De la guerra a la paz

Entrevista con Héctor Dada Hirezi:
"Éramos ilusos"
Por Ricardo José Valencia

Héctor Dada Hirezi, tras su participación como canciller de la fracasada Primera Junta Revolucionaria de Gobierno (JRG), se da una nueva oportunidad. En enero de 1980, se suma a la Segunda JRG , en representación del Partido Demócrata Cristiano (PDC), y se une a José Antonio Morales Erlich, Adolfo Majano, Jaime Abdul Gutiérrez y José Ramón Ávalos.

Dada, quien representaba al ala más liberal del PDC, no dura mucho en el poder. Abandona el país en marzo y se exilia por 12 años en México. En su lugar, llega el carismático José Napoleón Duarte a quien Dada califica de ser una persona que "confiaba excesivamente en su liderazgo."

Veintiún años después, el ahora concejal de la Alcaldía de San Salvador habla con EL FARO sobre los intereses nacionales y norteamericanos que convirtieron al gobierno salvadoreño de 1980 en una madeja difícil de descifrar.

EL FARO: ¿Cómo fue elegido para la Segunda Junta?

"Debo decir que si volviera estar en esa situación de jugarse la posibilidad, era demasiado lo que estaba en juego, o sea, habría que correr el riesgo de fracasar".

Héctor Dada Hirezi: El 3 de enero habíamos renunciado, tantos los miembros civiles como la mayor parte del gabinete de la Primer Junta. Por cierto hay una inexactitud en alguna de las entrevistas que dice que el 4 de enero renunciamos, fue el 3 de enero que renunciamos e inmediatamente después hubo un llamado de la Juventud Militar al Partido Demócrata Cristiano a estructurar una nueva alianza. En las que ellos deseaban que participara el Movimiento Nacional Revolucionario que presidía Guillermo Ungo. Se llevó a un acuerdo entre la Dirección de la Democracia Cristiana, yo estuve en algunas de sus reuniones. El día 8 de enero hubo una convención del partido, donde yo fui electo, debo confesar, sin mucho convencimiento de que tenía sentido seguir haciendo el esfuerzo de implementar un reformismo democrático. Pero, un poco obedeciendo a las bases del partido, que rechazaron otras posibilidades.

¿Qué otras posibilidades?

Una de las posibilidades era el ingeniero Duarte, pero no era un rechazo al Ingeniero Duarte, sino un rechazo a la conveniencia de que el ingeniero Duarte entrara a la Junta. Más bien , la gente pensaba que había que salvaguardarlo. No era en contra de él, sino en contra de la posibilidad. Eso me parece muy importante decirlo. Había otros que aspiraban estar en la junta: el Doctor Fidel Chávez Mena. Yo que no aspiraba fui electo. Vea qué irónica es la vida. Entonces se le dieron dos plazas al partido, una fue el Doctor José Antonio Morales Erlich y el otro fui yo. El 9 de enero asumimos la posición donde yo hice un discurso que no tiene parangón en su brevedad: "Estaré aquí mientras mi principios me lo permitan".

¿Por qué decidió integrar la Segunda junta, cuando los civiles de la Primer junta, usted incluido, habían reconocido obstáculos para desarrollar la proclama del 15 de octubre?

"Las condiciones no eran nada propicias, era históricamente imposible, sin embargo, uno necesitaba comprobar que era históricamente imposible".

Mire en política de que haya obstáculos no le debe impedir las cosas, sobre todo cuando uno tiene un sentido de compromiso con la población. Dése cuenta de que lo que se jugaba era un montón: el poder bloquear las decisiones, tanto de la izquierda, convirtiéndose en partidos armados, y la decisión de la derecha salvadoreña de resolver militarmente el conflicto. Le diría que en un momento dado pareció, quizá no lógico, sino una respuesta a un sentido de responsabilidad histórica a hacer el último esfuerzo. La expectativa era que los jóvenes militares asumieran un rol más decisivo y pudieran bloquear los esfuerzos de un reformismo contrainsurgente. Se trataba de desarrollar una reforma social profunda por la vía de la concertación e impedir que el conflicto político y social del país tuviera una salida armada.

La historia mostró que éramos muy ilusos, sin embargo, debo decir que si volviera estar en esa situación de jugarse la posibilidad, era demasiado lo que estaba en juego, o sea, habría que correr el riesgo de fracasar. Y como usted notó, no todos los demócratas teníamos la misma idea, porque no todos salimos, otros se quedaron y jugaron a la contrainsurgencia.

