[ San Salvador, 6 - 12 de diciembre de 2004
NOTICIAS
     Elecciones 2004 
INTERNACIONALES
OPINION
EL ÁGORA
DEPORTES
CARTAS
ESPECIALES
Suscríbete a nuestra lista de correos para recibir los encabezados de las noticias semanalmente.

(tu email)
[ayuda]
 

EL AGORA / COMENTARIO

La nostalgia de un amor tardío

La novela de Gabriel García Márquez “Memorias de mis putas tristes” continúa en las principales vitrinas de las librerías salvadoreñas, sus páginas nos retratan un amor adolescente, por oscuro e intenso, que sin perdonar tiempos ni límites atormentó los rincones de la vida de un nonagenario.
Lauri García Dueñas
cartas@elfaro.net
  Enviar Imprimir  

El espacio despersonalizado de un cuartucho de paso, donde se intenta vender un poco de amor entre sacudidas orgásmicas. Los hombres retozando con las mujeres al alquiler, en un espacio caluroso, lejos de la mirada pública.

Ella dormida, con su aliento ácido, una desnudez desinfectada, sus pezones taladrando la oscuridad del cuarto. Él se queda vencido, y entre delirios la ve aparecerse en su casa, colarse entre la lluvia, caminar descalza al final de la tarde. No la toca, duerme junto a ella.

Gabriel García Márquez volvió con la lucidez que solo la vejez puede proporcionar a algunos atrevidos y, sobre todo, regresó al Gabo que generaciones enteras seguimos con una especie de culto ciego a todas sus elucubraciones.

El escritor que hizo que niñas como Rebeca comieran tierra en el patio, que las mariposas amarillas pulularan por la vida de Mauricio Babilonia, que el sacerdote se enamorara de la niña pelirroja de cabellos lujuriosos, la carta que no le llegó al coronel, el amor reencontrado de dos ancianos que se embarcan, el patriarca rumiando sus desdichas.

De Memorias de
mis putas tristes

ELLA
“Antes de irme al amanecer dibujé en una papel las líneas de su mano, y se las di a leer a la diva Sahibí para conocer su alma. Y fue así: una persona que solo dice lo que piensa. Es perfecta para trabajos manuales. Tiene contacto con alguien que ya murió, y del cual espera ayuda, pero está equivocada: la ayuda que busca está al alcance de su mano. No ha tenido ninguna unión, pero va a morir mayor y casada. Ahora tiene un hombre moreno, que no ha de ser el de su vida. Puede tener ocho hijos, pero se va a decidir solo por tres. A los 35 años, si hace lo que le indica el corazón y no la mente va a manejar mucho dinero y a los 40 recibirá una herencia. Va a viajar mucho. Tiene doble vida y doble suerte y puede influir sobre su propio destino. Le gusta probar todo, por curiosidad, pero va a arrepentirse si no se orienta por el corazón”.

EL
“Me pregunto cómo pude sucumbir en este vértigo perpetuo que yo mismo provocaba y temía. Flotaba entre nubes erráticas y hablaba conmigo mismo ante el espejo con la vana ilusión de averiguar quién soy. Era tal mi desvarío, que en una manifestación estudiantil con piedras y botellas, tuve que sacar fuerzas de flaqueza para no ponerme al frente con un letrero que consagrara mi verdad: Estoy loco de amor”.

Luego que Macondo se pulverizara en “Vivir para contarla” y que leyéramos sus clases magistrales en talleres de guión que ha montado en la escuela para los nuevos periodistas latinoamericanos, regresó el Gabriel García Márquez que nos enseñó que la soledad de un pueblo que crepita entre la selva puede ser un lugar que todos compartimos.

“Memorias de mis putas tristes” es una historia sencilla, por lo que de fácil puede tener el camino al amor y complicada por lo que de triste también contiene. Un viejo periodista, el día que cumple 90 años, quiere regalarse un revolcón con una virgen. Pero desde la oscuridad del cuarto de paso, la niña conmueve unas fibras que yacían dormidas y egoístas.

Y entonces, la vida rompe su estática, y ella sin hablarle le muestra que no está solo, y sin tocarlo ni verlo lo hace corretearla por la casa.

No se trata entonces de monumentos previos, ni de afán de inmortalidad, se trata de una historia conmovedora, con el ritmo envidiable, el tono pausado.

Es la pluma ligera que cuenta, desenmaraña, gana cómplices, saca lágrimas. No repite fórmulas, solo es el genio que cuelga imágenes para que las contemplemos atónitos. Los personajes son profundos y viscosos, el escritor explora los abismos de dos seres disímiles.

Y sí, prefiero de todos al Gabriel García Márquez que nos conoce de sobra como para regalarnos las polaroides de un amor tardío, al caer la tarde, cuando se deshojan los almendros.

 

 

 

Enviar Imprimir  

 
 
Google
 
 
   
 

+ EL ÁGORA

La nostalgia de un amor tardío

Ruth Grégori

A tragar fuerte con Almodóvar
Eduardo Portillo

Elaboración del vesuario de "El médico a palos"
Lauri García Dueñas

El vivero de la Casa de Salarrué
Lauri García Dueñas

Poemas de la cárcel: "Corazón sin furia"
David Hernandez / Colaborador

La identidad de la escultura salvadoreña
Óscar Adán Figueroa

Cuentos-poemas de Jorge Ávalos llegan a San Salvador
Eduardo Portillo

La primera noche de El Barrio
Óscar Adán Figueroa


 
 
   
 

CARTAS AL EDITOR

Háganos llegar sus opiniones para El Faro y sus colaboradores.

Escribir carta
Leer cartas enviadas

 
   
 

 


EL FARO.NET - Todos los Derechos Reservados. - Copyright©1998 - 2004
Fundado el 25 de Abril de 1998.