Reportaje 

 

 

 

 

 

Construyendo escombros sobre los escombros
Por Thirza Ruballo

La emergencia de rescatar sobrevivientes ha pasado y la mayoría de damnificados forman parte de las estadísticas de daños. Centenares de afectados han comenzado a remover los escombros y seleccionar los bloques de adobe menos averiados que le servirán para levantar en el mismo terreno, la misma pared que sucumbió al fuerte estremecimiento del pasado 13 de enero. Los mil 500 colones que les entregará el gobierno central a través de las alcaldías no representa ni siquiera la tercera parte de los fondos que necesita para reconstruir una vivienda que le garantice verdadera seguridad para evitar otra tragedia igual o peor.

Si bien para la familias damnificadas, es urgente levantar un techo que les resguarde de las inclemencias del tiempo y sobre todo del cercano invierno, la incertidumbre les invade pues temen que las intenciones del gobierno se queden únicamente en construirles una vivienda provisional. El temor se origina justamente porque estas mismas familias en los últimos años han formado parte de los sectores no privilegiados y desprotegidos de la economía nacional.

Ana Miriam Gálvez, habitante de la comunidad las Isletas en el departamento de La Paz, por segunda vez ha sido castigada junto a sus cuatro hijas por la fuerza de la naturaleza, hace dos años las paredes de su vivienda fueron arrastradas por los torrentes del huracán Mitch. Con grandes sacrificios como jornalera, y sin apoyo gubernamental, logró edificar nuevamente su casa que ahora fue gravemente agrietada desde sus bases por el terremoto.

" Yo por lo menos esta vez logré rescatar la televisión, pero varios vecinos perdieron nuevamente todo", opina Ana Miriam sin descartar el peligro que significa para sus niñas el desplome de las paredes." La verdad es que sí me da miedo y por eso sigo durmiendo afuera, pero como soy viuda, no tengo el dinero para derribar la casa y construir otra. De la alcaldía han venido y han hecho un listado de los afectados, pero como la mía no está en el suelo no creo que me ayuden, porque ni siquiera se detuvieron a preguntarme algo".

 

Confección de esperanzas

En la ciudad de Armenia Mario y Doris Burgos, corrieron la misma suerte, su casa quedó en pie, pero las vigas y esquinas que dan soporte al resto de la vivienda, que construyeron hace más de cincuenta años, están fracturadas e inseguras, " yo sé que hay gente que ha quedado en peores condiciones y que necesitan más, pero también hemos tenido daños, lo peor es que ya estamos entraditos en edad y se nos hace imposible volver a construir la casa. Aquí pasaron unos estudiantes dicen que censando, pero no nos tomaron en cuenta", opina con los ojos acuosos y expresión aún incrédula Doris al momento en que terminan de demoler los restos de la casa vecina que quedó completamente en ruinas.

La ciudad de Armenia, fue una de las comunidades más golpeadas por el terremoto en el occidente del país. durante muchos años sus habitantes se dedicaban a la confección de prendas de vestir por encargo, las cuales eran comercializadas por otras personas que se encargaban de trasladar la producción a San Salvador. Con la llegada de las maquilas al país muchos de los microempresarios se quedaron sin la fuente de trabajo que por un tiempo fue la actividad más productiva del pueblo, quedaron en banca rota, sin mayores expectativas laborales.

José Jiménez es uno de ellos, quien ve para su familia un futuro más incierto, "por el momento sólo nos queda esperar a que la ayuda que está viniendo no se la queden los funcionarios, con la excusa de compra nuevos equipos de computación, renovar sus flotas de vehículos con autos del año, ojalá no pase lo que ocurrió con el Mitch o con el terremoto de 1986, que la ayuda internacional no llegó a todos los afectados".

"Esto fue horrible, con suerte logramos llegar casi arrastrándonos hasta la calle porque el movimiento no nos dejaba pararnos, gracias a dios estamos vivos para contar lo que nos pasó, estuvimos a punto de morirnos de asfixia por las nubes de polvo que se levantaban cuando se caían las paredes, era un polvo amarillento y rojizo, fue una verdadera pesadilla, sólo nos queda esperar a que el gobierno haga algo bueno y justo con la ayuda que está recibiendo, la gente aquí lo necesita" comentaba, Rosa Portillo, habitante del Barrio San Martín uno de los más desbastados de Armenia.

 

Incompetencia y rivalidades políticas

"Aquí han venido personas en carros pequeños o pickups a dar comida y medicinas, pero como es tanta gente que tiene necesidad no ha alcanzado, además no faltan los vivíanes que hacen fila dos veces. Otros han traído ropa usada, pero como algunos somos bayuncos, nos da pena ir a pedir, más que dicen que viene hasta rota". Opina Diego Medina, quién es electricista de profesión y compartía con otras cuatro familias las habitaciones de un mesón, que quedó totalmente en el suelo.

