De la guerra a la paz

 
El golpe del 15 de octubre de 1979.
Un aniversario incómodo.
Por Ricardo Ribera

El golpe de estado realizado por la Juventud Militar Democrática el 15 de octubre de 1979 puso fin a casi cincuenta años de dictadura militar. Por tanto, una fecha importante en la historia contemporánea salvadoreña. Sorprende que haya sido condenada al olvido. No interesa. Para algunos porque tal vez demasiado se entusiasmaron con las posibilidades de reforma que parecía abrir. Para otros, a los que la sola palabra producía indigestión, porque desde un inicio aborrecieron el golpe y lo que intentaba.

A la extrema derecha y a la extrema izquierda el 15 de octubre incomodó. Al centro también, pero más tarde. Al parecer, hoy incomoda a todos. Al menos en eso hay consenso.

El golpe no evitó la guerra civil. Probablemente ya era tarde para evitarla. Pero lo intentó. Lo cual no es poco mérito para quienes lo protagonizaron.

Su mayor lucidez estuvo en los fines que plantearon. No así en los medios. De tal modo fueron débiles en lo táctico que contribuyeron a precipitar al país en el abismo de la guerra civil. Sin quererlo. No obstante, su programa de reformas sería realizado. Pero por otro gobierno y con otra intención.

La proclama de la Juventud Militar Democrática alcanzaría estatuto de realidad en el contenido de los acuerdos de paz, en enero de 1992, sin que se haya reconocido jamás este mérito de anticipación histórica a sus protagonistas. Es justo rendirles tributo por ello. También por la intención patriótica y social que los inspiró. Como valoración humana.

La histórica debe ser otra. Ya lo consignó Dante en La Divina Comedia: "El camino al infierno está empedrado de buenas intenciones". Pero no era sencillo en esa coyuntura.

Se vivían días confusos y agitados allá por 1979. Y no era fácil orientarse políticamente cuando tantos acontecimientos hervían en la olla de la historia. El general Romero pretendió endurecer aún más la dictadura en vez de flexibilizarla. Lo único que consiguió fue quebrarla. Su mandato presidencial, inaugurado en 1977 tras un escandaloso fraude electoral, se desgastaba muy rápidamente. Crecía el movimiento opositor y éste se radicalizaba ante la falta de espacios políticos. Los escuadrones de la muerte ensangrentaban el país sin acallar las protestas populares. La guerrilla se fortalecía.

"¡Nicaragua venció, El Salvador vencerá!" Somoza abandonaba el poder en julio de 1979 y la ofensiva sandinista triunfaba en toda línea en el vecino país causando una conmoción en El Salvador. Estados Unidos, preocupado, había presionado a Romero para que concediera una apertura. Respondió con un Foro Nacional, parodia de diálogo donde sólo la derecha participó. La oposición replicó creando su propia instancia de concertación: el Foro Popular.

Por primera vez, a los partidos que habían luchado en el plano electoral se sumaban organizaciones populares orientadas en la línea de lucha armada y otras fuerzas sociales, universidades y sindicatos.

Romero resistía cualquier diálogo. Estados Unidos se impacientó. Dio luz verde a un golpe de estado. Los acontecimientos se precipitaron.

Eran varios los grupos con preparativos golpistas. A inicios de octubre la inteligencia norteamericana desmontó la intentona de golpe ultraderechista que desde el propio Ministerio de Defensa se venía fraguando. Pero no alcanzó a impulsar su propio golpe con los jefes militares que tenía controlados a través de la CIA. Se le adelantaron los jóvenes oficiales que en su rechazo a la corrupción y represión imperantes habían contactado con fuerzas del Foro Popular, a fin de concretar un programa democratizador. Ante los hechos consumados, lo más que consiguió la Embajada fue colocar algunas de sus piezas en el nuevo gobierno resultante. Sería suficiente.

Educados en el respeto a la jerarquía, los jóvenes oficiales que preparaban el golpe buscaron un jefe militar que los respaldara y encabezara. Hallaron en el coronel Adolfo Majano identificación de ideas y lo propusieron para formar parte de la Junta.

Una segunda plaza la tenían reservada para su propio líder, el mayor Guerra y Guerra. Pero había varios coroneles que se habían sumado al golpe y pedían ese puesto. La Juventud Militar accedió y es así como Abdul Gutiérrez entró a la Junta. Enérgico, se impuso fácilmente al poco beligerante Majano y colocó al coronel Guillermo García como Ministro de Defensa. Estados Unidos tendría en ellos dos a sus mejores aliados para no perder el control de la situación.

El resto de la Junta lo componían tres civiles: uno en representación del Foro Popular, Memo Ungo; un segundo por la ANEP, Mario Andino, y como personalidad independiente el entonces rector de la UCA, Román Mayorga. Dicha composición era de alto nivel académico y humano, sin duda. Pero era impolítica.

