tácticas, otros venían para fuerzas especiales. Bueno, sí había un grupo de norteamericanos para las fuerzas especiales. Nosotros estábamos encargados de la Unidad de Comandos (del Batallón Atlacatl) y teníamos la obligación de reunir a un grupo de soldados de diferentes compañías y recibir ese curso de capacitación. No era un curso de aquellos específicos ni serio, era un curso a groso modo.

¿Entonces, te encontrabas ahí?

"Cómo se va desobedecer una orden más cuando viene de alguien como el Comandante General, que es el Presidente de la República. Él tenía todo el mando".

Sí, allí estábamos nosotros. Pero entonces la cuestión cambia, porque la ofensiva comienza a recrudecerse un poco más en la capital. Entonces, inmediatamente, el Estado Mayor manda la orden de que el adiestramiento se suspenda y que nos traslademos a las instalaciones de la Escuela Militar. Llegamos tranquilos y todo lo veíamos normal, porque uno, en el campo, le pierde el miedo a una bala o a la noche, eso era un "hobbie". En ese tiempo, cuando uno se mantiene joven, la guerra indudablemente es una aventura y, después de todo, hoy nos damos cuenta que, inclusive, mire esta muchacha, la Roxana Lemus, era novia de un coronel y después resultó casándose con Joaquín Villalobos. ¿Se puede imaginar cómo era la cuestión? También la Cecibel Mata de la CNN, una muchacha que andaba metida en todas esas cuestiones e inclusive ella era una coordinadora, a su forma, pero andaba ganándose su salario.

¿Qué fue lo primero que llegaron hacer a San Salvador?

No, esas cosas ya no, uno ya no logra captar bien todas esas señales. Ha pasado tanto tiempo, uno comienza a olvidar fechas e incidentes. Como decimos nosotros: nueva vida porque esas cosas ya pasaron. Nosotros consideramos que no se puede recordar el pasado porque no se tiene ningún fruto, no tiene nada, porque sólo queda la experiencia de haber sobrevivido a todos esos acontecimientos. Recordar el pasado no me deja ningún fruto, porque sino ya tuviera mis tres carros, tuviera unas dos haciendas, tuviera unas cuatro casas, tuviera a mi familia y a mis hijos y todo estuviera bueno. ¿Qué me ha quedado después de todo eso? Nada. Estoy sin profesión, sin mi esposa y sin mis hijos, no tengo para decir que dispongo de esto y servirle a la gente. Por eso te digo, yo no puedo recordar fechas específicas, ni quién, cuándo, cómo, dónde, qué hizo este, quién hizo lo otro. Hay mucha documentación en donde ustedes pueden fundamentarse (hace señas con las manos para indicar comillas) con fechas.

¿Quién fue el encargado de dirigir el cateo en la UCA el 13 de noviembre?

En esas fechas había mandos superiores, nosotros como subalternos hacíamos un montón de cosas.

¿Pero participaste en el cateo?

Sí, nosotros participamos porque había una orden muy clara. En el ejército todo es muy claro cuando se emite una orden. Por ejemplo, cómo se va desobedecer una orden más cuando viene de alguien como el Comandante General, que es el Presidente de la República. Él tenía todo el mando. Quién le va a desobedecer a un ministro. Además hay consejos de guerra y uno no se va a poner a nadar en contra de la corriente, porque si nada en contra se va ahogar.

¿Quién dio la orden?

Nos daban un montón de órdenes. No sé, algún jefe. Uno ya no se acuerda.

¿Qué objetivo específico tenía ese cateo?

Siempre es verificar si existe o no un enemigo en una posición. Es como si vos le digás a alguien: andá a ver si ese está ahí. Él tiene que ir a ver si está ahí, confirmar. Esa es la respuesta que te puedo dar.

¿No sirvió como un reconocimiento previo de terreno para un futuro operativo?

"Estando dentro de la Policía Nacional, me hicieron como cuatro declaraciones para ver cuál quedaba mejor y encajaba en el engranaje del paquete".

