De la guerra a la paz

 
Entrevista con Nidia Díaz:
"Ha sido uno de los gobiernos más dependientes de la voluntad de Estados Unidos"
Por Christian Guevara

Uno de los comandantes principales del FMLN, Nidia Díaz, cuenta cómo fueron las relaciones de la izquierda alzada en armas con el gobierno del Presidente José Napoleón Duarte durante la década de los 80; el paso de una relación amistosa o una confrontativa, que llegó a su punto más alto con la captura de Inés Duarte, la hija del presidente, y los aportes y desaciertos del gobierno social cristiano de esa época. Nidia Díaz, como ella misma acepta, fue formada políticamente en el seno del Partido Demócrata Cristiano en la década de los 70, cuando Napoleón Duarte comenzaba a ser el líder histórico del partido de centro de El Salvador,

¿Cómo vio la izquierda la llegada de Duarte al poder?

fuimos aliados durante 10 años de la Democracia Cristiana.

Las fuerzas de izquierda, expresadas a través del Movimiento Nacional Revolucionario (MNR) del Doctor Guillermo Ungo y de la Unión Nacional Democrática, que era la expresión legal del Partido Comunista en la década de los 70, y otras fuerzas progresistas que no tenían partido pero que se expresaban a través de su persona natural, fuimos aliados durante 10 años de la Democracia Cristiana.

En el 72 se creó la UNO (Unión Nacional Opositora, una coalición de la Democracia Cristiana y los movimientos políticos de izquierda) y se ganó, pero la dictadura de Sánchez Hernández y la que iba a entrar de Molina viciaron las elecciones. Esa alianza se volvió a configurar en el año 77 y volvimos a ganar abrumadoramente, pero impusieron al General Romero. Allí se dio una situación muy grave, pues para consumar esa masacre se dio una gran masacre el 28 de febrero de 1977. Varios militares trataron de dar un golpe constitucionalista para que se respetaran los derechos humanos y las libertades fundamentales de las personas, como que se respetara el sufragio.

En el 72, Duarte sale al exilio. En aquel momento tuvo una actitud valiente, pero tiene que salir y se exilia en Venezuela. Cuando se da un golpe de estado en El Salvador (en 1979), se instala una Junta Revolucionaria de Gobierno y en tres meses se configuró un gobierno cívico militar que se fue deteriorando y para enero del año 80 se sale la izquierda de esa junta. Para ese momento, Duarte regresa del exilio y asume el espacio cívico que las fuerzas de izquierda habían dejado, porque Ungo sube por mandato del pueblo a esa primera junta, pero él se sale y Duarte y la Democracia Cristiana ocupan ese espacio civil.

De los 80 en adelante sigue la junta con el elemento nuevo de la Democracia Cristiana, ya es una alianza (entre la Democracia Cristiana y los militares). Nosotros en el abril del 80 le dijimos a Duarte que se saliera de la junta, que no se podía aliar con los que iban hacer un genocidio y que acababa de asesinarse a Monseñor Romero. En esa época, la Democracia Cristiana tuvo más de 500 asesinados, entre ellos a Mario Zamora, pero él se quedó en la junta. Fue la falta de un entendimiento y de capacidad para una salida política lo que desbordó en una guerra civil.

Para ese momento Carter ya ha salido de la presidencia y había llegado Ronald Reagan. Este, a diferencia de Carter que había suspendido la ayuda en el 79 por violaciones a los derechos humanos, lo restaura y empieza un compromiso de una visión de una salida militar. No hubo ningún espacio o posibilidad, ningún referente con autoridad, para evitar ese esfuerzo insurrecional que el FMLN hizo el 10 de enero de 1981. La pretensión de Duarte en Estados Unidos, lejos de una salida o un entendimiento político, fue querer anular por las armas a ese movimiento, que desapareciera de la faz de la tierra, y él ya se fue involucrando.

Después, cuando la guerra llegó a un punto crítico, cuando llevamos casi al colapso al ejército en 1983, Estados Unidos diseño otro plan y este ya lleve el elemento político: entonces anuncian elecciones libres y las gana Duarte. Pero eso ya es un componente de la guerra contrainsurgente. Eso lo diseñaron los norteamericanos

Cuando él llega a la presidencia en julio del 84, se encuentra con una asamblea muy polarizada y en octubre de ese año se comienza a debatir en el congreso norteamericano si se continúa o no con la ayuda y él va a Estados Unidos, besa la bandera, en un acto de total servilismo. Eso fue algo increíble. Ahí da un discurso ante las Naciones Unidas llamando al FMLN al diálogo. Pero eso no fue iniciativa suya, sino fue una respuesta a las múltiples propuestas del Frente de una solución negociada desde diciembre del 80. Él lo hizo para cambiar la visión que se tenía en el exterior y para impactar en el congreso norteamericano.

¿Cree que Duarte fue consciente de ese plan norteamericano?

él va a Estados Unidos, besa la bandera, en un acto de total servilismo. Eso fue algo increíble.