¿Cuáles eran sus metas?

Al entrar al Segunda Junta, era tratar de reencauzar un proceso, tratar de trabajar mucho más cerca de los militares jóvenes que seguían sosteniendo una postura de reformismo democrático clara y tratar de aglutinar a los sectores civiles que la quisieran jugar a un reformismo democrático. Yo insisto en el término. Las condiciones no eran nada propicias, era históricamente imposible, sin embargo, uno necesitaba comprobar que era históricamente imposible. Antes de que se diera el cauce a la guerra que se dio en el país. Yo nunca he sido partidario de la violencia, yo he sido partidario de hallar formas que se bloqueen las respuestas violentas. Fracasaron. Yo después no me sumé al esfuerzo político militar insurgente. Yo viví un exilio bastante aislado.

¿Usted creía en la Revolución Democrática?

Yo siempre he deseado una revolución democrática y en ese momento la creí posible.

En el libro de Michael Kramer, "El Salvador, unicornio de la Memoria" él menciona que si no hubiera integrado la Segunda Junta, esta hubiese quedado sin legitimación, por lo cual Estados Unidos carecía de pretexto para ayudar al ejército salvadoreño. ¿Cree que sirvió de fachada?

"El programa norteamericano se define a mediados de febrero. Este intenta convertir las reformas sociales en instrumento de guerra, no en un instrumento de concertación".

Yo no. Eso es una exageración. Para eso sí les servía Duarte a los norteamericanos, no era yo. Hay que decir que cuando entramos a la junta Estados Unidos no tenía un programa definido. El programa norteamericano se define a mediados de febrero. Este intenta convertir las reformas sociales en instrumento de guerra, no en un instrumento de concertación. Ese era el debate en que entramos los sectores más progresistas del país con la embajada americana y con los sectores democristianos a los que dominó más el anticomunismo que el reformismo. Las políticas norteamericanas a mediados de febrero, ya se definió y alteraron todo lo que la democracia cristiana tenía programado hacer. La Reforma Agraria que se realiza, no es una Reforma Agraria de la Democracia Cristiana, es una reforma agraria diseñada por Roy Posterman, el famoso experto norteamericano que diseñó reformas agrarias en Vietnam, Filipinas y que vino a dirigir el diseño de la reforma agraria al país. Creo que mi presencia en la Junta no favoreció la ayuda norteamericana, creo que es la presencia del Partido Demócrata Cristiano, como Duarte, fue la que permitió eso. Nuestro grupo buscaba impedir que las reformas sociales fueran ocupadas como mecanismos represión, en lugar de apertura de espacios de concertación.

La ANEP, la ASI, el PCN, Roberto D´aubuisson fueron de los más asiduos contrarios de la junta. ¿Por qué cree que tuvieron esa reacción?

D´aubuissson era una persona involucrada en la inteligencia militar y en los programas contrainsurgentes que de larga data estaban diseñados en Centroamérica por los norteamericanos. D'aubuisson favorecía la instauración de una política diseñada en un reformismo represivo. Aunque él tomó el rol de ser el chico malo del experimento. ARENA nace para ser la extrema derecha. ARENA justifica más la ayuda norteamericana a Duarte y al principio, antes de que naciera ARENA, el Frente Amplio, una serie de señoras de alta sociedad que hacían escándalos. Esa extrema derecha que no quería reformas. Creo que D´aubuisson fue un actor conciente del papel que jugaba y era él favorable de un reformismo contrainsurgente. Él siempre jugó el rol de ser miembro y cabeza, en un momento dado, del aparato represivo. No la cabeza más alta. Era la oposición que uno tenía en frente. D´aubuisson no era ningún personaje en aquel momento, había otras personas más importantes.

Si usted se fija, ARENA nace ofreciéndole a los agricultores devolverles las tierras. Cosa que D'aubuisson, como nos dijo el domingo Orlando de Sola, sabía que era imposible. Las reformas no solo eran inevitables, sino indispensables para la práctica de programa contrainsurgente.

El principal enemigo del reformismo democrático es el gobierno del Presidente Carter en Estados Unidos. Dado los conflictos que tenía en el mundo: secuestrados en Teherán, la revolución nicaragüense que evoluciona hacia mayor radicalismo del que los norteamericanos habían previstos, etc. Un momento de gran debilidad ideológica de esa época los llevaba, dentro de la guerra fría, a buscar, más bien, consolidar un gobierno fuerte, controlar a la población en El Salvador, más que a buscar un gobierno democrático concertador.