No, en ningún momento. Esa es una de las tantas equivocaciones que la publicidad ha cometido. Ellos lo quisieron hacer creer al pueblo. Eso es lo que nos ha dañado, lo que a nosotros nos perjudica. Ahora cualquiera viene a gritarme que soy un asesino. ¿Qué te pasaría si fueras tú? ¿Cómo te sintieras?¿Te afecta a tu familia? ¿Te la destruye? Yo no he hecho nada, pero la cuestión es delicada. No había ningún propósito, pero la gente comenzó con eso. Así es el periodismo, es tu sueldo el que te vas a ganar. Vos estás joven. La gente se va por eso. Te dicen ahí está el muerto y al primero que pasa, a ese pobrecito, lo agarran y le dicen vos vas a ser y esto vas a decir. Te ponen en un péndulo y no sabés hacia qué lado vas a caer.

¿No fue realizado ese operativo por el Batallón Atlacatl?

Todo eso no, porque, en esa época de la ofensiva, ninguna unidad estuvo sólo en un lugar específico. Todas estaban en diferentes lados, porque unas eran de choque y otras tenían que avanzar para otro lado. Entonces, uno se movía de un sector a otro según cómo se veía la necesidad.

¿Pero vos reconociste en tu declaración extrajudicial haber estado en la UCA el día del operativo cuando se asesinó a los jesuitas?

Nosotros nunca estuvimos ahí. Yo inclusive he hablado con el Padre Tojeira y le dije: Mire, Padre, yo he venido aquí porque a esos señores no los conocí ni vivos ni muertos. Entonces, el Padre después me dijo: no te preocupés, nosotros ya sabemos eso, a vos no te vamos a involucrar, sino te queremos poner de testigo, lastimosamente vos sos un oficial y tenemos que buscar a un culpable. ¿Qué es lo que pasó? Que ya había un manejo de la situación. Después de eso paró la guerra por completo. Hasta ahí llegó, de ahí vino la negociación, los Acuerdos de Paz, la Comisión Ad hoc y la depuración

Decís que no los conociste, pero hiciste el cateo a su casa y ellos estaban ahí

(silencio)... Yo no los vi.

¿Tampoco estuviste el día del operativo cuando los asesinaron?

No, yo no estuve ahí. Hay una situación que lo dice otro, que lo confirma otro y otro y otro. En esa época existía la Comisión de Investigación de Hechos Delictivos (CIHD), que no era de Investigación sino de Inventos de Hechos Delictivos, porque todo el paquete se manejó con base a esas declaraciones y era un paquete bien armado.

¿Entonces nunca hiciste una declaración extrajudicial?

No, yo no. Inclusive, estando dentro de la Policía Nacional, me hicieron como cuatro declaraciones para ver cuál quedaba mejor y encajaba en el engranaje del paquete, porque, como había una gran presión internacional, ellos querían dar con los culpables y presentar nombres. ¿Te imaginás que alguien venga y le diga al presidente: mire, por favor, ya diga qué pasó? Entonces eso fue un manejo descarado de la situación.

¿Quién adentro de la Policía Nacional te dijo que te tenían que incriminar porque había que hallar un culpable?

En la policía había un grupo... creo que se podría decir sinvergüenza. Ellos no tenían, en su momento, la personalidad ni el carácter para decidir todo.

¿Pero quién fue el oficial de alto rango de la Policía que decidió que te iban a incriminar?

Hubo algunas cuestiones, este que... (silencio)... Mirá, me saludás a Benjamín Cuellar (Director del Instituto de Derechos Humanos de la UCA, institución que sigue el caso jesuitas) y a Tojeira que, aunque no estuvo en eso, hace unos dos años estuvimos ahí platicando por El Salvador del Mundo. Ellos están siguiendo el proceso ante la Corte Internacional de Justicia, no sé por qué parte andará ese proceso pero siguen todavía con la cuestión y va a ser un proceso nunca terminado. Con una mentira quieren conocer la verdad. Ahora que yo soy asesino va a pasar de generación en generación a través de la historia. Aquí ha venido mucha gente para hacer historias de mí pero para hacer dinero, para enriquecerse. ¿A quién van a beneficiar?

