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OPINIÓN / EL MIRÓN Poco a pocoLuis Fernando Valero
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Con la llegada a la Primera Magistratura de la Nación chilena de la socialista Michelle Bachelet, llega al poder no solamente una mujer, llega mucho más, llega la opción de que la igualdad y la justicia pueden ser un hecho real y no una situación simbólica.
Una de las características de los machistas o de los misóginos es que idealizan a la mujer de tal manera que la lanzan al terreno de lo simbólico y de ahí nunca la bajan, con lo cual, la realidad del día a día, para la mujer, en demasiadas ocasiones, es un auténtico infierno.
Idolatran de tal suerte a la mujer, bien sea su madre o su esposa o sus hijas, que: ni con el “pétalo de una rosa” se les puede rozar para no ofenderlas, de aquí que, éstas están escondidas y encerradas con siete candados o atadas a una cama y con la pata quebrada.
O bien se construye toda una teología y una devoción alrededor
de la madre de Dios, que la ponen en un limbo de intocabilidad que luego
la mujer en el día a día es menospreciada, no puede tener
ningún cargo, ni ser elegida para nada, ni representar nada, porque
la mujer es algo “maravilloso”, “sublime” y sagrado”.
Por ello que haya llegado a ser Presidente de Chile una mujer como Michelle
Bachelet, en un país, tan machista, como toda ibero América,
nos parece genial. ¿Se figuran ustedes a esos militares chilenos
golpistas, anti demócratas, misóginos teniendo que cuadrarse
ante una mujer, divorciada, de dos matrimonios y tres relaciones, agnóstica
y que en estos momentos es su Jefe Máximo. Una auténtica
gozada del espíritu.
Y por si ello fuera poco, hija de un militar demócrata, constitucionalista, que fue torturado, al igual que ella y su madre y que hoy ha deseado convertir la rabia, el dolor y hasta el legítimo odio en amor y deseos de construir juntos un país diferente en donde no se pueda volver a repetir aquellos tristes y lamentables sucesos. Una delicia.
Bachelet será la cuarta gobernante de la Concertación de Partidos por la Democracia, coalición formada por el Radical (PR), Por la Democracia (PPD), Socialista (PS) y Demócrata Cristiano (PDC), que gobierna desde marzo de 1990, cuando el dictador Augusto Pinochet, se vio obligado, muy a su pesar, a entregar el poder a Patricio Aylwin.
Sus antecesores en el cargo Ricardo Lagos (PPD), Eduardo Frei Ruiz Tagle (PDC) y Patricio Aylwin (PDC), gobernaron contracorriente. A diferencia de ellos, Bachelet (PS) será la primera en gozar de un Parlamento donde la Concertación es mayoría, que, además, es enteramente elegido por votación popular, sin las sevicias ni los lastres impuestos por el sátrapa dictador de Pinochet y sus huestes genocidas, puesto que, debido a las reformadas constitucionales aprobadas hace un año, el mismo 11 de marzo cesan en sus funciones los senadores designados por aquellas arbítrales leyes.
Con esta mayoría congresual, Bachelet podrá sacar adelante
los proyectos que necesitan de quórum simple, como la reforma del
sistema previsional, la modificación de la legislación ambiental
o perfeccionamientos de las leyes laborales.
Ha dicho que tendrá un gobierno paritario, entre hombres y mujeres,
un símbolo, necesario en estos momentos.
Aunque quizás pueda parecerlo la triunfo de Bachelet en Chile
no guarda relación con el de Venezuela, Bolivia, Argentina y Brasil.
No puede negarse que la victoria de Bachelet es una consolidación
de los regímenes progresistas en América Latina.
Pero la victoria del centro izquierda en Chile, con Michelle, es mucho
más compleja.
Chile es un país con antiguas tradiciones democráticas que
fueron interrumpidas bruscamente con el golpe de Pinochet en 1973. Y su
golpe de Estado no fue ajeno a la intromisión de la administración
de EE.UU. que no podía permitir en aquellos momentos, principios
de la década de los 70 del siglo pasado, una pedagogía de
ese calibre. Lo triste es pensar que Kissinger, el personaje que armó
la trama le fuera dado, años más tarde el Premio Nóbel
de la Paz. ¡Que baldón para ese Premio!
A pesar de la dictadura, Chile vivió un proceso de crecimiento en los años noventa que fue canalizado para un equilibrio social y económico que hicieron del país el gran éxito de América Latina. El índice de pobreza se redujo a la mitad y el objetivo de la presidenta Bachelet es continuar en la misma dirección. Chile tiene unas clases medias que no existen en Venezuela o Bolivia. El presidente Lula ha intentado, hacer lo mismo en el gigantesco Brasil pero las expectativas de su victoria electoral no han sido muy optimistas y la corrupción y la demagogia le ha comido el mandado.
Argentina sigue una parecida senda con un éxito todavía incierto. En nuestro criterio hay más sombras que luces en las acciones de su presidente. No está claro si el pagar la deuda al FMI (9,810 millones de dólares y un ahorro de 1.000 millones en intereses) es una victoria pírrica, en nuestro criterio, creemos que sí, con los niveles de pobreza, desempleo y deseducación de Argentina. Esos dineros podían haber tenido un mejor fin que el engordar las arcas del FMI. Por otra parte no sabemos cómo implementará sus políticas la izquierda que ganó en Uruguay el año pasado.
En cualquier caso, el proceso del cono sur latinoamericano no tiene nada que ver con lo que está ocurriendo en la Venezuela de Chávez o la Bolívia de Evo Morales. No digamos ya con lo que pueda ocurrir en la Cuba de Castro que tiene un futuro incierto que, difícilmente podrá ser llevado a cabo por el régimen castrista tal como lo ha diseñado con poco éxito Fidel en los últimos cuarenta años. En donde los niveles del día a día en Cuba son lamentables, sin ir mas lejos el jueves 19 de enero, por la noche el plan de lanzamiento de ahorro de energía que deseaba Castro proclamar a toda la Republica, no se pudo dar por un apagón monumental, generalizado para toda la isla, no programado. ¡Una catástrofe!
Chile está en el Mercosur, una fórmula inteligente de cooperación económica y política que ha dado ya algunos frutos. Es la parte de América Latina que ha entendido que la prosperidad en el siglo XXI tiene que pasar necesariamente por un liderazgo fuerte, democrático, por la economía de mercado y por una razonable y equitativa distribución de la riqueza en un ámbito de libertades.
Por ello la victoria de Bachelet en Chile entra dentro de la lógica democrática. La presidenta ha anunciado que va a gobernar para todos los chilenos que han consensuado la necesidad de adoptar las reformas y apechugar con las consecuencias económicas y sociales que tendrán para todos.
Ha dicho lo que quiere hacer, cómo lo va hacer y ahora está dispuesta a trabajar dialogando con todos y sabiendo que todos, los que la han votado y los que no, son parte de Chile y que todos son necesarios.
Da la impresión que en el bando derrotado algunos están
dispuestos a hacer una honesta y limpia oposición. ¿Qué
más se puede pedir para una democracia?
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