¿Cuándo empezó a percibir que los que mandaban eran los militares?

Desde la primera junta nos dimos cuenta que era difícil oponerse al poder los militares. Uno jugaba a las diferencias de opinión en el centro del ejército, uno jugaba a buscar aliados en el sector del ejército y a buscar aliados civiles y buscar mayor apertura de ciertos movimientos sociales que si bien buscaban un cambio radical en el país, no eran movimientos absolutamente disciplinados a la voluntad de los elementos guerrilleros que eran todavía muy débiles. Cuando los militares más represivos tuvieron el respaldo total de los Estados Unidos...

¿Quiénes eran estos militares?

"El Ejército Revolucionario del Pueblo, que fue el más radical, encabezados por el señor Joaquín Villalobos y la señora Ana Guadalupe Martínez también fueron enemigos, contribuyeron tanto como los militares duros, como los norteamericanos a hacer fracasar el último intento de evitar la guerra".

Ya los citó usted en la primera parte: el señor Ministro de Defensa, el Coronel (Guillermo) García que yo siempre lo tuve como una persona que se oponía a un reformismo democrático. Habían otros más y algunos de los jóvenes militares que al principio estaban a favor de un reformismo democrático pero que fueron cayendo en un terror de verse desplazados por un movimiento popular cada ves más agresivo. No sóo los militares fueron enemigos de eso. El triunfalismo excesivo de la dirección de la izquierda armada, sobre todo de personas como Joaquín Villalobos que creían que la única de manera de asumir el gobierno, el poder en el país, eran las armas. El militarismo excesivo de aquellos sectores, algunos tal vez mal llamados izquierda: El Ejército Revolucionario del Pueblo, que fue el más radical, encabezados por el señor Joaquín Villalobos y la señora Ana Guadalupe Martínez también fueron enemigos, contribuyeron tanto como los militares duros, como los norteamericanos a hacer fracasar el último intento de evitar la guerra. Cuando nosotros salimos ya estaban planteadas las reformas. Nos opusimos al tipo de reformas que los norteamericanos diseñaron, nos vimos obligados a salir a riesgo de perder la vida como algunos de nuestros compañeros que no salieron a tiempo.

¿Hubo enfrentamientos directos con los militares? ¿Hubo un intercambio de palabras?

Varias veces , con varios militares después del 22 de enero, de la gran manifestación que hubo. Hubo absoluta desobediencia militar de las órdenes de la Junta. El día 23, en la mañana, yo estuve un conflicto muy serio con el alto mando militar, sobre todo con el entonces coronel Eugenio Vides Casanova. Él era el jefe de la Guardia y tenía la intención de tomarse la Universidad de El Salvador que estaba ocupada por unos campesinos. Eso iba a provocar muertes. Ese fue el problema más serio que yo enfrenté con el sector militar represivo. A tal grado que algunas personas que estaban conmigo, algunos militares que estaban de mi lado, pensaron que eso iba contra la vida.

¿Qué le dijo?

Yo le recordé a los militares presentes que nosotros éramos una jefatura colegiada de la Fuerza Armada y que debían obedecer nuestras órdenes. Eso formalmente era cierto, pero en la realidad no era tan cierto. Fue una manera de impedir una gran masacre en el país. También cuando capturaron algunas veces a dirigentes de movimientos sociales ligados a la izquierda, que estaban negociando con nosotros, yo tuve conflictos muy serios con algunos militares y tuve que hacerme valer como parte de la Comandancia General de la Fuerza Armada. Hay que decir que los militares, muy preocupados de al menos aparentar que cumplían el formalismo, a veces obedecían.

¿Cuándo se dio cuenta que tenía que renunciar?

"Con Mario Zamora estábamos trabajando por sacar al partido del gobierno, eso iba a ser un domingo, no me acuerdo de la fecha, pero viernes en la noche mataron a Mario".

Yo me di cuenta que tenía que renunciar después de la muerte de Mario Zamora. Antes estábamos trabajando por sacar al partido, como partido, del gobierno. Teníamos que salir del gobierno, porque nos convencimos que los norteamericanos, a raja y con mucho respaldo en el ejército y en algunos sectores de la Democracia Cristiana, iban a imponer el programa contrainsurgente. Con Mario Zamora estábamos trabajando por sacar al partido del gobierno, eso iba a ser un domingo, no me acuerdo de la fecha, pero viernes en la noche mataron a Mario. Después el terror se apoderó de la gente que estaba con nosotros que buscó protección. Hay que ver que nosotros estábamos en el gobierno y la Guardia Nacional mataba alcaldes demócratacristianos o dirigentes del interior del país . Fue una relación muy conflictiva siempre.