Tus compañeros declararon que vos eras un oficial del Atlacatl (interrumpe)...

Sí, yo era un oficial del Atlacatl, un mando ejecutivo

¿Entonces estabas al mando de alguna de las unidades que participaron en el operativo de la UCA?

No estaba en ese lugar, posiblemente fueron otras unidades. En ese momento se combatía por todos lados.

Pero algunos soldados que participaron en ese operativo declararon que tú estabas al mando junto con los tenientes Espinoza Guerra y Mendoza...

Hubo muchos que dijeron él fue, que esto y que lo otro. Hasta este momento, yo le puedo decir a un montón de gente particular: ¿Usted confirma que yo fui? ¿Tiene usted testigos de vista y oídos? Y, si los tiene, preséntelos y vamos al juzgado. Yo ya hubiera comenzado a abrir un montón de procesos de difamación a un montón de gente que no tiene pensamiento, que sólo se deja ir por lo que dicen.

Pero hay pruebas que respaldan tu participación, los estudios grafológicos demuestran que los rótulos pintados en la UCA corresponden a tu forma de escribir

No, lo que pasa es que también estaba otro chamaco de Lourdes que tenía los grafos de escritura parecidos a los míos y no hallaron a quién echarle la cuestión y después dijeron que mejor a mí. Por esos rótulos, por esos grafos, me llevaron a juicio a mí. Pregúntele a Tojeira. Él mismo me dijo: "mirá, por esos rótulos es que te llevaron a vos ahí. Pero también había fulano y sutano que también se parecían, pero ellos no tienen cargo ni rango y nosotros queremos cargos y rangos. Queremos gente que tuviera poder para demostrar la intelectualidad".

Si eran oficiales los que buscaban, ¿vos creés que también inculparon sin pruebas al Coronel Benavides?

Exactamente. Cómo un jefe, el director de la Escuela (Militar), va a andar empuñando armas afuera y lo condenan por asesinato cuando el hombre un lapicero y un papel tenía entre sus manos.

Pero a él se le acusó de dar las órdenes, no de disparar

Sí, pero recuérdese que a usted lo ponen entre la espada y la pared porque es un juego político tan sucio que queda en un plan delicado. Si a vos te dan una orden la tenés que cumplir porque si no te hacen un consejo de guerra y te puedan dar pena de muerte o tantos años de cárcel, pero si vos hacés algo también juzgan a tu superior por eso de la responsabilidad. No estás entre la espada y la pared, estás entre la espada y la espada, entre dos puntas, y no sabés cuál te va a atacar.

¿Pero sabés que fueron miembros de la Fuerza Armada los que realizaron los asesinatos?

Lo ignoro verdaderamente todo, porque todo eso fue planteado con base a hipótesis. Una hipótesis es un planteamiento que no está comprobado científicamente y si seguimos pensando en hipótesis cuántas no se pueden inventar.

Ahí aparece "Una muerte anunciada" (libro de la estadounidense Marta Dogget que resume los resultados de todas las investigaciones realizadas para el caso Jesuitas) y de ahí todas las revistas de la ECA (revista publicada por la UCA), todos los Procesos (semanario de la UCA), desde el primero hasta el último, todos los tengo, porque ahí iba viendo cómo iban inventando tantas versiones. Todo era inventar, inventar e inventar, pero el nombre que estaban manchando era el mío ¿Cómo voy hacer para recuperar mi dignidad? ¿Vos qué me recomendás? ¿Hablo con el presidente o voy hablar con el presidente de España? ¿Tengo que ir a todos los medios de comunicación para que sepan que yo no fui? Sabés, hoy las cárceles están más llenas de inocentes que de culpables

Monseñor Romero

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