Sí, para mí que sí. Él se volvió, como hoy lo está haciendo (Francisco) Flores, un títere de los americanos. Llegar a besar la bandera norteamericana es, para mí, un acto de titerería. ¿Hasta dónde él no midió las consecuencias en la historia, en el devenir? Eso no lo sé, eso los historiadores lo determinarán. Desde el primer día, el 15 de octubre de 1984 en el diálogo de La Palma, él nos dijo que los Estados Unidos daban como ayuda un millón de dólares diarios.

En esas elecciones del 84 se enfrentaban dos candidatos principales, la Democracia Cristiana y ARENA, ¿qué expectativas les generó eso?

Nosotros, durante todo el conflicto armado, hasta el 89, nunca llamamos a votar, sino al contrario, que no votaran por esos candidatos, que ellos no ofrecían soluciones para la guerra sino que sólo más guerra.

En la reunión de la Palma en el 84, Duarte nos entregó la constitución, nos dijo: acójanse a la constitución y dejen las armas. Nosotros le respondimos que nosotros no habíamos llegado a rendirnos sino a negociar las causas que originaron la guerra, que son causas que nadie se las inventó.

A pesar de esas discrepancias que usted menciona, ¿cree que Duarte quiso solucionar el conflicto?

En ese diálogo, nosotros le dijimos que estábamos en contra de la injerencia de Estados Unidos y de la injusticia, y él nos responde que es un millón de dólares diarios lo que da Estados Unidos

Yo creo que él y la Democracia Cristiana tenían componentes para una salida política, pero no les dejaba ni el ejército, ni el sector que tenía el poder económico en el país, ni los Estados Unidos. Entonces, aunque ellos podían querer una salida política al conflicto, en la práctica se veían enredados en los centros de poder que decidían en el país. Por eso, personalmente, en un aniversario más del diálogo de la Palma, se le entregó una placa a la viuda de Duarte donde se reconocía que él había sido uno de los gestores de la paz y, por decreto de la Asamblea Legislativa, la Palma es reconocida como cuna de los diálogos, donde comenzó la paz. Duarte jugó su papel en los inicios de los diálogos, pero no bastan las voluntades. En ese diálogo, nosotros le dijimos que estábamos en contra de la injerencia de Estados Unidos y de la injusticia, y él nos responde que es un millón de dólares diarios lo que da Estados Unidos. Pero ese diálogo tiene un valor histórico porque rompe el hielo y ya se ve que somos seres humanos que podemos llegar a un entendimiento. Ese es su mérito en la historia. Pero en la otra reunión, en Ayagualo, el Frente trabajó una propuesta para humanizar la guerra. Duarte no llegó, sino un representante, nosotros le dimos una propuesta y, en menos de una hora, Duarte salió en televisión diciendo: yo no acepto esa propuesta. Eso es inaceptable. Otro gobierno hubiera pedido un plazo de ocho días para contestar, pero él en una hora ya lo estaba rechazando, algunos dicen que a los diez minutos, pero es porque estaba recibiendo lineamientos.

Pero usted hablaba de relaciones positivas en el 72, ¿qué pasó para qué cambiaran en el 84?

Fue la ambición de poder de la Democracia Cristiana. Era su ambición de estar todavía en la alianza con los que habían sido sus enemigos, que era la Fuerza Armada, sin haber cambiado sustancialmente.

¿Duarte también tenía demasiadas ambiciones personales?

Sí. Otros dicen que no, pero para mí sí. Mejor hubiera sopesado, más cuando la izquierda le pidió que se saliera de la alianza (con los militares) y que mejor se fuera con un bloque grandes de alianzas, como en el pasado, como en la década del 70. Pero él más optó por sus ambiciones, por las ambiciones de poder de la Democracia Cristiana, con la concepción de que podían aliarse con los militares. Él se alía con los militares, se alía con Estados Unidos, para favorecer los intereses de la oligarquía salvadoreña.

Yo creo que ese gobierno no resolvió los problemas fundamentales

Yo fui capturada en esa época, en el 85. Se dan cuenta que yo soy la persona que llegó al diálogo de La Palma y dan parte de guerra; pero en el extranjero, en la prensa extranjera, comienzan a pedir que me respeten la vida. Se da una reunión en Panamá, facilitada por Noriega, allí llega Duarte y el Alto Mando de la Fuerza Armada y allí le dice la guerrilla que si no aparecemos tres comandantes que estamos en poder del ejército se iba a convertir en una guerra de ojo por ojo y de diente por diente....

¿Es por eso que capturan a la hija de Duarte?

No, eso fue seis meses después. Sólo dejame continuar.

Pero de esos tres sólo podía aparecer yo, porque ya Yaneth Samour estaba desaparecida y asesinada y a Miguel Castellanos lo habían pasado a su bando. Ellos me dejan en la Policía Nacional, por el apoyo del Congreso, porque habían más derechos humanos. Me llega a ver la viceministra de justicia que era amiga de mi mamá, ametrallan mi casa y mi mamá se va al exilio. Mi mamá habló con él porque habían sido correligionarios en la Democracia Cristiana, mi hermana menor era amiga de Silvia Duarte, yo cuidé urnas a favor de la UNO, yo vengo de lo social cristiano y me dio duro la guardia cuando lo de la candidatura de Duarte, pero en esa época de los 80 nosotros nos confrontamos.