Agrega que "Unos médicos extranjeros repartieron frazadas y baldes para recoger agua, pero no alcanzaron. Las necesidades son bastantes y la alcaldía no ha hecho nada, dicen que andan haciendo un censo, pero por aquí no han pasado, ahí tienen todo acumulado , no han repartido nada".

A cinco días de la tragedia, se contabilizaban en Armenia 940 casas dañadas y un total de 8 mil personas damnificadas. Tres días antes el comité de emergencia municipal había recibido cerca de 200 quintales de fríjol, 200 de arroz , maíz y aceite. Pese a la emergencia, dirigentes municipales, delegados militares y cuerpos de socorro se debatían en rivalidades políticas que atrasaban la distribución de la canasta básica para los damnificados, todos reunidos en un corredor de la Alcaldía se disputaban la razón en cuanto a las zonas y sectores que debían ser priorizados.

Para el mayor Ibarra Chávez, jefe militar delegado por el ejército para atender a la población de Armenia, el entrampamiento en la distribución de la ayuda era "una cuestión muy leve, el problema es de comunicación, únicamente estamos tratando de delegarle a cada quién lo que tiene que hacer, al comité de salud, al comité de información, comité de seguridad pública, al comité de registro, de organización y al de comunicación, nada más estamos debatiendo cómo agilizar las cosas, no hacerlas burocráticas", opinaba.

Por su parte Alfredo Arias, responsable de comunicaciones de la Comité de Emergencia Municipal, reconocía el retraso y lo atribuía fundamentalmente a la necesidad de verificación del censo preliminar que había presentado la Fuerza Armada. El centro de Armenia ha sido afectado, pero la mayoría de sus habitantes son inquilinos, por lo que es necesario estudiar quiénes son realmente los sectores más necesitados los ocupantes o los propietarios de viviendas destruidas, o los que vivían en mesones y cantones que son personas con menores recursos económicos que los citadinos.

Arias acusó fuertemente el desempeño de las Fuerza Armada pues aunque " ellos aseguran tener bien identificados a los sectores más necesitados no hacen nada por distribuirlo, no nos proporcionan los camiones para ir a repartirla, sino que nos trasladan a nosotros la responsabilidad, cuando saben que nuestros recursos son bien pocos, lo único que quieren es hacernos quedar mal frente a la población, es una maniobra política".

 

Shock nervioso o actitud paternalista

La pasividad de los afectados y la poca beligerancia de asumir una actitud más organizativa y propositiva para recoger puntualmente sus necesidades, y demandar una eficaz y estricta distribución de la ayuda contribuye al desorden y retraso burocrático del proceso.

Víctor González, médico psiquiatra, coordinador de la Comisión Técnica Asesora del Ministerio de Salud, considera que el miedo, nerviosismo, y la desorientación son conductas esperadas posterior al desastre. Sin embargo, la falta o tardanza en la solución de las necesidades básicas, genera una mayor problemática a la persona afectada, provocando que esas actitudes se conviertan en conductas sociales muy difíciles de manejar.

Arias por su parte, se queja de la falta de colaboración de los habitantes " es cierto que muchos se encuentran en una situación muy difícil, pero otros no fueron afectados. El pueblo de Armenia no es solidario con sus hermanos, son personas de afuera las que se han acercado a ayudar, pero la gente de adentro no, no se apoyan ni entre ellos mismos".

A la pregunta si el comité de solidaridad municipal cuentan ya con un plan de reconstrucción de viviendas dañadas, el mayor Ibarra aseguró que todavía no han recibido ninguna orientación de parte de la Comisión Nacional de Solidaridad,

" nuestra misión por el momento sólo es dar respuesta a las necesidades más inmediatas, alimentación y vestuario" .

Monseñor Rosa Chávez demandó por su parte que la reconstrucción de viviendas no debe perder de vista lo que es una vivienda digna para los ciudadanos ya que "el afán de construir un techo pronto pone en riesgo de que el país se convierta en el tugurio más grande de América Latina". Al mismo tiempo anunció que la iglesia católica pondrá en marcha la construcción de una vivienda digna en algunas de las zonas más afectadas.

Mientras miles de damnificados esperan con expectativa la ayuda del gobierno, el presidente Francisco Flores anunciaba el domingo 28 que los recursos del país no podrán cubrir todas las necesidades de los más de un millón de damnificados, por lo que se dará prioridad únicamente a la construcción de 150 mil viviendas de las personas que quedaron en condiciones más vulnerables en todo el territorio nacional. Medida por la que centenares de salvadoreños tendrán como escena común rebuscar en los escombros para reconstruir nuevamente su vivienda.

 

EL FARO
Todos los derechos reservados.
Copyright©1998-2000.
Fundado el 25 de Abril de 1998.