Hubo una última oportunidad cuando el partido dijo que se iba a ir del gobierno si no se castigaba a los asesinos de Mario Zamora. Pero eso no se cumplió. Varios nos fuimos del país.

¿Dialogaron con la insurgencia?

No, con grupos sociales que tenía relación con la insurgencia. Era imposible dialogar con la insurgencia. Algunas conversaciones se tenían, pero yo no las podía llamar diálogos.

¿Con quiénes conversaban de la insurgencia?

En algunos momentos conversábamos con gente de nivel medio, sobre todo, cuando había procesos represivos, pero más conversábamos con grupos sociales que tenía nexos con la insurgencia, sectores de la Federación Cristiana de Campesinos Salvadoreños (FECCAS). Se negoció con FENASTRAS, una organización sindical muy fuerte que tenía nexos con la Resistencia Nacional, pero eran sectores que tenían presencia sindical. Con ellos sí se negoció, no Héctor Dada como persona, sino como miembros dela Junta a nombre de la Junta. Eran conversaciones oficiales y algunas se realizaron en Casa Presidencial hay que decir.

¿Cuándo sintió la influencia norteamericana?

Algunas conversaciones con los norteamericanos se tuvieron. Cuando yo era Canciller el Embajador Devine llegó a decirme que para los Estados Unidos era desagradable la presencia de algunos ministros en el gobierno. Pero entonces los norteamericanos no tenían una política clara, al menos la embajada de Estados Unidos en El Salvador. Fácilmente se podía dialogar con ellos. Pero a partir del 14 o 15 de febrero que apareció el embajador Jake Chick, que era el embajador provisional, con Roy Posterman y un señor Lee, ya con un diseño del plan de contrainsurgencia, ahí ya sentimos que estaban decididos a asumir el vacío de poder que había dejado la oligarquía, absolutamente destrozada, como poder, no como empresarios. Ahí sí sentimos el paso del elefante bastante fuerte y la decisión de los Estados Unidos de ser el eje del poder en el país.

¿Quiénes eran los aliados de los Estados Unidos dentro de la Junta?

Aliados aliados es difícil saberlo. El General Majano se quedó pero con una actitud crítica, creo que el Coronel Abdul Gutiérrez asumió plenamente el programa contrainsurgente, creo que el Doctor Morales Erlich asumió que sería peor para el país su retiro. El ingeniero Duarte confiaba excesivamente en su liderazgo y que eso iba a poder hacer que se aprovecharan las coincidencias dentro de las reformas que proponía los norteamericanos y después orientarlas hacia las que deseamos los democristianos.

¿Nunca se investigó a los asesinos de Mario Zamora?

Jamás

¿Se conversó esto dentro del gobierno?

Una de las cosas que me hicieron salir del gobierno es que el partido Demócrata Cristiano, por la muerte de Mario Zamora, puso una semana de plazo de exigencia para que los militares castigaran a los responsables del ataque. Había muchos indicios de que tenía relación con la Policía de Hacienda. Indicios no le estoy diciendo que ellos fueron. Sin embargo, el viernes en la noche, en la reunión de la Democracia Cristiana en la que yo no estaba, se resolvió que no se iba a salir de la Junta. En esa reunión, tengo entendido que se dijo que yo sí iba a cumplir mi palabra. Yo dije desde que pusieron el ultimátum: nosotros no le podemos poner ultimátum a los militares, pertenecemos a la Comandancia General de la Fuerza Armada, nosotros debemos ordenar el castigo, no pedir que se castigue.

Sin embargo el partido decidió poner un ultimátum y yo dije que si ese ultimátum no encontraba respuesta, yo iba a cumplir. Cuando decidieron echarse para atrás, en una reunión en la que yo no estaba, yo fui comunicado de esa reunión en la noche del viernes. Yo les dije: "Yo voy a cumplir mi palabra", Ellos respondieron "si eso hemos dicho que vos vas a cumplir tu palabra". No sé si eso era un alabanza o un insulto. Pero yo renuncié el lunes y me fui del país.

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