Pero ya no con el pretexto de que lo asaltaban.
No, ya no… je je. Entonces me quedaba pintando en Nueva York, hacía mis cosas allá, mi vida y todo eso, y me venía cada tres meses a Miami y me quedaba un mes, y a veces me quedaba en casa de amigos, que me ofrecían los grandes salones para pintar. Llegué hasta a tener carro, saqué hasta licencia, ya me hice de ambiente pues. Entonces, de ahí subsistí. Mi familia vivía en Nueva York, ahí estaba mi mujer y mi niño, que tenía seis años, cuatro años.
¿Cuándo se dio cuenta de que había que ser mercenario del arte? ¿En ese viaje a Miami?
No, se lo pongo como algo folklórico. No, mire, de todas maneras, es cierto. El artista vive de milagro, cuando solamente hace esto. Estando en la Liga de Estudiantes de Arte me pude dar cuenta de muchas cosas. Yo tenía ahí compañeros de clase que eran extraordinarios pintores, tomando cursos ahí de pintura, o de grabado, nacidos en Nueva York, con diez años de estar trabajando en Nueva York, ¡pero nunca habían vendido un cuadro en su vida! Y nunca habían expuesto. Y extraordinarios artistas. Decía yo: “Y en mi país que apenas sale uno diciendo que es artista y ya te compran, y ya sos”. Hay una distancia bien grande de esfuerzo.
Y también un mundo muy competitivo
Un mundo muy competitivo, que es bueno ¿no? ¡Pero eso es bueno! Sentar un pie en una ciudad fuerte, donde no sos nadie, donde no te conoce nadie, para darte cuenta realmente si valés o no. Así que la experiencia neoyorquina para mí fue bien interesante.
¿De dónde son los coleccionistas que se han interesado en su obra?
Salvadoreños, residentes en Miami. Después me conecté con el mercado cubano, cubanos en Miami, un poder económico fuerte. Y, a raíz de eso, con el tiempo, conocí a Martínez Cañas, que es de una de las galerías más importantes latinoamericanas. Él me toma y ya me lanza, digamos, de una manera más profesional al mundo del arte latinoamericano. Y ahí ya son coleccionistas suramericanos, centroamericanos, pero gente de peso. Y ahí ya mi obra entra en otros niveles, ahí ya estoy exponiendo a la par de Cuevas, de Botero, de gente así. Luego esa galería ya no quería nada con Nueva York, pero la misma ‘elite’ me consigue contacto con una galería muy importante en Nueva York, que fue la Brewster, ya estoy hablando de los noventa. Hago mis dos exposiciones en Nueva York con un rotundo éxito pues, de ventas y de crítica. Y eso en Nueva York no es pan de todos los días. Va escalando uno cosas, pero cuesta.
Yo cuando estaba viviendo en Nueva York, llegaba a una galería con un gran rollo de cuadros a enseñar y con la misma me sacaban. ¡En serio! En el invierno, en lo mejor que uno anda guantes porque si no te congelabas, enrollaba cuatro telas, que me había costado hacerlas, y ya salía a las 9 de la mañana, con el gran frío, a agarrar el metro. Metía los cuadros al metro, me iba por ejemplo al Soho Village, y la primera galería que veía donde había arte latinoamericano ahí me metía y ya, ¡pum!, ponía los cuadros en el piso. Inmediatamente salía alguien y me decía que los sacara. ¡Yo no era nadie! Que mandara mi currículum. ¿Cuál currículum si yo no tenía nada de currículum en esa época? Si a las galerías llegan montones a diario, me pude dar cuenta después, y a veces algunos de ellos buenísimos, pero la competencia es tan fuerte que no alcanzás a verte. Es una lucha bien jodida.
¿Nunca pensó en tener un trabajo paralelo?
No. ¡Nunca he trabajado…!
¡Ja ja ja ja!
…solamente he pintado ja ja ja… ni he pagado impuestos ja ja ja ja…
¿Cuándo regresa al país?
Yo regresé en 1985, estuve cuatro o cinco años fuera, pero siempre he estado viajando. De ahí me fui a Europa un tiempo.
¿Adónde?