Era innecesario e inútil incluir a un empresario: el sector privado estaba visceralmente contra cualquier programa de reformas. Tampoco había lógica política en promover al rector de una universidad privada, por mucho que el gobierno se inspirase en el Libro Amarillo, diagnóstico hecho por la UCA y que circuló entre la Juventud Militar. El momento requería políticos.

El PDC, ausente de la Junta, resintió la preferencia otorgada al socialdemócrata Ungo. Sería un factor de su posterior deserción. En enero/1980 un pacto en exclusiva del partido con la Fuerza Armada sorprendería a todos. También las organizaciones populares quedaron fuera y casi enseguida iban a denunciar como autogolpe de la dictadura o como maniobra del imperialismo la insurrección del 15 de octubre. Al mismo tiempo, el régimen derrocado trataba de recomponer sus piezas.

La Junta Revolucionaria de Gobierno nacía en una tenaza. De un lado el hostigamiento de derecha de prácticamente la totalidad del sector empresarial y parte del propio aparato estatal. Del otro, denuncia e intentos insurreccionales de las organizaciones populares influidas o dirigidas por las guerrillas.

Al siguiente día del golpe sectores del ejército junto a la Policía de Hacienda disolvían brutalmente la huelga de las fábricas Lido, Arco, Duramás y Apex. Varios muertos y decenas de capturados. La guerrilla de las FPL respondió "ajusticiando" a un jefe militar. El ERP, por su parte, en los dos días posteriores intentaba provocar levantamientos populares en Mejicanos, Cuscatancingo, San Marcos y Bosques del Matazano. No se había instalado aún la Junta y ya estaba cuestionada por represión y violación de los derechos humanos.

Para la izquierda revolucionaria resultaba de vida o muerte impedir que una salida reformista pudiera abrirse paso. Argumentaba que ésta era imposible. Pero lo era porque ella misma le negaba cualquier posibilidad.

El curso de la ofensiva revolucionaria victoriosa en Nicaragua resultaba demasiado cerca en el tiempo y en el espacio, para que no influyera en el pensamiento de los líderes salvadoreños. Así se le facilitó a García y Gutiérrez justificar su línea represiva, que clausuraba de hecho el espacio a la proclama de la Juventud Militar y al programa del gobierno del que formaban parte.

Gente que creía en el proyecto, como tal vez lo era Enrique Álvarez Córdova, al frente del MAG y que esperaba impulsar la reforma agraria, se frustraba ante la oposición total de los coroneles Gutiérrez y García. La izquierda moderada, colocada en papel de represora, buscó mejor una alianza estratégica con la izquierda guerrillera. Difícilmente partidos de centro como el socialdemócrata MNR y el social-cristiano PDC podían seguirla en eso que parecía un salto al vacío. El fin histórico de la alianza que representaba la UNO estaba sellado. También la escisión del PDC, que mayoritariamente seguía a Duarte en su anticomunismo y en su preferencia por la aventura de pactar con la Fuerza Armada y Estados Unidos antes de que la aventura de aliarse a una guerrilla marxista-leninista y radicalizada hacia la lucha armada.

Derrotada la genuina vía de la reforma, en gran medida por sus propias contradicciones internas, sólo quedaba la vía de la revolución y la vía de la reacción, como estrategias contrapuestas para dar una salida a la grave crisis nacional. La reforma se vería revitalizada como opción bajo la conducción de Duarte, pero viciada desde su nacimiento por el abrazo del oso que su doble pacto, con el ejército represor y con la imperialista potencia del norte, le imponía. Sería ése un esquema de reformas con represión, bajo la batuta de Washington, que le costó al pueblo salvadoreño un auténtico genocidio y el retroceso económico de varias décadas.

Demoraría casi un año la configuración de los protagonistas del drama nacional que se venía: el nacimiento del FMLN el último trimestre de 1980 y en el último de 1981 la fundación de ARENA. Sólo faltaban los actores. Porque el libreto del drama quedaba ya delineado. ¿Fue el golpe del 15 de octubre la gran oportunidad perdida? Difícil es decirlo. La pregunta está enlazada con aquella otra: ¿fue la guerra civil una guerra inútil? Vivimos el resultado de lo que pasó. Para bien y para mal. También vivimos las consecuencias de lo que no pasó, de lo que no llegó a darse. Para bien o para mal. Sin embargo, algunos se la jugaron. Incluso hay quienes perdieron su vida por intentarlo. Y nos sentimos en deuda con ellos. En su aniversario.

Golpe del 15 de Octubre

Entrevistas:
Mario Andino
"Mi labor fue poner un poco de racionalidad"

Román Mayorga
"Los civiles no teníamos poder"

Salvador Samayoa
Del Gobierno a la clandestinidad

Análisis:
El 15 de octubre de 1979
Por Héctor Dada Hirezi
Opinión:
El golpe
Por Roberto Turcios

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Notas y Frases:
Frases de aquel octubre
Contexto:
El Salvador en la última quincena del General Romero
Por Rafael Enrique Flores / Ricardo José Valencia

Cuadro de violencia en los años 70

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