En eso capturan a la hija de Duarte. Lo hizo un comando llamado Pedro Pablo Castillo. No tengo idea por qué a ella, me imagino que ellos se pusieron a discutir qué era lo más fácil y que podía tener más incidencia en Duarte para que aceptara liberarme. Presionamos también para que se diera el canje de 23 alcaldes de la zona oriental que la guerrilla tenía en su poder, por considerar que estaban vinculados a los planes contrainsurgentes y que facilitaban los planes militares; y los cambiamos por ciento y uno lisiados de guerra, aunque ambas partes habíamos adoptado el Convenio de Ginebra, en la realidad nosotros no podíamos sacar a nuestros heridos. Se da ese canje y de 23 presos políticos por la hija de Duarte. Eran más, eran 35 los que nosotros pedíamos, pero nueve ya estaban desaparecidos, como el hermano de Shafick (Handal) y Yaneth Samour y esos nunca aparecieron.

El ejército bombardea a profundidad las zonas donde ella (Inés Duarte) podía estar, porque ellos se oponían a la negociación y al desenlace.

En sí, la privación de libertad, el secuestro, lógicamente es un delito, pero dentro de un estado de derecho normal, pero fue en una situación circunstancial, en una situación de guerra, porque la guerra es inhumana, Yo no estoy justificando las cosas, yo sólo estoy tratando de explicar a la historia cómo fueron las cosas. Porque a mí me llegaban a decir: Mire, ella es madre al igual que usted. Yo les respondía: yo no la he mandado a secuestrar, eso ha sido una decisión del Frente y ella va a estar en una buena condición, porque ella había sido correligionaria de muchos compañeros, porque muchos veníamos de la Democracia Cristiana. Creo que a ella la secuestraron por el elemento subjetivo: era la hija del presidente Duarte y él, a como diera lugar, iba poner todo su énfasis por negociar. Si hubiera sido otra X persona, él no hubiera puesto empeño en negociar.

¿Duarte estaba consciente de la violación de los derechos humanos?

Sí, en el año de 1980 más de 500 correligionarios de la Democracia Cristiana murieron. Se forma la Comisión de Presos Políticos, la Comisión de Madres de los Desaparecidos, pidiendo a sus hijos. Era objetivo todo lo que estaba pasando. El exceso de poder del ejército y hubo una comisión ad-hoc que lo depuró, para analizara a todos aquellos criminales que cometieron abuso de poder y que fueron obstáculo de la justicia, que hicieron de la guerra un negocio y cometieron corrupción. Se analizaron más de 200 casos y salieron 108 casos de militares depurados, más la investigación de la Comisión de la Verdad que señaló a casi todos de esos 108 depurados y a otro montón. Después vino la amnistía. Nosotros tenemos en la Asamblea a un compañero que es diputado, que es el Coronel (José Antonio) Almendáriz, que fue depurado y señalado en la Comisión de la Verdad y ahora es evangélico. Él siempre dice, no sé que tan arrepentido está: yo soy depurado. La vida es así, surrealista, hoy tenés que trabajar con ellos porque son tus colegas diputados.

¿Pero le parece que Duarte permitió esas violaciones?

Yo creo que las toleró y ahí se fue formando la impunidad. El estado llegó a permitir delitos y abusos. Si, estoy convencida de que él las conocía.

¿Qué tan beneficioso o qué tan insano fue para el país el gobierno de Duarte?

Yo creo que ese gobierno no resolvió los problemas fundamentales y lo que hizo fue administrar una guerra. ¿Cuánto positivo o cuánto negativo? Yo no te lo podría decir. Fue un gobierno que no pudo impulsar ninguna idea propia por la injerencia de los Estados Unidos. Creo que ha sido uno de los gobiernos más dependientes de la voluntad de Estados Unidos. No tenía una autonomía. Haciendo un balance: yo creo que los sectores de poder no lo dejaron impulsar el plan que él traía, si es que él tuvo un plan. Con él se inicia en el año 80 la reforma agraria y después la nacionalización de la banca, todo eso fue algo positivo, pero la reforma agraria no fue completa. También la derecha, los sectores oligárquicos, no lo dejaban trabajar y no dominaba tampoco al ejército. Era el administrador de un plan que no era de ellos.

¿Entonces, considera que Duarte fue la cabeza de un gobierno inerte?

Fue un gobierno títere, a eso lo llamamos un gobierno títere, un gobierno que no puede y que depende de otro. Aunque tenía una personalidad de líder, él era un líder, pero no tenía para impulsar su propio programa demócrata cristiano. Él quiso impulsar todo pero todo se le comenzó a revertir. Tampoco tuvo la capacidad de proponer una salida política, una salida negociada al conflicto. A veces yo me pongo en los zapatos de él y me imagino que difícil fue luchar contra una política guerrerista como la que impulsó el gobierno norteamericano de Ronald Reagan.

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