Estuve viviendo un tiempo en Francia, estuve otro tiempo en España, en Italia. De ahí me fui a Suramérica, me quedé una temporada en Buenos Aires.
¿Y por qué prefiere vivir aquí?
Si de aquí soy… ja ja ja… No, tengo problemas alimenticios, no puedo vivir mucho tiempo sin la comida nuestra. ¡No puedo! En Estados Unidos lo mucho que me aguanto son quince días, de ahí ya estoy desesperado. No me gusta la vida allá. Está bien en Nueva York, un mes, caminar y hacer un montón de cosas, pero el pueblito ya me hace una falta como no tenés idea.
Usted ya estaba casado cuando vivía en Nueva York, ¿qué le decía su señora? Porque hay que comer…
...No, ahí está. Nunca hemos aguantado hambre… Tenés que tener una mujer que te aguante, una mujer así, vanidosa, no… ¡te jodiste! Mejor estar solo.
¿Cómo se conocieron?
Ella es costarricense. Cuando gané el Premio Estudiantil de Cultura, que uno de los premios fue un viaje a Costa Rica, en los intercambios que habían antes, allá la conocí, fijate. Tenía diecisiete años.
¿Y se casaron cuando tenía…?
21 años.
Fueron años viajando…
No, nunca viajé, ella vino. Tuvimos un noviazgo por carta.
La mayoría diría que ese tipo de relaciones no prosperan.
Antes sí…
Ja ja ja ja
… porque era por carta. Ahora sería por internet. No sé, era más romántico antes, por carta. Tenía otro sentido… esperar un correo, la gran ilusión de una carta. Hoy no, ¡pum!
38 cartas, incluyendo correo basura.
Bueno, yo no sé manejar la computadora, la verdad. No sé ni cómo encenderla ni apagarla. De mi parte no anduviera ni celular.
Usted tiene dos cuadros en la colección del Marte
Tres, cuatro… Hay un abstracto, la sociedad tiene un enfermo, el del pick up, el grande ¿Son tres verdad?
¿Cómo vio la selección de los pintores nacionales para “Puntos Cardinales” en el Marte?
Pues bien, bien. Pudieron quedarse algunos fuera pero eso fue criterio de los curadores.
Se lo preguntaba porque usted ha comentado que tenemos acá un museo de primer mundo, pero por ejemplo ha habido polémica entre algunos artistas respecto a esa selección de pintores.
¿Pero de quiénes, de qué artistas?
Bueno, hubo algunos que se quedaron fuera, como Roberto Huezo…
Hay artistas que sí, no tenían que haberse quedado fuera, en eso estoy de acuerdo.
¿Quiénes, por ejemplo?
Huezo es uno ¿no? Que debería quedar adentro. Solís también, creo que también pudo haber quedado adentro, tiene una trayectoria pues, es gente probada, reconocida. Pueden no gustarme ciertas cosas que Solís pudo estar haciendo pero sí ha tenido etapas buenas. Cada artista tiene etapas que vale la pena registrarlas. Pero como este país no es de biógrafos, no es de historiadores, realmente dedicados a lo que pasa sino que todo lo hacemos en el momento. Hasta que no pasa algo extraordinario en el tiempo, es que la gente no se recupera. Por ejemplo ahora que hicieron esta retrospectiva de Salarrué, por ejemplo, se han ido dando cuenta de todo un mundo de vivencia y de trabajo que Salarrué tenía, no solamente con la literatura sino que con la pintura, e hicieron un trabajo de curaduría bastante grande, interesante todo eso. ¡Salarrué es un monstruo de artista pues! Que podría estar ubicado entre los artistas internacionales reconocidos, pero no, como todas las cosas las hacemos así, pedaceadas, sin ninguna disciplina de nada. ¿Qué podemos esperar si ni los mismos artistas se preocupan de llevar un registro de lo que pintan?
¿Hay alguna profesionalización del artista?
