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EL AGORAEl cuento de lo que quiero y no quiero o la “chiripa” de vivirlo una vezNo es usual que una creación artística local sea galardonada más de una vez no sólo en el país sino en el extranjero. 2005 fue el año de Ricardo Barahona, el salvadoreño-boricua que dio vida a la Cocolina y la Firulina, los personajes centrales de “El cuento de lo que quiero y no quiero, las magiconerías y otras tonteras” de Salarrué. El corto animado ganó el premio centroamericano Ïcaro, una mención de honor en el festival de cine de Cuba y el patrocinio de la fundación estadounidense “Ford Motors”. Carmen Molina Tamacas
“En realidad, estaba harto de estar allá”, cuenta Barahona. Un día tomó su escarabajo Volkswagen y decidió volver por tierra a El Salvador. En realidad, nació en Puerto Rico, en 1971. Su padre es salvadoreño y su madre boricua, pero vivió aquí tanto la infancia como la adolescencia, hasta graduarse en 1990. Partió al California Institute of the Arts, de donde se licenció. Entre 1995 y 2000 se dedicó a la producción comercial. “¿Comercio y arte? Pues sí, era un conflicto. Allá traté de hacerlo (crear artísticamente) pero nunca tenía tiempo”, narra. 2003 fue su año sabático y se dedicó a buscar el ambiente, las imágenes y los colores que le hacían falta para concretizar un sueño recurrente: darle vida a dos niñas, los personajes centrales de “El cuento de lo que quiero y no quiero”, del escritor Salvador Salazar Arrué, mejor conocido como Salarrué. (El texto, parte de los clásicos Cuentos de Cipotes, se lo llevó en 1997. “Desde entonces sentí que era material apropiado para dibujos animados”, afirmó.).
Así, 2003 no fue nada sabático. Trabajó entre seis y siete meses, lo que para él es “un puño de tiempo” para finalizar el corto animado, que narra una conversación infantil que expone “lo que quieren y no quieren, las magiconerías y otras tonteras” de la Cocolina como de la Firulina. El filme estuvo listo en noviembre de 2003, pero para enviarlo a festivales necesitaba dinero, el suficiente para transferirlo a formato Betacam, que es el mínimo exigido en los concursos y la música original. ¿Por qué enviarlo a concursos? Porque confía en que la escasa producción animada en Centroamérica, abre las puertas para mostrar el talento. La búsqueda de fondos se prolongó durante 2004. Entonces, la fundación holandesa Hivos le otorgó cinco mil dólares; con ello pagó la música y contó con el apoyo del Museo de la Palabra y la Imagen (Mupi), que custodia el legado material e intelectual de Salarrué.
2005 fue el año de los premios. El corto fue lanzado oficialmente en el Mupi (octubre), durante la presentación del libro “Sagatara Mío”, de Janet Gold, quien examina la faceta de Salarrué enamorado e infiel durante los años 40 en Nueva York. En noviembre, recibió una llamada del equipo de Audiovisuales de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA), quienes desde Guatemala le informaban que “El cuento” había ganado el único premio en la categoría de animación del festival regional de cine y vídeo. Ícaro volando, cayó en sus manos. Apenas un mes después, monitoreando el sitio web del Festival
Internacional de Nuevo Cine Latinoamericano, cuya cita ocurrió
en La Habana, Cuba, del 6 al 16 de diciembre, Barahona leyó que
la Cocolina y la Firulina brillaban, y no precisamente por su ausencia.
El corto recibió una mención de honor en la categoría
“Animado”; como sólo hay un premio, la mención
equivale a un nada despreciable segundo lugar. El año también fue bueno para releer y conocer más de Salarrué. Ahora tiene más claro el mundo mágico y de fantasía ilimitada que el escritor expuso en “O’Yarkandal”. “Definitivamente creo que tiene varias narraciones interesantes para transferirlas al cine y al vídeo”, indicó. Sospecha que esa vertiente podría ser más aceptada por el público anglosajón, ya que traducir los cuentos de cipotes no daría mucho resultado. Esa narrativa que mezcla lo costumbrista, lo infantil y la fantasía, habría que exponerla también en el exterior, apunta.
El compromiso es finalizar ese trabajo lo antes posible. Pero el artista destaca las limitantes, entre ella, la escasez de recursos. “Cuando se toma en cuenta el costo para transferir en Betacam, más la música, en realidad se piden muchos favores”. A la larga, el dinero no alcanza. Entre los nuevos animados figura el cuento de la primeritita comunión de la Menchedita Copalchines, cuya voz fue prestada por la actriz y animadora infantil Regina Cañas. Al pedirle que haga un balance de 2005, piensa un par de segundos y dice que lo ve como que, con suerte, será el principio de cosas que vendrán y aumentarán las posibilidades de contactos para desarrollar otros planes. “Los reconocimientos están bien, pero no me puedo sentar.
Mi idea y esperanza es trabajar en otros proyectos con libertad artística
y que estos me lleven a desarrollar proyectos personales… El 2005…
¿o si es una suerte de ‘chiripa’ de haberlo vivido
una vez?”, concluyó. |
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