Eso se llama profesionalización del artista. Pero profesionales serios, amén de saber administrarse, porque cuando se vive del arte hay que saber administrarse. Yo siento que un artista es un pequeño empresario también. Entonces tiene que manejarse de una manera para que su empresa produzca, continúe. Por ejemplo yo, no van a creer que soy un artista registrado en el Seguro Social, con dos empleados. Y yo soy patrono. Fui al Seguro Social, dije que yo me llamaba ‘César Menéndez Estudio de Arte’, y así me registraron. Tengo un ordenanza, un chofer y una secretaria, y ya hago mi empresa. Entonces, se les paga seguro a ellos y yo estoy asegurado como artista. ¿Qué cuesta hacer eso?
¿No debería CONCULTURA hacer eso?
¡Pérese! Entonces, yo para eso quiero, y esto se lo voy a revelar ahorita, es algo que estoy considerando, hace mucho tiempo yo vengo con la idea de tomarme ADAPES (Asociación de Artistas Plásticos de El Salvador), de ser presidente de ADAPES, y yo sé que cuento con el apoyo para eso pero no me había como querido meter de cabeza. Y tengo todo un proyecto para la asociación, y uno de los puntos clave es eso, hacer que todos los colegas estemos asegurados, y yo sé cómo hacerlo.
Porque hay muchos casos de artistas que han muerto en el olvido, no sólo en pintura. Álvaro Méndez Leal, Julia Díaz.
La mayoría, así es. ¿Por qué ADAPES no puede ser una semiautónoma de CONCULTURA, por ejemplo? ¿Por qué no podemos llegar a un acuerdo: ser independientes pero desde ese punto de vista, de la administración, ser artistas escalafonados? Y tener ahí una figura para poder ser asegurados. ¿Cómo va a creer usted que un artista, por muy pobre que sea, va a andar pidiendo 500 dólares por un cuadro? Un artista siempre va a ganar más que un asalariado mínimo ¿Sí o no?.¿Cómo no va a tener diecisiete dólares mensuales para pagar seguro social? Entonces ADAPES se hace una organización tal que todo el que está afiliado se va a asegurar y va a pagar esa cuota obligatoria ¡Punto! ADAPES es una institución registrada. O si no, inventemos una academia pues.
Que es otro de los grandes vacíos para la profesionalización de los artistas aquí
Inventémonos dentro de ADAPES un instituto de enseñanza artística, registrada en el Seguro Social, donde todos los artistas son profesores y dan clases ¿Y qué pues? ¡Asunto arreglado! ¡Se acabó! No es cosa del otro mundo.
Suena que no es cosa del otro mundo, pero tiene que ver con la visión que se puede tener del artista. Romántico, que…
No, Aquí. Aquí, porque aquí vivimos cincuenta años atrás, pero en otros países ya no. En Argentina ya no existe esa visión que nosotros tenemos. En México tampoco. En México son sindicatos. Nosotros deberíamos tener un sindicato ya. Con un sindicato, mire, cualquier artista que venga de fuera, a sacar toda la plata que aquí se llevan, tendrían paro, y tendrían que dejarnos un impuesto, como lo hacen en México. Esa es otra idea mía, convertir ADAPES en un sindicato, con pintores, escultores, todos.
A mí me parece interesante una cosa que hablaba, que aquí no hay historia. ¿Qué otros artistas han quedado en el olvido?
Bueno, a la Julia (Díaz) la están olvidando ya. ¡La Rosa Mena, mire pues! ¿Qué le cuesta a la Bienal, la que hubo en el Marte, ponerle nombre de Julia Díaz? Se trata de aprovechar los momentos para reforzar la memoria... hay que hacerlo.
Entendemos que se está haciendo en este momento, ¿no ha sido invitado a participar a la consulta?
Como no, pero yo no creo en esas consultas. Es una cuestión eminentemente política y lo que pasa es que cuando termine este período presidencial dejan las cosas pendientes para el próximo y se van pasando la pelota. Con sólo hacer una reevaluación administrativa fuerte y profunda de las casas de la cultura y otro par de cositas sería suficiente para que CONCULTURA pueda respirar y que haga cosas más grandes. Es que aquí tenemos casas de la cultura que no sirven para nada porque se ha creado un monstruo, un elefante, administrativo. ¿Cuánto del presupuesto de CONCULTURA, que ya es miserable, se gasta en las casas de la cultura? ¿Realmente funcionan estas instituciones?
¿Según usted qué se debería de hacer?
Y que me perdonen pero andar con el Torito Pinto y los Historiantes para arriba y para abajo en las calles no es trabajar por la cultura de este país. Miren a CONCULTURA premiando a Historiantes con el Premio Nacional de Cultura. A eso hemos llegado. No se toman elementos más interesantes y actuales que denoten cuál es nuestra cultura y que es lo más importante en la actualidad. Somos revisionistas de la historia porque no hemos podido ser creativos. Y esto es porque estamos con la tara de antecedentes de 70 años atrás de represión ideológica, política y económica, y nos está costando salir de eso.
¿CONCULTURA debería de ser más creativa?
Sí, creativa y más libre. Para empezar no debería depender del Ministerio de Educación y ser, en sí misma, un ministerio...
... Pero ya existió un Ministerio de Cultura y no hizo mucho.
Es que era más un ministerio de propaganda y creado con fines políticos. Ahora CONCULTURA se debería independizar como un ministerio y crear toda una estructura alrededor de él. Ser un apéndice de Educación me parece una cosa aberrante para la cultura. Además, que ese Ministerio de Cultura elabora un plan general a 50 años para que cada presidente que llegue no se vaya a masturbar el coco pensando qué va a hacer para trabajar por la cultura salvadoreña. Creo que tenemos suficiente conocimiento de la historia y de la cultura, y quienes son los actores de ella, para venir a perder el tiempo de esa manera.
Dice que no cree en las consultas pero que sí hay que hacer un plan general cultural, ¿cuáles serían las líneas para hacerlo?
... Mira, hay que hacerlo. Lo que yo digo es que no creo ahora porque se está haciendo con un gobierno que no le ha dado la importancia a la cultura.
¿Recuerda algún gobierno salvadoreño que le haya dado importancia a la cultura?
La última vez que se le dio importancia a la cultura fue en la época de Walter Béneke, en los años 70, y eran gobiernos militares. ¿Cuál era la ventaja?, que como a los militares los tildaban de brutos, ignorantes y represivos limpiaban su imagen consiguiendo a los mejores actores de la cultura salvadoreña –como Juan Carlos De Sola y Béneke, entre otros- y les dieron la oportunidad de hacer lo que quisieran. Entonces se crearon una cantidad de cosas interesantes y los militares ni se metían. Ahora llegan civiles haciéndose los pensantes y ni hacen ni deshacen. La excusa de siempre es que estamos en un país que tiene que crecer económicamente después de haber salido de una guerra y que lo más importante es comer que andar viendo exposiciones de arte. Ese es el pensamiento: Crecer económicamente y luego veremos a la cultura.
¿Y el CENAR?
Tiene que cambiar. Han pasado 30 años desde que yo egresé del CENAR y siguen haciendo lo mismo que yo hice en mis primeras clases. A estas alturas tendrían que estar en otro nivel. Y los ex alumnos de mi época que se quedaron dando clases en el CENAR terminaron dando clases en la Universidad de El Salvador, a formar licenciados en Arte, y no vemos los resultados de ello. ¿Dónde están los licenciados en Arte de este país?
Trabajando como diseñadores gráficos
¡A la puta!, o sea que están inmersos en el proceso productivo y no en el creativo.
¿Y usted no se ve dando clases?
No tengo paciencia. Fui profesor de artes aplicadas en la Universidad “José Matías Delgado” y terminé aplazando al 80 por ciento. Los alumnos me odiaban pero lo que pasaba es que yo pasaba con cólera permanente porque el 50 por ciento de los estudiantes eran amas de casa que no tenían nada que hacer y que su marido las había inscrito para que no dieran problemas.
¿No descubrió al menos un artista con potencial en esa clase?
Sí, uno solo y ahora es director creativo de una agencia publicitaria. Fue el único que me sacó nueve.
¿Qué es lo que hace falta hacer en este país para que la gente empiece a valorar el arte?
El arte en este país sigue siendo elitista.
Y lo es en todas partes
Claro, porque el arte será todo el tiempo para quien tenga el dinero para poder poseerlo... Hablamos del arte de pared, de los cuadros que se compran y uno se los lleva a su casa. Para apreciar están los museos y es a donde el Estado debería jugar un papel mayor porque es su misión divulgar el arte.